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La Reina De La Mafia

La Reina De La Mafia

Status: Terminada
Genre:Matrimonio arreglado / Mujer poderosa / Mafia / Completas
Popularitas:3k
Nilai: 5
nombre de autor: Rocío Duque

Sinopsis: Él pensó que se casaba con un monstruo. Ella pensó que compraba un peón. Ninguno imaginó que el verdadero peligro no vendría de sus enemigos en las calles de Sicilia, sino de la irresistible tensión de compartir la misma cama. Una viuda poderosa, un esposo indomable y una mano derecha celosa dispuesta a todo por destruirlos.
¿Estás lista para conocer a La Reina de la Mafia? Una nueva y adictiva historia de la escritora Rocío Duque.

NovelToon tiene autorización de Rocío Duque para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

La reina en acción

El motor del todoterreno viejo y sin matricular se apagó a casi un kilómetro de la villa, dejando que el silencio denso de las colinas de Cefalú los envolviera por completo. La luna siciliana, alta y afilada como un estilete, apenas lograba perforar la negrura de los olivares que rodeaban la propiedad de Matías.

Victoria se ajustó los guantes de cuero negro, sintiendo el frío de la noche colarse por su ropa oscura de combate. Atrás habían quedado los vestidos de seda y los tacones; ahora, con el cabello recogido con firmeza y una Beretta enfundada en el muslo, se sentía de nuevo como la mujer que había heredado un imperio de sangre.

A su lado, Alexander terminó de revisar el cargador de su propia arma en un movimiento tan fluido y silencioso que parecía una extensión de su propio cuerpo. Vestido completamente de negro, su imponente silueta parecía fundirse con las sombras del bosque.

—La villa está a setecientos metros, colina arriba —susurró Alexander, y su voz no fue la del esposo sumiso de la mañana, sino la de un depredador calculando los pasos de su presa—. Hay tres guardias en el perímetro exterior. Dos en la entrada principal y uno patrullando la terraza trasera, justo donde están las terminales de comunicación.

Victoria lo miró de reojo, impresionada a su pesar por la absoluta calma que emanaba de él. No había rastro de nerviosismo en sus ojos claros, solo una concentración gélida.

—¿Cómo sugieres que entremos? —preguntó ella en el mismo tono bajo, poniendo a prueba su mente estratégica por última vez.

Alexander esbozó una sonrisa imperceptible en la penumbra.

—Usted me ordenó que quería ver cómo trabaja su monstruo, Donna Victoria —respondió él, dándole un matiz oscuro a sus palabras—. Sígame el paso, manténgase en mi sombra y procure no disparar a menos que yo se lo indique. Vamos a quitarles la vista antes de que se den cuenta de que el enemigo ya está dentro de la casa.

Sin esperar respuesta, Alexander se deslizó entre los olivos con una agilidad asombrosa para su tamaño, avanzando como un fantasma real en la noche. Victoria contuvo el aliento por un milisegundo y, apretando los dientes con una mezcla de furia y fascinación, se lanzó detrás de él.

Avanzaron entre la maleza con una sincronización casi mística. Alexander se movía con la precisión de un felino negro, midiendo cada pisada para no romper una sola rama seca. Al llegar al límite del jardín trasero de la villa, se agazaparon detrás de un muro de piedra cubierto de hiedra.

A escasos diez metros, el guardia de la terraza trasera exhaló el humo de un cigarrillo, con un fusil de asalto colgado al hombro. Estaba aburrido, confiado en la seguridad de su escondite.

Alexander miró a Victoria y le hizo una seña casi imperceptible con dos dedos: Quédate aquí.

Antes de que ella pudiera replicar, él se fundió con la penumbra. Victoria contuvo el aliento, aguzando la vista. Lo que vio a continuación la dejó helada. Alexander no caminó; fluyó por el punto ciego del guardia. Cuando el hombre reaccionó al sutil cambio en el aire, la silueta masiva de Alexander ya estaba sobre él. Con una velocidad aterradora y limpia, le tapó la boca con una mano enguantada mientras que con la otra le aplicaba una llave de estrangulación en el cuello. No hubo gritos, no hubo forcejeo ruidoso. En menos de cinco segundos, el cuerpo del guardia quedó completamente inerte. Alexander lo amortiguó contra el suelo con una delicadeza espeluznante y le quitó el arma.

Victoria sintió un escalofrío recorrerle la espina dorsal. Eso no era defensa personal aprendida en Milán. Eso era entrenamiento de fuerzas especiales de élite. El misterio alrededor de su esposo se volvía cada vez más denso y peligroso.

