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ERES MIA, AUNQUE TU NO LO SEPAS.

ERES MIA, AUNQUE TU NO LO SEPAS.

Status: Terminada
Genre:Venganza de la Esposa / Ella Mayor Que Él / CEO / Completas
Popularitas:607.9k
Nilai: 5
nombre de autor: CINTHIA VANESSA BARROS

La noche del cumpleaños número dieciocho de su hija, el mundo de Alma Montoya se derrumba frente a trescientas personas.

Su esposo entra al salón tomado del brazo de otra mujer.
Y no llega solo.

A su lado viene una joven de dieciocho años… idéntica a él.

La misma edad que Lucía.

La misma edad de la mentira que acaba de destruir veinte años de matrimonio.

En cuestión de horas, Alma pierde mucho más que un esposo. Descubre que el hombre al que amó le robó la clínica de su familia, su fortuna y cada cosa que construyeron juntos mientras llevaba una doble vida a sus espaldas. Pero lo peor llega cuando Lucía, su hija enferma del corazón, colapsa en medio del escándalo.

Traicionada, humillada y sin un lugar al que ir, Alma cree haber tocado fondo… hasta que un desconocido aparece bajo la lluvia.

Máximo Salas es joven, poderoso y peligrosamente observador. Un hombre que conoce demasiado sobre ella, sobre Darío y sobre la trampa que destruyó su vida. Lo que Alma no sabe es

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Capítulo 16

Alma llamó a Agatha esa misma tarde.

Tres tonos. Cuatro. Al quinto contestó con esa voz suya de siempre, pero algo apagada, como quien habla con cuidado porque algo duele.

— Señora Alma.

— Agatha. ¿Cómo estás?

Una pausa pequeña que lo dijo todo.

— Bien, mi señora.

— No me mientas.

Silencio.

— Me duele un poco la cara. Nada grave.

Alma cerró los ojos un segundo. Apretó el teléfono.

— ¿Renunciaste?

— Esa misma noche, como usted me dijo. Recogí mis cosas y me fui. — Otra pausa. — No tenía a dónde ir, mi señora. Me quedé en casa de una sobrina.

— Escúchame bien, Agatha. — Alma habló despacio, con esa firmeza suya que no dejaba espacio para el debate. — Quiero que vengas aquí. Tengo un apartamento grande, hay habitaciones de sobra y una de ellas es tuya. No es un favor, es un trabajo. Necesito a alguien de confianza y no conozco a nadie más de confianza que tú.

Al otro lado de la línea hubo un silencio largo.

Luego un llanto contenido que Agatha intentó disimular y no pudo.

— Mi señora, yo...

— ¿Tienes cómo llegar o mando a alguien?

— Puedo llegar sola.

— Te espero.

Agatha llegó a las cinco de la tarde con una maleta pequeña y un moretón en el pómulo izquierdo que Alma vio en cuanto abrió la puerta y que le revolvió algo adentro que tardó en controlar.

No dijo nada. La abrazó primero. Luego la sentó en la cocina, sacó el botiquín y le limpió la zona con una delicadeza que no tenía nada de clínica sino todo de hija.

— Esa mujer no tiene derecho — murmuró Agatha mientras Alma trabajaba.

— No. No lo tiene. — Alma le puso hielo envuelto en un paño. — ¿Te duele aquí?

— Un poco.

— No hay fractura. Va a bajar en unos días. — Le sostuvo la mano. — Agatha, lo que esa mujer te hizo no va a quedar así. Te lo prometo.

Agatha asintió. Tenía los ojos brillantes pero los labios apretados, esa dignidad suya de toda la vida que ni el moretón ni los años habían logrado quitarle.

Lucía apareció en la puerta de la cocina y cuando vio a Agatha fue directo hacia ella.

— Nana. — La abrazó con cuidado, despacio, como quien sabe que algo duele y no quiere apretar donde no debe. — La extrañaba.

— Mija. — Agatha le acarició el cabello. — Qué grande estás. Y qué bonita.

— Dice mentiras. Estoy horrible.

— Dice la verdad — intervino Alma recogiendo el botiquín. — Anda, Agatha, te muestro tu cuarto. Descansa un rato antes de la cena.

— No, no. Déjeme a mí la cena, mi señora. Usted ya tiene suficiente encima.

— Agatha...

— Por favor. — Lo dijo con esa firmeza suave que tenía cuando algo le importaba de verdad. — Déjeme hacer lo que sé hacer. Me hace falta.

Alma la miró.

— Está bien.

Agatha ya estaba abriendo la nevera.

Ángela llegó a las siete con vino y sin avisar, que era como llegaba siempre a todas partes.

Entró, olió el aire, y se detuvo en el centro de la sala con los ojos cerrados y una expresión de paz absoluta.

— Hay algo en esa cocina que huele a que me voy a mudar aquí permanentemente.

— Agatha está con nosotras — dijo Alma desde el sofá.

Ángela abrió los ojos.

— ¿La nana? — Fue directo a la cocina sin quitarse el abrigo. — ¡Agatha!

