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La Esposa Del Jefe ¿SOY YO?

La Esposa Del Jefe ¿SOY YO?

Status: En proceso
Genre:Malentendidos / Traiciones y engaños / Equilibrio De Poder / Reencuentro / Pérdida de memoria / Romance de oficina
Popularitas:38.5k
Nilai: 4.9
nombre de autor: Adriánex Avila

Fabiana Camargo es una joven trabajadora, responsable y muy afectuosa, Aunque es un imán para meterle en problemas y meter la pata. Una accidente lo cambia todo, pone su ya frágil mundo patas arriba.

Lo peor de todo esto es que tiene enemigos terroríficos y resulta que la esposa, esa esposa es ella.

NovelToon tiene autorización de Adriánex Avila para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Cap. 14 Primo, pensé que no vendrías

En ese momento, Ana regresó con una bandeja y galletas caseras. "La familia que la hizo así". Las palabras flotaban en la sala, un elogio a una mentira que todos sostenían con sonrisas tensas.

—Toma, hijo —dijo Ana, sirviéndole té a Lucian con manos que apenas temblaban.

—Tienes que recuperar fuerzas. Para… para poder llevarnos pronto a esos médicos que prometiste —añadió, probando el terreno, siguiendo el guion que él mismo había escrito en su mente.

Lucian sonrió, agradecido. —Por supuesto, mamá Ana. Es mi prioridad. No se preocupen por nada.

Fabiana miraba la escena, aturdida. Sus padres, los mejores actores aficionados del mundo, estaban sosteniendo una conversación completamente coherente con el hombre más poderoso (y confundido) que conocían. Era aterrador. Y, de una manera retorcida, era hermoso.

La increíble escena se prolongó por unos veinte minutos que a Fabiana le parecieron un siglo en cámara lenta. Pero algo milagroso sucedió: el cariño de Lucian, aunque dirigido a una fantasía, era tan genuino y respetuoso que comenzó a surtir efecto.

Lino, inicialmente aterrado, se encontró respondiendo a las preguntas sobre su corazón con más franqueza de la que usaba con sus propios médicos. Había algo en la atención concentrada y preocupada de ese "yerno" que lo desarmaba. Para cuando Lucian le prometió por tercera vez que lo pondría en manos del mejor cardiólogo del país, Lino ya le daba palmaditas en la rodilla con un "Gracias, hijo" que sonaba menos forzado.

Ana, por su parte, estaba francamente impresionada. Observaba a Lucian —su elegancia innata, sus modales impecables, la forma en que miraba a su hija (aunque fuera una mirada basada en un error)— y una parte de ella, la parte que soñó con un buen marido para Fabiana, suspiraba ante la ficción. "Qué lástima que sea un trompo mental", debió pensar, mientras le ofrecía otra galleta.

Viéndolos acomodarse en el absurdo con una peligrosa naturalidad, Fabiana supo que era el momento de actuar. Si se quedaban más tiempo, sus padres podrían soltar algo irreparable ("¿Y cómo va ese proyecto en la oficina, Lucian?") o, peor, acostumbrarse a la idea.

—Cariño —dijo, tocando suavemente el brazo de Lucian—, debemos irnos. Recuerda lo que dijo el doctor: el reposo es crucial. Y ya has tenido un día muy movido.

Lucian frunció ligeramente el ceño, con la expresión de un niño al que le dicen que salga del parque. Miró a Lino y a Ana con auténtico pesar.

—Tiene razón, hijo —intervino Ana rápidamente, captando la señal de su hija.

—La salud es primero. Nosotros estamos bien; ya nos verás pronto. —Sus palabras, dichas con una calidez maternal que casi convenció a Fabiana de que era real, surtieron efecto.

—Claro, claro… —accedió Lucian, levantándose con cierta dificultad que hizo que Lino se levantara a ayudarlo instintivamente. —Pero volveré pronto. Y lo del médico, es una promesa.

—Te esperamos, Lucian —dijo Lino, con una sonrisa que ahora era un 70% pánico y un 30% genuino aprecio por el hombre confundido que quería arreglarle el corazón.

—Cuídate. Y cuídala a ella.

Esa última frase, simple y profunda, golpeó a Fabiana en el centro del pecho.

La despedida en la puerta fue un cuadro surrealista: Ana apretando la mano de Lucian, Lino dándole un último apretón en el hombro, y Lucian inclinándose para dejar un beso en la mejilla de cada uno, como si lo hubiera hecho mil veces.

