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Destinada a Cinco Bestias

Destinada a Cinco Bestias

Status: En proceso
Genre:Romance / Poli amor / Mujer despreciada / Bestia / Harén Inverso
Popularitas:24.7k
Nilai: 5
nombre de autor: elmira brazil

Aitana nació como la omega más débil de su manada. Sin garras, sin colmillos y sin una marca digna de respeto, fue humillada por todos, incluso por su propia sangre.
Pero la noche en que la venden como si no valiera nada, la Diosa Luna despierta en ella un poder que llevaba mil años dormido.
Aitana no es una omega cualquiera.
Es la Luna Sagrada, la Elegida destinada a cambiar el mundo de los cambiantes. Y su destino no pertenece a un solo hombre, sino a cinco bestias de clanes distintos: Leandro, la serpiente dorada que la protegería con su vida; Mateo, el curandero lince que sana sus heridas; Quirón, el halcón orgulloso que arde como un fénix; Iván, el tigre blanco que desafía todo por ella; y Nereón, el sireno que guarda secretos bajo el mar.
Mientras antiguos enemigos codician su sangre y los clanes se preparan para la guerra, Aitana deberá construir una nueva manada desde las cenizas, proteger a las hembras olvidadas y demostrar que la omega que todos rechazaron puede convertirse en la fuerza más poderosa del mundo.
Cinco vínculos. Cinco destinos. Una sola Luna.

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Capítulo 11

Capítulo 11: Paloma y el matrimonio de conveniencia

Aitana despertó con el cuello ardiendo y una mano cálida sobre la suya.

Durante un instante no recordó dónde estaba. Vio el techo bajo de la choza ceremonial, las flores nocturnas ya marchitas junto a la puerta, la luz pálida del amanecer entrando por las rendijas. Luego sintió la marca en el cuello y la respiración tranquila de Leandro a su lado.

No estaba en la casa de Roque.

Ese pensamiento llegó primero, antes que cualquier vergüenza, antes que el cansancio del cuerpo, antes incluso que la memoria de la noche. No estaba en la casa de Roque, nadie podía entrar a exigirle que cargara agua, nadie podía llamarla inútil desde la cocina.

Leandro abrió los ojos.

—¿Dolor?

Aitana se tocó la marca.

—Un poco.

Él se incorporó de inmediato.

—Traeré a Abuela Remedios.

—Leandro.

Se detuvo como si la palabra fuera una orden.

—Es normal, ¿no?

Su mandíbula se tensó.

—Normal no significa que me guste.

Aitana no supo qué hacer con esa respuesta. Todavía no sabía cómo recibir cuidado sin pensar que después vendría una deuda.

Alguien golpeó el marco de madera con los nudillos.

—Si están vestidos, tengo comida. Si no están vestidos, también tengo comida, pero gritaré antes de entrar.

Paloma.

Aitana se cubrió la cara con una mano.

Leandro, muy serio, tomó la manta y se aseguró de que ella estuviera cubierta antes de responder.

—Entra.

Paloma asomó la cabeza primero. Detrás de ella apareció un hombre joven de mirada astuta, cabello oscuro y una sonrisa educada que parecía haber sido practicada frente a demasiados Alfas. Llevaba una bandeja con tortillas de maíz, frutas y una jarra de atole.

—Traje desayuno —anunció Paloma—. Y traje a Renato porque mi padre dijo que no podía visitar sola a la Luna Sagrada recién vinculada, como si yo fuera a robarte.

Renato inclinó la cabeza.

—Buenos días, Aitana. Leandro.

Aitana se sentó con cuidado.

—Buenos días.

Paloma dejó la bandeja sobre la mesa y la miró de arriba abajo. Por primera vez desde que se conocían, no hizo un chiste inmediato. Sus ojos se llenaron de algo más suave.

—¿Estás bien de verdad?

Aitana asintió.

—Sí.

—¿Él fue bueno contigo?

