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Divorciada Y Con Un Amor Prohibido.

Divorciada Y Con Un Amor Prohibido.

Status: En proceso
Genre:Traiciones y engaños / Mujer despreciada / Amor prohibido / Ella Mayor Que Él
Popularitas:22.5k
Nilai: 5
nombre de autor: CINTHIA VANESSA BARROS

Renata creyó que el peor error de su vida había sido amar a un hombre que jamás la quiso.

Durante tres años fue la esposa perfecta de Rodrigo, soportando humillaciones y sacrificios con la esperanza de que algún día él la mirara con amor. Pero la noche de su tercer aniversario descubre la verdad más cruel: su esposo la engaña con Daniela, su propia hermana, la mujer que desde niña le arrebató todo lo que alguna vez quiso.

Decidida a recuperar su dignidad, Renata pide el divorcio y jura no volver a depender de ningún hombre. Sin embargo, cuando cree haber perdido a la única familia que le quedaba, alguien inesperado comienza a sostenerla en silencio.

Adrián siempre estuvo ahí.

Quince años menor que ella. Hermano de su mejor amiga. El hombre al que jamás debería mirar.

Lo que Renata ignora es que Adrián lleva años enamorado de ella, observándola desde la distancia, esperando el día en que pudiera demostrarle que el amor no duele, no humilla y mucho menos traiciona.

NovelToon tiene autorización de CINTHIA VANESSA BARROS para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 21

Renata lo dejó pasar esa noche, pero no por las flores ni por el café ni por una sola de las palabras melosas de Rodrigo. Lo dejó pasar porque dijo que sabía algo de su madre, y ella habría dejado entrar al diablo mismo con tal de arrancarle esa información.

Rodrigo, claro, no soltó nada. Dio vueltas, insinuó, prometió "contarle todo con calma, sin prisas", y se fue dejando el anzuelo puesto: que necesitaba tiempo, que se vieran de nuevo, que confiara en él. Renata lo entendió perfecto. Rodrigo no iba a darle la verdad de una; la iba a dosificar como cebo para tenerla cerca. Y ella, que ya no era la esposa boba de antes, decidió jugar el mismo juego: dejarlo creer que lo escuchaba, sonreírle lo justo, aguantar la náusea, y sacarle todo lo que pudiera antes de mandarlo al infierno.

Por eso, cuando llegó la invitación a los ochenta años de Beatriz, Renata supo que iba a ser una noche larga. Porque bajo el mismo techo iban a estar todos.

La mansión de Beatriz resplandecía. La anciana había insistido en una fiesta a la vieja usanza, con orquesta, salón abierto y medio círculo empresarial de la ciudad desfilando a felicitarla. Renata llegó del brazo de nadie, con un vestido oscuro y la espalda recta, decidida a sobrevivir la velada.

Beatriz la interceptó apenas la vio, la tomó del codo y la apartó un momento hacia un rincón, lejos de oídos.

—Estás pálida, niña. —La anciana le habló bajito—. ¿Pasó algo con lo que sabes?

—El chofer. —Renata movió apenas los labios—. Alguien se nos adelantó. Está en coma. Después le cuento, aquí no.

Beatriz apretó los labios, asintió apenas, y le dio una palmadita en la mano.

—Cuídate esta noche —murmuró—. Están todos. Sonríe, aguanta, y no confíes en nadie de esta sala. En nadie.

Rodrigo la encontró media hora después, y se le pegó como una sombra.

Le trajo una copa, le acomodó una silla, le presentó socios llamándola "mi esposa" con una naturalidad que a Renata le revolvió el estómago, pero se lo tragó. Cada atención de Rodrigo era una que jamás tuvo en tres años de matrimonio, y todas juntas, ahora, no eran más que el manoteo de un hombre tratando de reconstruir algo que él mismo había roto. Renata le seguía la corriente, sonreía apenas, y esperaba el momento de pinchar el tema de su madre.

—Baila conmigo. —Rodrigo le tendió la mano cuando la orquesta bajó a un vals—. Como los viejos tiempos.

