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El Corazón del Villano

El Corazón del Villano

Status: Terminada
Genre:Timetravel / Reencarnación / Reencarnación(época moderna) / Completas
Popularitas:493
Nilai: 5
nombre de autor: sang senja

Amelia Geraldi fue la princesa de la mafia más temida de su país. Pero una noche, después de leer hasta el amanecer una novela sin remitente, se quedó dormida... y despertó en el cuerpo de la secundaria que muere en el primer acto.

Ahora es Amelia Sandoval, una chica de diecisiete años con cara de muñeca, una familia que ya no la reconoce y una protagonista de lágrimas fáciles que se las arregla para que todos la compadezcan. Peor aún: el hombre que mandó a matar a su nueva identidad sigue ahí. Adrián William, el villano de la historia, frío, brillante y obsesionado con proteger a la heroína, la tiene en su lista negra.

Lástima para él. Esta vez, la presa sabe disparar.

Entre pistolas, intrigas escolares y un tigre blanco que ya muerde, Amelia decide reescribir el final que odió. Lo que no esperaba era que el mismísimo villano empezara a mirarla a ella.

¿Quién cazará a quién cuando el corazón del villano esté en juego?

NovelToon tiene autorización de sang senja para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Misión fallida

Ese día, Adrián estaba decidido a visitar la casa de su amigo. Por supuesto, no iba solo a saludar. También quería encontrar la manera de hacerle daño a Amelia.

Sebas lo recibió con calidez. Al pasar por la sala de estar, la mirada de Adrián se clavó en la persona a la que llevaba tiempo queriendo quitarse de encima.

Amelia.

La chica veía muy concentrada su dorama favorito. Sobre la mesa tenía un montón de botanas para acompañar la tarde, y estaba tan metida en el momento que ni siquiera notó la presencia de Adrián.

Al verla, él esbozó una sonrisa burlona. En sus ojos pasó un destello de asco y repulsión.

Ahora tu vida debe de parecerte muy cómoda.

Lograste montar tu teatrito barato hasta conseguir que echaran a Sofía de esta casa.

Pero ya veremos cuánto te dura la tranquilidad.

Porque tu Ángel de la Muerte está por pasar a buscarte.

Las palabras solo resonaron dentro de su cabeza. Enseguida siguió a Sebas rumbo a su habitación.

Lo que Adrián no vio fue que Amelia alcanzó a captar aquel destello malévolo dirigido a ella.

Como hija de un mafioso, Amelia estaba acostumbrada a vivir entre amenazas. Desde pequeña la habían entrenado para estar atenta a su entorno, sobre todo a lo que pudiera poner su vida en peligro.

Entrecerró los ojos.

¿Quién es ese tipo? ¿Por qué despide una intención asesina tan fuerte?

Intentó recordar, pero ninguno de los recuerdos de la dueña original incluía a ese hombre.

No hay nada sobre él en su memoria. Pero estoy segura de que lo que sentí fue sed de sangre.

Siguió con la vista la espalda de Adrián, que se alejaba.

¿Será Adrián? ¿El Ángel de la Muerte que provocó el accidente?

Cuanto más lo pensaba, más sentido tenía.

Si es él... qué mala suerte la mía. Mi Ángel de la Muerte resulta que anda a mi lado, paseándose como si nada.

Con razón el accidente salió tan perfecto.

Amelia sonrió apenas.

Será mejor que me ande con más cuidado.

* * *

Esa tarde, la casa de los Sandoval estaba muy silenciosa. Baltasar seguía en la oficina y su esposa, ocupada con su boutique. Sebas estaba en su cuarto, lidiando con las tareas de la universidad. Amelia, en el suyo.

Mientras tanto, Adrián estaba en la cocina.

Justo en ese momento pasó una empleada con una bandeja que traía fruta picada y un vaso de jugo de fresa.

—Oye, ¿eso para quién es? —preguntó él, como quien no quiere la cosa.

—Para la señorita Lia, joven —respondió la empleada, con educación.

—Ah, ya veo.

Adrián sonrió con amabilidad.

—¿Me haces un favor? Tráeme algo de tomar, por favor. Me muero de sed.

La empleada dudó.

—Espere un momento, joven. Primero le llevo esto a la señorita Lia.

—Es solo un segundo. De verdad me muero de sed. Anda, ayúdame.

Tras pensarlo un instante, la mujer terminó asintiendo.

—Está bien, joven.

Dejó la bandeja sobre la mesa y se fue hacia la cocina por la bebida.

