Miriam Bloomson debía ser la protagonista de la historia.
Pero cuando el destino cambió y el futuro que recordaba desapareció, comprendió que ya no tenía un lugar en la trama.
Así que tomó una decisión:
desaparecer junto con ella.
Sin embargo, fingir su muerte fue mucho más fácil que escapar de las consecuencias.
La historia que conocí desapareció… así que decidí desaparecer con ella.
NovelToon tiene autorización de Leydi Nina para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Los Vherum
Las palabras siguieron persiguiéndome incluso después de abandonar la biblioteca.
"Voy a decirle a mamá que tendremos nuera pronto."
Ridículo.
Completamente ridículo.
Aun así, mientras caminaba por los pasillos del palacio, la imagen de Lina apareció varias veces en mi mente.
Su sonrisa.
Sus comentarios absurdos sobre enriquecerse.
Su forma de discutir con absoluta confianza incluso cuando estaba equivocada.
Sacudí la cabeza.
No tenía tiempo para pensar en eso.
Había asuntos más importantes.
Mucho más importantes.
Aquella noche me acosté tarde.
Y aun así me desperté antes del amanecer.
Era una costumbre difícil de perder.
Me encontraba terminando de revisar algunos informes cuando alguien golpeó la puerta.
Tres golpes rápidos.
Urgentes.
Mi expresión se endureció.
Nadie interrumpía a esas horas sin una buena razón.
—Adelante.
Un caballero entró inmediatamente.
Su rostro estaba tenso.
Demasiado tenso.
—Su Alteza.
Tenemos un problema.
Dejé el documento sobre el escritorio.
—Informe.
El hombre tragó saliva.
—Otro incidente.
—¿Dónde?
—Provincia oriental.
Fruncí el ceño.
Aquello estaba lejos de las zonas anteriores.
—¿Monstruos?
—Creemos que sí.
—¿Creen?
—Esta vez hay víctimas humanas.
El despacho quedó en silencio.
Lentamente me puse de pie.
—Explícate.
—Una aldea completa fue atacada durante la noche.
Hay desaparecidos.
Varias casas destruidas.
Y los supervivientes afirman haber visto criaturas imposibles.
Cerré los ojos durante un instante.
Solo uno.
Era peor de lo que esperaba.
Animales.
Bosques.
Patrullas aisladas.
Pequeños incidentes.
Pero aquello era diferente.
Ahora atacaban asentamientos humanos.
Y eso significaba que la situación había escalado.
—¿Cuántos desaparecidos?
—Veintisiete.
Abrí los ojos.
—Convoca a los comandantes.
—Ya están siendo reunidos.
Asentí.
Eficiente.
Como debía ser.
—Quiero una reunión en quince minutos.
—Sí, Su Alteza.
El caballero desapareció casi corriendo.
Yo ya estaba moviéndome.
La sala estratégica se llenó rápidamente.
Mapas.
Informes.
Oficiales.
Magos.
Caballeros.
Todos ocuparon sus posiciones.
Señalé la ubicación en el mapa.
—Aquí.
La aldea afectada.
—Sí, Su Alteza.
—Prepararemos una fuerza de respuesta inmediata.
No habrá retrasos.
No habrá discusiones.
Quiero exploradores por delante.
Sanadores en la retaguardia.
Magos de apoyo distribuidos en grupos.
Los oficiales comenzaron a tomar notas.
—¿Alguna hipótesis?
Preguntó uno de los comandantes.
Pensé unos segundos.
—Las mismas criaturas.
Las mismas anomalías.
Pero ahora más agresivas.
El ambiente se volvió más pesado.
Todos comprendieron lo que significaba.
Aquello estaba empeorando.
Y rápido.
La reunión terminó en menos de veinte minutos.
La velocidad era importante.
Cada minuto perdido podía significar más muertos.
Regresé a mis habitaciones.
Mi espada ya me esperaba.
La armadura también.
Mientras me colocaba los guantes, recordé el primer informe.
Tres meses atrás.
Una simple desaparición de ganado.
Nada espectacular.
Nada llamativo.
Sin embargo, incluso entonces algo me había parecido extraño.
Los rastros.
