Esta historia comienza con una joven recién graduada de la universidad, llena de sueños y esperanzas por comenzar su vida profesional. Su carrera es Secretaria Ejecutiva, y después de buscar durante días, finalmente consigue una entrevista en una importante empresa. Allí conoce a su jefe, un joven de apenas 23 años, serio, atractivo y exitoso, quien decide darle una oportunidad y contratarla. Con el paso del tiempo, ambos comienzan a compartir momentos, conversaciones y experiencias que los acercan cada vez más. Sin darse cuenta, ella se enamora profundamente de él. Y, poco a poco, él descubre que también la ama.
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Capítulo 21 — El día de nuestra boda
Finalmente había llegado el día de nuestra boda.
Todavía me parecía increíble decirlo.
Hoy iba a casarme con Hugo.
Me desperté temprano, aunque prácticamente no había podido dormir durante la noche. Tenía demasiadas emociones en el corazón. Estaba feliz, nerviosa, emocionada y hasta un poquito asustada.
Me quedé unos minutos sentada sobre mi cama, mirando mi vestido de novia que estaba preparado para ese día.
—Hoy me voy a casar… —susurré.
Sonreí mientras miraba mi anillo.
—Con Hugo.
Sentí mariposas en el estómago.
Me levanté y fui hasta la ventana. Afuera todo parecía normal, pero para mí aquel día era completamente diferente. Era el día que había esperado desde que Hugo me pidió matrimonio.
De pronto escuché que tocaron la puerta de mi habitación.
—¿Quién?
—Aby, somos las estilistas.
Abrí la puerta.
Había varias mujeres con sus maletas profesionales llenas de productos, herramientas y maquillaje.
—Buenos días, señorita Aby —dijo una de ellas—. Venimos a prepararla para su gran día.
Sonreí sorprendida.
—¿Ustedes son las profesionales que contrató Hugo?
—Exactamente.
No pude evitar reír.
—Ese hombre pensó en absolutamente todo.
Las dejé entrar.
Una de las estilistas comenzó a preparar todo mientras otra organizaba los productos de maquillaje y otra revisaba mi cabello.
—Bueno, señorita Aby, hoy vamos a dejarla como una verdadera princesa.
—Eso espero —dije entre risas—. Quiero verme hermosa cuando Hugo me vea.
—Créame, lo va a dejar sin palabras.
Primero comenzaron con mi cabello.
Como tenía el cabello largo y abundante, decidieron hacerme un peinado elegante que permitiera que se apreciara su longitud, pero que también tuviera un toque de novia.
Trabajaron cuidadosamente cada mechón.
Después de un buen rato, me miré al espejo.
Mi cabello estaba perfectamente arreglado, con ondas suaves y elegantes que caían delicadamente sobre mis hombros. Algunas partes estaban recogidas para darle forma al peinado y dejaron pequeños detalles que hacían que mi rostro se viera más delicado.
—Está quedando espectacular —dijo Daniela desde la habitación.
—¿Sí?
—Sí, ve. Parece que fueras una princesa.
Sonreí.
Después llegó el momento del maquillaje.
Las estilistas querían algo elegante, pero sin hacerme perder mi esencia.
Me aplicaron una base ligera, arreglaron mis cejas y utilizaron tonos suaves en mis ojos. Mis pestañas quedaron largas y definidas, mis labios tenían un tono delicado y todo mi rostro tenía un brillo natural.
Cuando terminaron, me miré nuevamente.
Me quedé en silencio.
Era yo, pero diferente.
Más elegante.
Más adulta.
Más… novia.
—Aby, estás preciosa —dijo Daniela.
Sentí los ojos llenos de emoción.
—¿De verdad?
—De verdad.
Una de las estilistas sonrió.
—Todavía falta lo más importante.
Mi vestido.
Miré hacia donde estaba guardado.
Sentí nuevamente esos nervios.
Después de tanto esperar, finalmente iba a ponérmelo.
Las estilistas y Daniela me ayudaron con cuidado.
Cuando el vestido quedó completamente puesto, sentí que me faltaba el aire.
Era enorme, elegante y precioso.
El corset marfil se ajustaba perfectamente a mi figura y el encaje floral cubría delicadamente toda la parte superior. La falda era voluminosa, llena de capas y caía hasta el suelo formando una hermosa cola.
El escote corazón dejaba mis hombros descubiertos y hacía que mi cuello se viera más largo y delicado.
Cada pequeño detalle brillaba con la luz.
—Dios mío… —susurró Daniela.
Me acerqué al espejo.
No podía creer lo que estaba viendo.
La estilista colocó la corona plateada sobre mi cabeza.
Después puso el collar y los aretes.
Finalmente, me ayudaron a poner los tacones transparentes con pedrería.
Me quedé frente al espejo.
Mi cabello perfectamente arreglado, el maquillaje delicado, la corona, las joyas y aquel enorme vestido de princesa.
Parecía salida de un cuento de hadas.
Sentí una lágrima bajar por mi mejilla.
—Estoy hermosa…
Daniela se acercó y me abrazó.
—Estás preciosa, Aby. Hugo se va a quedar sin palabras.
Sonreí entre lágrimas.
—Eso espero.
Volví a mirar mi reflejo.
Pero más que verme hermosa, me sentía feliz.
Porque aquel vestido no era solamente un vestido.
Representaba el comienzo de una nueva etapa.
Hoy dejaría de ser solamente la novia de Hugo.
Hoy me convertiría en su esposa.
Respiré profundamente.
—Estoy lista.
Y mientras las estilistas terminaban los últimos detalles, mi corazón comenzó a latir cada vez más rápido.
Porque faltaban muy pocas horas para caminar hacia el altar y encontrarme con el hombre que amaba.