Todo comenzó con un amor adolescente. Ella tenía 18 años y Adonis, 19. Estaban convencidos de que su relación era verdadera y soñaban con permanecer juntos. Sin embargo, sus vidas cambiaron cuando ella descubrió que estaba embarazada. Adonis, asustado por su juventud y por la responsabilidad que se acercaba, aseguró que no quería ser padre y terminó rechazándola. Al enterarse, los padres de la joven decidieron hablar con la familia de Adonis. Después de una difícil conversación, ambas familias acordaron un matrimonio arreglado para que asumieran juntos la responsabilidad. Al principio, ninguno estaba preparado, pero con el tiempo nació una inesperada cercanía entre ellos.
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Capítulo 1 Adonis Rodríguez
Capítulo 1
Adonis Rodríguez
Hola, soy Adonis Rodríguez, tengo 19 años y nací en Bogotá, la hermosa capital de Colombia. Mi fecha de nacimiento es el 12 de marzo de 2007, así que actualmente tengo 19 años. Toda mi vida he vivido en esta ciudad, y aunque a veces me quejo del frío, del tráfico y de que el clima cambia cada cinco minutos, la verdad es que Bogotá es mi casa y le tengo mucho cariño.
Soy un man tranquilo, aunque mi familia dice que tengo un carácter fuerte cuando algo no me gusta. Soy alto, de cabello castaño claro y ojos azules claros No soy de contarle mis problemas a cualquiera; prefiero quedarme callado y pensar bien las cosas antes de hablar.
Vivo con mis papás en una casa familiar ubicada en Bogotá. Mi papá se llama Mauricio Rodríguez, tiene 47 años y trabaja como administrador en una empresa. Es un hombre serio, trabajador y bastante responsable. Desde pequeño siempre me ha enseñado que uno tiene que esforzarse para conseguir lo que quiere.
Mi mamá se llama Carolina Martínez, tiene 44 años y es una mujer muy cariñosa, aunque también bastante pendiente de nosotros. Ella es la típica mamá que pregunta si uno ya comió, si llegó bien y si lleva chaqueta porque hace frío.
—Adonis, ¿ya desayunó? —me pregunta casi todas las mañanas.
—Sí, ma, tranquila.
—¿Pero sí desayunó bien?
—Sí, mamá. No se preocupe.
—Bueno, porque después anda por ahí diciendo que le duele la cabeza.
Yo solamente me río porque sé que, aunque me haga el cansón, me gusta que esté pendiente de mí.
Tengo dos hermanos. El mayor se llama Sebastián Rodríguez, tiene 24 años. Él ya trabaja y es bastante responsable. Desde pequeños hemos sido unidos, aunque obviamente también hemos tenido nuestras peleas.
Sebastián siempre ha sido el hermano que intenta aconsejarme.
—Adonis, usted tiene que pensar antes de hacer las cosas.
—Sí, hermano, ya sé.
—Se lo digo por su bien.
—Ya entendí, tampoco soy tan bruto.
Él se ríe y me responde:
—Eso está por verse.
Mi hermana menor se llama Valeria Rodríguez, tiene 15 años. Ella es todo lo contrario a Sebastián. Es alegre, habladora y bastante espontánea. En la casa es la consentida de mi papá, aunque ella insiste en que no.
—Papá, ¿me lleva al centro comercial?
—Claro, hija.
Yo inmediatamente digo:
—¿Y yo qué? ¿Pinto?
Mi papá se ríe.
—Usted ya está grande, mijo. Aprenda a defenderse solo.
—Ah, bueno. Entonces para ella sí hay plata y para mí no.
Mi mamá siempre termina diciendo:
—Ay, ustedes dos, dejen de molestar.
Así es nuestra familia. No somos perfectos, pero somos bastante unidos.
Vivimos los cuatro junto con mi papá y mi mamá. Los domingos son especiales porque normalmente almorzamos todos juntos. Mi mamá cocina, mi papá pone música y mis hermanos y yo nos sentamos a hablar de cualquier cosa.
Nuestra casa no es una mansión ni nada por el estilo, pero para mí tiene algo especial. Ahí crecí, ahí pasé mi infancia y ahí están todos mis recuerdos.
Mi habitación queda en el segundo piso. Tengo una cama, un clóset, un escritorio y algunas cosas que he ido comprando con mi propia plata. Me gusta mantenerla organizada, aunque mi mamá diría que eso es mentira porque siempre encuentra alguna camisa tirada por ahí.
A mis 19 años tengo varios sueños. Quiero estudiar, conseguir un buen trabajo y algún día tener mi propio apartamento. También quiero ayudar económicamente a mis papás, porque ellos han hecho muchísimo por mí y por mis hermanos.
Una noche estábamos cenando cuando mi papá me preguntó:
—Bueno, mijo, ¿y usted ya sabe qué quiere hacer con su vida?
Dejé los cubiertos sobre la mesa y pensé unos segundos.
—Quiero salir adelante, pa. Quiero estudiar y trabajar. Quiero tener mis cosas y poder ayudarles a ustedes.
Mi mamá sonrió.
—Eso es lo que siempre hemos querido escuchar.
Mi papá asintió.
—Entonces hágale con toda. Pero acuérdese de algo, Adonis: uno puede hacer muchos planes, pero la vida a veces toma caminos que uno no espera.
Yo sonreí.
—Pues espero que no me cambie los planes tan rápido.
Todos se rieron.
En ese momento yo estaba convencido de que sabía exactamente lo que quería para mi futuro.
Tenía 19 años, una familia que me apoyaba, una casa donde siempre podía regresar y muchos sueños por cumplir.
Lo que todavía no sabía era que la vida tenía preparada una situación que pondría a prueba todo aquello que yo creía tener bajo control.