Ella renace en un nuevo mundo, muy distinto a todo lo que conocía y decide crear su propia historia.
*Esta novela pertenece a un mundo mágico*
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Mansion Fletcher 1
Cuando el carruaje finalmente atravesó las enormes puertas de hierro forjado de la mansión Fletcher, Melody volvió a quedarse maravillada.
La residencia era imponente.
Construida con piedra blanca, parecía surgir de la propia montaña.
Sus terrazas escalonadas descendían siguiendo la pendiente, y desde cada una podía verse aquel inmenso mar de nubes que rodeaba la colina.
Era elegante.
Pero, al mismo tiempo, transmitía una extraña serenidad.
Los sirvientes los recibieron apenas descendieron del carruaje.
Después de los saludos correspondientes, todo ocurrió exactamente como Melody imaginaba.
Un mayordomo se inclinó ante Lord Cartier.
—Mi señor, los demás invitados ya lo esperan en el salón principal.
Su padre asintió.
—Perfecto.
Luego otro sirviente se dirigió a Lady Cartier.
—Mi lady, las damas ya se encuentran reunidas para el té.
La madre de Melody sonrió.
—Enseguida voy.
Ambos miraron a Melody.
—¿Nos acompañarás? —preguntó su madre.
Melody respondió con una sonrisa culpable.
—Creo que... iré a instalarme primero.
Lady Cartier soltó una pequeña risa.
—Pensé que dirías eso.
Su padre negó con la cabeza con una sonrisa resignada.
—Disfruta tus libros.
—Lo haré.
Y lo decía completamente en serio.
Su habitación resultó incluso más acogedora de lo que esperaba.
Tenía un amplio ventanal.
Una pequeña chimenea.
Un cómodo sillón junto a la ventana.
Y una mesa perfecta para leer.
Melody apenas dejó el equipaje cuando ya tenía un libro abierto entre las manos.
[Esto sí es felicidad.]
Las horas transcurrieron silenciosamente.
Solo interrumpidas por la doncella que, fiel a la orden recibida meses atrás, apareció puntualmente para recordarle la hora de la cena.
A la mañana siguiente todos los invitados compartieron el desayuno en un enorme comedor.
Melody confirmó enseguida lo que ya sospechaba.
Era, efectivamente, una reunión de negocios.
Los caballeros hablaban de rutas comerciales.
Minerales.
Puertos.
Impuestos.
Acuerdos entre familias.
Las damas también participaban de algunas conversaciones, aunque predominaban temas relacionados con obras benéficas y la administración de sus propiedades.
Todo era serio.
Ordenado.
Muy estructurado.
Melody escuchó durante un rato.
Después sonrió para sí.
[Creo que ya cumplí con mi deber social.]
En cuanto terminó el desayuno, pidió permiso a sus padres.
—¿Puedo salir a recorrer los jardines?
Lord Cartier levantó la vista de unos documentos.
—Claro. Pero no te alejes demasiado.
—Lo prometo.
Los jardines de la mansión Fletcher parecían suspendidos entre el cielo y la tierra.
Senderos de piedra recorrían terrazas llenas de flores.
Había pequeños pabellones de descanso.
Fuentes.
Árboles centenarios.
Y bancos colocados estratégicamente para contemplar el paisaje.
Melody encontró uno bajo la sombra de un gran árbol.
Desde allí podía verse el océano de nubes extendiéndose bajo la montaña.
Se acomodó felizmente.
Sacó uno de los libros que había llevado.
Y comenzó a leer.
Una hora después apareció la doncella.
—Señorita.
Traía una pequeña cesta.
Dentro había fruta, pan recién horneado y una jarra de té.
Melody sonrió con entusiasmo.
—Gracias.
La mujer dejó todo cuidadosamente sobre una pequeña mesa de piedra.
—Su madre imaginó que no volvería hasta el almuerzo.
Melody rio por lo bajo.
—Me conoce demasiado bien.
Cuando la doncella se retiró, volvió a acomodarse.
Miró alrededor.
El clima era perfecto.
Una ligera brisa movía las hojas de los árboles.
El aire era fresco.
Su vestido, confeccionado por la señorita Drack, le permitía sentarse cómodamente sin luchar contra capas interminables de tela.
Tenía buena comida.
Un excelente libro.
Y una vista que parecía sacada de un sueño.
Suspiró profundamente.
Después sonrió.
—Este lugar es perfecto.
—¿De verdad lo cree?
La voz masculina la hizo dar un pequeño respingo.
Melody levantó la vista inmediatamente.
