El profesor de lenguas Yoshiya Taksumagi ha recibido una segunda oportunidad de vivir. Pero este nuevo mundo le demostrará que una segunda vida no significa una vida perfecta.
Ahora, atrapado en el cuerpo de un niño llamado Joshua Moretti, deberá descubrir los secretos detrás de su llegada y enfrentarse a un destino que jamás pidió.
¿Cómo es que un profesor de una de las mayores facultades de Japón terminó siendo un simple niño en un mundo de magia?
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El reino submarino
Estábamos todos frente al mar de la playa. El sol brillaba como siempre. Todos estaban dentro del carruaje, excepto yo.
Miré de frente. El mar se abrió, dividiéndose en dos partes. Una presión extensa que no se podía mover hizo que el agua se quedara quieta. Por más que lo vea, no deja de sorprenderme.
Una figura femenina apareció, dando pasos suaves y firmes. Piel clara, casi pálida, orejas de pez y un largo vestido azul. Realmente, sus ojos, orejas y vestido le quedaban más que perfectos, especialmente su corona. A pesar de ser una mujer sirena, no olía a pez.
Definitivamente, no volveré a comer pescados por un tiempo.
—Tú debes ser el niño que salvó a mi hija—Sus grandes ojos blancos, pero hermosos, me miraban con desdén. Incluso tenía una sonrisa en su rostro. Ella de verdad es hermosa.
—Ejem. Así es, Su Alteza—Me arrodillé e hice una reverencia. Por supuesto, con una cara llena de satisfacción. Ella hizo un gesto con las manos para que me pusiera de pie.
—¿Te interesaría venir conmigo?—Lo iba a hacer de todos modos, pero escucharlo personalmente de una reina es bastante agradable. Pero, por alguna extraña razón, no siento su presencia. ¿Lo estará ocultando?
—Está bien. Vamos, Sinahi—
—No—¿Qué?
La reina miró a Sinahi con una expresión fría. Ir en contra de una reina no es algo bueno, ¿cierto?
—Vendrás tú solo por unos días al reino del Cristal Azul Marino—Qué nombre tan ridículamente largo.
—E-Entiendo lo que dices, pero... necesito decirle a mi padre o al menos al rey Arturo—Me rasqué la mejilla, un poco incómodo por mi propio comportamiento.
—No necesitas preocuparte por eso. Ven conmigo y después le mandarás el mensaje al rey Arturo—Asentí y miré a Sinahi, que ya tenía unos segundos de pie. Su mirada era desconcertada. Por supuesto, yo también estaría en shock.
—Sinahi, vete a casa—
Sinahi dijo: —Pe... pero, ¿y tú?—
Simplemente le dije que no se preocupara. Entiendo su sentimiento, pero si la reina vino personalmente, es por algo importante. Aunque no sé qué es lo que quiere de mí.
Sentí que mi nariz crecía como la de Pinocho. Soy tan popular con las chicas.
Sinahi partió en el carruaje, y la reina y yo estábamos parados allí.
—¿Vamos?—Asentí.
Ella dio la vuelta observando el mar. Una perla gigante salió del agua. Una perla blanca y brillante. Cuando subimos ambos a la perla, se cerró como si nos hubiera tragado. La perla empezó a moverse de forma rápida.
No podía ver con claridad a pesar de que había una bola plateada detrás de nosotros. La reina movió sus orejas de pez y la bola empezó a brillar como un foco eléctrico. Mis ojos se abrieron con sorpresa y observé a la reina. Ella me dio una sonrisa satisfactoria.
—Ahora que lo pienso, ¿por qué me has traído contigo? A decir verdad, es extraño que una mujer, especialmente la reina, lleve consigo a un simple niño de diez años—Dejé de hablar. Pero ella me miraba con una extraña calma. Es incómodo, pero también refrescante.
—De simple no tienes nada... Y también tengo curiosidad sobre ti—¿Curiosidad sobre mí? Esto es tan jodidamente extraño. No he hecho nada que destaque. O quizás no lo recuerdo.
A medida que pasaban los minutos, yo solo estaba perdido en mis pensamientos. Estaba de frente a la reina sirena. A pesar de que no veía su rostro por mi pequeña estatura, podía sentir que me observaba con ojos severos.
La perla se detuvo en seco. Apreté mis manos y cerré los ojos.
—BOING—Mi rostro cayó en algo super suave. ¿Almohadas? A pesar de sentirme seguro, aún no abría los ojos, ya que el susto aún permanecía en mi cuerpo.
De repente, empecé a sentir otros latidos que no eran los de mi corazón. Abrí los ojos con cuidado, pero no podía ver. Cuando finalmente me aparté, mis ojos se abrieron de par en par. Había caído en los pechos de la reina sirena.
¡¡Maldita sea, estoy jodido!!
Me puse de rodillas. —Lo-Lo siento mucho, Su Majestad. No, no fue mi intención—El rostro de la reina se volvió sombrío.
Estaba mirando al suelo. Mi rostro se volvió pálido. De mi rostro empezaron a caer gotas de sudor frío. Mi corazón empezó a latir tan fuerte que podía escuchar los latidos en mis oídos.
—No es tu culpa. Y no me llames Majestad. Llámame por mi nombre: Kathy—¿Cómo que la llame por su nombre si apenas hoy nos conocemos?
Ella hizo un gesto para que me levantara. Asentí y me levanté. Limpié un poco mi sudor con mis manos.
Calma, Yoshiya. Recuerda que ya no estás en Japón. Y sería desafortunado o peligroso llevarle la contraria a la misma reina sirena.
La perla se abrió despacio. Me hizo recordar a una de esas cápsulas del tiempo que aparecen en los animes.
El sol se filtraba a través del agua del mar. Había muchas personas con orejas de pez. Era una ciudad debajo del mar. Literalmente, en esta parte no pasa el agua, por eso puedo respirar con tanta normalidad. Este ambiente me hizo recordar a la ciudad de Tokio, donde hay tanto ruido. Aunque no me gusta el ruido, hoy se siente melancólico.
Una fila se formó de esta especie, haciendo una reverencia para que pasara la reina. Yo comencé a seguirla. Varios me dieron miradas de desprecio y odio. Ignoré todo eso mientras caminaba, observando el suelo.
Después de unos minutos, llegamos a un castillo.
El castillo era de un color azul intenso.
—Es hermoso—Murmuré.
La reina Kathy solo me observó.
Las puertas se abrieron hacia los lados. Aún no me acostumbro a tanta exageración para todo ser de alta categoría.
—Tch—