Elena Vargas lo entregó todo por su familia.
Construyó un imperio desde cero, sacrificó sus sueños por su esposo y creyó que el amor podía superar cualquier obstáculo. Pero una noche descubre la verdad más cruel: Rodrigo, el hombre con quien compartió su vida, nunca la amó. Junto a su amante, ha pasado años robándole su empresa, manipulando a su hijo y convirtiéndola en la mujer desechable que ambos planean abandonar cuando ya no les sirva.
Humillada, traicionada y destrozada, Elena pierde la vida en un trágico accidente.
Pero el destino le concede un milagro imposible.
Despierta diez años en el pasado, justo antes de que todo se derrumbe.
Esta vez no cometerá los mismos errores.
No pedirá explicaciones. No suplicará amor. No volverá a confiar.
Mientras Rodrigo y su amante creen seguir manipulando a la esposa perfecta, Ele
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Capítulo 8 Camila en su Territorio
Elena apenas había salido del ascensor cuando los vio. Camila avanzaba por el pasillo principal con Kevin a su lado, caminando como si la empresa fuera suya. En cuanto la vio, la mujer sonrió con esa dulzura falsa que Elena ya conocía demasiado bien.
—Elena, qué casualidad —dijo Camila acercándose con los brazos abiertos—. Justo veníamos a saludar a Rodrigo. ¿Cómo estás, querida?
Elena sintió que se le tensaba el estómago, pero respondió con una sonrisa igual de perfecta.
—Camila. Qué sorpresa. —Miró al chico y suavizó un poco el tono—. Hola, Kevin.
—Hola… —respondió él, algo tímido, mirándola con curiosidad.
Camila no perdió el tiempo. Se detuvo frente a ella, manteniendo la distancia justa para que pareciera una conversación amigable.
—Quería agradecerte de nuevo por todo lo que has hecho por nosotros durante estos años. Kevin está muy agradecido también, ¿verdad, hijo?
El chico asintió sin mucho entusiasmo. Elena notó que evitaba mirarla directamente.
—Claro —continuó Camila con voz melosa—. Aunque el otro día, cuando hablamos de la beca… bueno, entendemos que estés pasando por un momento complicado. Las empresas a veces requieren ajustes, ¿no?
Elena sintió cómo se le apretaba la mandíbula. Mantuvo la sonrisa.
—Exacto. Tengo que ser más cuidadosa con los gastos en este momento. La empresa no está para andar regalando dinero.
Camila soltó una risita suave, como si estuvieran compartiendo un chiste.
—Ay, Elena. Siempre tan responsable. Aunque Rodrigo me comentó que has estado un poco… sensible últimamente. —Bajó la voz como si compartiera una confidencia—. Entiendo que el tema del divorcio te tenga nerviosa, pero no es necesario que lo pagues con los demás. Kevin solo necesita un pequeño apoyo. Nada que te vaya a afectar.
Elena notó que Kevin las observaba con el ceño ligeramente fruncido. El chico parecía incómodo con la conversación.
—No es nada personal, Camila —respondió Elena con calma—. Simplemente no tengo fondos disponibles para nuevas becas en este momento. Tal vez más adelante.
Camila apretó los labios un segundo, pero recuperó la sonrisa al instante.
—Qué lástima. Pensé que seguirías siendo la misma mujer generosa de siempre. Rodrigo siempre dice que eres tan… noble. —Hizo una pausa significativa—. Ojalá no cambies ahora que las cosas se están poniendo un poco difíciles en casa.
Elena sintió un calor subirle por el pecho. La muy perra estaba midiendo hasta dónde podía presionar.
—Las cosas en casa están bien —contestó sin perder la sonrisa—. Mejor que nunca, de hecho.
Kevin miró a su madre y luego a Elena. Parecía confundido. Por impulso, Elena se dirigió directamente a él.
—¿Cómo vas en los estudios, Kevin? ¿Ya tienes claro qué quieres estudiar?
El chico parpadeó, sorprendido por la pregunta amable.
—Eh… Administración de Empresas. Me gusta el tema de finanzas.
—Interesante —dijo Elena con tono genuino—. Si alguna vez necesitas orientación sobre universidades, avísame. Puedo darte algunos contactos.
Camila intervino rápidamente, agarrando el hombro de su hijo.
—Qué amable de tu parte, Elena. Pero Kevin ya tiene todo resuelto. ¿Verdad, hijo?
Kevin asintió, aunque no parecía muy convencido. Camila miró a Elena con los ojos entrecerrados un segundo, evaluándola.
—Bueno, no te quitamos más tiempo —dijo al fin—. Seguro estás muy ocupada… reorganizando cosas.
—Bastante ocupada, sí —respondió Elena.
Camila tomó a Kevin del brazo y comenzó a caminar hacia la oficina de Rodrigo. Antes de girar en la esquina, se agachó un poco junto a su hijo y le habló en voz baja.
—No le hables mucho a esa señora.
Kevin frunció el ceño.
—¿Por qué?
—Porque no es buena influencia —murmuró Camila—. Tú no entiendes nada todavía.
Kevin volvió la cabeza y miró hacia atrás, donde Elena seguía de pie. Por un segundo sus miradas se cruzaron. El chico no dijo nada más.
Elena se quedó sola en el pasillo. Cerró los puños con fuerza y respiró hondo varias veces. La rabia le quemaba la garganta, pero también sentía algo más. Una molestia incómoda al ver la cara confundida de Kevin.
Sacudió la cabeza y siguió caminando hacia su oficina.
No podía permitirse dudar ahora.
Pero cuando cerró la puerta detrás de sí, su teléfono vibró con un nuevo mensaje. Era de Felipe Andrade.
“Esta noche. 8 pm. Te mando la ubicación. Ven sola.”
Elena se quedó mirando la pantalla.
Otra pieza en el tablero. Otra posible alianza.
O la primera trampa de muchas.
Ojalá que encuentren a Adriana Ferreti y entre las dos hundan a ese engendro.
Un duro golpe para ese muchacho de 17 años que apenas está empezando la vida y tener que enfrentar eso.
Me imagino que Luciano tiene amigos mafiosos y no quiere deberles nada así que los utilizará por el amor que siente por Elena.
Luciano está babeando por Elena y ella ya le está gustando Luciano que hasta lo besó.