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Dueño De Todas, Esclavo De Una

Dueño De Todas, Esclavo De Una

Status: En proceso
Genre:Romance
Popularitas:4k
Nilai: 5
nombre de autor: liligacaño

A sus 36 años, Alessandro De Luca es el heredero del imperio de moda más importante de Italia. Dueño de una prestigiosa agencia de modelos con sedes en Milán y Colombia, vive rodeado de lujo, poder y mujeres. Es un hombre frío, arrogante y mujeriego. Ninguna mujer ha logrado conquistar su corazón.
Desde niño, su padre decidió su futuro. Lo comprometió con Bianca Conti, una reconocida modelo italiana e hija de su mejor amigo y socio de la empresa. Para Alessandro, Bianca nunca ha sido el amor de su vida, solo la mujer perfecta para mantener la imagen de la familia ante la alta sociedad.
Antes de entregarle el control absoluto del imperio familiar, su padre le impone una última condición:
—Si quieres convertirte en el único dueño del Grupo De Luca, tendrás que casarte con Bianca. De lo contrario, jamás recibirás la presidencia ni la totalidad de la herencia.
Lo que Alessandro desconoce es que Bianca nunca ha permanecido a su lado por amor. La fortuna de su familia ha desaparecido y están

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Capítulo 16 miradas que delatan

Alessandro

La conversación en la mesa seguía entre risas y brindis.

Por momentos olvidaba por completo que había llegado acompañado.

Toda mi atención estaba puesta en Valentina.

Escucharla reír, verla bromear con Juliana y participar en las conversaciones me resultaba sorprendentemente agradable.

—Definitivamente eres diferente —le dije sin pensar.

Ella levantó una ceja.

—¿Eso es un cumplido?

—Tómalo como quieras.

Sonrió con esos hoyuelos que comenzaban a volverme loco.

En ese momento una voz interrumpió la conversación.

—¿Alessandro?

Giré el rostro.

Era Lina .

Tenía los brazos cruzados y una expresión que dejaba claro que no estaba nada contenta.

—Así que aquí estabas.

Marco me miró de reojo, aguantándose la risa.

Me puse de pie.

—Lina...

—Llevo casi una hora buscándote por toda la discoteca.

Todos en la mesa guardaron silencio.

Valentina observó la escena con tranquilidad, sin decir una sola palabra.

—Pensé que habías ido al baño —continuó Lina—. Después me dijeron que te habían visto por aquí... pero nunca imaginé que ibas a dejarme sola para venir a sentarte con otra mesa.

Su tono dejaba ver claramente los celos.

Respiré hondo.

—No fue mi intención dejarte sola.

—¿Ah, no? Porque eso fue exactamente lo que hiciste.

Marco decidió intervenir.

—Lina, tranquila. Solo vinimos a saludar a unos amigos.

Ella ni siquiera lo miró.

Sus ojos seguían clavados en mí.

—¿Y piensas volver a la mesa o prefieres quedarte aquí?

Antes de que pudiera responder, Valentina habló con una sonrisa amable.

—No se preocupe. Nosotros ya estábamos por ir a bailar otra vez.

Lina la miró de arriba abajo.

—Qué considerada.

Noté el tono de la respuesta y no me gustó.

—Lina —dije con firmeza—. No tienes por qué hablarle así.

Ella abrió mucho los ojos.

—¿Ahora también la defiendes?

El ambiente se volvió incómodo.

Juliana cruzó los brazos.

—Creo que nadie le ha faltado al respeto aquí.

Lina soltó una risa irónica.

—No estoy hablando contigo.

Antes de que Juliana respondiera, Valentina puso una mano sobre su brazo para detenerla.

—Déjalo así.

Luego se levantó de la silla y miró a Alessandro.

—Señor De Lucca, muchas gracias por el baile. Nosotros vamos a seguir disfrutando la noche.

Asentí, sintiéndome incómodo por la escena.

—Valentina...

Ella solo sonrió con educación.

—Nos vemos el lunes en la agencia.

Tomó a Juliana de la mano.

—Vamos.

Las dos caminaron hacia la pista de baile junto con los demás modelos.

Las seguí con la mirada hasta que desaparecieron entre la gente.

Sentí una extraña sensación de vacío.

Lina suspiró con molestia.

—¿Ya podemos volver?

Aparté la vista de Valentina y respondí con frialdad.

—Sí... volvamos.

Pero, aunque regresé a la mesa donde había empezado la noche, mi cabeza seguía en otro lugar.

Y ese lugar tenía nombre.

Valentina.

Alessandro

Regresé a la mesa junto a Lina.

Ella seguía molesta y era evidente.

Se sentó a mi lado, cruzó las piernas y tomó una copa de vino.

—Pensé que esta noche la pasaríamos juntos.

La miré unos segundos.

—Y la estamos pasando juntos.

Ella soltó una risa sin humor.

—No me hagas reír. Desde que viste a Valentina no has dejado de mirarla.

No respondí.

Porque, por primera vez en mucho tiempo, no tenía una excusa que sonara convincente.

Marco carraspeó, intentando cambiar el ambiente.

—¿Pedimos otra botella?

