En un mundo donde la magia determina el valor de una persona, Eryan ha aprendido desde pequeño que sobrevivir es más importante que vivir.
Abandonado cuando apenas era un bebé, terminó en el Orfanato Santa Lucía, un lugar que aparentaba proteger a niños sin familia. Pero detrás de sus enormes puertas se escondía una realidad mucho más cruel: los niños eran vendidos como esclavos a nobles, mercenarios y organizaciones clandestinas.
Eryan creció entre golpes, hambre, miedo y trabajos que ningún niño debería conocer.
Sin embargo, desde que tiene memoria, hay algo extraño en él.
Cuando siente miedo, las sombras se mueven.
Cuando se enfada, el espacio parece romperse.
Y algunas noches escucha una voz que le susurra:
«Este mundo no es tu hogar.»
A los diez años, Eryan descubre accidentalmente un secreto que cambiará su vida para siempre.
Existen otras dimensiones.
Durante años creyó que el mundo en el que vivía era el único que existía. Ahora sabe que hay incontables mundos....
NovelToon tiene autorización de Rosearia para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 5 — El niño detrás de la pared
La mañana comenzó con silencio.
Demasiado silencio.
Eryan abrió los ojos antes de que sonara la campana y permaneció inmóvil durante varios segundos.
No había olvidado lo ocurrido la noche anterior.
La piedra.
La luz violeta.
La voz.
Y, sobre todo, la expresión de la directora.
Nunca había visto a Madame Elira asustada.
Ni siquiera cuando algún niño se enfermaba gravemente o cuando uno de los cuidadores cometía un error.
Siempre parecía tener el control.
Pero la noche anterior había sido diferente.
Eryan se sentó en la cama.
Miró a Lina.
Ella todavía dormía.
El niño bajó la mirada hacia sus manos.
No había ninguna luz.
Nada extraño.
Solo sus dedos.
—Quizá fue un sueño...
Lo dijo en voz baja.
Pero sabía que no lo había sido.
Había sentido el calor de la piedra.
Había visto aquella ciudad desconocida.
Y había escuchado una voz.
Eryan se levantó.
Se vistió rápidamente y salió del dormitorio.
El pasillo estaba casi vacío.
Caminó hasta la ventana.
Desde allí podía verse Arven despertando lentamente.
El cielo tenía un tono naranja.
Las montañas de Vhalor se alzaban en el horizonte.
Eryan las observó.
Algún día quería cruzarlas.
Pero todavía no sabía que antes de llegar a ellas tendría que enfrentarse a algo mucho más cercano.
---
La campana sonó.
Los niños comenzaron a bajar al comedor.
Eryan se sentó junto a Lina.
Ella tenía una expresión seria.
—¿Dormiste?
—Un poco.
—Yo tampoco.
Eryan la miró.
—¿Por qué?
Lina bajó la voz.
—Pensaba en lo que dijo Aldren.
—¿Los otros mundos?
Ella asintió.
—¿Crees que existen?
Eryan observó su desayuno.
—No lo sé.
—¿Y tú?
—¿Qué?
—¿Tú crees que existen?
Eryan tardó unos segundos.
—Después de lo que vi ayer...
Lina lo miró fijamente.
—¿Qué viste?
Eryan estuvo a punto de responder.
Pero entonces la directora entró al comedor.
Los dos guardaron silencio.
Elira caminó entre las mesas.
No parecía diferente a otros días.
Pero cuando pasó cerca de Eryan, sus ojos se detuvieron en él durante un instante.
Después continuó caminando.
Eryan sintió que algo no estaba bien.
---
Después del desayuno, los niños fueron enviados a sus tareas.
Eryan recibió una tarea que no esperaba.
—Ve al almacén del ala oeste —ordenó una cuidadora—. Hay unas cajas que deben trasladarse.
Eryan asintió.
El ala oeste.
El mismo lugar donde había escuchado la voz del niño.
Caminó por el pasillo.
La puerta estaba cerrada.
Había dos hombres vigilándola.
Eryan fingió no prestar atención.
—Buenos días.
Los hombres apenas lo miraron.
—Ve al almacén.
Eryan obedeció.
Pero mientras caminaba, escuchó algo.
Un golpe.
Muy débil.
Toc.
Eryan se detuvo.
Miró hacia atrás.
Los guardias seguían allí.
Toc.
Esta vez lo escuchó claramente.
Venía de detrás de la pared.
Eryan continuó caminando.
No quería levantar sospechas.
Entró al almacén.
