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Los Noctarys

Los Noctarys

Status: En proceso
Genre:Romance oscuro / Mundo de fantasía
Popularitas:523
Nilai: 5
nombre de autor: Giulian Ocampo

🌙 LOS NOCTARYS 🌙
Libro I: Marcada por la Luna Negra

La noche de su cumpleaños número dieciocho, Ayla descubre una marca imposible en su piel.

Una marca que la señala como parte de una raza antigua que jamás debió existir.

Los Noctarys.

Nacidos de la oscuridad de una estrella caída, ocultos entre los humanos durante siglos y condenados por una profecía que podría destruir su mundo.

Cuando Ayla conoce a Kael, el misterioso heredero de los Noctarys, algo despierta entre ellos.

Una conexión imposible.

Un destino escrito mucho antes de que nacieran.

Pero la profecía es clara:

Si el heredero y la marcada se enamoran, la Luna Negra despertará... y todo aquello que aman desaparecerá.

Entre secretos, traiciones, poderes prohibidos y una guerra que se acerca, Ayla deberá decidir si está dispuesta a desafiar al destino.

Porque algunas historias de amor están destinadas a salvar un mundo.

Y otras...

A destruirlo.

NovelToon tiene autorización de Giulian Ocampo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 16: El Verdadero Creador

El universo entero pareció contener la respiración.

La gigantesca mano seguía emergiendo del interior del Árbol del Origen.

No era una mano humana.

Su piel parecía estar formada por constelaciones vivas, como si miles de estrellas hubieran quedado atrapadas bajo una capa de cristal oscuro. Antiguos símbolos recorrían cada uno de sus dedos, brillando con una luz que cambiaba entre el negro y el plateado.

Nadie se atrevía a moverse.

Ni los Noctarys.

Ni los Umbrarys.

Ni siquiera el viento.

Todo permanecía inmóvil.

Aradia dio un paso hacia atrás.

Por primera vez desde que había aparecido, su rostro reflejaba verdadero miedo.

—No... todavía no...

Ayla la observó confundida.

—¿Quién es?

Aradia cerró lentamente los ojos.

—Nuestro creador.

El silencio fue absoluto.

El Primer Rey dejó caer su espada.

Kael sintió un escalofrío recorrer todo su cuerpo.

Incluso Narek bajó la cabeza.

Todos conocían ese nombre.

Todos... menos Ayla.

La tierra volvió a temblar.

La inmensa figura terminó de salir del Árbol.

Era un hombre.

O al menos tenía forma humana.

Su altura superaba fácilmente los cinco metros.

Vestía una túnica completamente blanca que parecía tejida con luz.

Su largo cabello plateado caía hasta la cintura.

Pero lo más extraño eran sus ojos.

No tenían pupilas.

En ellos giraban galaxias completas.

Era como mirar el universo.

Cuando apoyó los pies sobre la tierra, las grietas del reino comenzaron a cerrarse por sí solas.

Las llamas desaparecieron.

La guerra se detuvo.

La naturaleza parecía obedecer su sola presencia.

Él levantó lentamente la mirada.

Y sonrió.

—Han pasado miles de años...

Su voz era tranquila.

Cálida.

Pero inmensamente poderosa.

—Los veo exactamente igual que el primer día.

Ayla dio un paso adelante.

No sabía por qué.

Sentía una fuerza que la empujaba hacia él.

Como si una parte de su alma lo reconociera.

—¿Quién eres?

El hombre la observó durante largos segundos.

Y finalmente respondió.

—Mi nombre es Elyon.

Fui el primero.

Antes de los reyes.

Antes de las reinas.

Antes de las lunas.

Antes del tiempo.

Yo sembré el Árbol del Origen.

Un murmullo recorrió ambos ejércitos.

Nadie se atrevía a interrumpirlo.

Elyon levantó una mano.

Y sobre el cielo apareció una inmensa imagen.

No era una ilusión.

Era un recuerdo.

Mostraba un mundo completamente vacío.

Sin océanos.

Sin montañas.

Sin vida.

Solo oscuridad.

Entonces una pequeña semilla cayó desde el cielo.