En cuanto desapareció de su vista, la expresión de Adrián cambió de golpe. Sacó del bolsillo del pantalón un sobrecito de polvo y, con un movimiento ensayado, lo vació en el jugo de fresa de Amelia. El polvo se disolvió al instante, sin dejar rastro.

Adrián se alejó enseguida y fingió que no había hecho nada.

Poco después, la empleada volvió con un vaso para él.

—Aquí tiene, joven.

—Gracias.

La mujer asintió, recogió la bandeja con la fruta y el jugo y se la llevó al cuarto de Amelia. Adrián la vio alejarse con una sonrisa satisfecha.

Esta vez no te me escapas.

* * *

Mientras tanto, en su habitación, Amelia hojeaba un viejo álbum de fotos. Fue mirándolas una por una. Lo curioso era que había muchas más fotos de la dueña original con sus dos amigas que con su propia familia.

Suspiró bajito. Por lo que recordaba, los Sandoval habían descuidado demasiado a su hija. Por insoportable que hubiera sido su carácter, esa chica no merecía un trato tan frío. Quizá, si el accidente nunca hubiera ocurrido, esa familia jamás se habría dado cuenta de su error.

Toc, toc, toc.

—Con permiso, señorita. Le traigo lo que pidió.

La voz de la empleada llegó desde el otro lado de la puerta.

—Pasa y déjalo en la mesa.

—Sí, señorita.

La mujer dejó la bandeja y volvió a salir. Amelia sonrió un poco. Aunque tenía fama de caprichosa y de buscar problemas, la verdadera Amelia siempre había sido educada para respetar a los demás. La posición social nunca fue excusa para humillar a nadie. Por eso también los empleados de la familia la querían tanto.

Cuando fue a tomar el vaso de jugo de fresa, el olfato le captó un aroma que no era normal. Se quedó inmóvil. Entrecerró los ojos. Poco a poco, una sonrisa torcida se le dibujó en el rostro.

—Ja...

Mocoso de ayer. ¿Quieres jugar con los grandes?

Levantó el vaso para examinarlo.

No sabe que desde niña soy experta en reconocer venenos. Aunque el olor es muy leve.

Soltó una risita. ¿Cómo no iba a ser experta? Su segundo hermano era un médico genio, obsesionado con desarrollar todo tipo de medicinas y venenos. Desde pequeña la obligaron a reconocer cientos de ellos. Una vez, ese hermano había dejado paralizado a un hombre durante una semana solo por atreverse a tomar de la mano a su hermanita adorada. Por eso la capacidad de Amelia para detectar venenos estaba muy por encima de la de cualquier persona común. Incluso los que no huelen ni alteran el sabor muchas veces lograba identificarlos.

Ser la única hija de una familia mafiosa no era nada fácil. Los intentos de asesinato habían formado parte de su vida desde siempre: comida envenenada, autos bomba, francotiradores, secuestros. Había pasado por todo. Comparado con eso, lo de Adrián era un juego de niños.

Volvió a dejar el vaso. En sus ojos brilló un destello astuto.

—Así que decidiste atacar primero, Adrián. Lástima que escogiste al rival equivocado.

En vez de tirar el jugo, tomó su celular y fotografió el vaso desde varios ángulos. Luego sacó una bolsa de plástico transparente y lo guardó con cuidado.

Pruebas. En el mundo de la mafia, las pruebas eran el arma más valiosa. Y Amelia jamás desperdiciaba un arma que ya tenía en la mano.

Su sonrisa se ensanchó.

No. Sería demasiado fácil exponerlo ahora. El juego apenas empieza.

Sacó otro jugo del minibar de su cuarto y dejó a la vista, sobre la mesa, el vaso envenenado dentro de la bolsa. Quería que alguien lo viera. Quería que Adrián creyera que el veneno ya había hecho efecto.

Esa tarde bajó a la sala de estar. Sebas y Adrián seguían ahí, sentados juntos. Al ver aparecer a Amelia con la cara fresca y saludable, Adrián se quedó de piedra. Abrió los ojos de par en par y el rostro se le puso pálido.

No puede ser. El veneno ya debería estar haciendo efecto. Por lo menos tendría que verse mareada o con náuseas.

Pero la chica se veía perfectamente bien. Demasiado bien.

Amelia lo miró adrede unos segundos. Después sonrió con dulzura. Una sonrisa que le puso la piel de gallina a Adrián, porque por un instante sintió que lo observaba un depredador.

No una presa cualquiera.

Una cazadora.

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