este es una novela que habla de una chica que es en el salón de clases es muy tranquila pero afuera es todo lo contrario y además tiene a tres chicos y se queda con los tres por eso el nombre
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Capítulo 10: El nombre prohibido
El silencio en la habitación era absoluto.
No el tipo de silencio que calma.
Sino el que anuncia algo peor.
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Valentina sostenía el dispositivo en su mano.
Sin moverse.
Sin parpadear.
Repasando una y otra vez el nombre que acababa de aparecer en la pantalla.
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—No puede ser… —repitió, esta vez más bajo.
Mateo, aún débil, la observaba desde la cama.
—Sabes que sí.
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Y ese era el problema.
Lo sabía.
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Porque ese nombre…
No pertenecía a un enemigo lejano.
Ni a una figura desconocida.
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Pertenecía a alguien de su pasado.
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Alguien que había estado allí…
Antes de que todo cambiara.
Antes de la desaparición.
Antes de la oscuridad.
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Valentina cerró los ojos un segundo.
Y los recuerdos llegaron.
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Un despacho.
La voz de su padre.
Una figura de pie junto a él.
Siempre presente.
Siempre leal.
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O eso creían.
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—Él no haría esto… —murmuró.
Pero la duda ya estaba ahí.
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Mateo negó lentamente.
—Las personas cambian.
Valentina apretó el dispositivo en su mano.
—No así.
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Silencio.
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Pero en el fondo…
Una parte de ella sabía la verdad.
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—¿Quién es? —preguntó Mateo.
Valentina tardó en responder.
Como si decirlo en voz alta lo hiciera real.
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—Santiago Ledesma.
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El aire se volvió más pesado.
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Mateo frunció el ceño.
—El socio de tu padre.
Valentina asintió.
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Santiago Ledesma.
El hombre que había sido la mano derecha de su padre.
El único que conocía cada detalle del imperio.
El único que desapareció la misma noche.
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El único…
Que podría haberlo destruido todo desde dentro.
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—Si él está detrás de esto… —dijo Mateo— entonces nunca perdiste el control.
Valentina levantó la mirada.
—Me lo arrebataron.
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Y esa diferencia…
Lo cambiaba todo.
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Esa noche…
No hubo planificación.
No hubo estrategia larga.
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Solo un objetivo.
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Encontrarlo.
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Valentina se puso de pie.
Su mirada ya no tenía dudas.
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—Prepárate —ordenó.
—¿Para qué?
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Ella no dudó.
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—Para la verdad.
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Mientras tanto…
En una casa aislada en las afueras de la ciudad…
Santiago Ledesma observaba la lluvia caer.
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Tranquilo.
Paciente.
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Como alguien que había esperado mucho tiempo.
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—Ya lo sabes… ¿verdad? —murmuró.
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Una leve sonrisa apareció en su rostro.
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—Siempre fuiste inteligente, Valentina.
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Se giró hacia una mesa.
Sobre ella…
Una fotografía.
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Valentina.
Cuando era más joven.
Sonriendo.
Inocente.
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—Pero no lo suficiente.
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La tomó entre sus manos.
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—Aún no entiendes lo que realmente pasó esa noche.
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La dejó nuevamente sobre la mesa.
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—Y cuando lo descubras…
Su mirada se volvió fría.
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—Va a ser demasiado tarde.
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Al día siguiente…
La ciudad seguía con su ritmo habitual.
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Pero para cuatro personas…
Nada era normal.
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Adrián recibió un informe nuevo.
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Un nombre.
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Santiago Ledesma.
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—Así que este es el fantasma… —murmuró.
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Thiago escuchó el mismo nombre horas después.
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—Esto ya no es solo interesante… —dijo—. Es peligroso.
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Lautaro…
No necesitó informes.
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Ya lo sabía.
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—Todo encaja… —susurró.
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Porque había seguido el rastro.
Porque había visto las grietas.
Porque había entendido algo antes que los demás.
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Esto nunca fue solo sobre la Sombra Carmesí.
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Fue sobre lo que ocurrió antes de que ella existiera.
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Y ahora…
El pasado había vuelto.
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Esa noche…
Valentina llegó al lugar.
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Una casa aislada.
Silenciosa.
Oscura.
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Demasiado perfecta.
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—Es una trampa —dijo Mateo.
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Valentina bajó del auto.
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—Lo sé.
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—Entonces no entres.
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Ella lo miró.
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Y sonrió levemente.
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—Tengo que hacerlo.
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Porque algunas respuestas…
No se encuentran desde lejos.
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Se enfrentan.
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Caminó hacia la puerta.
Sin miedo.
Sin duda.
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Y cuando la abrió…
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La voz la esperaba.
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—Sabía que vendrías.
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Valentina se detuvo.
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Ahí estaba.
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Santiago Ledesma.
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Más viejo.
Pero igual de imponente.
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Igual de peligroso.
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—Terminemos esto —dijo ella.
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Él sonrió.
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—Oh, Valentina…
Hizo una pausa.
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—Esto recién empieza.
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La puerta se cerró detrás de ella.
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Y con ese sonido…
El pasado y el presente chocaron.
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Sin posibilidad de escape.
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Porque algunas verdades…
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No solo destruyen imperios.
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También destruyen a quienes las descubren.
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Continuará…