La noche de quince años debía ser simplemente una celebración inolvidable, llena de música, alegría y sueños. Sin embargo, todo cambia cuando una conexión inesperada surge entre la festejada y su elegante chambelán.
Entre ensayos, bailes, miradas discretas y momentos compartidos, nace un sentimiento que ninguno de los dos esperaba. Lo que parecía una simple amistad comienza a convertirse en algo mucho más profundo, poniendo a prueba sus emociones y enseñándoles que el amor puede aparecer en los momentos más inesperados.
Pero no todo será fácil. Los rumores, las diferencias y los desafíos de la vida pondrán a prueba aquello que sienten. ¿Será suficiente para mantenerse unidos o terminará siendo solo un hermoso recuerdo?
NovelToon tiene autorización de Yulexi De Fernández para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 22: El consejo del hermano
Narra Jeremías
Después de varias semanas distraído en los entrenamientos, ya no podía seguir ignorando lo que estaba pasando.
Intentaba concentrarme.
Intentaba enfocarme en la marina.
Intentaba dejar de pensar en Ariana.
Pero no funcionaba.
Cada vez que me acostaba a dormir terminaba recordando los ensayos, la fiesta y su sonrisa.
Necesitaba hablar con alguien.
Y la única persona en quien confiaba para pedirle un consejo era mi hermano mayor.
Aquella noche, después de terminar mis actividades, saqué el celular y le escribí.
📨 Hola, parcero.
A los pocos minutos respondió.
📨 Hola, parcero. ¿Cómo vamos en los entrenamientos?
Miré la pantalla durante unos segundos antes de contestar.
📨 Mal, parcero, porque me distraigo mucho. Creo que estoy enamorado.
La respuesta llegó casi inmediatamente.
📨 Cuente bien el chisme.
No pude evitar reírme.
Mi hermano siempre era igual.
📨 Hace tres meses fuimos chambelanes de una quinceañera y creo que estoy enamorado de esa quinceañera.
Pasaron unos segundos.
Luego apareció su respuesta.
📨 Jajaja, parcero, me imaginaba. Te conozco.
Negué con la cabeza sonriendo.
📨 Necesito un consejo.
Esta vez tardó un poco más en responder.
📨 Si te gusta, pues conócela mejor. Pregúntale sus gustos, sus metas, las cosas que le gustan hacer. Si tienes el número, escríbele y hablen como amigos luego ves que pasa.
Leí el mensaje varias veces.
Parecía un consejo bastante simple.
Pero tenía sentido.
Porque la verdad era que durante los ensayos habíamos hablado poco de nuestras vidas.
Todo giraba alrededor de la coreografía.
Los horarios.
Los pasos.
Los cambios de formación.
Nunca habíamos tenido la oportunidad de conocernos realmente.
📨 ¿Y si piensa que soy raro por escribirle después de tres meses?
Mi hermano respondió casi de inmediato.
📨 ¿Raro por saludar? Claro que no. Solo sea usted mismo.
📨 ¿Y si no quiere hablar?
📨 Entonces lo sabrá y seguirá con su vida. Pero si nunca le escribe, nunca sabrá qué habría pasado.
Me quedé pensando.
Era verdad.
Llevaba semanas dándole vueltas al asunto sin hacer absolutamente nada.
📨 Gracias, parcero.
📨 Para eso estamos. Y deje de distraerse en los entrenamientos.
📨 Jajaja.
📨 Hablo en serio.
📨 Sí, señor.
📨 Y después me cuenta cómo le va.
Guardé el celular y me recosté en la cama.
Por primera vez en varias semanas sentía que tenía un poco más de claridad.
No estaba pensando en noviazgos ni en cosas complicadas.
Simplemente quería conocer mejor a Ariana.
Saber cómo estaba.
Qué hacía.
Cuáles eran sus sueños.
Qué quería para su futuro.
Miré la pantalla del celular una vez más.
Su número seguía guardado desde la época de los ensayos.
Abrí la conversación.
Mis dedos quedaron sobre el teclado.
Pero no escribí nada.
Todavía no.
Tal vez al día siguiente.
Tal vez cuando encontrara las palabras correctas.
Porque una cosa era segura.
Ya no quería seguir preguntándome qué pasaría.
Quería averiguarlo por mí mismo.Aquella noche me quedé mirando la pantalla del celular durante varios minutos. El chat de Ariana estaba abierto frente a mí, pero no sabía qué escribir. Varias veces comencé un mensaje y luego lo borré. Pensaba que tal vez era muy tarde para escribirle después de tres meses sin hablar directamente. Quizás estaría ocupada o tal vez ni siquiera recordaría muchas cosas de los ensayos.
Volví a guardar el celular, pero apenas unos minutos después lo saqué otra vez. Mi hermano tenía razón: si nunca le escribía, jamás sabría qué podía pasar. Aun así, seguía sintiendo nervios. No era miedo exactamente, era más la duda de no saber cómo iniciar una conversación después de tanto tiempo.
Me levanté de la cama y comencé a caminar por la habitación. Pensaba en los ensayos, en la fiesta y en todas las veces que habíamos hablado. Ariana siempre había sido amable conmigo. Nunca me había tratado mal ni había sido grosera. Entonces, ¿por qué me costaba tanto escribir un simple saludo?