—Gracias por todo, mamá, papá —dijo, y la naturalidad con que salieron esas palabras los dejó a los tres Camargo sin aliento.

Finalmente, entraron de nuevo al auto, donde Ernesto parecía haber envejecido diez años. Al cerrar la puerta, el mundo exterior —el mundo real y modesto de sus padres— quedó atrás, y Fabiana se hundió en el asiento de cuero, exhausta.

Habían logrado escapar. La treta del descanso médico había funcionado. Pero al mirar a Lucian, que contemplaba la ventana con una sonrisa tranquila y satisfecha, como un hombre que vuelve a casa después de una buena visita familiar, supo que la mentira ya no era solo suya. Ahora tenía cómplices. Y eso la aterraba aún más.

La llegada al Penthouse era otro reto monumental para Fabiana. Atravesar el umbral de esa residencia de lujo minimalista, donde cada superficie brillaba y el silencio era tan caro como los muebles, la hizo sentirse como una intrusa en un museo. Pero el mayor shock no fue la decoración.

Al entrar, ahí estaba una mujer.

Tendría unos treinta años. Era hermosa de una manera arrolladora y segura: piernas largas, cabello pelirrojo oscuro que recordaba al de Lucian, y ese mismo aire de familiaridad y buenos genes que gritaban "sangre Borbón" a kilómetros de distancia. Sonreía, apoyada contra el marco de una puerta interior, con los brazos cruzados y una expresión entre divertida y calculadora.

—Primo, pensé que no vendrías —dijo, con una voz ronca y llena de confianza.

Fabiana se quedó petrificada en la puerta, la maleta aún en la mano, sin saber qué decir, qué hacer, qué papel interpretar ahora.

La mujer desplegó su sonrisa hacia ella, y fue directa al grano:

—Cuñada, pasa. No te quedes ahí parada como un cuadro —la instó, y su mirada no era de hostilidad, sino de un reconocimiento rápido y astuto.

—El energúmeno de mi primo te debe tener hecha polvo.

Era Lucrecia. La prima hermana de Lucian. Y, sin que Fabiana lo hubiera sabido nunca, era su mejor amiga, su confidente y probablemente la única persona en la tierra a la que Lucian no podía intimidar. Había acudido al oír los rumores del accidente y la "confusión", y al ver a Fabiana —la asistente seria y sobrepasada que ahora era llamada "esposa"—, lo entendió todo al instante. Claro que lo entendió.

—Lucre, ¿qué haces aquí? —preguntó Lucian, frunciendo el ceño con una mezcla de fastidio y… ¿Afecto resignado?

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Marcy Mireille Avendaño Bendezu
😁👍🏻
Leida Pacheco
me encanta
MAYVELIN CUICAS
linda está novela
Yenyfer Ospino
nueva adicción desbloqueada 🤭🤭 Dios siento que voy a llorar cuando Lucian recupere la memoria
Yenyfer Ospino
exacto doña Ana no hay que discutir solo disfrutar
Yenyfer Ospino
lucrecia es un amor 🤭🤭
Yenyfer Ospino
se llamaba Miguel 🤣🤣
Yenyfer Ospino
😥😥 tengo el corazón apretado por Fabiana que pasará cuando Lucian se recupere que actitud tomará con ella
Yenyfer Ospino
wow que bella
Yenyfer Ospino
🤤🤤 Lucian estás mi amor con te quiero vale
Yenyfer Ospino
lucrecia cuenta el chisme chica que nosotr@s también queremos saber 🤣🤣
Yenyfer Ospino
🤣🤣🤣🤣 que bueno se van a ganar un Óscar todos 🤭🤭
Yenyfer Ospino
nooo porque aguante señor Lino 🥺🥺
Yenyfer Ospino
🤣🤣 que mala pero es cierto ellos piensan que su hija está triunfando por lo alto 🤣🤣🤣🤣
Yenyfer Ospino
🤣🤣🤣🤣
Yenyfer Ospino
Fabiana te acabas de poner la soga al cuello tú solita y sin ayuda 🤣🤣
Yenyfer Ospino
lo dije aquí hay gato encerrado este pana sabe mucho para ser el ogro que Fabi conoce 🤭🤭
Yenyfer Ospino
😍😍😍😍 estoy amando a este loquito "desmemoriado" 🤣🤣
Patricia Vilchis
está increíble la historia, ojalá tengamos más capitulos pronto 🤭
Yenyfer Ospino
ay Fabiana creo que no será del todo como piensas si no lo contrario 🤭
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