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Sombras De Dragón

Sombras De Dragón

Status: En proceso
Genre:Pareja destinada / Superpoder / Época / Dragones
Popularitas:2.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Tatiana.

Roxana murió en su época original —el siglo XXI— en un accidente durante una expedición arqueológica, justo mientras estudiaba documentos antiguos sobre la Dinastía Tang. Su último pensamiento fue: “Ojalá hubiera podido ver cómo vivían realmente aquí”. Al abrir los ojos, se encontró en un jardín lleno de flores de loto, vestida con sedas finas y rodeada de personas que la llamaban “señorita Wén”. Había renacido, conservando todos sus recuerdos, conocimientos científicos, habilidades y su personalidad intacta: terca, inteligente, caprichosa y nada dispuesta a someterse a las normas estrictas de la antigüedad.
En esta nueva vida, creció rodeada de amor: sus padres le permitían estudiar, viajar y decir lo que pensaba; sus hermanos la seguían a todas partes como sus fieles escuderos. Pero al cumplir dieciséis años, fue invitada a la fiesta del Palacio Imperial, donde conoció al Emperador Li Longjun: un hombre hermoso, frío y poderoso, al que todos temían y respetaban.

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Capítulo 7: Un consejero equivocado y una lección inesperada

La gran sala del palacio seguía llena de música suave, conversaciones animadas y el brillo de las sedas y las joyas. Pero mientras la mayoría de los invitados se dedicaban a intercambiar cumplidos vacíos o a buscar la forma de acercarse al Emperador, un grupo de funcionarios y ministros se había reunido cerca del estrado, hablando de asuntos de Estado con la seguridad de quienes creen saberlo todo.

Entre ellos estaba el ministro Zhang, un hombre mayor, de barriga prominente y voz potente, considerado uno de los más sabios y respetados de la corte. Era el encargado de los asuntos de agricultura y tierras, y todos escuchaban sus palabras como si fueran verdades absolutas.

Roxana, que se había quedado cerca con sus padres mientras esperaban el momento adecuado para despedirse, escuchaba todo con atención, aunque con esa expresión de aburrimiento que no se le había quitado desde que había llegado. Hasta que las palabras del ministro hicieron que sus cejas se alzaran y una sonrisita de incredulidad se dibujara en sus labios.

—…y por eso, Majestad —decía el ministro Zhang, hablando directamente con Li Longjun, que lo escuchaba con atención educada pero distante—, la solución para aumentar las cosechas en las tierras del norte es muy sencilla: debemos ordenar que se planten más arrozales. El arroz es el alimento principal; crece rápido y da mucho grano. Si llenamos esas tierras de arroz, pronto tendremos suficientes provisiones para todo el imperio.

Muchos de los presentes asintieron con la cabeza, murmurando aprobación. El Emperador asintió levemente, como si le pareciera una idea lógica. Pero entonces, una voz clara, firme y joven se escuchó desde el borde del grupo, una voz que no temía interrumpir a nadie, ni siquiera en presencia del propio Emperador.

—Eso sería un error terrible, Ministro. Y traería hambre, no abundancia.

Todos se giraron de golpe, sorprendidos. Las damas chismosas se llevaron una mano a la boca, conteniendo un grito de asombro. El propio Li Longjun abrió los ojos un poco más, sorprendido de que alguien —y mucho menos una joven— se atreviera a interrumpir una explicación oficial de un ministro.

Era Roxana. Estaba de pie, con la espalda recta, mirando al ministro Zhang con calma, sin rastro de miedo ni de falta de respeto, solo con esa seguridad absoluta que siempre la caracterizaba.

El ministro Zhang frunció el ceño, molesto por la interrupción, y miró a la joven con desdén.

—¿Cómo ha dicho, señorita? ¿Se atreve usted a decir que me equivoco? ¿Qué puede saber una joven de buena familia sobre tierras y cultivos? Esos son asuntos de hombres, de sabios, de quienes hemos estudiado y trabajado en esto toda la vida.

Roxana dio un paso al frente, ignorando las miradas de advertencia de su padre y los susurros de asombro de los demás. Para ella, la verdad estaba por encima de las jerarquías, y no podía quedarse callada mientras alguien cometía un error que podía costar la vida a miles de personas.