Había varias cajas.
Comenzó a moverlas.
Pero su mente estaba en otra parte.
El niño seguía allí.
Encerrado.
Y quizá nadie iba a ayudarlo.
Eryan miró la pared.
—Tengo que volver.
---
Pasó toda la mañana trabajando.
Al mediodía, encontró a Lina.
—Tenemos que volver al ala oeste.
Ella abrió los ojos.
—¿Por qué?
—Escuché otra vez al niño.
Lina miró alrededor.
—¿Estás seguro?
—Sí.
—Entonces tenemos que saber cómo entrar.
Eryan asintió.
—Esta noche.
—¿Otra vez?
—Sí.
Lina suspiró.
—Algún día nos van a descubrir.
—Lo sé.
—Y ese día probablemente nos castiguen.
—Lo sé.
—Y quizá nos encierren.
Eryan la miró.
—Lo sé.
Lina cruzó los brazos.
—Me estás poniendo nerviosa.
Eryan sonrió.
—Lo siento.
Ella terminó sonriendo también.
—Está bien.
---
La noche llegó.
Los niños fueron a dormir.
Eryan esperó.
Esta vez no quería entrar por el pasillo principal.
Recordó que detrás de la biblioteca existía una pequeña puerta que conducía a un corredor antiguo.
Según Aldren, aquella parte del edificio llevaba años sin utilizarse.
Eryan y Lina salieron del dormitorio.
Caminaron en silencio.
Llegaron a la biblioteca.
La puerta estaba abierta.
Entraron.
Eryan encendió una pequeña lámpara.
—¿Dónde está?
Lina señaló una estantería.
—Aldren dijo que había un pasadizo detrás de algunas estanterías antiguas.
Eryan comenzó a revisar.
Una.
Dos.
Tres.
Nada.
Finalmente encontró una estantería diferente.
Tenía una pequeña marca tallada en la madera.
El mismo símbolo.
El círculo.
Las tres líneas.
Eryan puso una mano sobre ella.
Nada ocurrió.
Lina susurró:
—Empuja.
Eryan lo hizo.
La estantería se movió lentamente.
Detrás había una puerta estrecha.
Los dos se miraron.
—¿Entramos?
Eryan tragó saliva.
—Sí.
Abrieron.
Un olor a humedad salió del interior.
El corredor era oscuro.
Caminaron lentamente.
Las paredes estaban cubiertas de polvo.
Había telarañas.
Y en algunos lugares, las piedras estaban rotas.
Después de unos minutos llegaron al final.
Una escalera descendía.
Eryan miró hacia abajo.
—Es debajo del edificio.
Lina apretó su mano.
—No me gusta esto.
—A mí tampoco.
Bajaron.
Uno.
Dos.
Tres escalones.
Hasta llegar a una puerta.
Eryan escuchó.
Silencio.
Después...
Toc.
El niño.
Eryan acercó el oído.
—¿Me escuchas?
Silencio.
—Soy yo.
Pasaron unos segundos.
—¿Eres el niño de ayer?
La respuesta llegó.
—Sí.
Lina se acercó.
—¿Cómo te llamas?
El niño permaneció callado.
—No tengo nombre.
Eryan sintió tristeza.
—Todos tienen un nombre.
—Aquí no.
—Entonces te pondremos uno.
Silencio.
—¿Cómo?
Eryan miró a Lina.
Ella sonrió.
—Tú decides.
Eryan pensó.
Después respondió:
—Kael.
El niño repitió lentamente.
—Kael...
—¿Te gusta?
—Sí.
Por primera vez, la voz sonó diferente.
Un poco más viva.
—Gracias.
Eryan miró la puerta.
—¿Puedes salir?
—No.
—¿Por qué?
—La puerta tiene magia.
Eryan sintió un escalofrío.
—¿Magia?
—Sí.
—¿Qué clase?
—No lo sé.
Eryan colocó una mano sobre la puerta.
Estaba fría.
Entonces sintió algo.
Un pequeño pulso.
Como si la puerta hubiera respondido a su contacto.
Eryan retiró la mano.
—¿Qué pasó?
Lina lo miró.
—Nada.
Pero Eryan sabía que había ocurrido algo.
---
De pronto escucharon pasos.
Los tres guardaron silencio.
Una voz masculina se escuchó al otro lado del corredor.
—¿Escuchaste algo?
Eryan apagó la lámpara.
Tomó la mano de Lina.
Los dos se escondieron detrás de una columna.
Dos hombres aparecieron.
