✅️🦋Bruno Koch es un brillante sonidista que trabaja en las sombras del backstage, atrapado en un doloroso dilema: lleva años enamorado en secreto de Nash Wright, un exitoso cantante pop. Bruno ha sido el testigo silencioso de cómo una relación destructiva y los excesos arrastran a Nash hacia el abismo, ocultando sus sentimientos. Tras un colapso público en el escenario, Nash toca fondo y es diagnosticado con trastorno afectivo bipolar. Junto a Harper, una ruda y leal compañera técnica, Bruno se convierte en la red de seguridad de Nash mientras este inicia su camino hacia la rehabilitación.🦋✅️
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Bruja manipuladora
El salón de gala de un gran hotel brillaba bajo el destello de mil reflectores. La industria musical se había congregado para celebrar los premios anuales de la música independiente, y el álbum acústico de Nash, Frecuencias Limpias, era el protagonista de la noche con cuatro nominaciones. El aire olía a perfumes, cigarros, copas de champaña y el zumbido constante de los fotógrafos que disparaban sus cámaras en la alfombra roja.
Bruno Koch caminaba unos pasos detrás de Nash, vestido con un traje negro simple pero impecable. A su lado, Harper Burke lucía un vestido oscuro de espaldas descubiertas, aunque mantenía su actitud ruda y sus ojos verdes escaneando el lugar como si estuviera cuidando la consola de sonido en pleno concierto.
Nash, por su parte, se veía radiante. Su traje azul marino realzaba la recuperación de su peso, y su mirada, limpia de cualquier sustancia, reflejaba la tranquilidad de quien asiste a un evento por mérito propio y no por una mentira publicitaria.
—Hay demasiada gente falsa saludando por metro cuadrado —masculló Harper de reojo, sonriendo falsamente a un productor que pasaba—. Si un ejecutivo más viene a decirme que "siempre creyó en tu talento", le voy a derramar la copa encima.
Nash soltó una carcajada suave, acomodándose los puños de la camisa.
—Déjalos, Harper. Hace meses querían demandarme por millones. Hoy solo quieren salir en la foto del éxito. Ya aprendí en terapia que sus opiniones no definen mi valor. ¿Cómo están los nervios, Bruno?
Bruno sonrió, sintiéndose un invitado legítimo en esa mesa y no una sombra invisible.
—Mis nervios están perfectos. Solo disfruto ver que tu trabajo tiene el reconocimiento que se merece. Te lo ganaste.
—Nos lo ganamos —corrigió Nash, dándole una palmadita firme en la espalda—. Sin tu mezcla, este disco no existiría.
El grupo se dirigió hacia la barra del salón para buscar unas bebidas antes de que comenzara la ceremonia de premiación. Bruno pidió un agua tónica para Nash y dos copas de vino para él y Harper. Sin embargo, antes de que el barman pudiera entregar los vasos, el aire del lugar pareció congelarse de golpe para los tres.
Desde el final de la barra, abriéndose paso entre los invitados con una sonrisa ensayada y un vestido rojo de seda que robaba todas las miradas, apareció Grace Gallagher.
La bruja manipuladora había vuelto. Al enterarse del éxito crítico brutal del disco y de que Nash estaba nuevamente en la cima de la industria, no había tardado en encontrar la forma de colarse en el evento VIP. Venía con paso firme, sosteniendo una copa de cristal con dedos enjoyados.
—Nash, mi amor... sabía que te encontraría aquí —dijo Grace, y su voz sonó cargada de esa dulzura falsa y pastosa que Bruno conocía de memoria, el tono exacto que usaba para dominarlo.
Nash se quedó rígido por un instante. Sus ojos claros se abrieron un poco más, pero Bruno notó con alivio que no había pánico en su expresión, sino una profunda sorpresa.
—Grace —saludó Nash con un tono plano, manteniendo la distancia.