—Sé lo suficiente para saber que el arroz necesita mucho calor, mucha agua y una tierra húmeda y blanda —respondió con voz clara, lo bastante fuerte para que todos la escucharan, incluido el Emperador—. Las tierras del norte, en cambio, son frías, tienen menos lluvias y el suelo es más seco y duro. Si planta arroz allí, las semillas se pudrirán o las plantas morirán antes de dar fruto. No recogerá nada, y habrá perdido tierra, tiempo y trabajo de los campesinos. Lo que crece bien allí es el trigo, la cebada y el mijo, que aguantan el frío y necesitan menos agua.

Hizo una pausa, miró al ministro a los ojos y continuó sin titubear:

—Y no solo eso. También he escuchado cuando hablaba hace un momento sobre las rutas hacia el oeste. Dijo que el río corre hacia el sur y que las montañas están al norte. Pero se equivoca de nuevo: ese río nace en las montañas del oeste y corre hacia el este, hacia el gran lago. Si envía caravanas siguiendo su curso como ha dicho, se perderán en zonas pantanosas y nunca llegarán a las ciudades fronterizas.

El silencio que siguió fue absoluto. Nadie se movía, nadie hablaba. Todos miraban a Roxana con la boca abierta, impactados. Una joven, apenas una niña para ellos, estaba corrigiendo al ministro más importante del imperio, con datos exactos, claros, con una lógica impecable que nadie podía discutir.

El ministro Zhang estaba rojo de la vergüenza y la rabia, sin saber qué decir, porque en el fondo sabía que ella tenía razón. Había hablado sin pensar, basándose en conocimientos antiguos y confusos, y ella, de alguna manera misteriosa, había visto el error de inmediato.

—¿Cómo… cómo sabe usted todo esto? —logró tartamudear, señalándola con el dedo tembloroso—. ¿Quién le ha enseñado geografía y agricultura? Es imposible que una mujer sepa estas cosas.

Roxana sonrió con esa mezcla de dulzura y desafío que siempre la hacía diferente.

—La naturaleza me lo ha enseñado, Ministro. Y la observación, y la lógica. Basta con mirar, con preguntarse por qué las cosas crecen en unos sitios y no en otros, por dónde corre el agua, hacia dónde sopla el viento. No hace falta ser un sabio de la corte para entenderlo. Solo hace falta prestar atención.

Y entonces, por primera vez aquella noche, y por primera vez en mucho tiempo, Li Longjun no solo miró a Roxana… sino que la vio de verdad.

Había estado a punto de apartar la mirada cuando ella habló, esperando que fuera una de esas frases tontas o aduladoras que siempre le decían. Pero lo que había escuchado lo había dejado helado. Esa joven, la misma que antes le había parecido “una más”, la misma que lo había tratado con total indiferencia, ahora estaba demostrando tener una inteligencia que superaba a la de muchos de sus consejeros. Hablaba con claridad, con conocimientos reales, con una valentía que nadie más tenía.

Se adelantó un paso, saliendo del círculo de nobles que lo rodeaban, y caminó despacio hacia ella, con los ojos fijos en su rostro, oscuros, profundos, llenos de una atención nueva e intensa.

—Dinos, joven —dijo él, con voz grave y suave, pero que hizo que todos se callaran aún más—. Dinos tu nombre. Y explícame más. ¿Qué otras cosas sabes sobre nuestras tierras? ¿Cómo deberíamos cultivar, si no es como dice el ministro?

Roxana se giró hacia él, y esta vez no hubo indiferencia en su mirada, pero tampoco sumisión. Lo miró a los ojos, directamente, como si estuviera hablando con un igual, y respondió con calma:

—Soy Roxana Wén, Majestad. Y sé muchas cosas más. Sé que si se rotan los cultivos, la tierra no se agota y da frutos más grandes. Sé que si se cavan canales con pendiente suave, el agua llega a todos los campos sin perderse. Sé que hay plantas que crecen bien juntas y se ayudan, y otras que se hacen daño. Sé que si se guardan las semillas en lugares secos y ventilados, duran años sin echarse a perder. Cosas sencillas, pero que cambian todo.

Mientras hablaba, explicando con ejemplos claros, con dibujos que hacía en el aire con la mano, el Emperador no podía apartar la mirada de ella. Escuchaba cada palabra, absorbía cada idea, y cuanto más la escuchaba, más crecía en él esa sensación extraña, esa mezcla de asombro, curiosidad y fascinación.

