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Perdona, yo no mendigo amor

Perdona, yo no mendigo amor

Status: Terminada
Genre:Romance / Fantasía / Mujer despreciada / Viaje a un juego / Completas
Popularitas:537
Nilai: 5
nombre de autor: 𝕯𝖍𝖆𝖓𝖆𝖆𝟕𝟐𝟒

Belvina Laurent lo tenía todo: belleza, un apellido poderoso y un esposo que cualquiera envidiaría. Pero Alden Virel, el CEO más frío de la ciudad, jamás la vio como algo más que un contrato. Ella suplicaba su atención. Él la ignoraba. Y entre ambos, una mujer llamada Seraphina sonreía desde las sombras.

Hasta que un día, Belvina dejó de perseguirlo.

Sin lágrimas, sin escenas, sin súplicas. La mujer que despertó esa mañana ya no era la misma. Su mirada era distinta. Su voz, afilada. Y la frase que le dedicó a Alden le heló la sangre:

"No mendigo amor."

Ahora es él quien no puede dejar de observarla. Quien busca excusas para estar cerca. Quien siente que algo se le escapa entre los dedos cada vez que ella le da la espalda.

Pero Belvina ya tomó una decisión: no va a humillarse por nadie. Ni siquiera por el hombre que, sin saberlo, está empezando a amarla de verdad.

Mientras tanto, Seraphina no piensa rendirse. La mujer que se esconde detrás de una sonrisa perfecta guarda secretos que podrían destruir a toda la familia Astera. Y está dispuesta a llegar hasta las últimas consecuencias.

En esta guerra entre orgullo, obsesión y deseo, solo hay una regla: el amor no se mendiga.

NovelToon tiene autorización de 𝕯𝖍𝖆𝖓𝖆𝖆𝟕𝟐𝟒 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

17. Cuando ella dejó de esperar

Los empleados que presenciaron la escena intercambiaron miradas y bajaron la vista.

Mientras tanto, Alden no se movió durante unos segundos. Su mano seguía extendida. Luego descendió despacio. Su expresión no cambió mucho. Pero la mandíbula se tensó levemente.

Interesante.

No era un rechazo descarado.

Pero tampoco era, evidentemente, una coincidencia. Echó un vistazo fugaz hacia Belvina, que ya iba por delante.

La comisura de sus labios se movió ligeramente. No era una sonrisa. Era más bien... una reacción ante algo que acababa de cambiar de lugar.

Sin apresurarse, Alden la alcanzó finalmente. Sus zancadas eran más largas. En dos pasos, ya estaba a su altura.

No la tocó. No habló. Pero esta vez, no dejó que la distancia fuera demasiado amplia.

Y por primera vez,

fue él quien ajustó su ritmo al de ella.

-

El auto avanzó con estabilidad entre el tráfico nocturno.

No hubo conversación. Solo el sonido del motor y la luz de las farolas que de vez en cuando les cruzaba el rostro.

Alden iba sentado a la izquierda sin decir nada. Pero esta vez no era porque no le importara. Su mirada se desplazó lentamente hacia abajo. Hacia la mano de Belvina que descansaba con naturalidad sobre su muslo. Y ahí se detuvo.

Vacía.

El anillo no estaba. En su lugar, otro. Más sencillo. Discreto. Sin... el mismo significado.

Sus dedos se tensaron ligeramente.

—¿Dónde está tu anillo? —preguntó al fin, con tono neutro.

Belvina ni siquiera giró la cabeza de inmediato.

—Me lo quité. —Su respuesta fue ligera. Como si fuera algo trivial.

Las cejas de Alden se movieron apenas.

—¿Por qué?

Esta vez Belvina le echó un vistazo. Breve.

—Me aburrió.

Una sola palabra. Pero bastó.

—¿Te aburrió? —Alden repitió con tono contenido. No porque no hubiera escuchado; más bien porque no lo aceptaba.

—Se veía demasiado llamativo —continuó Belvina con desenfado—. No me gusta.

El auto seguía avanzando. Pero el aire dentro de él cambió.

