Ella aprendió que el poder no evita las traiciones ni el dolor. Con el corazón roto y el alma marcada por un pasado que juró olvidar, se convirtió en una CEO temida e inalcanzable. Él, un hombre humilde de corazón noble, apareció cuando ella había dejado de creer en el amor.
Entre secretos, heridas y un destino imposible de evitar, ambos descubrirán que solo el amor más sincero puede curar un corazón.
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NOCHE DE PASIÓN
Rodrigo permaneció en silencio durante unos minutos, envolviéndola en la firmeza de sus brazos mientras el llanto de Lesly se apagaba lentamente.
Con infinita ternura, usó sus dos manos para acunar el rostro de la mujer y, con la yema de sus pulgares, comenzó a secar las lágrimas que aún rodaban por sus mejillas.
“Calma...” susurró Rodrigo con una voz grave y pausada—. Ya pasó. Aquí estás a salvo.
Lesly alzó la mirada, atrapada en un torbellino de sentimientos contradictorios. A través del velo empañado de sus pestañas, vio la fisonomía de Rodrigo acortar la distancia entre los dos.
En un acto donde la razón cedió por completo el paso al corazón, él inclinó la cabeza y posó sus labios sobre los de ella en un beso suave, cálido y reparador.
Fueron varios besos cortos, pausados, cargados de una devoción pura que buscaba ahuyentar los fantasmas del pasado.
“¿Ya te sientes mejor?” murmuró él a milímetros de su boca, sosteniendo aquel halo de intimidad.
Lesly asintió lentamente, dejando escapar una pequeña sonrisa mientras el rubor volvía a encender sus mejillas.
“No quiero que mi hijo ni Julieta me vean así...” susurró con la voz aún quebrada.
“Entiendo. Vamos a la mansión” propuso Rodrigo, sujetándola suavemente de la mano para guiarla hacia el auto “Ellos pueden quedarse a dormir en mi casa con mi abuela; estarán muy bien cuidados”
Con amabilidad, le abrió la puerta del copiloto, la ayudó a subir y cerró con cuidado. La humillación quedó atrás conforme el vehículo se alejaba del hotel.
El trayecto de regreso transcurrió en un silencio sanador, exento de cualquier torpeza, donde solo la calidez de las manos que ocasionalmente se buscaban rompía la distancia.
Al llegar a la mansión, el motor se apagó y la propiedad lucía serena bajo el manto de la noche.
Rodrigo bajó para abrirle la puerta y ayudarla a descender. Al sentir que el trayecto había culminado y que la soledad de la casa la aguardaba, Lesly lo miró a los ojos y, venciendo su propio orgullo, pronunció un ruego tembloroso “No te vayas, por favor... Quédate conmigo”
Rodrigo se congeló por una fracción de segundo, atrapado en una encrucijada moral. Miró la entrada de la casa, luego la vulnerabilidad en el rostro de la mujer que amaba en secreto y, escuchando una vez más a su corazón, asintió en silencio.
Tomados de la mano, cruzaron el umbral de la imponente residencia. El personal doméstico ya se había retirado a sus habitaciones y la mansión descansaba en una penumbra acogedora.
Apenas llegaron al centro de la majestuosa sala de estar, Rodrigo la jaló suavemente de la mano hacia su pecho.
Sus miradas se cruzaron en la oscuridad y una chispa latente, contundente e inevitable, terminó de encenderse entre los dos.
Él buscó nuevamente sus labios, esta vez con un beso profundo, demandante y cubierto de una pasión reprimida durante meses. Sus manos cobraron vida propia, delineando con firmeza y delicadeza las curvas de su figura sobre la tela del vestido de gala.
Lesly respondió al instante con la misma urgencia. Con dedos torpes por la agitación, le quitó la chaqueta del uniforme y continuó apresuradamente hasta liberarlo de la prenda superior, deleitándose con el firme relieve de su torso.
Sin romper el contacto de sus bocas, Rodrigo la levantó en vilo. Lesly enroscó sus piernas alrededor de su cintura y, guiados únicamente por el ritmo acelerado de sus respiraciones, subieron hacia la habitación principal.
Una vez dentro del dormitorio, Rodrigo deshizo los cierres del vestido con extrema delicadeza, dejándola expuesta únicamente en su lencería.
Por un segundo, una ráfaga de timidez asaltó a Lesly. Aunque era madre, su experiencia previa con el padre biológico de Luca había sido sumamente traumática: una noche fría, egoísta y dolorosa que prefería olvidar.
Pero con Rodrigo todo se sentía abrumadoramente distinto, había un deseo genuino de entregarse, una necesidad casi vital de refugiarse entre sus brazos.
La noche se extendió hasta la madrugada. Rodrigo se entregó a ella con un celo paciente y protector, rindiéndose por completo al placer de Lesly, cuidando cada toque y asegurándose de que cada caricia borrara para siempre las viejas heridas, reemplazándolas con el calor de un amor auténtico.
cárcel sus atacantes también. sus compañeros son cómplices no hicieron nada por Yuli Rodrigo la salvó
Renato se va a arrepentir cuando vea lo que paso
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