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Me Enamore De Mi Mejor Amigo

Me Enamore De Mi Mejor Amigo

Status: Terminada
Genre:Amor eterno / Romance / Amor de la infancia / Completas
Popularitas:5.6k
Nilai: 5
nombre de autor: Yulexi De Fernández

Todo comienza con una amistad entre un chico y una chica que son mejores amigos. Ella guarda un secreto: está profundamente enamorada de él, pero él tiene novia. Cada vez que habla de ella, la chica siente celos, aunque intenta disimularlos para no perder su amistad. Él asegura amar a su novia y jamás imagina lo que ocurre en el corazón de su mejor amiga. Sin embargo, pasan cuatro años y sus sentimientos comienzan a cambiar. Poco a poco, descubre que siente algo especial por ella. Cuando finalmente comprende que está enamorado de su mejor amiga, quizá sea demasiado tarde.

NovelToon tiene autorización de Yulexi De Fernández para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 22 La voz que siempre estaba ahí

Había pasado un mes desde que llegué a México.

Y si les soy sincero, ese mes me había dejado fundido.

Mi rutina era pesada. En las mañanas trabajaba en la obra y en las tardes estudiaba para poder recuperar el año que había perdido. No era fácil, pero yo mismo había decidido hacerlo y no pensaba echarme para atrás.

Todos los días me levantaba temprano.

A veces ni siquiera quería salir de la cama.

—Ufff… otro día más.

Me bañaba rápido, me ponía la ropa de trabajo y salía con algo sencillo para desayunar.

Cuando llegaba a la obra, ya sabía lo que me esperaba: cargar materiales, ayudar a los demás trabajadores, mover ladrillos, preparar mezclas y hacer todo lo que el jefe me mandara.

—¡Steven! ¡Échame una mano con esto!

—¡Ya voy, jefe!

—¡Cuidado con eso!

—Sí, señor.

Al principio me costó acostumbrarme al trabajo.

Yo venía de Cali y todo aquello era nuevo para mí.

Pero poco a poco fui agarrando el ritmo.

Lo que más me gustaba era que el jefe respetaba el acuerdo que habíamos hecho.

Yo trabajaba durante la mañana y después tenía tiempo para estudiar.

Apenas terminaba mi jornada, llegaba al apartamento, me bañaba y salía para el colegio.

Y ahí comenzaba otra batalla.

Estudiar después de varias horas de trabajo era pesado.

A veces sentía que los ojos se me cerraban solos.

—Steven, ¿entendiste?

—Sí, profe.

Mentía.

A veces no había entendido absolutamente nada.

Pero preguntaba.

No quería volver a perder otro año.

Quería demostrarme a mí mismo que podía terminar lo que había dejado a medias.

Cuando finalmente llegaba a mi apartamento por la noche, estaba destruido.

Dejaba la mochila en una esquina, me quitaba los zapatos y me tiraba sobre la cama.

—Estoy vuelto nada.

Pero había algo que siempre esperaba.

La llamada de Dailyn.

Todos los días me llamaba.

A veces yo ni siquiera alcanzaba a quitarme la ropa del colegio cuando el celular empezaba a sonar.

Miraba la pantalla y sonreía.

Dailyn.

Contestaba.

—Hola, hermanita.

—¿Cómo estás?

—Cansado.

—Eso ya me lo imagino. ¿Cómo te fue hoy?

—Bien.

—¿Qué hiciste?

—Trabajé toda la mañana y después fui a estudiar.

—¿Y entendiste algo?

—Más o menos.

Ella soltaba una carcajada.

—¡Ay, Steven!

—¿Qué?

—Vos sí sos terco.

—Estoy intentando recuperar el año.

—Y lo vas a recuperar.

—Eso espero.

—No. No es "eso espero". Lo vas a hacer.

Me gustaba escucharla decir esas cosas.

Dailyn había estado conmigo durante mis peores momentos.

Cuando murió Valeria, ella estuvo ahí.

Cuando yo no quería salir de mi habitación, ella insistía.

Cuando no quería hablar con nadie, ella me llamaba.

Y ahora, desde Cali, seguía estando pendiente de mí.

—¿Ya comiste? —me preguntaba.

—Sí.

—¿Qué comiste?

—No sé.

—¿Cómo que no sabés?

—Algo.

—Steven, no podés vivir de "algo".

—Bueno, bueno. Mañana como mejor.

—Eso espero.

Yo sonreía.

—¿Y vos qué hiciste hoy?

Entonces ella me contaba sus cosas.

Podíamos durar horas hablando.

A veces hablábamos de cosas serias.

Otras veces nos reíamos de cualquier bobada.

Y había noches en las que simplemente nos quedábamos callados.

No era un silencio incómodo.

Era de esos silencios en los que uno sabe que la otra persona sigue ahí.

Una noche, mientras hablábamos, Dailyn me preguntó:

—¿Todavía extrañás a Valeria?

Me quedé callado unos segundos.

—Sí.

—¿Mucho?

—Sí.

—¿Y cómo te sentís cuando pensás en ella?

Miré hacia la ventana.

—Antes sentía que me iba a morir del dolor.

—¿Y ahora?

—Ahora me duele, pero puedo respirar.

Dailyn guardó silencio.

—Eso significa que estás avanzando.

—Creo que sí.

—Estoy orgullosa de vos.

Sonreí.

—Gracias, Daily.

—No me tenés que agradecer.

—Sí tengo.

—¿Por qué?

—Porque si no fuera por vos, quién sabe dónde estaría ahora.

—No digás eso.

—Es verdad.

—Vos también hiciste tu parte.

Me quedé pensando.

Tal vez tenía razón.

Yo había decidido levantarme.

Yo había decidido irme.

Yo había decidido trabajar.

Yo había decidido estudiar.

Pero cada vez que sentía que no podía más, Dailyn estaba al otro lado del teléfono.

—Bueno, hermanita —le dije una noche—. Creo que ya me voy a dormir.

—¿Estás muy cansado?

—Muchísimo.

—Entonces descansá.

—Mañana me toca otra vez.

—Y mañana también me llamás.

—¿Vos no sos la que me llama todos los días?

—Pues sí.

—Entonces no tengo escapatoria.

Ella se rio.

—Exactamente.

Sonreí.

—Buenas noches, Daily.

—Buenas noches, Steven. Cuidate mucho.

—Vos también.

Colgué.

Dejé el celular sobre la mesa y me acosté.

Estaba fundido.

Pero antes de cerrar los ojos pensé en algo.

Hacía mucho tiempo que no terminaba un día sintiéndome orgulloso de mí mismo.

Quizá todavía estaba lejos de sanar completamente.

Pero estaba estudiando.

Estaba trabajando.

Estaba viviendo.

Y, aunque Valeria siempre tendría un lugar en mi corazón, finalmente estaba aprendiendo que continuar no significaba olvidarla.

Significaba seguir adelante llevando su recuerdo conmigo.

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Flickr Mary Soly
Que chica boba que no quiere progresar
Luna de plata
❤️
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