Ella renace en un mundo mágico, pero no cambia su forma de ver la vida, sigue siendo ella buscando la felicidad en pequeños detalles.
*Está novela pertenece a un mundo mágico*
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El rey 1
Alana no tenía la menor idea de lo que acababa de provocar.
Para ella, cambiar el color de algunas flores había sido algo completamente natural.
Ni siquiera había pensado en ello.
Había caminado.
Había recordado su primera vida.
Había pensado en lo extraño que era haber pasado de preocuparse por las deudas a caminar por un palacio.
Y, mientras pensaba...
Había utilizado su magia.
Eso era todo.
Pero para alguien más...
Aquello era un problema.
Uno bastante grande.
Porque una hora antes alguien se habia enterado de eso..
—¡¿Qué?!
La voz del rey Draco Sunderland resonó en uno de los salones del palacio.
Varios nobles que estaban cerca dejaron de hablar.
El rey estaba de pie, sosteniendo una copa en una mano.
Su expresión había cambiado por completo.
Un sirviente acababa de acercarse y le había comunicado algo que, para cualquier persona normal, habría parecido completamente insignificante.
Pero no para él.
—¿Dice que alguien está cambiando las flores de mi jardín?
—Sí, Su Majestad.
Draco dejó lentamente la copa sobre una mesa.
—¿Quién?
—No lo sabemos todavía.
El rey apretó la mandíbula.
—¿Quién es esa persona que osa vandalizar el jardín real?
El sirviente bajó la cabeza.
—Estamos investigándolo, Su Majestad.
Draco miró hacia las grandes puertas que conducían a los jardines.
Su expresión era de absoluto disgusto.
—Alguien esta vandalizando mi jardin..
Uno de sus consejeros se acercó discretamente.
—Majestad...
—¿Quién haría algo así?
El consejero intentó responder con cautela.
—Quizás fue un accidente.
Draco lo miró.
—¿Un accidente?
—Podría tratarse de algo sin importancia..
El rey guardó silencio.
Después señaló hacia el jardín.
—Es el jardín real.
Como si eso explicara absolutamente todo.
Y, para él, lo hacía.
—¿Quién entra a un jardín real y decide cambiar sus flores?
Nadie respondió.
Draco entrecerró los ojos.
—O es alguien extremadamente estúpido...
Hizo una pausa.
—O alguien que cree tener suficiente poder para enfrentarse a la casa real de Sunderland.
Varios consejeros intercambiaron miradas.
El nombre de la familia real no era algo que se pronunciara ligeramente.
Draco era el rey de Sunderland.
Y además era conocido por poseer una cantidad extraordinaria de poder mágico.
No necesitaba recordarles su posición.
Todos la conocían.
El rey hizo una pequeña seña con la mano.
Uno de sus asistentes se acercó inmediatamente.
—Averigua quién fue.
—Sí, Majestad.
—Y quiero saber por qué.
El asistente hizo una reverencia.
—Como ordene.
Draco volvió a mirar hacia el jardín.
—Podría ser una espía.
Uno de sus consejeros levantó ligeramente las cejas.
—¿Una espía?
—No sabemos qué magia utilizó.
El rey señaló hacia las flores.
—Tal vez esas flores fueron alteradas para ocultar algún tipo de magia.
Su mirada se volvió más fría.
—O quizá alguien quería llamar nuestra atención.
El consejero guardó silencio.
Tenía que admitir que, desde cierto punto de vista, era posible.
El problema era que la persona que había cambiado las flores había escogido una manera bastante extraña de llamar la atención.
Cambiarles el color.
Nada más.
Draco hizo otra seña.
Uno de los magos más cercanos al rey se aproximó.
—Revisa las flores.
—Sí, Majestad.
—Quiero saber qué magia se utilizó.
El mago hizo una reverencia y abandonó el salón.
Draco respiró profundamente.
Intentó tranquilizarse.
No lo consiguió.
[¿Quién hace algo así en mi jardín?]
El banquete continuó.
Los músicos seguían tocando.
Los nobles seguían conversando.
Los sirvientes continuaban llevando comida y bebidas.
Pero el rey ya no estaba realmente concentrado en el banquete.
Finalmente, después de un rato, el mago regresó.
Se acercó al rey y se inclinó.
—Su Majestad.
Draco lo miró.
—Habla.
—He revisado las flores.
—¿Y?
—No fueron dañadas.
Draco frunció el ceño.
—¿No?
—No, Majestad. Solo fueron alteradas mediante magia.
—¿Qué tipo?
—Magia de madera.
Draco levantó una ceja.
—¿Magia de madera?
—Sí.
—¿De quién?
—De una joven.
—¿Quién?
El mago dudó unos segundos.
—Una señorita de una familia noble.
Draco lo miró fijamente.
—¿Nombre?
—Alana Norton.
El rey guardó silencio.
Norton.
Conocía el nombre.
Una familia noble de rango relativamente modesto.
No particularmente poderosa.
No especialmente influyente.
Pero...
—¿Y su magia?
—Débil.
Draco parpadeó.
—¿Débil?
—Muy débil.
—Entonces, ¿cómo pudo alterar tantas flores?
El mago respondió con tranquilidad.
—La cantidad de maná no siempre determina el control. La joven tiene una afinidad bastante buena con su elemento.
Draco miró nuevamente hacia el jardín.
—¿Y simplemente cambió el color?
—Eso parece.
El rey cerró los ojos durante unos segundos.
Una parte de su enojo comenzaba a convertirse en desconcierto.
—Entonces no intentaba destruirlas.
—No.
—¿No había ningún hechizo oculto?
—No.
—¿Ningún veneno?
—No.
—¿Ningún intento de sabotaje?
—No.
El mago negó con la cabeza.
—Solo cambió los colores.
Draco permaneció en silencio.
[¿Quién hace eso?]
Mejor detente Conde Kraft porque te puede pasar como al Conde de los Pasteles y Flores 😂😂😂
Ya está retrocediendo luego, aprovecha jajajsj