Cuando Valentina Rojas, una joven fotógrafa que intenta reconstruir su vida después de una dolorosa traición, conoce a Alejandro Montenegro, un exitoso arquitecto marcado por secretos familiares, ninguno imagina que sus caminos terminarán unidos por el amor. Entre encuentros inesperados, malentendidos, rivales, sueños y sacrificios, deberán descubrir si el amor verdadero es capaz de superar cualquier obstáculo.
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una noticia inesperada
La mañana de la partida llegó demasiado rápido.
Valentina apenas había dormido unas pocas horas.
Entre los nervios, la emoción y la tristeza de la despedida, cerrar los ojos había resultado casi imposible.
Aun así, cuando sonó la alarma, se levantó inmediatamente.
Aquel era el día que había esperado durante años.
El día que podía cambiar su carrera para siempre.
Y nada iba a impedir que lo enfrentara con valentía.
El aeropuerto estaba lleno de viajeros.
Maletas.
Anuncios por los altavoces.
Familias despidiéndose.
Personas corriendo de una puerta a otra.
En medio de todo aquel movimiento, Valentina caminaba junto a Alejandro.
Ninguno quería hablar demasiado sobre la despedida.
Porque hacerlo la volvería más real.
Mucho más real.
—¿Llevas el pasaporte?
Preguntó Alejandro.
—Sí.
—¿Los documentos?
—También.
—¿Las cámaras?
Valentina sonrió.
—Por quinta vez, sí.
—Solo estoy verificando.
—Estás nervioso.
—Y tú también.
Ella soltó una pequeña risa.
Porque tenía razón.
Cuando llegaron al área de embarque, el momento que ambos habían intentado evitar finalmente apareció.
La despedida.
Valentina sintió un nudo en la garganta.
—Supongo que es aquí.
Alejandro asintió lentamente.
—Supongo que sí.
Por unos segundos permanecieron en silencio.
Observándose.
Intentando memorizar cada detalle.
Como si fueran a pasar años separados en lugar de meses.
—Te llamaré cuando llegue.
Dijo ella.
—Lo sé.
—Y te enviaré fotografías.
—Muchas fotografías.
—Y mensajes.
—Muchos mensajes.
Ambos sonrieron.
Pero aquella sonrisa escondía la tristeza de la despedida.
Finalmente Alejandro la abrazó.
Con fuerza.
Como si quisiera conservar aquel momento un poco más.
—Te amo.
Susurró.
Valentina cerró los ojos.
—Yo también te amo.
Cuando finalmente se separaron, ella caminó hacia la puerta de embarque.
Y aunque no miró atrás inmediatamente, sabía que Alejandro seguía observándola.
Lo sintió.
Cuando por fin giró la cabeza, allí estaba.
Sonriéndole.
Y ella sonrió también.
Antes de desaparecer entre los pasajeros.
Horas después, el avión aterrizó en España.
España
Valentina observó por la ventanilla mientras el aeropuerto aparecía ante sus ojos.
Todo parecía nuevo.
Diferente.
Emocionante.
Y aterrador al mismo tiempo.
Su aventura acababa de comenzar.
Apenas recuperó su equipaje, encendió el teléfono.
Inmediatamente aparecieron varios mensajes.
La mayoría eran de Alejandro.
—¿Llegaste?
—¿Todo bien?
—¿Ya aterrizaste?
—Empiezo a preocuparme.
Valentina comenzó a reír mientras respondía.
"Sí, exagerado. Ya llegué."
La respuesta apareció casi de inmediato.
"Perfecto. Ahora puedo volver a respirar."
Durante el trayecto hacia el hotel, Valentina observó las calles de la ciudad.
Los edificios antiguos.
Las plazas llenas de vida.
Las cafeterías.
Todo parecía sacado de una postal.
Y por un momento olvidó la nostalgia.
Olvidó la distancia.
Olvidó lo difícil que sería estar lejos de Alejandro.
Sin embargo, aquella tranquilidad duró poco.
Cuando llegó al hotel, encontró a varios miembros de la organización reunidos en una sala de conferencias.
Las expresiones de sus rostros no parecían precisamente felices.
Y aquello llamó inmediatamente su atención.
Uno de los coordinadores se acercó.
—Valentina, gracias por venir tan rápido.
—¿Ocurre algo?
Los presentes intercambiaron miradas.
Y aquello bastó para ponerla nerviosa.
—Tenemos un problema.
El corazón de Valentina dio un salto.
—¿Qué tipo de problema?
El coordinador respiró profundamente.
—Uno de los principales patrocinadores acaba de retirarse del proyecto.
La noticia cayó como una piedra.
—¿Qué?
—Lo hizo esta mañana.
—Pero la gira ya estaba aprobada.
—Lo sabemos.
Precisamente por eso estamos intentando encontrar una solución.
Valentina sintió cómo desaparecía parte de la emoción que había sentido durante el viaje.
—¿Eso significa que cancelarán la exposición?
—Todavía no.
Pero algunas ciudades podrían quedar fuera del recorrido.
Y ciertos eventos podrían suspenderse.
Aquello era terrible.
Después de tantos años de esfuerzo.
Después de tantos meses de preparación.
Todo parecía tambalearse.
Esa noche llamó a Alejandro.
Necesitaba escuchar su voz.
Necesitaba sentir que alguien estaba allí.
Aunque estuviera al otro lado del océano.
—Hola.
La voz de Alejandro sonó inmediatamente preocupada.
—¿Qué pasó?
—¿Cómo sabes que pasó algo?
—Porque te conozco.
Valentina sonrió débilmente.
Y entonces le contó todo.
El patrocinador.
Los problemas.
La incertidumbre.
El miedo.
Alejandro escuchó sin interrumpir.
Y cuando ella terminó, permaneció unos segundos en silencio.
Finalmente habló.
—¿Recuerdas algo?
—¿Qué cosa?
—La primera vez que hablamos.
Valentina frunció el ceño.
—Más o menos.
—Me dijiste que las mejores fotografías aparecen cuando las cosas no salen como esperamos.
Ella permaneció callada.
—Todavía creo que eso es verdad.
Continuó él.
—Y también creo que eres mucho más fuerte de lo que piensas.
Las lágrimas aparecieron en los ojos de Valentina.
Porque justo en ese momento necesitaba escuchar exactamente eso.
Después de colgar, permaneció varios minutos observando las luces de la ciudad desde la ventana de su habitación.
La aventura apenas había comenzado.
Y ya estaba enfrentando obstáculos.
Pero también comprendió algo importante.
No estaba sola.
Porque aunque Alejandro estuviera a miles de kilómetros de distancia, seguía caminando a su lado.
De una manera diferente.
Pero igual de real.
Sin embargo, lo que ninguno imaginaba era que el patrocinador que había abandonado el proyecto no lo había hecho por razones económicas.
Había otra razón.
Una razón oculta.
Y muy pronto, Valentina descubriría una verdad que podría cambiar el rumbo de toda la gira.