Giorgio Bianchi es el Don de la mafia más temida de Italia. Frío, cruel y con un corazón blindado por la traición que destruyó a su familia. Juró no volver a confiar en nadie, y mucho menos a amar.
Pero cuando su esposa muere al dar a luz a su hija Vida, Giorgio se encuentra con algo que no esperaba: una bebé que depende completamente de él, y un vacío que no sabe cómo llenar.
Necesita una niñera. Lo que encuentra es a una mujer que va a poner su mundo de cabeza.
Ella no le tiene miedo. No se deja intimidar. Y lo peor de todo: le hace sentir cosas que juró que nunca volvería a sentir.
En el mundo de Giorgio, mostrar debilidad es una sentencia de muerte. Pero enamorarse de la niñera de su hija podría ser la decisión más peligrosa — y la más valiente — que haya tomado.
Porque incluso los hombres más despiadados tienen un punto débil. Y el de Giorgio tiene ojos grandes y la risa más contagiosa del mundo.
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Perdóname
REBECA: Que hombre tan loco
AYLA: ¿Verdad? Voy a morir de nostalgia por ella
REBECA: Ay, amiga, mañana hablo con el señor Park a ver si te ayuda
AYLA: Gracias
TOC TOC...
REBECA: Adelante
PORTERO: Hay una pareja en la portería preguntando por ti, Ayla. Dijeron que es urgente, se llaman Margareth y Fabio
AYLA: Ya voy (salgo apresurada) Hola, ¿qué pasó?
MARG: Ven con nosotros, Vida está en el hospital
AYLA: ¿Qué?
FABIO: Te explicamos en el camino (nos dirigimos al hospital)
EN EL HOSPITAL...
AYLA: Con permiso (entró lentamente) Hola, angelito, soy yo, Ayla, aquí (pongo mi dedo en su manita) ¿Sentiste? Soy yo. Y quiero que te pongas bien, ¿sí? (lloró preocupada)
DOCTOR: Con permiso (sonrió)
AYLA: Adelante
DOCTOR: (sonrió) Como sospechaba, fue instantáneo
AYLA: ¿Qué fue, doctor, empeoró?
DOCTOR: No, de hecho mejoró, el remedio que necesitaba eras tu. No puedes alejarte de esta criatura, Ayla
AYLA: No lo haré más, doctor, tendrán que matarme primero (encaró a Giorgio que me devuelve la mirada)
DOCTOR: Perfecto. Se quedará aquí esta noche en observación pero mañana la doy de alta. En una hora la enfermera vendrá a retirar el aparato respiratorio. ¿Quién se quedará con la bebe?
GIORGIO Y AYLA: Yo (responden al mismo tiempo)
GIORGIO: Yo me quedo
AYLA: Yo no me voy
DOCTOR: Los dos pueden quedarse. La niña los necesita a los dos. Con permiso (salgo)
GIORGIO: Ayla... yo... es que...
AYLA: Una de las palabras más difíciles de decir es "perdón", ¿verdad? No hace falta, solo sé un padre para tu hija. (él se queda en silencio y yo también)
MARG: Hola (entró a la habitación) Ya nos vamos, ¿si, Ayla?
AYLA: Bien
FABIO: Vamos a pasar por la universidad a recoger tus maletas
AYLA: Gracias, ni fueron deshechas, solo pídanle a Beca que las entregue tal como están. Le voy a avisar
MARG: Ok, querida, chau
AYLA: Chau (ellos salen y ni siquiera saludan a Giorgio)
HORAS MÁS TARDE...
AYLA: Hola, amor, quieres tu leche, ¿verdad? La preparo rapidito, ¿sí? (ella me mira con esa mirada medio perdida que me rompe) Le preparo su leche ahí mismo y le pongo el biberón en la boca
GIORGIO: ¿Puedo? (me acerco)
AYLA: Sí (lo dejó sosteniendo el biberón)
GIORGIO: ¿Qué es ese olor? (retiro el biberón de su boca)
AYLA: Pañal lleno (me acerco y abro el pañal)
GIORGIO: ¿Entro ahora y ya salió? ¿Ella hace todo eso y con ese olor horrible siendo tan pequeña?
AYLA: (riendo) ¿Me pasas el paño y agarras un pañal, por favor?
GIORGIO: Sí, toma
AYLA: Gracias (limpio a la bebe toda)
GIORGIO: ¿Puedo ponérselo?
AYLA: ¿Sabes?
GIORGIO: ¿Existe alguien que no sepa hacer algo tan... ¿tan? (le doy vueltas al pañal de un lado a otro) ¿Cómo se hace?
AYLA: (riendo) Así... abre el pañal, esta parte es el frente... Levanta las piernitas con cuidado, encaja el pañal debajo de ella, ahora pon esta pomada (le pongo pomada en el dedo) Ahora cierra el pañal
GIORGIO: ¿Así?
AYLA: Eso... ¿viste? Bien sencillo
GIORGIO: Más fácil que pedir perdón (la miro)
AYLA: Ya te dije que no hace falta
GIORGIO: Perdóname... tenías razón, todos siempre la tuvieron
AYLA: Menos mal que despertaste a tiempo
GIORGIO: Sí, menos mal (pronto Vida se duerme y nosotros también)