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PERDERLO TODO Sin Ti, GANARLO TODO Contigo.

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Status: Terminada
Genre:Autosuperación / Mafia / Amor prohibido / Completas
Popularitas:301.7k
Nilai: 4.9
nombre de autor: Adriánex Avila

Un golpe familiar, una traición lleva a Maya Velini a la quiebra, literal casi a la calle. Pero un hombre más que peligroso le propone un trato. Un matrimonio, la Joven rica de apellido aristocrático lavaría la sangre de un mafioso salido de la nada. Dante Caruso

¿Quien gana? ¿Quien pierde?

NovelToon tiene autorización de Adriánex Avila para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 8 EL ANGEL DE LA MUERTE

Maya abrió la puerta del edificio y salió a la calle.

No sabía adónde iba. No sabía qué buscaba. Solo sabía que no podía quedarse sentada en ese departamento de mierda viendo cómo su padre se pudría en la cárcel y su madre se moría de a poco.

Caminó por la avenida principal, la única calle del barrio que tenía luz suficiente para no sentir miedo a cada paso. Las farolas parpadeaban, algunas rotas, otras cubiertas de telarañas. Los pocos coches que pasaban aceleraban, como si temieran detenerse. Los transeúntes caminaban con la cabeza gacha, las manos en los bolsillos, el paso rápido.

Maya se sentía observada. No era una sensación paranoica. Era real. Dos hombres en una esquina la miraron, intercambiaron palabras que no pudo escuchar, se rieron. Su instinto le dijo que corriera. Pero no corrió.

Y entonces lo vio.

Un coche negro. No un coche cualquiera. Un Maserati, enorme, oscuro, brillante, completamente fuera de lugar en aquel barrio de casas grises y calles rotas. Estaba aparcado junto al quiosco de chucherías, como una mancha de tinta en un papel ya sucio.

Y apoyado en el capó, con un traje oscuro que cortaba la noche como un cuchillo, había un hombre.

DANTE CARUSO

Alto. Trigueño. La mandíbula cuadrada, las cejas pobladas, la nariz recta. Tenía una cicatriz fina que le cruzaba la ceja izquierda, como si alguien hubiera intentado partirle la cara y no lo hubiera conseguido.

Las manos, grandes, descansaban sobre el capó del coche con una calma felina. Y los ojos... los ojos eran del color de la tormenta. Grises. Profundos. Imposibles de leer.

Dante Carusso.

Maya nunca lo había visto en persona, pero lo reconoció al instante. En su mundo, en el mundo de la alta sociedad, se hablaba de él en susurros. 

El mafioso. El asesino. El hombre que salió del infierno con las manos manchadas de sangre. Las revistas de chismes le dedicaban páginas enteras, siempre con fotos borrosas tomadas desde lejos, como si fotografiarlo de cerca fuera peligroso.

Y allí estaba. A veinte metros de ella. En su barrio. En su calle.

No es casualidad, pensó Maya. Está esperando a alguien.

Dante levantó la cabeza y la miró directamente. No había sorpresa en sus ojos. Ni curiosidad. Solo una certeza fría, como si él ya supiera que ella iba a aparecer, como si hubiera estado esperando ese momento durante días.

Maya quiso dar media vuelta. Quiso correr, esconderse, volver al departamento y hacerse la dormida. Pero sus pies no la obedecieron. Se quedaron clavados al suelo, anclados por una mezcla de miedo y de algo que no podía nombrar.

Dante se incorporó lentamente. Era más alto de lo que parecía en las fotos. Mucho más alto.

Y cuando caminó hacia ella, cuando sus pasos resonaron en el asfalto roto con un eco que parecía el latido de un corazón gigante, Maya sintió que el aire se volvía más denso, más pesado, como antes de una tormenta eléctrica.

Se detuvo a un paso de ella.

La miró de arriba abajo. No era una mirada lasciva. Era una tasación. Como quien evalúa una joya antes de comprarla, sopesa su peso, examina sus defectos, calcula su valor.

—Señorita Velini —dijo, y su voz era grave, pausada, el tipo de voz que no necesita gritar para ser escuchada—. Me han dicho que busca usted quinientos mil pesos.

Maya tragó saliva. Su garganta estaba seca, Arenosa, como si hubiera estado masticando vidrio.

—¿Quién es usted?

Dante sonrió. No era una sonrisa bonita. Era afilada, peligrosa, hermosa como el acero recién templado. La sonrisa de un lobo que ha encontrado a su presa.

—Soy el hombre que puede dárselos —dijo—. Pero nada es gratis en esta vida, princesa. Eso usted ya lo está aprendiendo.

El viento del sur levantó una hoja seca del suelo. Un perro ladró a lo lejos. El quiosquero, desde su puesto, los miraba con el ceño fruncido, como si supiera que aquel encuentro no iba a terminar bien.

Maya levantó la barbilla. Su barbilla temblaba, pero no iba a bajar la mirada. No podía. Si bajaba la mirada ahora, si mostraba miedo, si se acobardaba, todo estaría perdido.

—¿Qué quiere a cambio? —preguntó, y su voz salió más firme de lo que esperaba.

Dante Carusso, el hombre más peligroso de la ciudad, la miró a los ojos y dijo la palabra que cambiaría el destino de ambos para siempre.

