Gabriel lo tiene todo apellido fortuna y un magnetismo por las mujeres implacable sin embargo detrás de esa fachada de hombre frío déspota y mujeriego se esconde el trauma de la muerte de su madre, su padre lo obligó a esconder bajo una armadura de desconfianza su tristeza y dolor.
para él las personas solamente son piezas de ajedrez y el amor una debilidad que no se puede permitir.
pero el juego cambia cuando es obligado a casarse con Sara.
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celos
En palabras de Sara..
— Tu y Gabriel debieron de ser muy unidos.— dijo Julián y yo intenté guardar la compostura.
— así es, Gabriel y yo fuimos inseparables la gente creía que nos casaríamos.— dijo Rebeca y el enojo creció dentro de mi.
Reí molesta y quite las manos de Gabriel de mi, molesta.
— Me imagino que si Rebeca, lo que no comprendo como es que no están juntos si los dos son tal para cual.La gente del campo suele tener mucha imaginación.— dije completamente molesta por la insinuación de Rebeca.
— Si hablamos de imaginación ......si tan solo Rebeca y Gabriel se hubieran casado, la suerte me estuviera llamando a mi.— dijo Julián mirándome a los ojos con ese tono de coqueto.
— creo que el trato está hecho Julián mañana mismo el dinero está listo y si nos permiten me gustaría recorrer las tierras un poco más con mi esposa, Rebeca regresa con Julián a la hacienda.— dijo Gabriel molesto por la invitación de Julián.
— Pero Gabriel yo puedo ayudar.— dijo Rebeca desesperada y yo sonreí para no enojarme.
—No necesito más ayuda, Rebeca. Julián te acompañará de regreso —cortó Gabriel, sin siquiera mirarla. Su voz sonó como un latigazo, firme y carente de cualquier calidez.
Su atención estaba completamente fija en mí; o más bien, en la sonrisa helada que yo sostenía en los labios para no terminar de estallar frente a ellos.
Rebeca tragó saliva, visiblemente herida por el tono de Gabriel. Miró mi sonrisa con un odio que apenas pudo disimular, apretando los puños sobre las riendas de su yegua antes de dar la vuelta con brusquedad.
—Como digas, patrón —masculló ella, dándole un tirón al animal para enfilar hacia el sendero.
Julián, por su parte, soltó una risa ligera para suavizar la tensión, aunque sus ojos no se apartaron de mí. Me dedicó una última inclinación de cabeza, cargada de esa misma galantería que tanto había molestado a mi esposo.
—Nos vemos mañana para los papeles, Gabriel. Sara... un verdadero deleite haber compartido la mañana con usted, espero volverla a ver pronto—dijo, antes de espolear a su caballo y seguir a Rebeca colina abajo.
— Fue un placer.— dije con una sonrisa.
El eco de los cascos de los caballos se fue perdiendo poco a poco, devorado por el rugido constante y ensordecedor de la caída de agua. Nos quedamos solos. El aire de la montaña, impregnado por la brisa helada de la cascada, golpeó mi rostro, pero no fue suficiente para apagar el fuego que me quemaba el pecho.
Me di la vuelta para caminar hacia Lucero, pero Gabriel se interpuso en mi camino. Su imponente figura me bloqueó el paso, obligándome a clavar mis ojos en los suyos. Estaba respirando de prisa, con la mandíbula tan apretada que se le marcaba una línea rígida en la mejilla, y sus ojos oscuros brillaban con una furia posesiva.
—¿Así que tal para cual? —siseó, y su voz, sumamente baja y arrastrada, vibró por encima del ruido del agua—. ¿Eso es lo que realmente piensas, Sara? ¿Que debí casarme con ella?
—Dime tú, Gabriel —le respondí, cruzando los brazos sobre el pecho para ocultar el temblor de mis manos—. Se la pasa recordándome el pasado que tuvieron, se mete en nuestras conversaciones y tú no haces más que pasar tiempo con ella . Si tantas ganas tenían de estar juntos, no entiendo qué haces atado a una "niña caprichosa" como yo.
—Rebeca es una buena amiga. Pero tú... tú eres mi esposa. Y tú no eres ninguna santa crees que no me doy cuenta cómo le sonríes a Julián, cómo dejas que te coquetee en mi propia cara solo para hacerme enojar. ¿Qué pretendías con esa escenita en el desayuno? ¿Que ese infeliz se creyera con el derecho de decir que «la suerte le llamaría a él» si yo no estuviera contigo?
—¿Yo? —solté una carcajada cargada de una ironía amarga, dando un paso al frente para quedar a escasos centímetros de su pecho, desafiando la imponente sombra de su cuerpo—. No me vengas a colgar tus milagros, Gabriel. Yo no le pedí a Julián que me halagara, ni mucho menos que se tomara esas atribuciones. Pero claro, es mucho más fácil culparme a mí de provocarlo que admitir la verdad.
—¿La verdad? ¿De qué maldita verdad hablas, Sara? —siseó él, acortando la distancia que nos separaba, con los ojos inyectados en una mezcla de rabia y celos que no lograba ocultar.
—¡De que te duele! —le grité, y la voz me vibró con toda la frustración que llevaba guardada en el pecho—. Te duele que otro hombre me mire y me dé el lugar que tú me niegas. Te mueres de rabia porque Julián me trata con el respeto y la admiración que tú eres incapaz de darme por qué el si sabe lo que yo valgo. Te la pasas paseándote con Rebeca por toda la hacienda, permitiendo que me humille ante tus empleados que digan que no me amas que solo soy un adorno más en tu casa, y pretendes que yo me quede tejiendo en la sala esperándote con una sonrisa. ¡Pues no! Si te molesta que Julián me sonría, empieza por comportarte tú como mi esposo.