Renata dudó. Bailar con él era asqueroso. Pero la pista estaba llena, era el lugar más fácil para hablar sin que nadie los oyera, y ella tenía preguntas.

—Un baile —dijo—. Y me cuentas de una vez qué sabes de mi mamá.

Del otro lado del salón, Adrián dejó su copa en una mesa con más fuerza de la necesaria.

Había llegado tarde, invitado por ser quien era en el círculo, y llevaba media hora fingiendo que escuchaba a un socio mientras buscaba a Renata con la mirada en todo el salón. La encontró, por fin. En la pista. En los brazos de Rodrigo.

Y algo caliente y feo le subió por el pecho.

Los veía moverse, la mano de Rodrigo en la cintura de ella, la cabeza de Rodrigo inclinada demasiado cerca de su oído, y aunque Adrián sabía —lo sabía, se lo repetía— que Renata no estaba ahí por gusto, que ese hombre le daba asco, que había algo detrás de esa cercanía, el saberlo no le quitaba las ganas de cruzar el salón y arrancarla de esos brazos.

Nunca había sentido celos así. Él, que llevaba quince años enseñándose a mirar a Renata desde la distancia, a tragarse todo, a conformarse con cuidarla de lejos, descubría de golpe que verla en los brazos de otro le partía algo por dentro que creía tener bajo control.

—¿Y esa cara? —Ximena apareció a su lado con dos copas, siguiendo la mirada de su hermano hasta la pista—. Ah. Renata bailando con el imbécil. —Frunció el ceño—. Qué asco, ¿no? Después de lo que le hizo. No entiendo cómo le aguanta que se le acerque.

—Yo tampoco. —Adrián apretó la mandíbula, sin dejar de mirarlos.

Ximena lo observó de reojo, y algo en la manera en que su hermano miraba esa pista le hizo entrecerrar los ojos, otra vez, esa sospecha que le rondaba desde la cena de su casa. Pero antes de que pudiera decir nada, un vidrio se estrelló contra el suelo en el otro extremo del salón.

Daniela llevaba una hora bebiendo sola en un rincón, viendo cómo Rodrigo revoloteaba alrededor de Renata, cómo le traía copas, cómo la sacaba a bailar, y la copa que acababa de estrellar contra el piso era la cuarta o la quinta, ya había perdido la cuenta.

—Miren nada más. —Se levantó, tambaleándose, con la voz demasiado alta—. Miren al gran Rodrigo. Bailando con su esposita. Qué familia tan bonita, ¿no?

Las cabezas empezaron a girar. La orquesta desafinó un compás.

—Daniela. —Roxana apareció desde algún lado, agarrándola del brazo—. Cállate. Estás haciendo el ridículo.

—¡No me toques! —Daniela se soltó de un tirón—. Que todos vean. Que vean cómo este —señaló a Rodrigo con el vaso vacío— se acostó conmigo, me juró que me amaba, y ahora anda de perrito faldero detrás de la aburrida de mi hermana porque le conviene el papá. —Se le quebró la voz, entre el alcohol y la rabia—. ¡Yo no soy plato de segunda mesa, Rodrigo! ¡Yo no soy Renata, que aguanta todo callada!

El salón entero se había quedado en silencio. Rodrigo soltó a Renata en la pista y cruzó hacia Daniela con la cara descompuesta, entre el bochorno y la furia, mientras Armando, rojo de vergüenza, intentaba disimular con los invitados más cercanos.

Renata se quedó sola en medio de la pista, y por un segundo sus ojos cruzaron los de Adrián, del otro lado del salón, y en esa mirada hubo de todo: cansancio, disculpa, y algo más que ninguno de los dos podía decir en voz alta ahí.

Aprovechó el escándalo para escapar hacia la terraza, a respirar, a estar sola un momento lejos de todos.

No estuvo sola mucho tiempo.

—Ay, mi'jita. Qué noche.

Renata se giró. Roxana había salido detrás de ella a la terraza, con una copa en la mano y las mejillas encendidas por el vino, sonriendo con esa dulzura falsa que Renata conocía desde los cinco años.

—No estoy de humor, Roxana.