Una única semilla.

Al tocar el suelo comenzó a crecer.

Primero aparecieron raíces.

Luego un tronco.

Después ramas infinitas.

El Árbol del Origen.

—Toda vida nace de una historia.

Toda historia nace de una elección.

Y toda elección tiene consecuencias.

La imagen continuó.

Del árbol surgieron miles de pequeñas luces.

Las primeras almas.

Después aparecieron dos ramas enormes.

Una emitía luz violeta.

La otra oscuridad plateada.

—Noctarys...

Umbrarys...

Nunca fueron enemigos.

Fueron creados para proteger el equilibrio.

Ayla sintió que las lágrimas aparecían en sus ojos.

Todo lo que había aprendido era una mentira.

Una guerra de miles de años...

Nacida por un error.

Narek bajó lentamente la cabeza.

—Yo intenté detener la guerra.

Elyon lo miró.

—Lo sé.

—Pero fracasé.

—No.

Solo llegaste demasiado tarde.

Kael dio un paso adelante.

—Si usted creó todo...

¿Por qué permitió tanto sufrimiento?

El creador permaneció en silencio.

Después respondió con tristeza.

—Porque ni siquiera un creador puede obligar a alguien a amar.

Ni impedir que alguien odie.

Las decisiones siempre pertenecen a quienes viven la historia.

No a quien la escribe.

Ayla sintió que la marca comenzaba a arder.

Mucho más que antes.

Elyon caminó lentamente hasta ella.

Todos contuvieron la respiración.

Cuando quedó frente a la joven, levantó suavemente una mano.

Y tocó la marca.

En ese instante...

Todo desapareció.

Ayla abrió los ojos.

Ya no estaba en el reino.

Se encontraba bajo el Árbol del Origen.

Pero era diferente.

El árbol era pequeño.

Apenas un retoño.

Y frente a él había dos niños.

Un niño de cabello oscuro.

Y una niña de ojos violetas.

Reían mientras plantaban flores.

—¿Quiénes son?

Preguntó Ayla.

Elyon apareció junto a ella.

—El primer Noctarys.

Y el primer Umbrary.

La joven abrió los ojos sorprendida.

Los dos niños se abrazaban.

Reían.

Jugaban.

Parecían hermanos.

—Ellos nunca se odiaron.

Dijo Elyon.

—Entonces...

¿Qué ocurrió?

El creador señaló el horizonte.

Allí aparecía una sombra.

Una figura desconocida.

Observando a los niños desde la distancia.

No tenía rostro.

Solo una enorme capa negra.

—Alguien sembró el miedo.

Y donde nace el miedo...

También nace la guerra.

La visión desapareció.

Ayla regresó al presente.

Respiraba agitadamente.

—¿Quién era esa sombra?

Por primera vez Elyon dejó de sonreír.

—El único ser que jamás pude crear.

El silencio volvió a cubrir el reino.

—¿Qué significa?

—Que él nació solo.

Sin historia.

Sin destino.

Sin alma.

Aradia palideció.

Narek dio un paso atrás.

Kael apretó con fuerza su espada.

—No puede ser...

Susurró.

Elyon levantó lentamente la vista hacia el cielo.

Y habló con una voz que hizo estremecer las montañas.

—Durante siglos creyeron que el enemigo era la Luna Negra.

Después pensaron que eran los Umbrarys.

Pero estaban equivocados.

Jamás conocieron al verdadero enemigo.

Una carcajada atravesó el reino.

Lenta.

Profunda.

Inhumana.

La oscuridad volvió a cubrir las tres lunas.

Y desde el interior del Eclipse comenzaron a abrirse dos inmensos ojos dorados.

Todo el mundo levantó la vista.

El miedo paralizó incluso a Elyon.

Porque reconocía aquella presencia.

La voz volvió a escucharse.

—Gracias...

Por despertarme.

Ayla sintió que el corazón dejaba de latir.

Elyon dio un paso delante de ella.

Y pronunció las palabras que cambiarían el destino de todos.

—Corran...

Porque el Devorador de Historias ha regresado.

Continuará...

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