—Un matrimonio.

Maya parpadeó. Una vez. Dos veces.

—¿Está loco?

—Completamente —respondió Dante, y esta vez su sonrisa se ensanchó—. Pero no tan loco como para dejar que una mujer como usted termine en la calle. Usted pone su apellido, su sangre azul, su lugar en la alta sociedad. Yo pongo el dinero, la protección, y saco a su padre de la cárcel.

El mundo se detuvo. La música del barrio dejó de sonar. Los perros dejaron de ladrar. El quiosquero dejó de mirar.

Solo quedaron ellos dos, frente a frente, en una calle peligrosa, en un barrio de mierda, mientras el reloj marcaba las horas que le quedaban a Alessandro Velini antes de desaparecer en el sistema para siempre.

Maya pensó en su padre esposado. En su madre catatónica. En las amigas que la habían abandonado. En los trescientos cuarenta y siete contactos que no valían nada.

—Tengo veinticuatro horas —susurró.

—Tiene veintitrés —corrigió Dante, mirando su reloj—. El tiempo corre, princesa. ¿Qué va a ser?

Maya cerró los ojos.

Cuando los abrió, ya no era la misma mujer que había salido de aquel departamento una hora antes.

Ya no era la niña de papá.

Ya no era la princesa de los Velini.

Era otra.

—Trato hecho —dijo.

Y Dante Carusso extendió la mano.

Maya la aceptó.

La mano de él era cálida, firme, y estaba llena de callos.

Las manos de los hombres de verdad, pensó Maya. Las manos de los que no han tenido nada.

Dante apretó suavemente, apenas un segundo, y luego soltó.

—Bienvenida al infierno, señorita Velini —dijo—. Voy a enseñarle cómo se sobrevive en él.

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Fly🦋
Será que Dante ai está enamorado de ella pero ella es una niña caprichosa ya como volvió a vivir bien se le sale lo riquilla pero bien que se aguantaba en donde vivía
Francisquitag
Excelente
Lennys Ariannys
excelente recomendado
Kelvis Rondon
Excelente
Kelvis Rondon
Me gustó mucho
La descargué y la lei en el tiempo que duró el tiempo sin luz
Gracias
Joanny Millán
❤️💯👏🏻👏🏻👏🏻👏🏻👏🏻💖❤️‍🔥🎉
Cliente anónimo
Muy buena historia, me gustó como pudiste hacer una narrativa muy buena: menos que si lo ve lo ve los comentarios que te hice, pero definitivamente me encantó el tipo de mafioso en común en la protección y todo lo que hizo desde que la conoció no fue una historia de Estocolmo, a contrario te felicito. Sigue por esta línea. Esta línea es buena. La demás en la de agentes de espías está historia si la saben desarrollar son un éxito y yo te deseo éxito. Gracias por excelente historia.
Cliente anónimo
Sigo lo que estoy leyendo, maya está en la galería con una copa de vino y meciendo al bebé de tres meses y Dante entra con una bolsa de paños y ella le dice que se durmió y él le dice que lo estuvo caminando una hora y se había dormido en el carro no entiendo dónde estaba el bebé con ella o con Dante además no estuvo dando una hora como que lo estuvo andando si el bebé tiene tres meses estas son cosas que nosotros no les Torres no entendemos pequeño error
Cliente anónimo
Y por qué ahora le preocupa si los papás están vivos si ella fue la que le dijo a Dante que lo dejara atrás o ya se le olvidó que le dijo que Elsa lo iba a cuidar que ya nos protegía no hombre
Cliente anónimo
Si en Meta dice que no pudo cumplir la promesa durante 30 años y Dante tenía 14, cuando mató al señor y yo quiere decir que Dante tiene 44 años son muchos y ella apenas tiene 22 tal vez 23 creo que fue lo que leí al principio. es un viejo para ella, le dobla la edad 20 años tal vez y 14 34, pues obvio 20 30, pero aquí como que los números no se dieron porque la foto de Dante se nota que es su nombre joven y un papi chulo así que No Se, pero como que no pegan las edades
Stella Vega
No entiendo, si Renata estaba en la mansión, como hizo Mateo para llevársela?
Roxana 🇦🇷
linda
Omis Mendoza
no me explico por qué los padres ojalá tengan poder dinero para gastar en cosas inecesaria por qué no enseñan a sus hijos hacer humilde y aprender a horrar para tiempos difíciles 🙏🙏 felicidades escritora es una excelente reflexión
Marifer Riera
bien
E.N.Y.C.89❤️‍🔥
excelente
E.N.Y.C.89❤️‍🔥
bueno lo único que no cuadro al final fue que bebió cuando estaba amamantando
E.N.Y.C.89❤️‍🔥
no se me hace justo salió muy bien librada
E.N.Y.C.89❤️‍🔥
esto no cuadra
E.N.Y.C.89❤️‍🔥
malditas seguro la otra lea está pagando con el mismo dinero que le dieron para la supuesta enfermedad del padre ya vera 😡
E.N.Y.C.89❤️‍🔥
bueno si la tiene agendada entiendo pero podría estar escribiendo de números diferentes miren que ahí cada loco obsesivo en este caso loca obsesiva pero ustedes me entendieron
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