En su vida, todas las mujeres que había conocido eran hermosas, educadas, agradables… pero vacías. Solo sabían de ropa, de joyas, de chismes. Nunca había encontrado una que supiera pensar, que supiera ver más allá de las apariencias, que tuviera conocimientos útiles, profundos, que pudiera hablar de estado, de tierras, de gente, con esa claridad y esa inteligencia.

Y no solo eso: ella no hablaba para agradarle, ni para pedirle nada. Hablaba porque tenía razón, porque quería decir la verdad, porque le importaba que las cosas se hicieran bien. Y esa forma de ser, esa libertad, esa brillantez, lo estaba atrapando poco a poco.

Los demás invitados estaban boquiabiertos. Nadie se atrevía a decir nada, ni a moverse. Todos veían cómo el Emperador, el hombre más poderoso del mundo, escuchaba embelesado a esa joven, cómo le hacía preguntas, cómo asentía, cómo en sus ojos ya no había ni rastro de aquella indiferencia de antes.

Cuando Roxana terminó de explicar, con una última sonrisa tranquila, Li Longjun se quedó un momento en silencio, mirándola, estudiando cada rasgo de su cara, cada movimiento, cada brillo en sus ojos.

—Roxana Wén… —Repitió su nombre despacio, como si quisiera grabarlo en su memoria para siempre—. He escuchado a muchos sabios, a muchos maestros, a muchos consejeros… pero nunca he escuchado a nadie que hable con tanta claridad, con tanta verdad y con tanta inteligencia como tú.

Se giró hacia el ministro Zhang, que seguía allí, avergonzado y confundido, y le dijo con voz firme y autoritaria:

—El consejo de esta joven vale más que todos los informes que me has traído en años. Escúchala, aprende de ella y haz lo que ella ha dicho. Porque si hubiéramos seguido tu idea, habríamos cometido un error grave.

Luego volvió a mirar a Roxana, y esta vez, en su mirada no había distancia, ni aburrimiento, ni indiferencia. Había interés, curiosidad, admiración… y algo más, algo profundo y peligroso que empezaba a nacer en su corazón.

—Te agradezco esta lección inesperada, señorita Wén —dijo él, inclinando levemente la cabeza hacia ella, un gesto de respeto que nadie había visto jamás que hiciera a una mujer—. Y espero tener muchas más oportunidades de escucharte. Porque creo que tienes mucho que enseñarme.

Roxana le hizo una pequeña reverencia, educada pero elegante, y respondió con esa calma que la caracterizaba:

—Siempre que la verdad sea necesaria, Majestad, yo estaré dispuesta a decirla.

Mientras ella se retiraba de nuevo junto a su familia, el Emperador se quedó allí, mirándola irse, con la mente llena de pensamientos, con el corazón latiéndole más rápido de lo normal.

Las damas chismosas y los funcionarios seguían sin poder creer lo que había pasado. El ministro Zhang se había marchado cabizbajo, humillado, pero sabiendo que ella tenía razón. Y Wén Chen y Lǐ Mèi miraban a su hija con orgullo y un poco de miedo, sabiendo que lo que acababa de hacer cambiaría sus vidas para siempre.

Porque esa noche, Roxana Wén no solo había demostrado ser más sabia que los sabios. Esa noche, había logrado lo que nadie había logrado en años: llamar la atención del Dragón Dorado. Y lo que era más importante: no lo había hecho con belleza, ni con adulaciones, ni con regalos. Lo había hecho con su mente, con su verdad y con su libertad.

Y ahora, Li Longjun ya no podía apartar sus ojos de ella. La indiferencia se había terminado. Y lo que venía después… sería mucho más intenso, mucho más apasionado y mucho más imposible de detener.

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Marisela Morales
los hijos son el tesoro más grande ❤️❤️❤️ de la vida 🤩❤️🤩❤️🤩❤️🧬🤩
Marisela Morales
❤️❤️❤️❤️❤️❤️❤️❤️❤️. felicidades 🥳🥳🥳🥳
Marisela Morales
omg esto está de comerce las uñas/Grimace//Grimace//Grimace//Grimace//Grimace//Grimace/
Marisela Morales
/Facepalm//Facepalm//Facepalm//Facepalm/ te perdimos emperador te enamoraste obsesiva mente
Marisela Morales
corre,corre y alcanzala si puedes🤣🤣🤣🤣
Penelope
Excelente, trama. Gracias
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