Luego de morir, reencarna en el cuerpo de la villana de un juego. Decidida a no morir, se va de vacaciones con su fortuna. Pero su paz es interrumpida con la llegada de un huevo de dragón.
NovelToon tiene autorización de Melany. v para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capitulo 4.
Los meses pasaron con una tranquilidad que Vivienne jamás habría imaginado.
La guerra seguía ocupando las conversaciones del reino. Los mensajeros atravesaban los caminos llevando noticias poco alentadoras; ciudades fronterizas habían caído, el ejército humano retrocedía y el nombre del Imperio de los Dragones era suficiente para que el ambiente se volviera pesado.
Sin embargo, aquella pequeña villa parecía vivir en otro mundo.
Ren crecía sano.
Era un niño sorprendentemente tranquilo. Lloraba poco, dormía bien y sonreía con una facilidad que terminaba desarmando a cualquiera. Sus pequeños cuernos apenas habían crecido, su cola seguía moviéndose cada vez que estaba contento y las finas líneas rojizas de su cabello se hacían más visibles bajo la luz del sol.
Todo el pueblo lo conocía.
—Buenos días, pequeño Ren.
El niño levantaba una mano y respondía con un balbuceo que provocaba más de una risa.
Vivienne observaba aquellas escenas desde cierta distancia.
—No lo malcríen.
Owen sonreía mientras cargaba al pequeño.
—Solo lo saludé. Quería comprobar si seguía siendo igual de simpático.
Los presentes terminaban riéndose.
Vivienne suspiraba con aparente resignación.
—Se están acostumbrando demasiado a él.
Mara respondió mientras acomodaba la manta sobre las piernas del niño.
—La misma acusación podría hacerle a usted.
Vivienne desvió la mirada.
—Yo... Solo quiero que esté bien. Y ya.
Aquella respuesta ya no convencía a nadie.
Porque todas las noches, cuando la casa quedaba completamente en silencio, repetía exactamente la misma rutina.
Comprobaba que las ventanas estuvieran cerradas.
Revisaba los sellos mágicos que protegían la villa.
Recorría cada habitación.
Y, antes de dormir, entraba al cuarto de Ren.
Lo observaba unos segundos dentro de su pequeña cama.
Siempre terminaba sonriendo sin darse cuenta.
—Duermes demasiado... Si fueras mi hijo, diría que te pareces a mí.
Lo levantaba con cuidado.
Regresaba a su habitación.
Y acababan durmiendo en la misma cama.
A la mañana siguiente, antes de que Mara apareciera, volvía a dejarlo discretamente en su cuna.
Cuando la ama de llaves descubrió aquella costumbre, simplemente comentó:
—Mi lady.
Vivienne dio un pequeño salto.
—¿Desde cuándo está ahí?
—Desde hace un momento.
—No es lo que parece.
Mara miró al niño profundamente dormido entre los brazos de Vivienne.
—Claro.
—Solo... estaba comprobando que...
Vivienne permaneció callada.
Mara sonrió con paciencia.
—No tiene obligación de seguir fingiendo.
Vivienne negó de inmediato.
—No finjo.
—Entonces admita que lo quiere.
—Sigue siendo un huésped temporal. No puedo tenerlo siempre.
Mara soltó una pequeña risa.
Vivienne decidió terminar la conversación.
—Necesito desayunar.
Aquella misma noche el viento soplaba con fuerza.
La villa permanecía completamente oscura.
Vivienne dormía profundamente cuando abrió los ojos de golpe.
No escuchó ningún ruido.
No hubo gritos.
Ni pasos.
Simplemente sintió algo.
Su mirada recorrió lentamente el techo.
Los sellos mágicos seguían activos.
O eso parecía.
Entonces comprendió qué era diferente.
Había una presencia dentro de la habitación.
Permaneció inmóvil. Su respiración siguió siendo tranquila.
No despertó a Ren.
Bajó muy despacio una mano bajo la almohada.
Sus dedos encontraron el mango de una daga invocada por su magia.
La sostuvo sin hacer el menor ruido.
Desde la oscuridad apareció una figura.
Alta. De hombros anchos. Vestida completamente de negro. Avanzaba directamente hacia la cuna.
Vivienne observó cada uno de sus movimientos.
El desconocido llegó junto al niño.
Lo contempló durante unos segundos.
Después comenzó a caminar hacia la cama.
Cuando estuvo lo bastante cerca, Vivienne se incorporó con una velocidad que el hombre no alcanzó a anticipar.
La daga apareció en su mano y la fría hoja quedó apoyada contra el cuello del intruso.
Todo ocurrió en un instante.
El hombre quedó inmóvil.
Vivienne lo miró fijamente.
—Un movimiento más y ensuciará mi alfombra.
La habitación volvió a quedar en silencio.
A escasos centímetros de la hoja, el desconocido dejó escapar un largo suspiro.
Su voz era grave y sorprendentemente tranquila.
—Tienes buenos reflejos.
—Tengo poca paciencia.
Él bajó lentamente la vista hacia la daga.
—Podrías apartarla.
Vivienne arqueó una ceja.
—Podría.
Ninguno de los dos se movió.
A la tenue luz de la luna pudo distinguir mejor al intruso.
Era un hombre joven, claramente entrenado para el combate. Su presencia imponía respeto incluso permaneciendo quieto; llevaba varias cicatrices visibles sobre el cuello y las manos, el cabello rojizo caía sobre parte de su frente y sus ojos dorados permanecían fijos en ella sin mostrar miedo.
Vivienne habló primero.
—¿Quién eres?
El hombre guardó silencio.
—Tienes tres segundos.
Él soltó una risa apenas audible.
—Sigo creyendo que deberías bajar esa daga.
La presión sobre su cuello aumentó ligeramente. Pero sorprendente, la daga se astillo. La piel del sujeto era muy dura.
—Te quedan dos—Trató de sonar tranquila.
El desconocido dejó de sonreír.
Desvió la mirada hacia la pequeña cuna donde Ren seguía durmiendo ajeno a todo.
Después volvió a mirar a Vivienne.
—No vine a hacerte daño.
—Todos dicen eso.
—Solo...
Su expresión cambió por un instante.
Había preocupación. Y algo parecido al alivio.
—Solo vine por mi hijo.
felicidades y disfruta del don que tenes, imaginar y escribir con esas palabras es grandioso, solo 3 escritoras me pude. haver vivir todo con su escritura, y una de ella sos vos, disfruta de esto y gracias por compartirlo 🥰
Gracias por compartir tan maravillosa historia💕