Ella renace en un mundo mágico lleno de reglas sociales y apariencias, pero ella decide ser feliz, siendo quien es y no cambiando por nadie.
*Esta novela pertenece a un mundo mágico*
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Kayla 3
Unos días después, Kayla caminaba tranquilamente por uno de los pasillos de la mansión Fletcher cuando escuchó unas voces.
Se detuvo.
No porque quisiera escuchar conversaciones ajenas.
Bueno...
Quizás un poquito.
Reconoció una de las voces.
Era Tina, una de las doncellas.
La joven estaba conversando con otra mientras ordenaban unas telas.
—Dicen que las lluvias fueron terribles en el norte —comentó Tina con preocupación—. Muchas casas quedaron inundadas.
—Mi madre me escribió ayer —respondió la otra doncella—. En su pueblo hay familias que perdieron prácticamente todo.
Kayla dejó de caminar.
Las dos continuaron hablando.
—Algunas personas se quedaron sin cosechas.
—Y otras perdieron sus casas.
—Escuché que incluso hay niños que quedaron sin familia.
Kayla permaneció en silencio detrás de la esquina.
Su expresión cambió.
Durante las últimas semanas había vivido cómodamente en la mansión Fletcher.
Había comido bien.
Había dormido en una cama enorme.
Había paseado por jardines preciosos.
Había recibido vestidos.
Y tenía prácticamente todo lo que podía desear.
Mientras tanto, otras personas habían perdido sus hogares.
Sus cosechas.
Sus pertenencias.
Algunas incluso a sus familias.
Kayla bajó la mirada.
[Esto no está bien.]
Pensó unos segundos.
[He tenido una segunda oportunidad.]
Miró sus manos.
[¿Y qué voy a hacer con ella?]
Una sonrisa apareció en su rostro.
[Además, yo soy una persona decente.]
Hizo una pausa.
[¡No como la antigua Kayla!]
Se imaginó por un instante a su antigua personalidad.
La imaginó escuchando aquella conversación.
Probablemente habría puesto los ojos en blanco.
Quizás habría dicho que esos problemas no eran asunto suyo.
Kayla hizo una mueca.
[¡Si pudiera verla, la agarraría del cabello!]
Se imaginó dándole unos buenos golpes.
[¡Uno por cada persona que humillaste!]
Luego suspiró.
[Ya, tranquila. No puedo golpear a una versión imaginaria de mí misma.]
Regresó a su habitación y comenzó a pensar.
Quería ayudar.
Pero había un problema.
No podía hacer algo demasiado extraordinario.
Si de repente comenzaba a comportarse como una santa benefactora, todos notarían que algo había cambiado.
Y no quería levantar sospechas.
Tenía que hacerlo de una manera que pareciera propia de la antigua Kayla.
Así que decidió preguntar.
Llamó a algunas doncellas.
Cuando entraron a la habitación, todavía tenían aquella expresión nerviosa que Kayla empezaba a odiar.
—Quiero preguntarles algo.
Las muchachas se miraron entre ellas.
—¿Cómo ayudan las mujeres nobles durante los desastres?
Las doncellas parecieron sorprendidas.
Una de ellas respondió con cautela.
—Algunas condesas o duquesas financian orfanatos, mi lady.
Otra agregó..
—Algunas ayudan a financiar escuelas.
—Otras colaboran con las cosechas.. Pagan semillas o ayudan a los agricultores.
—También hay nobles que financian médicos y sanadores.
Kayla asintió lentamente.
[Orfanatos...]
[Estupendo.]
[¿Escuelas?]
[También.]
[¿Cosechas?]
[Interesante.]
Pero luego se quedó pensativa.
[¿Y qué sé hacer yo?]
Miró sus manos.
No sabía curar.
No sabía cultivar.
No sabía administrar una escuela.
Y, aunque era inteligente, tampoco tenía experiencia suficiente para organizar una enorme operación de ayuda.
Kayla suspiró.
—No creo tener talento para nada de eso.
Las doncellas guardaron silencio.
Entonces una de ellas levantó tímidamente la mano.
—Mi lady...
Kayla la miró.
—¿Sí?
—Mi madre trabajó en esta mansión desde que era pequeña.
—¿Y?
—Ella me contó muchas historias sobre la antigua duquesa Fletcher.
Kayla se interesó inmediatamente.
[¿Mi abuela?]
La doncella continuó.
—Decía que, cuando ocurrían grandes desastres, la antigua duquesa organizaba subastas.
Kayla ladeó la cabeza.
—¿Subastas?
—Sí, mi lady.
La joven explicó..
—Eran grandes galas. Los nobles asistían con sus familias. Cada uno llevaba algún objeto, una obra de arte, joyas, vestidos, muebles o incluso productos de sus propias tierras.
Kayla comenzó a comprender.
—¿Y qué hacían con esas cosas?
—Se subastaban durante la gala.
La doncella sonrió ligeramente.
—Los nobles pujaban por ellas y todo el dinero recaudado se entregaba para ayudar a las personas necesitadas.
Kayla permaneció en silencio.
Una sonrisa comenzó a aparecer lentamente en su rostro.
[¡Eso es!]
No necesitaba saber curar.
No necesitaba saber cultivar.
No necesitaba administrar una escuela.
Podía organizar una fiesta.
Y, por lo que había descubierto de la antigua Kayla, eso era precisamente algo que ella ya hacía.
Le gustaban las reuniones sociales.
Le gustaba asistir a galas.
Le gustaba la ropa elegante.
Le gustaba estar rodeada de nobles.
Así que nadie encontraría extraño que una Fletcher organizara una.
Kayla se levantó de su silla.
—Me gusta la idea.
Las doncellas se miraron.
—¿Mi lady?
Kayla sonrió.
—Una subasta.
Sus ojos brillaron.
[Perfecto.]
Podría ayudar a las personas afectadas por las inundaciones.
Podría mantener su imagen de señorita noble y elegante.
Podría demostrar que seguía siendo una Fletcher.
Y, sobre todo...
Podría comenzar a reparar silenciosamente parte del daño que había causado su antigua personalidad.
Kayla caminó hacia el espejo.
Se observó.
—Una gala benéfica... una subasta
Sonrió.
[Esto sí que puedo hacerlo.]
Luego recordó algo.
[Espera...]
Su sonrisa se volvió pícara.
[¿Y si además hago que sea una fiesta espectacular?]
Se cruzó de brazos.
[Ya que vamos a ayudar, vamos a hacerlo con estilo.]
Las doncellas la miraron confundidas.
Kayla no les explicó nada.
Solo sonrió.
Porque acababa de descubrir que su nueva vida podía ser mucho más divertida de lo que había imaginado.
Y esta vez, pensaba utilizar el apellido Fletcher para algo mucho mejor que hacer que los demás le tuvieran miedo.
Dos bombas sexuales🤭👏👏