Leandro se quedó inmóvil.

Renato tosió para ocultar una sonrisa.

Aitana sintió que la cara le ardía.

—Paloma.

—Es una pregunta válida.

—Sí —dijo Aitana, más bajo—. Fue bueno conmigo.

La tensión en los hombros de Leandro se aflojó apenas. Paloma lo miró como si acabara de pasar una prueba.

—Bien. Puedes vivir.

—Gracias —dijo él, seco.

Renato dejó escapar una risa breve. Paloma le dio un codazo.

—No te burles. Estoy siendo diplomática.

—Por supuesto, mi vida. Una diplomacia feroz.

Aitana observó la forma en que Renato dijo "mi vida": con cariño real, pero también con cuidado. Como si supiera que Paloma no siempre quería que ese cariño se notara frente a otros.

Paloma lo notó.

—No me mires así.

—¿Así cómo? —preguntó Aitana.

—Como si acabaras de descubrir un secreto.

Renato apoyó la jarra en la mesa.

—Tal vez ya es hora de contárselo.

Paloma perdió parte del color.

Aitana enderezó la espalda.

—¿Contarme qué?

Paloma se sentó frente a ella y entrelazó los dedos. De pronto parecía menos la muchacha capaz de morder a medio patio y más alguien que llevaba mucho tiempo fingiendo que nada dolía.

—Renato y yo no nos unimos por amor.

Aitana miró a Renato, luego a Paloma.

—Pero ustedes...

—Nos llevamos bien —dijo Renato—. Ahora.

Paloma soltó una risa sin alegría.

—Mi padre necesitaba una alianza con el Clan Zorro. El padre de Renato necesitaba acercarse al Clan Jabalí sin parecer desesperado. Yo necesitaba dejar de oír a todos opinar sobre cuándo iba a elegir compañero. Renato necesitaba evitar que lo enviaran a casarse con una prima horrible de los coyotes.

—Era una prima segunda —corrigió Renato.

—Horrible igual.

Aitana no sonrió.

—¿Te obligaron?

Paloma dudó.

—No como a otras. Mi padre me preguntó. Pero cuando un Alfa pregunta con toda la manada esperando una respuesta conveniente, una aprende a escuchar lo que no se dice.

Aitana sintió un peso familiar.

—Lo siento.

—No. No lo cuentes como tragedia. Renato fue... decente.

—Qué elogio tan ardiente —murmuró él.

Paloma le tomó la mano sobre la mesa. El gesto fue rápido, casi distraído, pero Aitana vio cómo los dedos de Renato se cerraron alrededor de los suyos.

—Fue paciente —dijo Paloma—. No me tocó hasta que yo quise. No se ofendió cuando le dije que no estaba enamorada. No intentó domarme, aunque seguro quiso.

—Todavía quiero a veces.

—Inténtalo y duermes afuera.

Renato sonrió.

La tensión se suavizó, pero Aitana entendió por qué Paloma había querido contarle eso justo esa mañana. En la noche anterior, Aitana había elegido. Paloma, años antes, había negociado con el poco margen que tenía.

—Al principio lo odié —admitió Paloma, mirando la mesa—. No a Renato. La situación. Odié tener que sonreír mientras todos decían que era una alianza hermosa. Odié que las hembras mayores me felicitaran como si no supieran que yo estaba asustada.

Renato no apartó la mirada de ella.

—Yo también tuve miedo.

Paloma lo miró, sorprendida.

—Nunca me lo dijiste.

—No quería darte otra carga. Ya tenías suficientes.

La voz de Renato no era dramática. Tal vez por eso dolió más. Aitana vio cómo Paloma tragaba saliva, cómo su gesto de burla habitual intentaba aparecer y no encontraba dónde sostenerse.

—Tonto —murmuró ella.

—Bastante.

Esta vez, cuando Paloma le apretó la mano, no intentó esconderlo.

