"Tras ser abandonada bajo la lluvia, cruza la puerta del hombre más temido de la ciudad para cuidar a su sobrino, desatando una obsesión tan cruda que está dispuesta a quemarlo todo."
NovelToon tiene autorización de Mi Autoria para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 21: El sello del depredador (Perspectiva de Matteo)
Me levanté temprano, mucho antes de que el sol terminara de despuntar sobre los muelles del puerto. Antes de bajar a desayunar con Leo, reuní al chofer principal y a uno de mis hombres de confianza de mayor discreción en el pasillo privado.
—Hoy la señorita Katherine saldrá a visitar a su familia —les ordené con voz baja y gélida, apoyando una mano sobre la barandilla—. Irán con ella. El chofer la llevará y la traerá de regreso a la hora exacta que ella estipule, ni un segundo más tarde. Y tú —miré fijamente al hombre de seguridad—, te mantendrás en las sombras. La escoltarán sin que ella lo note, asegurándose de que nadie se le acerque de más, y vigilarán cada movimiento en las inmediaciones de la casa de su madre. Si alguien intenta faltarle al respeto, desaparezcan al infeliz. ¿Quedó claro?
—Perfectamente, jefe —respondieron ambos al unísono, asintiendo con la cabeza antes de retirarse a preparar los vehículos.
Terminé de arreglarme la camisa y, antes de marcharme a la empresa, hice una llamada corta al intercomunicador interno para que le avisaran a Katherine que pasara por mi estudio privado antes de desayunar.
Pocos minutos después, la puerta se abrió con suavidad y ella entró. Lucía un vestido sencillo pero limpio, con el cabello recogido y los ojos brillando con la ilusión contenida de ver a los suyos.
—Buenos días, Katherine —le dije, levantándome del escritorio para recibirla—. Ya está todo preparado para tu salida. El chofer estará esperando a la hora acordada. Pensaba... dime, ¿quieres llevarle algún presente a tu hermana menor y a tu madre? Podríamos encargar algo de camino o...
Katherine dudó un instante, jugueteando nerviosa con las manos antes de responder con timidez:
—No es necesario que gaste en eso, señor Montenegro... pero pensaba que tal vez, si pasábamos cerca de alguna librería, podría comprarle algún libro de pedagogía o de apoyo escolar a mi hermana. Ahora que tengo la posibilidad de ganar un salario, de verdad quería...
Antes de que pudiera terminar de formular la idea, sacudí la cabeza y me adelanté un paso.
—No tienes que comprar nada. Sube a la biblioteca de la mansión y llévate todos los libros que quieras para ella. Hay ediciones exclusivas y manuales avanzados que le servirán.
Katherine abrió los ojos con sorpresa y negó de inmediato con la cabeza, retrocediendo un paso por pena.
—No, no puedo hacer eso... son libros suyos, de su casa, sería un atrevimiento...
Insistí, dando un paso más hacia ella, acortando la distancia en el estudio hasta que pude percibir el sutil aroma a jabón limpio de su piel.
—Quiero hacerlo ,mejor en manos de alguien que realmente los valore y los utilice, en lugar de dejarlos ahí juntando polvo en los estantes —le dije con voz firme, mirándola directo a los ojos—. Tómalos prestados si eso hace que tu orgullo se sienta mejor, pero te los vas a llevar.
Katherine se quedó en silencio, conteniendo el aliento ante mi cercanía, y finalmente cedió con un susurro:
—Está bien... solo los tomaré prestados. Gracias.
—Espera un segundo, no te marches aún —le ordené antes de que pudiera girarse hacia la puerta.
Caminé hacia el cajón secreto del escritorio, saqué una pequeña caja de terciopeles oscuros y la abrí. En su interior descansaba un juego de gargantilla y aretes de oro blanco con pequeños diamantes incrustados, una pieza delicada pero imponente.
Tomé el collar entre mis dedos y di un paso más hacia ella.
—Es para ti —le dije, observando cómo su respiración se aceleraba de golpe—. Una mujer hermosa, que lleva mi apellido de alguna u otra forma y que va de visita a la casa de su madre, debe verse radiante, hermosa y feliz. Que la gente de su barrio sepa exactamente a qué mundo pertenece ahora.
Vi perfectamente cómo su garganta se movía al tragar saliva, abrumada por el peso del regalo y de mis palabras. Extendí la mano con la gargantilla, tendiéndosela con una orden implícita.
—Tómala... o la tiraré a la basura. Sabes que no acepto un no por respuesta.
Katherine, con las manos ligeramente temblorosas, cedió. Dio media vuelta, dándome la espalda para que pudiera abrochar el broche.
Me acerqué con cuidado, sintiendo el calor de su nuca. Le aparté suavemente el cabello castaño hacia un lado, exponiendo su piel clara, y le pasé la fría cadena de oro blanco alrededor del cuello, ajustando el cierre con precisión. Al rozar con la yema de mis dedos la piel de su cuello, vi cómo la nuca entera se le erizaba y tuvo que aferrarse al borde del escritorio para sostenerse.
Me incliné apenas un milímetro hacia su oído, sintiendo el aroma de su piel, y le susurré con voz ronca:
—Perfecto.
Tuve que contener cada músculo de mi cuerpo, frenar el instinto salvaje que me gritaba que la tomara ahí mismo contra la madera y la mordiera con fuerza para marcarla como mía.
Katherine se giró de inmediato, con los ojos muy abiertos por el impacto de la tensión, y murmurando un débil "gracias", se retiró apresurada del estudio.
Me quedé solo en el despacho. Me dejé caer en el sillón de cuero, cerré los ojos y pasé las manos por mi rostro. Me quedé una hora entera encerrado en ese lugar, con la sangre hirviendo en las venas, antes de finalmente levantarme para ir a trabajar. El juego apenas comenzaba, y su visita de hoy iba a ser la prueba de fuego de que ya no le pertenecía a nadie más.