NovelToon NovelToon
La Chica De Los Días Prestados

La Chica De Los Días Prestados

Status: En proceso
Genre:Pareja destinada / Amor eterno
Popularitas:161
Nilai: 5
nombre de autor: Natalia Cubilla

En una ciudad donde cada persona nace con un reloj invisible que marca el tiempo que le queda de vida, Akira, un joven reservado de 18 años, descubre que una misteriosa chica llamada Hana tiene algo imposible: su reloj está detenido.

NovelToon tiene autorización de Natalia Cubilla para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

La Casa del Lago

"Hay refugios que no están hechos de madera o piedra. A veces, el verdadero hogar es la persona junto a la que el miedo deja de existir."

El bosque parecía no tener fin.

Las ramas de los pinos se entrelazaban sobre sus cabezas, formando un techo natural que apenas dejaba pasar la luz de la luna. La humedad impregnaba el aire, y el canto de los grillos reemplazaba el ruido de la ciudad que había quedado muy atrás.

Akira seguía caminando con Hana sobre su espalda.

A pesar del cansancio, no disminuyó el paso.

Sentía la respiración de ella junto a su cuello.

Era cálida.

Tranquila.

Durante un instante pudo terminar que todo era normal.

Que no existían los Custodios.

Que no había espíritus.

Que el destino no los perseguía.

Solo eran dos adolescentes regresando a casa después de una larga caminata.

Hana abrió lentamente los ojos.

Observó el perfil de Akira iluminado por la luna.

Había cambiado mucho.

Su rostro infantil había desaparecido.

Sus hombros eran más anchos.

Su voz era más grave.

Pero había algo que seguía siendo exactamente igual.

Cada vez que sonreía, sus ojos se entrecerraban ligeramente.

Lo mismo que cuando tenía siete años.

Ella alarmadamente sin darse cuenta.

—¿Qué ocurre? —preguntó Akira.

—Nada...

—Estás sonriendo.

Hana desvió la mirada.

—Solo estaba pensando.

—¿En qué?

Ella dudó unos segundos.

—Siempre pensé que crecerías y serías muy alto.

Akira soltó una pequeña risa.

— ¿Y cumpliste tus expectativas?

Ella fingio observarlo con atención.

—Todavía podrías medir unos centímetros más.

—¡Oye!

Los dos comenzaron a reír.

Kuro, que caminaba delante de ellos, nego lentamente con la cabeza.

—¿Siempre hablan tanto cuando los persiguen?

Akira sonrió.

—Nos ayuda a no pensar.

Kuro no respondió.

Pero en el fondo comprendió perfectamente.

Después de casi una hora de caminata, el sendero terminó frente a un inmenso lago.

La superficie del agua reflejaba la luna como un enorme espejo plateado.

No había viento.

Ni una sola ola.

El lugar transmitía una paz casi irreal.

En la orilla, escondida entre los árboles, se alzaba una pequeña cabaña de madera.

Su techo estaba cubierto de musgo y enredaderas.

Parecía abandonada desde hacía muchos años.

Kuro se detuvo.

—Pasaremos la noche aquí.

Akira levantó la vista.

—¿Es segura?

—Mientras no encendamos demasiadas luces, sí.

Nadie suele venir a este lugar.

La puerta se abrió con un leve chirrido.

El interior era sencillo.

Dos habitaciones.

Una pequeña cocina.

Una chimenea de piedra.

Una mesa de madera junto a la ventana.

Todo estaba cubierto por una fina capa de polvo, pero la estructura seguía en buen estado.

Akira dejó a Hana cuidadosamente en el suelo.

Ella observa cada rincón con curiosidad.

—Es bonita.

—¿Bonita?

-Si.

Tiene algo acogedor.

Kuro comenzó a limpiar la chimenea.

—Hace muchos años perteneció a un pescador.

Desde entonces permanece vacía.

Akira encontró unas mantas guardadas dentro de un viejo armario.

Las sacudió junto a la puerta para quitarles el polvo.

Hana aprovechó para limpiar la mesa con un trapo húmedo.

—No pensé que un espíritu pudiera limpiar.

Kuro respondió sin dejar de acomodar la leña.

—Mientras conserve suficiente energía espiritual puede interactuar con objetos.

Ella sonrió.

—Entonces todavía puedo ser útil.

Akira la miró.

—Nunca dejaste de serlo.

Hana bajó la vista para ocultar el leve rubor que apareció en sus mejillas.

Poco después, el fuego comenzó a crepitar dentro de la chimenea.

El calor llenó lentamente la habitación.

Por primera vez en muchos días, Akira sintió que podía relajarse.

Se sentó en el suelo, apoyando la espalda contra la pared.

Hana hizo lo mismo, dejando apenas unos centímetros entre ambos.

Durante varios minutos ninguno habló.

Solo observaban las llamas.

A veces el silencio compartido decía más que cualquier conversación.

—¿Puedo preguntarte algo?

La voz de Hana rompió finalmente el silencio.

Akira giró hacia ella.

—Claro.

Ella jugueteó con el borde de la manta.

neurálgico.

—Cuando dejaste de recordarme...

¿Fuiste feliz?

La pregunta lo tomó por sorpresa.

Pensó unos segundos antes de responder.

—No lo sé.

—¿Cómo que no lo sabes?

