Una torpe pareja entre un policía novato y una periodista se ve involucrada en la verdad tras el mortal virus zombie y en el propio apocalipsis zombie que envolvió el mundo.
Ahora los dos, tendrán que hacer todo lo posible para salir vivos y huir al refugio más cercano de Alley City.
NovelToon tiene autorización de Powder34 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capitulo #12: Pueblo Fantasma
...⚠️ESTE EPISODIO ES NARRADO POR NICKY/FLOR⚠️...
Con bastante cuidado, habíamos logrado llegar a un pueblo que estaba a las afueras de la ciudad. No era un sitio de ensueño, ni tampoco una completa pesadilla que podrías esperar en una historia de terror, aún así el lugar daba la sensación de que ya no había forma de parar la expansión del virus Charlotte.
—Mamá, ¿aquí también hay de esas cosas feas?
—Esto… es horrible… —jadeé deteniéndome al ver a unos caminantes comiéndose las entrañas de una persona—.
—Guinevere —le dijo a su hija tapándole los ojos como podía—. Mantente cerca de nosotras y no te separes ¿Okey?
Estábamos en un pueblo fantasma lleno de caminantes. Esas pobres personas infectadas nos rodearon con gruñidos ahogados que más que dar miedo, daban pena. Esas personas habían perdido todo de la noche a la mañana por algo fuera de sus manos.
—Lo siento —me disculpe antes de usar mi pistola para acabar con los infectados que se cruzaban en nuestro camino—
—¡Guinevere! No sueltes nuestras manos
—S-sí, mamá —dijo sujetando nuestras manos con toda la fuerza que tenía—.
Los caminantes se volvieron tantos que no tuvimos otra opción más que ocultarnos en un viejo edificio del pueblo, era un castillo antiguo hecho de mármol, tenía moho por todos lados y los infectados se mantuvieron lejos de esa zona. No entendíamos la razón, por lo menos no lo hicimos hasta entrar y encontrarnos con el alcalde del pueblo.
—¡Bravo! ¡Bravo! —se burló un hombre con la piel carcomida, mientras aplaudía y salía de un agujero—. Eso fue increíble, señorita Nicky Review —se lamió los labios de una forma que me causó repulsión, más que nada porque entendía sus intenciones con ese lamido de labios—. He de decir que es mejor en persona que en sus videos exponiendo a Irving Butterfly y sus fechorías, más hermosa, más peligrosa y sobre todo… una mujer temible
—¿Q-Quién se supone que eres tú? ¿Trabajas para Glaver? —le respondí apuntándole con mi pistola, a la vez que me ponía frente a la doctora y a la pequeña—.
—No… nosotros odiamos a Glaver igual que usted. Y servimos al padre Robert. ¡Todos servimos al padre Robert! Él fue el primer habitante del pueblo con la iluminación y ahora en su nombre, le pido… mi majestuosa Nicky, que nos entregue a la mesías, a la princesa del pueblo de Blair, como ustedes la llaman, la pequeña Guinevere
—¿Qué?
—Mami —murmuró abrazando a su madre y e intentando ocultarse en su madre—
—Tranquila, mi amor. N-no vamos a dejar que nadie te haga daño
—No te voy a entregar nada y si la quieres, tendrás que matarme
—¡Hmph! Eso es un reto, señorita Nicky
No le respondí con palabras, sino que tan solo le disparé con mi pistola, ese infeliz esquivo cada una de mis balas para acto seguido chasquear sus dedos, haciendo que unos caminantes con cadenas en sus cuellos salieran de las habitaciones para tratar de comernos.
—Tomaré eso como un sí, Nicky
—¡Doctora! —grité recargando mi pistola para disparar y acabar con todos los caminantes que se nos acercaban—.
—Guinevere, cúbrete los oídos —le ordenó su madre, disparándole a los caminantes—.
Con nuestras armas nos abrimos paso por el castillo en busca de una salida, pero solo terminamos entrando a un laberinto en el jardín del castillo y en los altavoces que había en los rincones del lugar, se escuchó la voz del infeliz del alcalde.
—Mi amada Nicky… volveré a repetirlo, entrega a la niña y voy a dejarlas ir a ti… y a tu amiga
Estaba por responder, pero terminamos por escuchar un rugido proveniente de la entrada del laberinto. Tanto la doctora como yo nos dimos la vuelta con nuestras pistolas listas para disparar, solo que en lugar de unos caminantes, logramos ver a un inmenso león infectado; su piel estaba quemada y derruida por las cadenas en sus brazos, piernas y su cuello. Sus ojos eran totalmente negros, sus costillas estaban de fuera y sus garras parecían afiladas.
—¡Disfrute de jugar con Ragnar! ¡Señorita Nicky y compañía! —se burló el alcalde entre carcajadas—.
La doctora cargo a la niña y corrimos de esa bestia infectada sin pensarlo, Ragnar tras rugir, nos persiguió por los pasillos del laberinto, él no dejaba de jadear y de babear un líquido espeso similar a la sangre, su hedor a perro muerto era una especie de alarma que nos avisaba que tan cerca estaba de nosotras.
Trate de ganarnos tiempo disparándole en la cabeza para aturdirlo o matarlo como a cualquier infectado, solo que sus heridas a diferencia de los caminantes se regeneraron.
—¡Niña! —me gritó la doctora dándome una caja de municiones—.
—¡G-Gracias! —jadeé girando mi mochila para colocarla en mi pecho y guardar las municiones que me sobraban—
Dejándonos tan solo con la opción de encontrar una manera de huir de él y de usar nuestras armas para retrasarlo. Corrimos por los agobiantes pasillos de pasto del laberinto con tal de perderlo.
Llegamos a una especie de plataforma con escaleras en espiral que rodeaba una torre vieja. Subimos por las escaleras con la esperanza de perderlo, solo que justo cuando llegamos a la cima de la torre, el león me lanzó contra el suelo, justo a un lado de unas afiladas barras de metal. Con sus colmillos amarillos trato de arrancarme la cabeza, pude salvar mi vida usando mi mochila como escudo.
—¡¡Niña!! —gritó la doctora Martinez—
—¡Nicky! —gritó la pequeña Guinevere desde el fondo, con su mamá—.
Creía que estaba perdida hasta que la doctora le clavó una afilada barra de metal en el cráneo, haciéndolo retroceder unos cuantos pasos.
—Tsh, alejate de ella —le gruñó la doctora disparándole al león infectado para hacerlo retroceder tanto que terminó por caerse de la propia torre—.
—M-Mierda… —jadeé en el suelo con mi mochila destrozada—. Eso estuvo cerca, solo espero y este muerto
—Lo dudo, tenía el virus L-Adan. Dudo que muera tan fácil
—¡Nicky! —chilló la pequeña corriendo hacia mi para colgarse en mi pecho como un perezoso a una rama—
—Ni-Niña ¿Estás bien?
—S-sí, solo… solo quiero dormir un poco
—Tranquila, podrás hacerlo después de llegar al zoológico —me dijo la doctora extendiendo su mano hacia mi—.
—Okey… okey… solo dame cinco minutos