Alden se reclinó un poco, la vista fija en el camino.

—Antes eras tú la que más insistió en ese modelo.

Su tono se mantenía calmado. Pero algo empezaba a presionar por debajo.

Belvina sonrió levemente.

—Eso fue antes.

Levantó la mano un poco, como si reparara en algo. Su mirada se desplazó... hacia la mano de Alden.

Vacía.

—Además... —continuó, ahora más despacio— tú nunca te lo pones.

Un segundo.

Dos segundos.

—Entonces, ¿por qué debería hacerlo yo?

No había tono ofensivo. Ni emotivo tampoco. Y justamente por eso, dolió más.

Alden no respondió de inmediato.

Su enfoque se mantuvo al frente. Pero la mandíbula se trabó con más claridad ahora.

No era solo cuestión del anillo. Era que algo que él daba por fijo... resulta que ya había sido soltado.

Y lo más inquietante: Belvina no parecía haber perdido nada.

-

El auto se detuvo frente a la entrada principal del salón de eventos. Un encargado abrió la puerta de inmediato.

Alden bajó primero. Normalmente, ahí terminaba su atención. Pero esta vez, no se alejó. Se giró. Extendió la mano hacia el interior del auto. Esperando.

Belvina, que estaba a punto de bajar, se detuvo un momento. Sus cejas se fruncieron apenas.

Ese recuerdo volvió. Normalmente, la dejaban salir sola. Incluso le pedían que se apurara porque tardaba demasiado arreglándose.

No era así. Su mano... estaba esperando.

Belvina observó esa mano una fracción de segundo. Luego levantó la suya. La aceptó. Sus dedos se rozaron un instante. Cálido. Firme.

Alden la ayudó sin comentarios. Sin excesos. Sin ternura tampoco. Simplemente... asegurándose de que quedara bien de pie.

En cuanto sus pies estuvieron firmes en el suelo, Belvina soltó la mano. Rápido. Sin vacilar. Como si ese contacto no necesitara prolongarse más.

Pero no terminó ahí.

Alden levantó el codo ligeramente. Lo ofreció hacia ella. Una señal clara. Una invitación.

Belvina le echó un vistazo. Y una vez más, no había nada de eso en el recuerdo.

Este hombre siempre caminaba primero. Nunca esperaba, y mucho menos ofrecía.

¿Ahora?

Justamente le daba espacio. Esperaba.

Belvina solo miró de reojo. Luego avanzó. Pasó delante de Alden. Sin tocarle el brazo.

En el asiento delantero, el chófer contuvo la respiración. Su mirada se elevó hacia el retrovisor un instante.

Varias veces, y rápidamente volvió a bajarla. Su expresión casi no cambió, pero era evidente que estaba tomando nota.

Esta... no es la misma pareja de siempre.

Alden no reaccionó de inmediato. La mano que había estado extendida descendió despacio. Pero esta vez, no se quedó quieto.

La siguió.

Sus zancadas eran más largas. En pocos segundos, ya estaba a su altura. No la tocó. No habló.

Pero lo bastante cerca para dejar claro que ya no iba a permitir que esa distancia se formara sin más.

-

Las puertas del salón de eventos se abrieron.

La luz del interior los recibió. Las conversaciones que antes eran animadas... se atenuaron un poco.

No por quién entraba. Sino por cómo entraba.

Belvina caminó hacia el interior con calma. Con mesura.

Cada paso seguía un ritmo que ya conocía. No como la que fue antes, sino como la versión que había aprendido con rapidez.

Sin excesos. Sin buscar atención. Y sin embargo... la atraía.

Varias cabezas empezaron a girar. Luego más.

Los cuchicheos comenzaron.

—¿Esa es Belvina?

—¿En serio?

—Se ve completamente distinta...

Normalmente, esa clase de atención habría resultado incómoda. Pero no esta vez.

Belvina no se detuvo. Tampoco bajó la cabeza. Simplemente caminó. Como si todo aquello... no fuera algo que necesitara responder.

