La guerra entre Elarion y Drakhar ha durado años, pero, cuando el príncipe heredero de Drakhar se fija en la santa Sylvia, de Elarion, propone un tratado de paz, pero a cambio deben entregarle a la santa como concubina. Sylvia acepta esta condición para salvar a su nación, pero, no se imagina que, al entrar al palacio de Drakhar se encontrará con las amantes del príncipe heredero, pero, aunque ella no es fácil de intimidar, pronto descubre, que, en ese palacio, tiene un aliado más poderoso que el mismísimo emperador, el dragón rojo de la calamidad, que se ha liberado del control del príncipe heredero, y que, esta dispuesto a vengarse por usarlo como una maquina de guerra.
NovelToon tiene autorización de Arhuchim para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capitulo 02.
El dragón rojo de la calamidad, el arma más poderosa del príncipe heredero y del imperio de Drakhar. Si bien, era el dragón más poderoso, la familia real había encontrado la forma de controlarlo, al igual que a los otros dragones.
Con la ayuda de un mago oscuro, crearon una marca sagrada, que, obligaba al dragón de la calamidad a obedecer a quien portara dicha marca. Siendo en esta vez, el príncipe heredero el portador. Gracias a esto, lograba tener ventaja en la guerra que se estaba llevando a cabo.
Pero, recientemente, el dragón ha estado actuando diferente, se ha negado a obedecer, aun cuando usa la marca sagrada.
Y esa noche, no era la excepción, el dragón se había alejado de su campamento y el príncipe lo siguió hasta un bosque cercano al campamento enemigo. Fue ahí donde el príncipe vio a la santa, y quedo encantado con su belleza, aunque, antes de poder acercarse, llegaron a buscarla.
La segunda vez que pudo observarla, fue en el campo de batalla, y vio como fue capaz de enfrentar a un dragón ella sola. Claro, el príncipe no era el único que la observaba, a su lado, estaba el dragón de calamidad, quien también tenía su mirada fija en la joven albina.
Anteriormente también la había visto en el bosque, y ahora sabía lo que su "amo", quería, lo había escuchado todo, porque, ahora el dragón tenía conciencia, aunque, no es como si nunca la hubiera tenido, era solo que, su alma había desaparecido tras haber sido atado al pacto sagrado, siglos atrás, pero, ahora, ya había una nueva alma ocupando ese cuerpo, y al parecer, debido a esto, el pacto sagrado se ha debilitado.
Ahora, solo le faltaba romper por completo esa marca, y la clave es esa joven a la que llaman Santa. Y tal parece que conseguir acercarse a ella será más fácil de lo que creyó, ya que, su propio "amo", la traerá a Drakhar.
—¿donde esta esa maldita bestia?, quiero que lo encadenen y le den un buen castigo.— gritaba el príncipe heredero, Balthazar Thorne.
—su alteza, vi al dragón volar lejos, más allá no pude ver en que dirección se fue, se perdió en la oscuridad del cielo.— responde un soldado.
Balthazar deja salir un chasquido de su lengua, furioso por estar perdiendo el control del dragón rojo. Ese dragón era el arma más poderosa de su nación, y si su padre sabe que lo ha perdido, estará furioso, y no quiere que, esto lo lleve a perder su puesto de heredero.
—relájese alteza, el dragón volverá, no hay forma de que ese pacto se rompa.— una mujer de cabello oscuro entro a la tienda.
Ella se acerco al príncipe quedando de pie tras el asiento de este, y coloca sus manos sobre sus hombros empezando un masaje. El soldado que estaba ahí, hace una reverencia y se retira.
—no lo entiendes.— le aparta las manos.— si pierdo el control de esa maldita bestia, mi padre creerá que no soy apto para heredar el trono.
La mujer frunce los labios cuando es apartada, pero, se sienta en la catre que estaba en aquella tienda.
—usted no perderá el título, sus méritos en esta guerra, valen demasiado.— le responde la mujer.
—Meredith, en mi familia, tener el control de esa bestia, es más importante que esos méritos de guerra...si no tienes nada bueno que aportar, sal de aquí.— le grita.
—pero alteza yo...
—largo, hoy no estoy de humor.— le insiste.
Meredith frunce los labios y, aunque molesta, se ve obligada a dejar esa tienda. Mientras que, Balthazar, se recuesta en la catre, y al cerrar los ojos, recuerda a la albina del bosque, sin poder evitarlo, sonríe ladino, sin duda esa mujer, será suya.
..............
Mientras tanto, en el campamento de las tropas de Elarion...
El mensaje del emperador dejo atónitos a todos, ¿por qué de repente Drakhar quiere un tratado de paz?, nada de eso tenía sentido. Pero, Aurelia y Julian tuvieron que regresar como escoltas de la santa. Gareth también se apunto para ir con ellos, pues tenía una especie de mal presentimiento.
—¿que crees que quiera Drakhar?, no creo que así de fácil hayan pensando en un tratado de paz.— menciona Julian a Aurelia.
—no lo sé, pero si padre solicito la presencia de la santa, significa qué esto la involucra a ella también...— responde Aurelia.
—¿y si el emperador de Drakhar te quiere a ti como concubina o para el príncipe?— pregunta asustado Julian.
—no, pero ahora que lo dices de esa manera...¿y si quieren a la santa?— pregunta murmurando solo a Julian.
El príncipe se sobresalta al escucharlo, por suerte en ese carruaje no estaba la santa, ni Gareth, o este se habría enojado por decir algo así. Ambos saben que Gareth y Sylvia son amigos de infancia, y Gareth aprecia mucho a su amiga.
—yo espero, que no sea nada de lo que estamos pensando...— murmuro Aurelia.
...
que asco que comparta a sus concubinas si no lo matan muere por una infección