—Vaya, miren quién apareció. La recolectora de oro —soltó Harper de inmediato, cruzándose de brazos y dando un paso al frente para interponerse entre ella y Nash. Sus ojos verdes echaban chispas—. Pensé que solo llamabas a través de tus abogados para exigir las escrituras de departamentos en la playa, Gallagher. ¿Qué haces aquí?
Grace ni siquiera miró a Harper. La ignoró con una soberbia helada, manteniendo sus ojos fijos en Nash, buscando activar esa vieja fibra de sumisión emocional que tantos años le había funcionado. Dio un paso de costado para rodear a Harper y se acercó al cantante, extendiendo una mano para acariciarle sutilmente el brazo.
—Nash, por favor... ignora a tus empleados —pidió Grace con un tono compungido, entornando los ojos de una manera falsamente vulnerable—. Escuché tu disco. Lo escuché entero la noche que salió. Lloré tanto, mi vida... Sentí cada palabra del piano. Entendí que esa canción que escribiste sobre las cicatrices era nuestra. Es nuestra historia de amor, con todas nuestras tormentas. Me dolió tanto saber que sufriste en esa clínica, pero ahora veo que estás hermoso, que maduraste... que volviste a ser el hombre del que me enamoré.
Bruno sentía que la sangre le hervía en las venas. Observar a esa mujer manipulando la situación con tanto descaro, intentando adueñarse de un disco que Nash había escrito para sanar de sus propios insultos, era una tortura. Miró a Nash con atención, temiendo que la vieja adicción emocional regresara de golpe y su amigo volviera a caer de rodillas ante la bruja.
—El disco no es sobre nosotros, Grace —respondió Nash, y su voz sonó con una lentitud y una firmeza que hicieron que Bruno diera un suspiro de alivio interno—. El disco es sobre mi salud mental. Sobre aprender a vivir con la bipolaridad y salir del pozo en el que me dejaste.
Grace fingió un leve ahogo de dolor, llevándose la mano libre al pecho, actuando una culpa que no sentía en absoluto.
—Sé que cometí errores. Sé que fui dura contigo en el estudio esa última tarde —admitió ella, bajando la voz para crear una falsa atmósfera de intimidad en medio del salón ruidoso—. Pero estaba asustada, entiende. Verte mezclar pastillas me volvía loca de miedo. Dije cosas horribles porque te amaba demasiado y no sabía cómo ayudarte. Mi llamada pasada... lo del departamento... fue solo una excusa de mis abogados, yo no quería hacerte daño. Solo quería que me respondieras el teléfono. Te extrañaba tanto, Nash. No he podido dormir una sola noche desde que me fui de tu casa.
—¡Qué pedazo de mentirosa eres, Gallagher! —exclamó Harper, perdiendo la paciencia por completo y elevando el tono de voz lo suficiente como para que un par de invitados se giraran a mirar—. Le dijiste que su mente estaba podrida y que su música era una basura rota. Viniste aquí hoy porque viste los números de reproducciones en internet y quieres volver a subirte al barco del dinero. Ten un poco de dignidad y lárgate de aquí.
Grace giró por primera vez la cabeza hacia Harper, con una mirada cargada de un desprecio absoluto.
—Tú cállate. Eres solo una técnica que mueve cables. No te metas en las cosas de una pareja que tiene cuatro años de historia real —escupió Grace con veneno, antes de regresar toda su atención hacia Nash. Cambió el tono de inmediato, volviendo a esa voz suplicante que buscaba someterlo—. Nash, mi amor... mira a tu alrededor. Esta gente no te conoce de verdad. Tus amigos solo te quieren porque los mantienes trabajando contigo. Yo soy la única que estuvo en tus peores noches. Podemos volver a empezar. Ahora estás limpio, estás curado. Podemos irnos a la casa de la playa este fin de semana, lejos de la prensa, lejos de las consolas de sonido. Solo tú y yo, como antes. Te juro que esta vez todo va a ser diferente. Te amo, Nash. No puedes tirar cuatro años a la basura por un arranque de orgullo.