Akira sonrió con tristeza.

—Siempre sentí que me faltaba algo.

No podía explicarlo.

Tenía amigos.

Una vida tranquila.

Pero había un vacío que nunca conseguía llenar.

Como si hubiera olvidado algo muy importante.

Hana sintió un nudo en la garganta.

—Era yo...

Él lentamente.

—Ahora lo entiendo.

Durante todos estos años buscaba a alguien sin saber quién era.

Ella permaneció en silencio.

Las llamas se reflejaban en sus ojos.

—Yo nunca pude olvidarte.

Akira la miró con atención.

Hana respiró profundamente.

—Al principio pensaba que despertarías al día siguiente y volverías al puente.

Esperé una semana.

Después un mes.

Luego un año.

Cuando comprendí que el tiempo seguía avanzando para ti...

Tuve miedo.

Muchísimo miedo.

—¿De qué?

—De que encontraras a otra persona.

Akira quedó inmóvil.

Ella soltó una pequeña risa, avergonzada.

—Suena tonto, ¿verdad?

Pero cada vez que veía pasar parejas por el puente imaginaba que algún día aparecerían tomadas de la mano con otra chica.

Y pensaba...

"Está bien."

"Él merece ser feliz."

Pero aun así...

Me dolé.

Muchísimo.

Akira sintió que algo se rompía dentro de él.

No había imaginado la soledad que Hana había soportado.

Doce años.

Dulces inviernos.

Dulces veranos.

Esperándolo.

Mientras él seguía viviendo sin recordar ni siquiera su nombre.

Sin pensarlo, tomó suavemente la mano de Hana.

Ella levantó la vista.

—Lo siento.

Fue lo único que pudo decir.

Pero aquellas dos palabras llevaban consigo doce años de ausencia.

Hana negó despacio.

—No quiero que te disculpes.

Quiero que, de ahora en adelante...

No desaparezcas otra vez.

Akira presionó con suavidad su mano.

—No pienso hacerlo.

Kuro observaba la escena desde la cocina.

Una leve sonrisa apareció en su rostro.

Tan breve que desapareció antes de que alguien pudiera verla.

El Guardián tenía razón.

No era solo el destino lo que mantenía unidos a aquellos dos.

Era una decisión.

Cada palabra.

Cada mirada.

Cada pequeño gesto.

Se estaban eligiendo una vez más.

Más tarde, mientras Hana dormía profundamente sobre una de las mantas, Akira salió al pequeño muelle de madera que se internaba en el lago.

La noche era completamente silenciosa.

El agua reflejaba las estrellas con una claridad sorprendente.

Kuro apareció detrás de él.

—No puedes dormir.

No era una pregunta.

Akira negó.

—Tengo demasiadas cosas en la cabeza.

Durante unos segundos ninguno habló.

Finalmente, Akira rompió el silencio.

—¿Quién eres realmente?

Kuro permanece inmóvil.

—Sabes mucho más de lo que dices.

Conoces al Guardián.

Conoces a Ren.

Todos parecen conocerte.

Pero nadie explica nada.

Kuro observa el reflejo de la luna sobre el agua.

—Porque todavía no es el momento.

Akira suspiró.

—Empiezo a odiar esa frase.

Kuro soltó una leve risa.

La primera risa sincera que Akira le escuchaba.

—Lo imaginaba.

Después volvió a ponerse serio.

—Solo puedo decirte una cosa.

En alguna de tus vidas...

Yo también hice una promesa.

Y todavía sigo intentando cumplirla.

Akira iba a preguntar más.

Pero un extraño sonido los interrumpió.

Chapoteo...

Algo había caído al agua.

Los dos giraron inmediatamente.

En medio del lago aparecieron pequeños círculos que se expandían lentamente.

Como si alguien acabara de sumergirse.

Pero no había nadie.

Kuro desenfundó lentamente su espada.

—Entra a la cabaña.

Ahora.

Akira sintió que el ambiente había cambiado.

El aire se volvió más frío.

El agua comenzó a agitarse por sí sola.

Entonces...

Una mujer emergió lentamente del lago.

Su largo cabello negro cubría parte de su rostro.

Vestía un antiguo kimono blanco completamente empapado.

Pero lo más extraño era que...

No caminaba sobre el agua.

El agua se elevaba para sostenerla.

Sus ojos permanecían cerrados.

Y entre sus manos sujetaba una pequeña campana de plata.

Estaño...

La hizo sonar una sola vez.

El sonido era tan delicado que parecía imposible sentir miedo.

Sin embargo, Kuro palideció.

—No puede ser...

Akira lo miró sorprendido.

—¿Quién es?

Kuro respondió sin apartar la vista de aquella mujer.

—La Sacerdotisa del Lago.

Creí que había desaparecido hace siglos...

La mujer abrió lentamente los ojos.

Eran completamente plateados.

Sin pupilas.

Sin iris.

Miró directamente hacia la cabaña.

Hacia Hana.

Y una única lágrima descendió por su rostro.

—Al fin...

—La hija del cerezo ha regresado.

El viento se estalló alrededor del lago.

Las aguas comenzaron a levantarse en enormes columnas.

Y Akira comprendió que aquella noche de descanso...

Había terminado antes de empezar.

1
Ma Viviana Medina
el que?
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play