Cuatro años atrás, el amor entre Miriam Bianchi y Adam Ricci parecía inquebrantable… hasta que una traición los separó de la forma más cruel. Lo que Miriam no sabe es que detrás de su dolor se esconde un nombre que aún la persigue en silencio y Elisa Moretti, la mujer que manipuló cada pieza para destruirlos.
Ahora, el destino vuelve a cruzar sus caminos. Miriam ha reconstruido su vida con esfuerzo, apoyada por su leal amiga Lionela Conti, mientras Adam, consumido por el arrepentimiento, intenta llenar el vacío con ayuda de su inseparable amigo Francisco Romano. Pero hay heridas que nunca sanaron… y secretos que nunca salieron a la luz.
Cuando la verdad comienza a revelarse, el pasado amenaza con repetir la misma tragedia. ¿Podrá el amor sobrevivir a la traición? ¿O será demasiado tarde para recuperar lo que una vez fue perfecto?
Porque hay historias que no terminan… solo esperan el momento de volver a comenzar.
NovelToon tiene autorización de Marilinaa para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capitulo 8
A poca distancia, escondida entre la multitud y tras una copa que apenas bebía, Elisa Moretti observaba cada movimiento con una sonrisa que poco a poco se le fue borrando de los labios. Al principio se alegró al verlos tensos y dolidos, pero bastaron unos minutos para que su satisfacción se convirtiera en inquietud. Verlos mirarse así, como si nadie más existiera, le hizo comprender que el tiempo no había logrado borrar lo que sentían. Y eso era peligroso para ella.
Francisco, que había notado su presencia en un rincón, no apartaba la vista de ella, pero Elisa solo tenía ojos para la pareja que amenazaba con destruir todo lo que había construido. Cuando vio que se acercaban más y hablaban en voz baja, sus manos apretaron la copa con fuerza hasta que los nudillos se le pusieron blancos.
—¿Te das cuenta, Elisa? —le dijo una voz tranquila a su lado, aunque ella dio un respingo al ver que era Francisco, que se había acercado con calma—. Se miran como si cuatro años de separación no hubieran sido más que una pesadilla. ¿Te molesta verlos así?
Ella se recompuso al instante, ocultando su furia tras una máscara de fingida preocupación.
—¿Cómo puedes decirme eso? Solo me preocupa por Adam —respondió con voz dulce y falsa—. Míralo… se le nota tan afectado. Creí que ya había logrado olvidarla y seguir adelante, y ahora esto… todo se desmorona de nuevo. Si vuelve a acercarse a ella, volverá a sufrir, y no soporto verlo herido otra vez.
Francisco la miró fijamente, leyendo algo más profundo detrás de sus palabras.
—¿Sufrir… o descubrir la verdad? —insinuó con calma—. A veces me da la impresión de que temes algo más que su dolor. Como si te asustara que vuelvan a hablar y que, en medio de todo eso, salgan cosas que nadie recuerda ya.
Elisa desvió la mirada, inquieta, y forzó una sonrisa nerviosa.
—No sé a qué te refieres. Solo quiero lo mejor para él. Pero si siguen así, tan cerca y tan dispuestos a revivir el pasado… todo lo que conseguí proteger durante estos años podría venirse abajo de golpe. No puedo permitir que vuelvan a romperle el corazón.
—¿O que ella rompa tus planes? —susurró Francisco para sí mismo, demasiado bajo para que ella pudiera negarlo.
Elisa no respondió. Siguió observándolos en silencio, con el corazón latiéndole de prisa. Sabía muy bien que si esos dos volvían a confiar el uno en el otro, si empezaban a compartir sus dudas y recuerdos, las piezas encajarían tarde o temprano. Y entonces todo lo que ella había tejido con tanto cuidado durante cuatro años quedaría expuesto ante todos.
—No dejaré que pase —murmuró entre dientes, casi en un susurro amenazador—. Si creen que pueden recuperar lo que les quité, están muy equivocados. Me mantendré muy cerca de ellos, vigilando cada paso, cada palabra… y si es necesario, volveré a actuar antes de que puedan arruinarme.
Desde las sombras, Elisa prometió en silencio que no dejaría que la verdad saliera a la luz. Y decidió que, pase lo que pase, ella estaría siempre un paso por delante, lista para separarlos otra vez si era necesario.
Elisa dio unos pasos hacia atrás, perdiéndose aún más entre las sombras de una columna, lejos de miradas curiosas. Sus dedos temblaban de rabia contenida mientras apretaba el borde de su vestido.
—¡No puedo creerlo! —susurró con los dientes apretados, con una mueca de odio en el rostro—. Cuatro años… cuatro años logré mantenerlos separados, segura de que se odiaban o ya no se importaban… ¡y bastan cinco minutos juntos para que todo mi trabajo se tambalee!
Respiró hondo para calmarse y volvió a mirarlos, con una frialdad peligrosa brillando en sus ojos.
—Todavía no han ganado —se dijo a sí misma con voz baja y decidida—. Mientras yo esté aquí, no dejaré que hablen lo suficiente como para descubrir mis mentiras. Vigilaré cada palabra, cada mirada, cada movimiento que hagan. Estaré siempre acechando, lista para meter la duda de nuevo entre ellos a la mínima oportunidad.
Sonrió con malicia, recuperando su confianza.
—Esta vez no será tan fácil como la otra… pero sé hacerlo. Y si hace falta destruirlos más para salvarme a mí, lo haré sin dudarlo. La verdad jamás saldrá de mi boca… y me aseguraré de que tampoco salga a la luz entre ellos.
Lo más seguro es que al final se queden juntos, pero mientras que ella sufra cómo lo hizo sufrir a él por no confiar en su amor.
Entonces la que amaba menos era ella. Y su inseguridad y baja autoestima la hace ser crédula y tonta.