Llevaban lámparas.
Uno de ellos se acercó a la puerta.
—¿Está todo bien?
—Sí.
—¿Y los niños?
—Siguen ahí.
Eryan sintió un nudo en el estómago.
Los hombres se marcharon.
Esperaron varios minutos.
Cuando estuvieron seguros de que se habían ido, Eryan regresó junto a la puerta.
—Kael.
—Sí.
—Vamos a volver.
—¿Cuándo?
Eryan no sabía.
—Pronto.
—¿Lo prometes?
Eryan miró la puerta.
—Lo prometo.
---
Regresaron a la biblioteca.
Cuando cerraron la estantería, encontraron a alguien esperándolos.
Aldren.
El anciano estaba sentado en una silla.
No parecía sorprendido.
—Sabía que algún día encontrarían esa puerta.
Eryan se quedó inmóvil.
—¿Tú sabías que estaba ahí?
—Sí.
—¿Y por qué no nos dijiste?
Aldren suspiró.
—Porque algunas puertas están cerradas por una razón.
Lina se acercó.
—Hay un niño allí.
Aldren cerró los ojos.
—Lo sé.
Eryan sintió rabia.
—Entonces, ¿por qué no haces nada?
El anciano lo miró.
—Porque no tengo poder para enfrentarme a quienes controlan este lugar.
Eryan apretó los puños.
—Entonces ayúdanos.
Aldren permaneció en silencio.
Finalmente se levantó.
—Hay algo que debes saber.
—¿Qué?
—El orfanato no siempre fue un orfanato.
Eryan lo miró.
—¿Qué quieres decir?
—Hace muchos años, este edificio perteneció a una organización dedicada a estudiar la magia.
—¿Los Guardianes del Umbral?
Aldren abrió los ojos.
—¿Quién te habló de ellos?
—Tú.
—No.
Aldren negó lentamente.
—Yo nunca te conté ese nombre.
Eryan sintió un escalofrío.
Tenía razón.
Aldren había hablado de la organización, pero Eryan había visto el nombre en el libro.
—Lo leí.
Aldren suspiró.
—Entiendo.
Se acercó a una estantería.
Sacó otro libro.
—Los Guardianes desaparecieron hace mucho tiempo.
—¿Pero qué tiene que ver eso con el orfanato?
Aldren miró hacia la puerta.
—Debajo de este edificio hay algo que ellos construyeron.
—¿Qué?
—No lo sé.
—¿Entonces por qué lo protegen?
—Porque algunas personas creen que todavía funciona.
Eryan recordó la piedra.
La luz violeta.
La imagen de la ciudad desconocida.
—¿Qué significa el símbolo?
Aldren lo miró directamente.
—Una puerta.
Eryan sintió un escalofrío.
—¿Una puerta hacia dónde?
Aldren bajó la voz.
—Eso es lo que nadie ha conseguido descubrir.
---
Cuando Eryan regresó a su habitación, no podía dormir.
Lina ya estaba acostada.
—¿Sigues despierta?
—Sí.
Eryan se acostó.
Durante unos minutos ninguno habló.
Finalmente Lina preguntó:
—¿Crees que podremos sacar a Kael?
Eryan miró el techo.
—Sí.
—¿Cómo?
—No lo sé.
—Eso no parece un buen plan.
Eryan sonrió.
—Ya encontraremos uno.
Lina cerró los ojos.
—Buenas noches.
—Buenas noches.
Eryan permaneció despierto.
Pensó en Kael.
Pensó en la puerta.
Pensó en Aldren.
Y entonces recordó algo.
La piedra que había encontrado.
Metió la mano debajo de la almohada.
La sacó.
Estaba fría.
Pero cuando Eryan la sostuvo...
Comenzó a brillar.
Muy débilmente.
Violeta.
Eryan contuvo la respiración.
La luz aumentó.
Durante un instante apareció una imagen.
Una enorme puerta.
No estaba en el orfanato.
Estaba en algún lugar desconocido.
Frente a ella había una figura.
Una persona encapuchada.
Eryan no podía ver su rostro.
Entonces la figura levantó la cabeza.
Y pareció mirarlo directamente.
La imagen desapareció.
La piedra volvió a quedar oscura.
Eryan permaneció inmóvil.
No sabía quién era aquella persona.
Pero estaba seguro de algo.
Aquella figura no estaba dentro del orfanato.
Ni siquiera estaba en Arven.
Y, por alguna razón...
parecía estar esperando a Eryan.
.....