Bruno dio un paso adelante, colocándose al lado de Nash. Sintió el impulso de hablar, de gritarle a Grace que no tenía derecho a tocar el alma de su amigo, pero se detuvo al mirar de reojo el rostro de Nash. El cantante estaba completamente tranquilo. Sus manos no temblaban, sus pupilas no estaban dilatadas por el pánico y su mandíbula no estaba tensa por la furia. La terapia y los estabilizadores de ánimo le habían otorgado el regalo más grande: el control absoluto sobre sus propias frecuencias emocionales.
Nash miró la mano de Grace que todavía reposaba en su brazo. Con un movimiento suave, educado pero de una frialdad inquebrantable, tomó los dedos de la mujer y apartó su mano de su ropa, dejándola caer en el vacío.
—Se terminó —dijo Nash, y su voz sonó tan nítida y afinada que resonó en el pecho de Bruno como el mejor de los acordes—. Ya no puedes manipularme. El hombre inestable que dependía de tus insultos y tus perdones para sentirse vivo... ese hombre se quedó en la bañera de ese departamento hace meses. Hoy sé quién soy. Y sé perfectamente que la única persona que se quería quedar con mi dinero y arruinar mi mente... eras tú.
Grace se quedó completamente paralizada. Su sonrisa ensayada de bruja manipuladora se desmoronó por completo, revelando una mueca de pura incredulidad y rabia.
—Nash... ¿qué estás diciendo? —tartamudeó ella, intentando recuperar el hilo del control—. Te estás dejando influenciar por tus empleados. Estás cometiendo el peor error de tu vida. Si me dejas ir hoy, te juro que no voy a volver nunca más.
—Esa es la mejor noticia que me has dado en todo el año —intervino Harper con una sonrisa enorme de oreja a oreja.
—Mis amigos no son mis empleados. Son mi familia. Los únicos que se quedaron a limpiar mi desastre cuando tú te llevaste hasta los cuadros del pasillo —sentenció Nash, dando un paso hacia atrás para quedar alineado perfectamente con Bruno y Harper—. Ahora, si me disculpas, la ceremonia está por comenzar y tengo cuatro nominaciones que celebrar con la gente que de verdad me ama de forma sana. Que tengas una buena noche.
Nash se dio la vuelta, tomó el vaso de agua tónica que el barman acababa de dejar sobre la barra y caminó hacia la mesa principal con un paso firme y decidido, sin mirar atrás ni una sola vez.
Harper Burke soltó una carcajada, tomó su copa de vino y miró a Grace, que permanecía de pie en medio del salón con el rostro rojo de pura humillación y los dientes apretados.
—Buen intento, bruja. Pero esta consola ya cambió de operador —le dijo Harper con un guiño antes de seguir los pasos de Nash.
Bruno se quedó un segundo rezagado. Miró a Grace Gallagher por última vez, contemplando cómo la villana de la historia se desvanecía entre la multitud del hotel, desprovista de todo su poder de manipulación. Sintió un orgullo tan inmenso en el estómago que casi le quita el aliento. Nash ya no necesitaba un salvador que lo protegiera de los fantasmas; había aprendido a ponerse los auriculares contra el veneno exterior.
Bruno acomodó el cuello de su traje negro, tomó su copa de vino con una sonrisa radiante y caminó a paso firme hacia la mesa donde sus dos amigos lo esperaban entre risas y diálogos cómplices. La prueba de fuego había terminado, y el equipo de tres había salido del incendio con el sonido más limpio de sus vidas.
✨️Mis amores, ¿qué les pareció la actitud del nuevo Nash? ¿Creen que la bruja lo buscará nuevamente? Dejen saber qué piensan. Me encanta esta historia. ✨️
⬇️🔥🧚Vayan a leer esta sabrosura, mis Chickis. 🧚🔥⬇️
caer y tocar fondo también te muestra que podes levantarte (siempre y cuando quieras, aunque sea en un rincón de tu corazón) y después los que te apoyan y acompañas son vitales!!!
sería mucho pedir más capítulos?? 😅 🥰
Diferente, pero completamente realista y repleta de amor!!