A su lado:

Alden observaba. No a la gente, sino cómo miraban a Belvina. Demasiado tiempo. Con demasiado interés.

Y sin pensarlo mucho, su mano se movió. Rodeó la cintura de Belvina. La acercó un poco más.

El gesto fue ligero, pero inconfundible. Y lo más importante: nunca lo había hecho antes.

Belvina se sorprendió un poco. Solo una fracción de segundo. Miró de reojo hacia un costado.

Qué extraño.

No estaba acostumbrada a esto. Nunca. Pero no lo rechazó.

Al otro lado del salón:

Seraphina estaba de pie. Su mirada capturó la escena al instante.

La forma en que Alden la tocaba. La forma en que la atraía hacia sí. Y la forma en que Belvina... no se apartaba.

Su sonrisa permaneció en su lugar. Perfecta. Pero esta vez no alcanzó los ojos.

—Interesante... —murmuró con un tono más bajo.

No era admiración. Era más bien... cautela.

Por primera vez, lo que había cambiado no era solo Belvina. Sino también la forma en que Alden la trataba.

Y eso... era mucho más peligroso.

Varias personas empezaron a acercarse.

Normalmente, la dirección era clara: hacia Alden.

Saludos, apretones de mano, charlas breves de negocios. Belvina... simplemente estaba al lado. Conocida, pero sin ser verdaderamente incluida.

Pero esta noche, esa dirección se desplazó un poco.

Un hombre se detuvo frente a ellos.

—Buenas noches, señor Alden.

El tono era cortés. Formal. Pero su mirada no se detuvo ahí. Se dirigió a Belvina, un poco más de lo debido.

—Se ve... diferente esta noche. —Su sonrisa era fina, genuina—. Muy favorecida.

Otra persona se acercó. Luego otra más.

Los elogios empezaron a llegar. Sin excesos, pero notorios. No eran simple cortesía.

Y por primera vez, fue Belvina quien respondió. Sin timidez. Sin exagerar tampoco. Su sonrisa fue suficiente. Su tono, sereno.

—Gracias.

Breve. Preciso. Sin buscar atención, pero dejando una impresión.

A su lado, la mano de Alden seguía en su cintura. Sin darse cuenta, su agarre se apretó ligeramente. Casi invisible. Pero suficiente para sentirse.

Su pulgar se movió involuntariamente sobre un costado de la cintura de Belvina. No era una caricia. Era más bien... asegurarse de que seguía ahí.

Belvina enderezó la espalda un poco. El contacto le resultaba ajeno. Demasiado cercano. Demasiado... inhabitual. Pero no lo apartó.

No porque lo aceptara, sino porque sabía que en un lugar como este, cada gesto tiene un significado.

Así que simplemente se quedó quieta. Lo dejó ser. Manteniendo su expresión serena, como si fuera lo más normal del mundo.

Un hombre mayor se acercó. Rasgos de Asia Oriental. Traje impecable.

—Buenas noches —saludó en un inglés un tanto forzado. Asintió con cortesía hacia Alden, luego se dirigió a Belvina.

—¿Usted es... la esposa de Alden?

—Sí —respondió Belvina, con la misma calma.

El hombre sonrió, aunque con cierta incomodidad. Unos segundos después, se giró hacia su asistente y susurró en tono bajo, en mandarín.

Su voz era baja, casi inaudible para los demás. Se quejaba de que la lengua se le trababa al hablar en inglés, verificando si su pronunciación había sido correcta.

Y sin pensarlo demasiado, Belvina respondió en el mismo idioma.

—Su pronunciación fue bastante clara. No tiene por qué preocuparse.

El ambiente alrededor se aquietó.

No del todo. Pero lo suficiente para sentirse en aquel círculo reducido.

Alden giró la cabeza de inmediato. Rápido. Hubo un cambio breve en su expresión.

No dijo nada. Pero su mano en la cintura de Belvina se apretó un poco más.

Más consciente ahora. Más... deliberado.

Y por primera vez,

se dio cuenta de que había demasiadas cosas sobre esta mujer... que desconocía.

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