Aitana sintió a Leandro moverse apenas a su lado. No la tocó más, pero su presencia le rozó el hombro, cálida, constante. Ella pensó que quizá todas las uniones importantes empezaban de formas distintas: algunas con una elección pública bajo la Luna, otras con un acuerdo incómodo entre familias, otras con dos personas aprendiendo a no hacerse daño dentro de una decisión que no habían elegido por completo.

—¿Por eso estabas tan furiosa cuando me presionaron con el primer guardián? —preguntó Aitana.

Paloma soltó aire por la nariz.

—Estaba furiosa porque todos usan palabras bonitas para cosas feas. Alianza. Protección. Conveniencia. Deber. Al final casi siempre significan lo mismo: una hembra tiene que ceder para que otros duerman tranquilos.

Leandro bajó la mirada.

—No todas las alianzas tienen que ser jaulas.

Paloma lo estudió.

—Eso espero, serpiente. Por tu bien.

—Por el suyo —corrigió él.

Renato sonrió, pero sus ojos se mantuvieron serios.

—¿Lo amas ahora? —preguntó Aitana.

Paloma miró a Renato. Esta vez no fingió.

—Estoy aprendiendo.

Renato bajó la mirada a sus manos unidas.

—Yo ya aprendí.

Paloma se puso roja hasta las orejas.

—Idiota.

Aitana sonrió, y el movimiento le dolió en la marca del cuello.

Leandro le acercó el atole sin decir nada.

Renato lo observó con interés.

—La manada está inquieta —dijo después—. Don Romualdo logró contener a los visitantes, pero varios Alfas quieren presentar respetos. Algunos de verdad. Otros no tanto.

Leandro endureció la mirada.

—No entrarán.

—No hoy —dijo Renato—. Pero pronto van a buscar una rendija. Sobre todo si creen que Aitana puede tomar más vínculos.

La taza se quedó a medio camino de la boca de Aitana.

—¿Más vínculos?

Paloma miró a Renato con fastidio.

—Ibas a entrar suave.

—Esto era suave.

Leandro dejó la taza sobre la mesa.

—La quinta marca tiene cinco trazos.

Aitana se tocó el pecho por instinto.

—Eso no significa...

—No sabemos qué significa —dijo Leandro—. Por eso habrá quienes intenten decidirlo por ti.

Paloma apretó su mano.

—Y por eso no vamos a dejarlos.

Aitana miró a los tres: su amiga, el esposo político de su amiga, el hombre que la había elegido después de que ella lo eligiera primero. Era extraño. Ayer habría enfrentado todo sola. Ahora había demasiadas cosas que temer, pero también manos reales alrededor.

Renato se puso serio.

—Hay algo más.

Paloma giró hacia él.

—Renato.

Él le puso una mano sobre la muñeca, no para callarla, sino para pedirle permiso.

—Hay cosas que todavía no le has dicho.

La sonrisa de Paloma desapareció.

Aitana sintió que la mañana, por fin cálida, volvía a tensarse.

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Maria Diosdado Velázquez
esto es lo que a mí no me gusta, porque después se pierde la novela y no se sabe en qué termina, 😞😞 repruebo esto de no poner toda la novela entera, si usted escritora pudiera no hacer eso se lo agradecería
La novela está buenísima, pero no la pone completa y eso le resta puntos
Maria Diosdado Velázquez
no, no se abren las fotos🤔🤔🤔🤔🤔
Mary Salazar
me encanta 👏👏👏🤣🤣🤣👌👌😂😂
Mary Salazar
Woow 👏👏👏
Mary Salazar
OMG 😱😱😱😭😭😭
🏳️‍🌈ZOE GIANNI 🇮🇹🇦🇷
no puedo ver las imágenes, no soy solo yo no??
Elizabeth Vargas: yo tampoco puedo 😭
total 1 replies
Mary Salazar
Woow 👏👏👏👏👏👏 fantástico
Mary Salazar
guacala 😂😂😂🤣🤣🤣👌👌👌
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