Ela una chica que era bondadosa y alegre se dará cuenta de que su familia no es lo que parece y perderá su vida . La vida o el destino le dará una oportunidad para hacer las cosas bien.
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Capítulo 17: El precio del veneno
El gran salón del Palacio Imperial se había transformado en un caos absoluto.
Los nobles murmuraban nerviosamente.
Los guardias bloqueaban todas las salidas.
Los músicos habían abandonado sus instrumentos.
Y en medio de todo aquello, Alexander Valmont parecía estar a punto de declarar la guerra a alguien.
—¡Llamen a los médicos imperiales!
Su voz resonó por todo el salón.
Nadie se atrevió a discutir.
Ni siquiera los miembros de la familia imperial.
Cedric sostenía a Ela mientras avanzaban rápidamente hacia una sala privada.
La joven comenzaba a sentirse mareada.
Su visión se volvía borrosa.
Y el pequeño corte de su muñeca había adquirido una tonalidad oscura.
Aquello no era un veneno común.
—No te duermas.
—No pensaba hacerlo.
—Bien.
—Aunque el techo se está moviendo.
—El techo no se mueve.
—Entonces yo sí.
Cedric soltó un suspiro.
Incluso en aquella situación seguía bromeando.
Alexander caminaba junto a ellos.
Su expresión era aterradora.
Los sirvientes se apartaban apenas lo veían acercarse.
Los guardias evitaban mirarlo directamente.
Porque todos sabían algo.
Cuando el duque Valmont estaba furioso, era mejor mantenerse lejos.
Muy lejos.
Minutos después llegaron varios médicos.
Comenzaron a examinar la herida inmediatamente.
La habitación permaneció en silencio.
Un silencio pesado.
Tenso.
Insoportable.
Finalmente uno de los médicos habló.
—Vivirá.
Alexander cerró los ojos.
Cedric también pareció relajarse ligeramente.
Ela sonrió.
—Me alegra escuchar eso.
—Todavía no terminé.
—Ah.
—El veneno es raro.
Muy raro.
La sonrisa desapareció.
—¿Qué significa eso?
—Significa que necesitaremos tiempo para eliminarlo completamente.
—¿Es peligroso?
—Sí.
—Excelente.
—No.
—Era sarcasmo.
—Lo imaginé.
Diana llegó pocos minutos después.
Detrás de ella aparecieron Julian y Leonard.
Los tres parecían sinceramente preocupados.
—¿Cómo estás?
—Sobreviví.
—Eso no responde nada.
—Me siento horrible.
—Mucho mejor.
Julian se acercó.
—Voy a encontrar a quien hizo esto.
Leonard asintió.
—Yo también.
—Eso suena preocupante.
—¿Por qué?
—Porque ustedes dos juntos representan un peligro para la sociedad.
Por primera vez desde el atentado todos terminaron riendo.
Incluso Alexander.
Aunque solo un poco.
Mientras tanto, Cedric se encontraba revisando información junto a Lucas.
La falsa sirvienta había desaparecido.
Sin dejar rastro.
Lo cual era extremadamente sospechoso.
—Demasiado profesional.
—Estoy de acuerdo.
Lucas cruzó los brazos.
—¿Crees que trabaja para Viktor?
—Casi seguro.
Cedric observó por la ventana.
La noche comenzaba a cubrir la ciudad.
Y algo le decía que aquello era solo el principio.
A la mañana siguiente, las noticias del atentado se habían extendido por toda la capital.
Todo el mundo hablaba de ello.
Y por supuesto también hablaban de otra cosa.
Cedric Ravencrest cargando a Evelina frente a cientos de nobles.
Los rumores crecían rápidamente.
Mucho más rápido de lo que cualquiera deseaba.
—La capital es insoportable.
—Completamente —respondió Diana.
Ela se encontraba descansando cuando Nora apareció.
Parecía alterada.
—Señorita.
—¿Qué ocurre?
—Escuché algo extraño.
—¿Sobre qué?
—Lady Lilian.
Ela se incorporó inmediatamente.
—Una criada la escuchó hablando anoche.
—¿Con quién?
—No lo sabe.
—¿Y qué dijo?
Nora dudó unos segundos.
Luego respondió.
—Dijo que el plan nunca debía llegar tan lejos.
El corazón de Ela se aceleró.
Aquellas palabras eran importantes.
Muy importantes.
—¿Estás segura?
—Completamente.
Ela permaneció pensativa.
Porque si Lilian había dicho eso...
Entonces sabía algo.
Y probablemente mucho más de lo que aparentaba.
Sin embargo, antes de que pudiera seguir analizando la situación, un sirviente anunció una visita.
—Lady Beatrice Crowley solicita verla.
Ela recordó inmediatamente aquel nombre.
Y no fue un recuerdo agradable.
Beatrice Crowley era una noble famosa por tres cosas.
Su belleza.
Su orgullo.
Y su extraordinaria capacidad para crear problemas.
Minutos después apareció en la habitación.
Su vestido color borgoña era elegante.
Su cabello oscuro caía en perfectos rizos sobre sus hombros.
Y su sonrisa parecía más una declaración de guerra que un saludo.
—Lady Evelina.
—Lady Beatrice.
—Me alegra ver que sobreviviste.
—Gracias.
—Aunque debo admitir que algunos apostaban lo contrario.
El silencio cayó sobre la habitación.
Nora abrió los ojos.
Diana levantó una ceja.
Y Ela sonrió.
Una sonrisa peligrosa.
—Qué comentario tan interesante.
Beatrice sonrió también.
—Solo repito lo que escuché.
—Claro.
—La nobleza puede ser cruel.
—Afortunadamente yo también puedo serlo.
Por primera vez, la sonrisa de Beatrice vaciló.
Solo un instante.
Pero fue suficiente.
Cuando finalmente abandonó la habitación, Diana soltó una carcajada.
—Creo que le caes mal.
—Lo noté.
—Mucho.
—Lo noté aún más.
Sin embargo, aquella noche ocurriría algo mucho más importante.
Porque mientras Ela intentaba descansar, un nuevo recuerdo apareció en su mente.
Una imagen.
Una batalla.
Un campo cubierto de nieve.
Cedric herido.
Solo.
Y una voz desconocida diciendo:
—Si muere aquí, todo terminará.
Ela despertó sobresaltada.
Su respiración era agitada.
Porque acababa de comprender algo aterrador.
En la novela original, la muerte de Cedric nunca fue un accidente.
Y alguien había trabajado durante años para provocar ese destino.