Las contradicciones.
La ausencia de explicaciones.
Por eso había ordenado investigaciones desde el principio.
Y ahora entendía que había sido la decisión correcta.
Porque aquello nunca fue un incidente aislado.
Había sido el inicio.
El despertar de algo antiguo.
Una hora después abandonamos la capital.
Sesenta caballeros.
Doce magos.
Exploradores.
Sanadores.
Todos avanzando a máxima velocidad.
El viento golpeaba mi rostro mientras cabalgábamos.
Nadie hablaba.
No era necesario.
Todos entendían la gravedad de la situación.
Entonces, inesperadamente, otro recuerdo apareció.
La tienda.
Las armas alineadas.
Lina discutiendo con un cliente.
"No, no necesita esa espada. Necesita esta. La otra es una mala inversión."
Apreté ligeramente las riendas.
Aquello era inoportuno.
Muy inoportuno.
Y sin embargo recordé también la última vez que la había visto.
Aquella noche.
La cena.
La conversación.
La cercanía.
Por alguna razón, la imagen seguía regresando.
—Molesto.
Murmuré.
El caballero que cabalgaba a mi lado giró la cabeza.
—¿Su Alteza?
—Nada.
Porque definitivamente no iba a explicar aquello.
Menos aún en medio de una misión.
Volví la vista al frente.
La realidad era mucho más importante.
Personas estaban desapareciendo.
Monstruos antiguos estaban regresando.
Y si mis sospechas eran correctas...
aquella aldea era solo el comienzo.
Porque algo me decía que son Vherum criaturas olvidadas pero no eh tenido la oportunidad de verificar lo peor de todo es que no estaban actuando al azar.
Estaban buscando algo.
Y cuando descubriéramos qué era...
probablemente ya sería demasiado tarde para ignorarlo.
......................
Cuando llegamos a la aldea, lo primero que sentí fue que algo estaba mal.
No era por las casas destruidas.
Ni por las cercas arrancadas.
Ni siquiera por el silencio.
Era algo más.
Una sensación incómoda.
Como si el propio lugar estuviera conteniendo la respiración.
Descendí del caballo y observé los alrededores.
Los soldados comenzaron a desplegarse inmediatamente.
Nadie necesitó órdenes para eso.
Eran veteranos.
Sabían qué hacer.
—Aseguren el perímetro.
—Sí, Su Alteza.
Mientras ellos se movían, avancé hacia la zona más dañada.
Las marcas eran extrañas.
Demasiado extrañas.
Había visto rastros de bestias mágicas.
También de monstruos.
Incluso de demonios menores.
Pero aquello era diferente.
Me arrodillé junto a una grieta.
La tierra parecía quemada.
Sin embargo no había fuego.
Toqué el borde.
Estaba frío.
Completamente frío.
—¿Qué encontró?
Preguntó uno de los magos.
—Nada que me guste.
La respuesta provocó varias miradas tensas.
Continué avanzando.
Había huellas.
Pero cambiaban.
Algunas parecían patas.
Otras parecían manos humanas.
Y unas pocas simplemente desaparecían.
Como si la criatura hubiera dejado de existir durante algunos pasos.
Aquello no era normal.
Ni remotamente normal.
Llegué hasta una casa parcialmente destruida.
La pared había sido atravesada por algo.
Pero no había un agujero limpio.
La madera parecía haberse deformado.
Retorcido.
Como si hubiera sido derretida y reconstruida al mismo tiempo.
—Magia.
Murmuré.
—Muchísima magia.
Los supervivientes fueron llevados hacia la plaza central.
Comencé a interrogarlos personalmente.
Las respuestas no ayudaron.
De hecho empeoraron todo.
Uno aseguraba haber visto un animal gigantesco.
Otro juraba que era una persona.
Una mujer insistía en que era una sombra flotante.
Todos describían cosas diferentes.
Y sin embargo todos hablaban de la misma criatura.
Cuando terminé ya tenía una sospecha.
Pero necesitaba pruebas.
Por eso nos internamos en el bosque.
La concentración mágica comenzó a aumentar casi inmediatamente.
Podía sentirla.
Era como caminar dentro de una tormenta invisible.