—¿Crees que no me comporto como tu esposo? —su voz bajó a un susurro sumamente ronco, peligroso, que me erizó la piel—. He respetado tu distancia, Sara. He dormido en el despacho, he soportado que me cierres la puerta en la cara y que me mires como si fuera un monstruo. Pero no voy a tolerar que uses a mi socio para herirme el orgullo. Julián no te va a volver a mirar así, porque la próxima vez no me va a importar que sea el sobrino de don Faustino ni que tengamos un negocio a medias. Te lo juro por mi vida.
— Como te lo dije, el divorcio es una opción, no es necesario tantas mentiras, me queda muy claro que estás enamorando de esa mujer y no se talvez Julián hubiera Sido una mejor opción para mí.— dijo sara con frustración.
— jajaja, el divorcio jamás va hacer una opción y no te confundas el amor es para los débiles Sara, Rebeca es una mujer muy inteligente y fuerte, no es una niña berrinchuda que solo busca su beneficio propio.— me dijo Gabriel tomándome de la cintura contra una gran roca.
-Qué fácil es para ti juzgarme desde tu pedestal , Gabriel. Si exijo respeto, si exijo el lugar que por derecho y ante la ley me corresponde en esta casa, ¿eso me hace berrinchuda? ¡Qué conveniente para ti! Claro, la mujer "inteligente y fuerte" es la que agacha la cabeza, la que te adula y te sigue como un perro faldero por toda la hacienda mientras tú juegas al fon juan. Pero no te preocupes ahora mismo yo me voy.— dijo Sara forcejeando con el para que me soltará
—No te vas a ir a ningún lado —dijo Gabriel, bajando la cabeza hasta que mi frente casi rozó la suya, obligándola a respirar mi propio aire—. ¿A dónde piensas ir? ¿Vas a subirte otra vez a ese maldito caballo para matarte en el camino solo por llevarme la contraria? ¿O vas a buscar a Julián para que te consuele con sus malditas pretensiones?
La ojos de Gabriel se clavaron en la boca de Sara y sin pensarlo la comenzó a besar mientras ella forcejeaba, aunque por dentro ambos necesitaba de ese beso.
Poco a poco, el enojo que me quemaba el pecho comenzó a transformarse en algo más. El forcejeo perdió fuerza; mis dedos, que antes lo empujaban con furia, terminaron enredándose en la solapa de su chaqueta, aferrándose a él con la misma desesperación con la que él me sostenía. Dejé escapar un suspiro entre sus labios, rindiéndome al torrente de sensaciones que me recorría el cuerpo.
sus manos subieron por mi cuerpo hasta mi cuello sin darme cuenta Gabriel había desatado mi vestido que cayó al piso mi corazón comenzó a latir con fuerza cuando el comenzó a desabrochar su camisa sin dejarme de besar.
Sentir sus manos cálidas y ásperas subir por la piel de mi abdomen, buscando los lazos del corsé para abrirse paso, me hizo soltar un jadeo ahogado que él devoró al instante. Mis dedos se enterraron con fuerza en sus hombros descubiertos conforme la camisa caía de sus brazos, aferrándome a la firmeza de su espalda. Quería odiarlo, quería recordarle cada una de sus palabras hirientes sobre Rebeca y mi supuesto egoísmo, pero el calor de su piel contra la mía estaba borrando cualquier rastro de coherencia en mi mente. Lo necesitaba con la misma rabia y la misma desesperación con la que él me reclamaba.
te pasas Gabriel así como va querer tener tus hijos
se vienen trillizos 🤔
muchacho malo
🙎🙎🙎 todo hubiera sido diferente si ese animal no se te hubiese salido del cuerpo.
ellla quiere amor respeto confianza fidelidad, pero al parecer no quieres darle todo 🤦🤦🤦 entonces como no quieres que ese muro aparezca.
🤷 empieza a usar tu inteligencia
cómo sabe 🙎🙎🙎
y Sarita que es nueva 😝 cayó rendida
pero
se que ambos pueden llegar a extrañarse
Gabriel no puede dejar de desear a su mujer y Sara desea a su hombre 🔥🔥🔥❤️❤️❤️ fuego con amor
le dijo amor? hacemos el amor? eres mi mujer? soy tuyo? demasiadas frases no creo que las diga en balde 😡 algo dentro de Gabriel está un poquito raro esos celos esa manera de ser posesivo de no querer dejarla salir sola 🤔 sospechoso.
Gabriel celoso pero ya pusiste en su sitio el otro día Julián 🤦 dios santo olvídate de él
que cambi de actitud
sino cuentas tazas deberás tomar Sara🙎🙎 hay que tener cuidado
sara es una mujer fuerte e inteligente si te dieras la oportunidad de conocerla
o es por ese trauma que te cargas 🤦🤦🤦 mira si no nos cuentas no vamos a entenderte porque para nosotros estás posesivamtnte loco
🤷ni modo
Sara estoy de acuerdo sobre el te 😬 pero tengo que lo descubra
esto va para mal
y si no quiere solo quedarse en casa cuidando hijos como este pendejo dice es mejor que entres en razón y te tomes algo antes de que sea tarde pero a si como va esta historia ya valió
no se por que primero nos vende a una prota decidida y nos entregan a una que se deja que le hagan lo que quieran 🙄