Desde el sofá Alma escuchó el alboroto, las exclamaciones de Ángela, la risa contenida de Agatha, el ruido de tapas y cucharas. Cerró los ojos un momento.

Hacía tres días que no sentía el apartamento así. Lleno. Caliente. Con voces y olores y ese ruido específico de cuando la gente que uno quiere está en el mismo lugar.

Lucía se sentó a su lado y apoyó la cabeza en su hombro sin decir nada.

Alma le puso el brazo encima.

Así se quedaron hasta que Agatha anunció desde la cocina que la cena estaba lista.

Comieron las cuatro en la mesa grande del comedor con el vino de Ángela y la comida de Agatha, que había hecho el sancocho de siempre, el que Alma había comido toda su infancia en la mansión de sus padres, el que olía exactamente igual que la memoria de cuando todo era más simple.

Ángela habló por tres. Agatha sirvió por cinco. Lucía se comió dos platos y no dijo nada sobre el corazón cuando Alma la miró porque sabía lo que venía y se adelantó.

— Estoy bien, mamá.

— No dije nada.

— Tenías la cara.

Ángela y Agatha se miraron con la complicidad de quienes llevan años viendo ese mismo intercambio.

— Esta niña la conoce mejor que nadie — dijo Ángela.

— Desde los tres días de nacida — confirmó Agatha con orgullo.

Estaban en los postres cuando el teléfono de Alma vibró sobre la mesa.

Valentina.

Alma lo miró un segundo. Contestó.

— Valentina.

— Alma. — La voz de la abogada era la de siempre, directa y sin preámbulos. — La demanda fue notificada esta mañana a primera hora. — Una pausa breve. — Darío ya sabe.

El comedor quedó en silencio. Las cuatro mujeres miraban a Alma.

— ¿Cómo reaccionó?

— Su abogado llamó hace veinte minutos furioso. — Valentina hizo una pausa que sonó a satisfacción contenida. — Exactamente como esperábamos. Mañana hablamos de los siguientes pasos. Que descanses.

Colgó.

Alma dejó el teléfono sobre la mesa.

Las miró a las tres. Ángela con la copa a mitad de camino. Lucía con los ojos abiertos. Agatha con las manos juntas sobre la mesa.

— Ya sabe — dijo Alma.

Silencio de dos segundos.

— Que se prepare — dijo Ángela, y terminó el vino de un sorbo.

 💜✨ MENSAJE DEL DÍA ✨💜

Mis lectoras hermosas 😘

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Si lo quieren, háganmelo saber en los comentarios y ya saben que puedo consentirlas 💥📚

Las leo a todas, no se me escondan 💋

Gracias por el apoyo de siempre 💕

— CINVAN ✨

1
Paula Lastreto
ay dios que nervios me está ocasionando está novelaaaa
Rosaura Arroyo Guzman
no con esos actores uuff ahí voy a leer otra novela más 🔥
Maritza Pérez
Excelente
Teresa Rodriguez
Dario es un mala persona como quitarle el dinero así esposa y dejarla e la callé cuando ella necesita para el tto de su hija no le importó nada
ojalá quede en la calle y abandonado de su amante e hija
Sonia Zerpa: Éso es lo qué les va a pasar a ésos desgraciados, qué le quieren quitar todo a Alma y x ende a Lucia. Lo qué no saben es que Alma tiene ahora a alguien, qué la está ayudando y protegiendo de estos H de P. Qué ruin y poco hombre éste Dario. Ya te veremos caer junto a la zorra de Lucrecia y la hija, qué debe ser igual a ellos, sin lugar a dudas.
total 1 replies
Teresa Rodriguez
Dario es un mala persona como quitarle el dinero así esposa y dejarla e la callé cuando ella necesita para el tto de su hija no le importó nada
ojalá quede en la calle y abandonado de su amante e hija
Maria Orleyda Bizcaino Leon
ay no! al fin novela y para que los guardaespaldas
Catalella
siiiiiiiiiiiii
Antonia Pulido
será que está embarazada?
Antonia Pulido
desgraciado no quiere ni a su hija
Antonia Pulido
maximo tiene que acabar con ese desgraciado
Antonia Pulido
ese es otro engendro desgraciado
Cliente anónimo
Máximo es caído de la mata Niñato 😱
Antonia Pulido
me perdí o la culebra se torció? no entiendo
Beliza Fornez
Por lo menos cuando en 20 años este vieja, tiene un padre todavía joven 🤭
Beliza Fornez
Ok Máximo lo que necesita es una madre y la consiguió en Alma a pesar de tener a Elena
Cliente anónimo
Que enredo es esto
María Alejandra Hernández Román
Autora. Los cuerpos que van a la morge no son viables para donación. Se escucha jalado de los pelos
María Alejandra Hernández Román
que cagada . Para que ponen en la historia unos guardaespaldas que no van tener una función real ???? no es la primera vez
María Alejandra Hernández Román
No lo conoce por eso se dejó joder 🤣🤣🤣🤣
Cliente anónimo
Y esos hombres estupido son gietdsespaldas 🤣
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