—Yo tampoco, tesoro, con la escena que armó tu hermana. —Roxana se acercó, meneando la copa—. Pero bueno, así es Daniela, tan apasionada. No como tú, que siempre fuiste tan… calladita. Tan de guardarte las cosas.

Renata no contestó. Roxana se apoyó en la baranda, a su lado, mirando el jardín, y siguió hablando con esa voz de miel.

—¿Sabes qué me encanta de ti? —Roxana ladeó la cabeza—. Que eres igualita a tu mamá. Igualita. La misma manía de meterte donde no te llaman, de andar escarbando en cosas viejas, de creer que tienes derecho a saberlo todo. —Bebió un sorbo, sin dejar de sonreír—. Elena también era así, ¿sabías? Curiosa. Preguntona. Andaba escarbando en asuntos que no eran suyos.

A Renata se le heló la sangre.

—¿Qué dijiste?

—Nada, mi amor. —Roxana se enderezó, todavía sonriendo, y le dio una palmadita suave en la mejilla, tan tierna y tan helada que a Renata se le puso la piel de gallina—. Solo que las mujeres de tu familia tienen una costumbre muy fea de andar buscando lo que no deben. Y ya ves cómo le fue a tu mamá por curiosa. —Bajó la voz, sin borrar la sonrisa ni un segundo—. Sería una pena que la historia se repitiera. Tan bonita que estás esta noche.

Y se dio la vuelta, taconeando de regreso al salón, dejando a Renata sola en la terraza, con el corazón golpeándole el pecho y la certeza atroz de que Roxana sabía. Sabía que estaba investigando. Y acababa de decírselo a la cara, sonriendo, con una copa en la mano, sin miedo a nada.

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mariela
Muy buen plan con una estrategia perfecta que los exponga en esa gala para ver hasta donde llega Cárdenas con su poder ese engendro del mal hasta cuando se van a salir con la suya después de haber asesinado a Elena.
mariela
Por fin Ximena lo pensó y leyó la carta fue hablar con Renata como la amiga y hermana que siempre fueron ahora a tratar de corregir el error de haber alejado a Adrián y Ximena no sabe que está embarazada y va a ser tía.
Yuse Rivera
Wuao...que capitulo!!!
quedé sorprendida por toda la redacción
Mi imaginación, recreo toda la escena 👏👏👏
Felicidades autora ☺️🎆
Maria Gonzalez Gonzalez
ay autora a veces a las protagonistas las pones bien mesas y bien idiotas y necias 😡
Maria Gonzalez Gonzalez
ay Renata tan dañada estás que crees que no mereces ser feliz con un hombre que te ama independientemente de la edad 🤔😭😭😭
Maria Gonzalez Gonzalez
Rodrigo ni para dar hijos fue bueno, jajajaja jajajaja
Maria Gonzalez Gonzalez
santa cachucha ya está un bebé a bordo 🤔
Rocio Gil
por fin de aviso renata
Sakura
muy bien que salga toda la verdad
Sakura
que bueno que se reconciliaron
Claudia Oroná
que mujer tan estúpida,le miente a Adrián qué la apoya y la ama uno lleva hace frente a los asquerosos que la humillan y le destrozan con mentiras
Claudia Oroná
xq no le hace frente a los problemas!! Vive en un mundo dónde todos se limpian las manos en ella
Mercedes Jimenez
por fin reaccionaste 😏 mija
Yolanda milagros Cardona
por dios autora has que todo le salga bien a Renata,que entierre en el lodo al padre y a cardena
Betty Saavedra Alvarado
Renata la unión hace la fuerza Cardenas no se saldrá con la suya tu harás justicia a tu mamá
Betty Saavedra Alvarado
Se reconciliaron Renata y Ximena bien por ellas Adrián y su bb ahora no la dejaran sola
keila arias
Por fin la prota despertó
Nerlan Manuel Guilarte Rodríguez
por que no aparecen nuevos capitulos
Nerlan Manuel Guilarte Rodríguez
por que no hay mas capìtulos
Nerlan Manuel Guilarte Rodríguez
por que no hay mas capìtulos
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