Lelia sale del convento para asistir a la boda de su hermana, estaba feliz al saber que se casaba por amor, pero nunca se imagino que su vida iba a cambiar.
Su destino la iba a llevar por un camino muy diferente al que pensó y le iba a poner pruebas muy duras.
¿Podrá Lelia superar todo lo que le prepara el destino?
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CAPÍTULO 21
Lelia respiraba agitadamente; su cabeza la había levantado y la hizo hacia atrás para dejar que Apolo la besara.
Lo que hacía en su cuello la hizo perderse en emociones y sentimientos que nunca había sentido, pero lo mejor fue cuando sintió las yemas de sus manos tocando sus hombros, su espalda cuando quitó el vestido.
Ser tocada por ese hombre la hizo sentirse bien; su piel se estremeció y apagó un poco ese calor que la hacía sentir que se quemaba por dentro por el deseo que sentía.
Se había rendido a él porque su miedo no era tan fuerte como su deseo de ser tocada por esas manos, por esos labios, y en ese momento donde Apolo estaba por quitar ese listón del corset el ama de llaves tocó la puerta al mismo tiempo que dijo.
—Duque, su tío, el papá acaba de llegar, está en su despacho esperándolo. -
Apolo, molesto, le grita.
—Ya voy… -
Puso su frente en su pecho y empezó a susurrar.
—Maldita sea, esto me va a volver loco, simplemente es una tortura. -
Lelia al escuchar al ama de llaves, sintió que una cubeta de agua fría le caía encima, haciendo que su mente volviera a la realidad.
Se quedó quieta controlando su respiración; después de un momento, cuando él la soltó, lo escuchó decir.
—Voy a ver qué quiere mi tío, quítate esa ropa, ponte algo mejor, como las batas que te mandé hacer, y espérame en la cama. -
Lelia lo miró salir y ella rápido se acomodó el vestido; no pensaba hacer lo que le dijo.
Salió de la habitación y fue a la cocina; cuando ella no sabía qué hacer, le gustaba hacer postres y aprovechó las manzanas para hacer varios pay
Estuvo en la cocina hasta que se hizo de noche; el ama de llaves, la cocinera y dos empleadas estuvieron con ella.
Cuando el pay estuvo listo, les dio un pedazo; todas estaban disfrutando de ese postre.
Ella no prestaba atención a lo que decían; estaba pensando en lo que había pasado con Apolo, estaba distraída y se sentía confundida, pero la culpa de que eso no estaba bien la estaba torturando.
Estaba por sacar el último pay cuando escuchó al del tío de Apolo decir.
—Qué rico olor, llegó hasta el despacho; quiero probar lo que están comiendo. -
Todas se pusieron de pie al mismo tiempo que hicieron una reverencia y el ama de llaves fue la que le contesto.
—Su eminencia, es pay del que preparó la duquesa; ya le servimos un pedazo. -
El papá se sienta en una de las sillas y Apolo se sentó al lado; estaba serio, tenía mala cara.
Lelia se apresuró a cortar dos trozos del pay, los colocó en dos platos y ella se los llevó. En el momento que deja el plato enfrente del papá, lo escucha decir.
—Ustedes los jóvenes son demasiado intensos.
Ya miré el cuello de Apolo y ahora miro tu boca; ustedes dos será mejor que se controlen un poco, no es bueno que se lastimen de esta manera.
Una cosa es querer amarse y otra es caer en la lujuria, en los malos hábitos que el diablo les pone enfrente. -
Lelia sentía vergüenza; no esperaba que el papá les diera esa reprimenda, estaba sin saber qué contestarle.
El papá, al verla roja de la vergüenza, le dice.
—Ya es suficiente,dame un vaso de leche y siéntate a conversar. -
Leila iba a ir por el vaso de leche, pero una de las empleadas ya lo estaba llevando.
Se sienta al lado de Apolo. Estaban en silencio, lo miraban comer el pay; una vez que el papá comió tres bocados, empezó a decir.
—Aelia, tu pay es el más bueno que he probado, tienes un talento y, ya que eres mi sobrina, tengo que disfrutarlo.
Debes mandarme uno por semana; déjame disfrutar de tu repostería y, si haces algo más, me mandas. -
El ama de llaves, que era la que más confianza tenía al hablar con él, empezó a decir.
—Su comida también es de las mejores; debería venir a comer un día de estos. -
El papá se le quedó mirando, por un momento se quedó pensativo y después de unos segundos dijo.
—Parece que tu mamá educó a una buena hija, aunque no es algo normal en una señorita de una familia noble. -
Lelia se puso nerviosa, sentía que el tío de Apolo la iba a descubrir, que se iba a dar cuenta de que no era Aelia.
En ese momento Apolo tomó su mano y, tranquilo, empezó a decir.
—Creo que salí ganando con mi esposa, parece que no es alguien inservible, es mejor que todas esas señoritas nobles y me va a tener bien alimentado. -
El papá le dio un golpe en la cabeza al mismo tiempo que dijo.
—Eres un grosero, respétame y no hables de esa manera tan vulgar delante de tu esposa.
Aelia, veo que tienes varios pays ya hechos; dame unos para llevarlos al Vaticano.
Es momento de regresar, y Apolo, no se te olvide ir al banquete del emperador; lleva a tu esposa, la reina quiere conocerla y las damas de la corte.
Recuerda hablar con tu joven esposa, darle las recomendaciones que te dije para que no se meta en problemas. -
Una vez que dijo eso, se puso de pie y la cocinera rápidamente colocó uno de los pay en una canasta, y se la entregó al papá.
Apolo y Lelia lo acompañaron hasta el carruaje; una vez que se retiró, Apolo la tomó de la mano y la jaló hacia dentro de la casa.
Lelia sentía que su corazón latía con fuerza, pensando en que iba a querer seguir con lo que estaba haciendo antes de que el papá los interrumpiera.
Pensaba en lo que iba a decirle para detenerlo, para evitar que la volviera a tocar, pero para su sorpresa no la llevó a sus aposentos, la hizo entrar al despacho y esta vez no se le acercó.
La soltó y lo miró caminar hasta su silla detrás del gran despacho que tenía; se le quedó mirando hasta que lo escuchó decirle.
—Siéntate, vamos a hablar de algo fastidioso.