Alexander se giró hacia ella y le hizo una seña para que avanzara. Pero el destino en Sicilia nunca es sencillo.

Justo cuando Victoria ponía un pie en la terraza, la puerta acristalada que conectaba con la sala principal se abrió de golpe. Dos guardias más salieron hablando en voz alta, alertados por el repentino silencio de su compañero. El primero de ellos vio el cuerpo en el suelo y, de inmediato, clavó la mirada en Alexander, alzando su arma.

—¡Intrusos! —bramó, apretando el gatillo.

El tiempo se ralentizó. Alexander se lanzó hacia un lado para cubrirse detrás de una jardinera de piedra, pero el segundo guardia, posicionado desde un ángulo más alto en la escalera de la terraza, le apuntó directamente al pecho de Alex, aprovechando que este se encontraba en el suelo. Alexander estaba vendido.

¡Bang!

El disparo sordo, amortiguado por el silenciador de la Beretta de Victoria, rasgó la noche. La bala impactó limpiamente en la frente del segundo guardia, quien se desplomó hacia atrás, rompiendo la barandilla y cayendo al vacío.

Alexander reaccionó al milisegundo del disparo de su esposa. Apoyando una rodilla en tierra, disparó dos veces contra el primer guardia que le había tirado a él, dándole en el centro del pecho. El hombre cayó de rodillas antes de desplomarse sobre las baldosas de mármol.

El silencio volvió a adueñarse de las colinas de Cefalú, roto únicamente por el eco apagado de las detonaciones y la respiración agitada de ambos.

Alexander se levantó despacio, limpiándose el polvo de la ropa. Miró el cuerpo del hombre que estuvo a punto de matarlo y luego giró la cabeza hacia Victoria. En sus ojos claros no había miedo, sino un brillo de profunda admiración y un respeto oscuro. Caminó hacia ella, deteniéndose a solo unos centímetros, sintiendo el calor de la adrenalina que emanaba del cuerpo de la Reina.

—Buena puntería, Donna Victoria —susurró él, con una voz ronca que delataba la intensidad del momento—. Parece que mi Reina es tan letal en el campo de batalla como en su oficina. Me acaba de salvar la vida.

Victoria bajó el arma con elegancia, aunque su corazón golpeaba con fuerza sus costillas. Sostuvo la mirada del operativo encubierto, con el mentón en alto, sin dejarse intimidar por la masacre que acababan de firmar juntos.

—Te lo advertí, Alexander —respondió ella, con un tono gélido pero cargado de una electricidad innegable—. Yo no necesito que me protejan. Y ahora, muévete. El ruido de los cuerpos al caer puede haber alertado a los de adentro. Tenemos una red que destruir.

Cruzaron el umbral de la villa pasando por encima de los cuerpos con una frialdad matemática. El interior de la propiedad estaba en penumbras, decorado con un lujo tosco y descuidado, típico de los escondites clandestinos de Matías. Guiados por la señal de geolocalización inversa del dispositivo de Alexander, se adentraron por un pasillo oculto detrás de la biblioteca hasta dar con una pesada puerta de acero reforzado.

Alexander sacó una pequeña herramienta electrónica de su bolsillo, la conectó al panel digital de la entrada y, tras una rápida ráfaga de códigos reflejados en sus ojos claros, la cerradura cedió con un chasquido neumático.

Adentro, el zumbido constante de los ventiladores y el parpadeo de decenas de luces LED azules y verdes confirmaron que habían llegado al corazón del sistema. Torres de servidores de última generación procesaban los datos cifrados de la facción rebelde.

—Es aquí —dijo Alexander, sentándose frente a la terminal principal. Sus dedos comenzaron a volar sobre el teclado con una destreza rítmica, casi musical. Las líneas de código empezaron a deslizarse a toda velocidad por las pantallas—. Estoy dentro de su cortafuegos. Voy a inyectar el virus para derretir sus discos duros desde el núcleo y borrar cada copia de seguridad que tenga en la isla.

Victoria se colocó de espaldas a él, justo en el marco de la puerta de acero, con la Beretta alzada a la altura del pecho. Su mirada recorría el pasillo oscuro, atenta a cualquier sombra, a cualquier crujido que delatara que el resto de la seguridad de la villa se había percatado de su presencia. La adrenalina de haber matado hacía solo unos minutos seguía quemándole las venas, pero estar ahí, protegiendo la espalda del hombre que se suponía que debía ser su escudo, le provocaba una extraña y embriagadora sensación de poder.