—Sí, claro —contestó Lina sin apartar la vista de mí.

Mientras el mesero atendía el pedido, no pude evitar buscar a Valentina con la mirada.

Seguía en la pista.

Reía con Juliana y los demás modelos mientras bailaban despreocupados.

Sonreí sin darme cuenta.

—Increíble... —murmuró Lina.

La miré.

—¿Qué pasa?

—Jamás había visto que una mujer te ignorara tanto.

Marco bajó la cabeza para ocultar una sonrisa.

—¿Perdón?

—Sí, Alessandro. Normalmente eres tú quien tiene a todas las mujeres detrás. Pero con ella pasa al revés... eres tú quien la sigue con la mirada.

Suspiré.

—Estás imaginando cosas.

—¿De verdad?

No respondí.

Porque, en el fondo, sabía que tenía razón.

En ese momento Valentina levantó la vista desde la pista.

Nuestras miradas volvieron a encontrarse.

Ella sonrió con educación antes de seguir bailando.

Ese pequeño gesto bastó para que mi pecho se sintiera extrañamente ligero.

Lina dejó la copa sobre la mesa con un poco más de fuerza de la necesaria.

—¿Sabes qué? Ya entendí todo.

Fruncí el ceño.

—¿Qué entendiste?

—Que esa modelo nueva te interesa.

Marco cerró los ojos por un instante.

Sabía perfectamente que la conversación iba por mal camino.

—Lina, basta.

—No. Quiero saber una cosa.

Se inclinó un poco hacia mí.

—¿Vale la pena hacerme a un lado por ella?

La observé unos segundos.

Nunca le había prometido nada.

Siempre había sido claro con ella desde el principio.

—Tú sabes que entre nosotros nunca ha habido un compromiso.

Lina sonrió con tristeza.

—Sí... lo sé.

Se puso de pie, tomó su bolso y acomodó su cabello.

—Entonces creo que ya no tengo nada que hacer aquí.

Marco también se levantó.

—¿Quieres que te pidamos un taxi?

Ella negó con la cabeza.

—No hace falta. Yo me voy.

Antes de alejarse, volvió a mirarme.

—Solo espero que esa chica realmente valga la pena.

No respondí.

La vi perderse entre la gente hasta desaparecer.

Marco soltó un largo suspiro.

—Creo que eso era inevitable.

Asentí lentamente.

—Puede ser.

Él sonrió de lado.

—Bueno... ahora ya no tienes excusas.

Lo miré confundido.

—¿Excusas para qué?

Marco señaló discretamente hacia la pista.

Valentina estaba riéndose con Juliana mientras sonaba otra canción.

—Ve a bailar otra vez con ella.

Negué con una sonrisa.

—No quiero parecer desesperado.

Marco soltó una carcajada.

—Amigo... creo que ya es un poco tarde para eso.

Marco soltó una carcajada.

Sonreí de lado y negué con la cabeza.

—Sabes muy bien que solo lo hago para ganarte la apuesta. Ella podrá hacerse la difícil, pero al final sé que va a caer.

Marco arqueó una ceja y soltó una risa.

—Si tú lo dices...

Mientras tanto, al otro lado de la pista, Juliana y Valentina seguían bailando al ritmo de la música. Reían, daban vueltas y disfrutaban de la noche sin preocuparse por nada más.

Juliana se acercó un poco para poder hablarle por encima del volumen de la música.

—¿Ves cómo te mira Alessandro?

Valentina soltó una pequeña risa.

—Ay, Juli, otra vez con eso...

—Es en serio. Yo, en tu lugar, le seguiría el juego. Después de todo lo que te hizo ese noviecito tuyo, hasta podría servirte para sentirte un poco mejor.

Valentina negó con la cabeza mientras seguía bailando.

—Sigues con lo mismo. Además, ¿no viste que vino acompañado de Lina? Seguro solo se acercó por educación.

Juliana hizo un gesto de incredulidad.

—¿Educación? Lo único que vi fue que le dijo mentiras a Lina para poder acercarse a ti y quedarse en nuestra mesa.

Valentina volvió a reír.

—Sí, claro... tú ves películas donde no las hay.

—No son películas. ¿Acaso no notas cómo coquetea contigo? No deja de buscarte con la mirada.

Valentina se encogió de hombros.

—¿Y eso qué? Él es así con todas.

—Tal vez antes sí... pero contigo es diferente.

Valentina guardó silencio por unos segundos.

Juliana sonrió con picardía y le dio un pequeño codazo.

—Relájate y disfruta. Eso sí, no le entregues el corazón. Tú todavía tienes a tu "pedazo de novio"... aunque yo sigo diciendo que no te merece.

Valentina soltó una carcajada.

—Eres imposible.

—Lo sé.

Las dos siguieron bailando entre risas, dejando que la música se llevara cualquier conversación incómoda.

Sin embargo, aunque Valentina intentaba convencerse de que Juliana exageraba, en el fondo no podía evitar preguntarse por qué, cada vez que levantaba la vista, encontraba los ojos de Alessandro puestos sobre ella.

1
Genesis Paez
Que historia tan mala, pura habladera de paja
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