A pocos pasos de ella permanecía de pie un hombre alto.
Debía rondar los treinta años.
Tenía el cabello oscuro cuidadosamente peinado y vestía un elegante traje que, aunque sobrio, evidenciaba una confección impecable.
Su porte era refinado.
Pero su expresión resultaba tranquila.
Nada intimidante.
Melody se puso de pie un poco apresurada.
—Yo...
Carraspeó suavemente.
—Bueno... sí.
El hombre dirigió la mirada hacia el horizonte.
Asintió lentamente.
—Comparto su opinión.
Guardaron silencio unos segundos mientras contemplaban el paisaje.
Después él volvió a hablar.
—El amanecer también es precioso desde aquí.
Melody sonrió con cierta vergüenza.
—Intenté verlo esta mañana.
Él la observó con curiosidad.
—¿Ah, sí?
—Me levanté temprano...
Señaló vagamente la mansión.
—Pero desde mi habitación no se alcanzaba a ver.
El hombre dejó escapar una leve sonrisa.
—Es una lástima. Desde este jardín parece que el sol nace directamente entre las nubes.
Melody imaginó la escena.
Sus ojos brillaron.
—Debe ser una vista maravillosa.
—Lo es.
Volvió a hacerse el silencio.
Pero no era incómodo.
Ambos parecían disfrutar simplemente de la tranquilidad del lugar.
Entonces el hombre reparó en el libro que Melody sostenía entre las manos.
Leyó el título con discreción.
—¿Le interesa la historia del Reino de Forest?
Melody bajó la vista hacia la portada.
Después sonrió.
—Sí.
Acarició distraídamente el borde del libro.
—Mis abuelos eran de allí. Así que quería conocer un poco más sobre ese reino.
El hombre asintió con interés.
—Entonces comprenderá por qué muchos textos sobre Forest son tan difíciles de encontrar.
Melody cerró suavemente el libro.
—Eso mismo estaba pensando. La mayoría apenas menciona algunos acontecimientos.
Él sonrió ligeramente.
—Porque muchos autores de Sunderland jamás han estado allí.
Aquella observación dio inicio a una conversación que Melody no esperaba.
Hablaron sobre los antiguos mapas del continente.
Sobre las diferencias culturales entre reinos.
Sobre las rutas comerciales marítimas.
Incluso comentaron algunas teorías que aparecían en el libro respecto a las criaturas mágicas.
Melody descubrió, con sorpresa, que aquel hombre conocía bastante del tema.
Y, además...
Sabía escuchar.
No interrumpía.
No intentaba demostrar que sabía más.
Simplemente conversaba.
Aquello hizo que Melody olvidara por completo el nerviosismo inicial.
Al cabo de un rato, el hombre permaneció unos segundos pensativo.
—Conozco a alguien que aún mantiene contacto con personas de Forest.
Melody levantó la vista.
—¿De verdad?
Él asintió.
—Quizá pueda conseguirle algún libro escrito allí.
Los ojos de Melody se iluminaron.
—¿En serio? Sería maravilloso.
El hombre sonrió apenas.
—Lo intentaré.
Ella inclinó ligeramente la cabeza.
—Muchas gracias.
En ese momento unos pasos apresurados rompieron la tranquilidad del jardín.
Un guardia se acercó e hizo una respetuosa reverencia.
—Mi lord. Lo buscan en el salón principal.
El hombre dejó escapar un leve suspiro.
—Entiendo.
Volvió la mirada hacia Melody.
—Ha sido una conversación muy agradable.
Melody respondió con una sonrisa sincera.
—Para mí también.
Él hizo una breve inclinación de cabeza antes de marcharse junto al guardia.
Ninguno de los dos preguntó el nombre del otro.
Tampoco pareció necesario.
Melody volvió a sentarse bajo el árbol.
Abrió nuevamente el libro.
Pero durante varios minutos no consiguió leer una sola línea.
Miró hacia el sendero por donde el hombre había desaparecido.
Y terminó sonriendo para sí misma.
[Pensé que encontraría solo comerciantes hablando de negocios...]
[Curiosamente...]
[Acabo de tener una de las conversaciones más interesantes sobre un libro, desde que llegué a este mundo.]
Y, por alguna razón, le alegró descubrir que todavía existían personas con quienes era posible hablar de libros e historia durante horas sin que el tiempo pareciera avanzar.
Te saltaste un paso muchacho!!!
Te saltaste un paso muchacho!!!
Cuándo va a hablar con los padres de Melody este hombre!???