En la Academia Real Arcana, la misteriosa Yoselin despierta el poder oculto de cinco princesas y enseña a los orgullosos príncipes que la unión y el amor son su mayor fuerza para enfrentar al Rey del Vacío.
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Capítulo 7: El equilibrio entre la luz y la oscuridad
Después de la explosión de magia de la noche anterior, el bosque quedó en silencio.
Ninguno de los presentes se atrevía a hablar.
Elisabeth seguía de rodillas, respirando con dificultad mientras pequeñas partículas de luz plateada y sombras negras giraban a su alrededor como si tuvieran voluntad propia.
Las otras princesas observaban con preocupación.
León dio un paso hacia ella, pero Yoselin levantó la mano para detenerlo.
—Déjenme hablar con ella.
Todos obedecieron.
Yoselin se arrodilló frente a Elisabeth y, con mucha delicadeza, tomó sus manos. A pesar de que la princesa temblaba, la instructora no mostró miedo.
—Mírame.
Los ojos de Elisabeth estaban llenos de lágrimas.
—Tengo miedo... ¿Y si algún día pierdo el control y lastimo a mis hermanas?
Yoselin negó con suavidad.
—Eso no ocurrirá.
—¿Cómo puedes estar tan segura?
—Porque las personas que desean hacer daño nunca sienten miedo de hacerlo. Tú sí. Eso significa que tu corazón sigue guiando tu poder.
Elisabeth guardó silencio.
Aquellas palabras lograron tranquilizarla un poco.
—Escúchame bien —continuó Yoselin—. La oscuridad no siempre representa el mal, igual que la luz no siempre representa el bien. Ambas existen para mantener el equilibrio del mundo.
Las princesas escuchaban con atención.
—El día y la noche se necesitan mutuamente. El sol no puede brillar para siempre, ni la luna puede reinar eternamente. Lo mismo ocurre con tu magia.
Elisabeth bajó la mirada.
—Entonces... ¿no debo rechazar la oscuridad?
Yoselin sonrió.
—No.
Debes aceptarla.
Porque también forma parte de ti.
Durante los siguientes días, Yoselin decidió separar el entrenamiento de Elisabeth del resto del grupo.
Mientras Aurora perfeccionaba el control del fuego, Maya fortalecía el agua, Flora entrenaba con la tierra, Brisa dominaba el viento y León continuaba buscando el origen de su poder, Elisabeth practicaba a solas junto a Yoselin en un antiguo templo escondido dentro del bosque.
Era un lugar olvidado por el tiempo.
En el centro había un enorme círculo de piedra dividido en dos mitades.
Una era completamente blanca.
La otra era negra como la noche.
—¿Qué es este lugar? —preguntó Elisabeth.
—El Santuario del Equilibrio.
Hace siglos, aquí entrenaban los guardianes capaces de controlar poderes opuestos.
La joven observó los antiguos símbolos grabados sobre el suelo.
Podía sentir una energía diferente.
Más tranquila.
Más cálida.
—Hoy no lucharás.
Hoy aprenderás a escuchar tu magia.
El primer ejercicio parecía demasiado sencillo.
Yoselin le pidió que se sentara justo en el centro del círculo.
—Cierra los ojos.
Elisabeth obedeció.
—Respira lentamente.
No intentes controlar la luz.
No intentes controlar la oscuridad.
Solo escúchalas.
Al principio solo hubo silencio.
Pero poco a poco comenzó a sentir dos voces distintas.
Una era cálida y serena.
La otra era profunda y misteriosa.
Ninguna intentaba dominar a la otra.
Simplemente estaban allí.
Esperando.
Entonces abrió los ojos.
Una esfera blanca flotaba sobre su mano derecha.
Otra completamente negra apareció sobre la izquierda.
Por primera vez ambas permanecían estables.
Yoselin sonrió con orgullo.
—Muy bien.
Elisabeth sonrió por primera vez desde que descubrió su poder.
—¡Lo logré!
Pero la alegría duró poco.
Las dos esferas comenzaron a acercarse entre sí.
La energía empezó a volverse inestable.
Yoselin apareció frente a ella inmediatamente.
—¡No las obligues!
—¿Qué hago?
—Déjalas decidir.
Elisabeth respiró profundamente.
Relajó sus manos.
Las dos esferas dejaron de luchar.
En lugar de destruirse, comenzaron a girar lentamente una alrededor de la otra, formando un hermoso equilibrio.
Una luz plateada iluminó el templo.
Las sombras dejaron de ser amenazantes.
Era como si ambas energías hubieran encontrado finalmente su lugar.
—Eso es... —susurró Yoselin.
—¿Qué ocurre?
—Acabas de dar el primer paso para convertirte en la Guardiana del Equilibrio.
Elisabeth abrió los ojos con sorpresa.
—¿Guardiana?
Yoselin dudó unos segundos.
Había dicho más de lo que pretendía.
—Algún día entenderás todo.
Pero todavía no es el momento.
Mientras tanto, en la academia, Daniel no dejaba de notar la ausencia de Yoselin y Elisabeth durante las noches.
Aquella tarde decidió seguirlas en secreto.
Las vio internarse en el bosque.
Cuando intentó acercarse, una barrera invisible apareció frente a él.
Al tocarla, una descarga de energía lo hizo retroceder.
—¿Qué...?
Nunca había visto una barrera mágica tan poderosa.
Desde el otro lado, Yoselin sintió el impacto.
Por un instante giró la cabeza hacia la dirección donde estaba Daniel.
Sabía que alguien las había seguido.
Pero decidió no decir nada.
Aún no podía revelar aquel entrenamiento.
No mientras el enemigo siguiera observando desde las sombras.
Esa misma noche, muy lejos de la academia, el Rey del Vacío contemplaba un antiguo espejo mágico.
Dentro de él aparecía la imagen de Elisabeth entrenando.
Una sonrisa fría se dibujó en su rostro.
—Así que la heredera de la luz y la oscuridad ha comenzado a despertar...
Detrás de él, una figura encapuchada preguntó:
—¿Debemos capturarla?
El Rey del Vacío negó lentamente.
—Todavía no.
Primero dejen que la portadora de los cinco elementos termine de romper sus sellos.
Cuando todas alcancen su máximo poder...
Las tomaremos a las seis al mismo tiempo.
Y entonces, ni siquiera Yoselin podrá salvarlas.
En la profundidad del bosque, una suave brisa recorrió el templo.
Yoselin levantó la mirada hacia el cielo.
No sabía por qué...
Pero tenía el presentimiento de que el tiempo para preparar a sus alumnos se estaba agotando.