Los árboles estaban torcidos.
La vegetación había cambiado de color.
Incluso el aire parecía más pesado.
Uno de los exploradores levantó el brazo.
—Rastros.
Me acerqué.
Había una marca profunda en la tierra.
Luego otra.
Y otra más.
Seguimos el rastro durante casi media hora.
Hasta que llegamos al claro.
Y allí lo encontramos.
El círculo.
Gigantesco.
Grabado directamente sobre el suelo.
Las líneas brillaban con una luz tenue.
Pero lo más inquietante era que estaban moviéndose.
Las runas cambiaban constantemente.
Como si estuvieran vivas.
Nadie habló.
Durante varios segundos simplemente observamos.
Entonces ocurrió.
El aire vibró.
Una sola vez.
Los caballos comenzaron a ponerse nerviosos.
Los magos retrocedieron.
Y yo llevé la mano al mango de mi espada.
—Todos atrás.
Ordené.
La luz del círculo aumentó.
Las runas giraron.
La tierra tembló.
Y algo empezó a emerger.
No salió del suelo.
No apareció desde los árboles.
Simplemente comenzó a existir.
Delante de nosotros.
Primero vi fragmentos de cristal.
Luego roca.
Después ramas.
Todo flotando en el aire.
Las piezas comenzaron a unirse.
Fusionarse.
Construirse unas sobre otras.
Hasta formar una criatura enorme.
Más de cuatro metros de altura.
Su cuerpo parecía una mezcla imposible de elementos distintos.
Y sobre su cabeza giraban siete anillos luminosos.
Lentamente.
Como pequeñas lunas.
La criatura abrió los ojos.
Y el bosque entero tembló.
—¡Formación defensiva!
Los caballeros reaccionaron al instante.
Las primeras flechas fueron disparadas.
Impactaron.
Atravesaron el cuerpo.
Pero no produjeron daño real.
Como si hubieran golpeado humo sólido.
La criatura avanzó.
Cada paso destrozaba el suelo.
Los magos lanzaron ataques inmediatamente.
Fuego.
Hielo.
Rayos.
Esta vez sí lograron detenerla.
Por unos segundos.
Solo unos segundos.
Porque la criatura comenzó a regenerarse.
Vi fragmentos de roca reconstruirse.
Cristales reaparecer.
Las heridas desaparecer.
Y comprendí que luchar contra el cuerpo era inútil.
Entonces observé los anillos.
La energía fluía desde ellos.
Podía verlo.
Cada vez que la criatura se regeneraba, la magia descendía desde aquellas estructuras flotantes.
Ahí estaba la respuesta.
—¡Los anillos!
Grité.
—¡Destruyan los anillos!
Los magos cambiaron de objetivo inmediatamente.
Un proyectil de hielo impactó el primero.
Se agrietó.
La criatura rugió.
Por primera vez.
Un sonido tan extraño que me hizo apretar los dientes.
Otro ataque.
Segundo anillo destruido.
La criatura retrocedió.
Tercer anillo.
Cuarto.
Quinto.
Cada uno debilitaba más su cuerpo.
Yo aproveché la oportunidad.
Corrí hacia adelante.
Salté.
Y descargué mi espada contra uno de los anillos restantes.
La hoja atravesó la estructura luminosa.
Y esta explotó en miles de fragmentos.
Solo quedaba uno.
Un mago lo destruyó un instante después.
Entonces todo terminó.
La criatura se congeló.
Las grietas aparecieron por todo su cuerpo.
Y finalmente se desmoronó.
Silenciosamente.
Como una estatua hecha de ceniza.
Mientras observaba los restos comprendí algo importante.
Aquello no era un monstruo común.
Era una manifestación.
Un fenómeno.
Los anillos eran su núcleo estabilizador.
Su ancla.
Sin ellos, la criatura no podía mantenerse unida.
Y eso significaba que son Vherum y que podían ser derrotados.
La pregunta era otra.
¿Cuántos más existían?
Porque mientras observaba el círculo apagarse lentamente, tuve la desagradable sensación de que acabábamos de eliminar a uno de los más pequeños.
pinta interesante 🤭🥰🤭🤣