🎄 El esposo que apareció en invierno
Una joven de 18 años es abandonada por el amor de su vida justo cuando descubre que está embarazada de cuatrillizos. Sin familia, sin apoyo y completamente rota, termina viviendo uno de los momentos más difíciles de su vida… hasta que el destino interviene.
Una noche fría de invierno, es encontrada desmayada en la calle con fuertes dolores por un hombre desconocido que decide ayudarla y llevarla al hospital. Allí, un malentendido con los medios los obliga a fingir ser esposos para evitar el escándalo. Lo que comienza como una mentira por necesidad, se convierte en un matrimonio real.
Él, un hombre que siempre soñó con ser padre pero que fue herido por una relación pasada, decide aceptar a la joven y a sus cuatrillizos como su familia. Les da su apellido, los protege y los presenta ante su propia familia en plena Navidad, como su esposa y sus hijos.
Entre momentos de dolor, protecció.
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Capitulo 2 : Una propuesta imposible
Lucía permaneció inmóvil sobre la cama del hospital.
Las palabras de Adrián seguían resonando en su cabeza.
—Te voy a proponer algo… un matrimonio falso.
Por unos segundos pensó que lo había escuchado mal.
Tal vez estaba cansada.
Tal vez los medicamentos le estaban jugando una mala pasada.
Pero no.
Él seguía allí.
Serio.
Esperando una respuesta.
—¿Un matrimonio falso? —repitió ella lentamente.
Adrián asintió.
—Solo temporal.
Lucía soltó una pequeña risa nerviosa.
—Ni siquiera te conozco.
—Lo sé.
—Y aun así me estás proponiendo casarme contigo.
—No exactamente.
—¿Entonces qué exactamente?
Adrián se pasó una mano por el cabello.
Era evidente que tampoco se sentía cómodo con aquella situación.
—La prensa cree que somos una pareja.
—Eso ya lo dijiste.
—Y las fotografías están por todas partes.
Lucía frunció el ceño.
—¿Tan grave es?
Adrián sacó su teléfono.
Le mostró varias noticias.
Los ojos de Lucía se abrieron.
Todas las portadas hablaban de ellos.
"EMPRESARIO MILLONARIO SALVA A SU ESPOSA EMBARAZADA."
"EL MISTERIOSO MATRIMONIO DE ADRIÁN VALCÁRCEL."
"CUATRILLIZOS LLEGAN A LA FAMILIA VALCÁRCEL."
Lucía sintió que la cabeza comenzaba a darle vueltas.
—Dios mío.
—Exacto.
—Pero podemos aclararlo.
—No es tan sencillo.
Ella lo observó.
—¿Por qué?
Adrián guardó silencio unos segundos.
—Porque mi vida está constantemente bajo el ojo público.
—¿Y eso qué tiene que ver conmigo?
—Ahora tiene que ver contigo.
Aquellas palabras hicieron que Lucía sintiera un escalofrío.
Porque era verdad.
Desde el momento en que él la había cargado frente a las cámaras, sus vidas habían quedado conectadas.
Aunque ninguno de los dos lo hubiera planeado.
—No sé qué decir.
Murmuró ella.
—No tienes que responder ahora.
Lucía bajó la mirada.
Su cuerpo seguía débil después del parto.
Su corazón también.
Todavía le dolía recordar al hombre que la había abandonado.
Todavía le dolía pensar que estaba sola.
Completamente sola.
Entonces recordó algo importante.
—Mis bebés.
Adrián levantó la vista.
—¿Qué pasa con ellos?
—Quiero verlos.
La expresión de Adrián se suavizó.
—El médico dijo que podrás hacerlo mañana.
Las lágrimas aparecieron inmediatamente en los ojos de Lucía.
—Tengo miedo.
Confesó.
Por primera vez.
Sin esconderlo.
Sin fingir fortaleza.
—Tengo miedo de perderlos.
El silencio llenó la habitación.
Adrián no estaba acostumbrado a consolar personas.
No sabía qué decir.
Pero aun así se acercó.
—Son fuertes.
Lucía sonrió con tristeza.
—Son muy pequeños.
—Pero siguen luchando.
Ella cerró los ojos.
Intentando aferrarse a aquellas palabras.
Porque necesitaba esperanza.
Y en ese momento era lo único que tenía.
A la mañana siguiente.
Lucía despertó temprano.
Casi no había dormido.
Las enfermeras entraban y salían constantemente.
Pero nada le importaba.
Solo quería ver a sus hijos.
Finalmente una enfermera apareció.
—¿Lista para conocer a sus bebés?
Las lágrimas aparecieron de inmediato.
—Sí.
La llevaron lentamente hasta la unidad neonatal.
El corazón le latía tan fuerte que pensó que podría romperse.
Cuando llegó frente a las incubadoras, se quedó sin aire.
Allí estaban.
Sus cuatro pequeños.
Tan diminutos.
Tan frágiles.
Tan hermosos.
Lucía comenzó a llorar.
—Mis bebés...
Susurró.
Una enfermera sonrió.
—Son guerreros.
Lucía apoyó suavemente la mano sobre el cristal.
—Mamá está aquí.
Uno de los bebés movió ligeramente una mano.
Y aquello fue suficiente para romper completamente su corazón.
Porque entendió algo.
No importaba lo difícil que fuera el futuro.
No importaba cuánto miedo tuviera.
Debía seguir adelante.
Por ellos.
Siempre por ellos.
Desde la puerta, Adrián observaba la escena.
No sabía por qué había ido.
Ni siquiera sabía por qué seguía allí.
Pero algo le impedía marcharse.
Algo en aquella mujer.
Algo en aquellos bebés.
Algo que no lograba explicar.
Entonces una enfermera se acercó.
—¿Es usted el padre?
Adrián estuvo a punto de corregirla.
Pero se detuvo.
Miró a Lucía.
Miró a los cuatrillizos.
Y por alguna razón respondió:
—Sí.
La enfermera sonrió.
—Son hermosos.
Adrián observó a los cuatro pequeños.
Y por primera vez en muchos años sintió algo extraño.
Algo parecido a ternura.
Algo parecido a pertenecer a una familia.
Y aquello lo asustó más que cualquier negocio millonario.
Horas después.
Cuando Lucía regresó a su habitación, encontró varios ramos de flores.
Y también una revista.
En la portada aparecía ella.
Junto a Adrián.
El titular ocupaba media página.
"LA NUEVA FAMILIA VALCÁRCEL."
Lucía cerró la revista inmediatamente.
—Esto es una locura.
Murmuró.
Pero en el fondo sabía que Adrián tenía razón.
El problema era mucho más grande de lo que había imaginado.
Y apenas estaba comenzando.
Mientras tanto, en algún lugar de la ciudad...
un hombre observaba la misma portada.
Sus ojos estaban llenos de sorpresa.
Y de rabia.
Porque reconocía perfectamente a la mujer de la fotografía.
Lucía.
La mujer que había abandonado.
La madre de sus hijos.
Apretó los puños con fuerza.
—Así que encontraste a alguien rico.
Murmuró.
Sin saber que el destino estaba a punto de ponerlo nuevamente frente a ella.