—¿Cuánto tiempo necesitas? —preguntó ella sin bajar la guardia, manteniendo la voz firme y ejecutiva.

—Cuatro minutos para la encriptación total y el borrado masivo, Reina —respondió él, concentrado en la pantalla. Su voz era un bálsamo de calma en mitad de la boca del lobo—. Si escucho que la diversión empieza en el pasillo, aceleraré el paso.

—Tú concéntrate en las pantallas, Alexander. Nadie va a pasar por esta puerta mientras yo respire —sentenció Victoria, y la convicción en sus palabras hizo que Alexander detuviera sus dedos por una fracción de segundo solo para mirarla de reojo.

Ver a la Donna Lombardi, la heredera del imperio, cubriéndole la retaguardia en un sótano clandestino con la frialdad de un soldado profesional, terminó por sellar la fascinación que Lucas Galiano sentía por ella. Ya no era solo la misión que su difunto jefe le había encomendado; era ella. La mujer que se estaba ganando su respeto y su devoción a base de sangre, fuego y un orgullo indomable.

Las pantallas del servidor comenzaron a parpadear en rojo. Un contador regresivo apareció en el monitor principal: Borrado del sistema en progreso... 60%... 70%... El imperio digital de Matías se estaba desmoronando en la sombra.

Borrado del sistema: 100%. Conexiones rotas.

De golpe, el zumbido constante de los ventiladores se apagó y las decenas de luces LED parpadeantes en las torres de servidores se extinguieron, sumiendo la habitación en una oscuridad casi absoluta, rota únicamente por la luz de la luna que se filtraba por una pequeña claraboya superior. El imperio digital de Matías en Sicilia había dejado de existir.

—Trabajo terminado, Reina —anunció Alexander, levantándose de la silla con un movimiento fluido. Guardó su dispositivo táctico y se acercó a ella en la penumbra—. La rata se acaba de quedar ciega, sorda y sin comunicaciones. No sabrá qué lo golpeó hasta que intente contactar a sus hombres en el norte y solo escuche estática.

Victoria bajó el arma despacio, permitiéndose exhalar el aire que contenía en los pulmones. Miró el cementerio de tecnología inútil a su alrededor y luego a Alexander. La complicidad entre ambos en ese búnker oscuro era tan densa que casi se podía tocar.

—Vámonos antes de que el silencio de estos servidores despierte sospechas en el resto de la propiedad —ordenó ella, recuperando de inmediato su porte aristocrático.

Salieron de la villa de la misma forma en que habían entrado: como dos sombras que se confunden con el paisaje. Esquivaron los puntos de patrulla restantes moviéndose entre los densos Olivares bajo la pálida luz de la luna, sin dejar un solo rastro físico que los vinculará con la ejecución de los tres guardias de la terraza.

Minutos después, el todoterreno viejo cobró vida a un kilómetro de distancia, alejándose con las luces apagadas por los caminos de tierra batida de las colinas de Cefalú.

Victoria se reclinó en el asiento del copiloto, contemplando el perfil de Alexander mientras él conducía con la vista fija en la carretera oscura. Habían ganado la primera batalla de una guerra que apenas comenzaba, pero la verdadera incógnita seguía sentada a su lado. Había visto al monstruo trabajar, y ahora sabía que era mucho más peligroso de lo que jamás imaginó.

Y lo peor de todo, es que le gustaba.

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Rocío Duque
Si, Alexander es en verdad Lucas Galiano
yuyis
Alex es lucas Galiano?
yuyis
ella terminará enamorada del peón
Rocío Duque: "¡Me encanta que analices así a los personajes! 😉 Digamos que Victoria es una mujer difícil de leer, pero cuando dos personas tan fuertes chocan... cualquier cosa puede pasar. ¡Gracias por estar tan conectada con la historia! ✨"
total 1 replies
yuyis
esperemos como sigue está novela
Rocío Duque: "¡Muchas gracias por leer! Qué alegría contar contigo desde el primer capítulo. ¡Espero que disfrutes mucho lo que viene!"
total 1 replies
Rocío Duque
Nota de la autora: ✨
¡Llegamos a uno de mis capítulos favoritos! Quería que sintieran esa mezcla de peligro, deseo y desconfianza absoluta que rodea a Victoria y Alexander. Llegar hasta aquí con ustedes, ver cómo reaccionan y cómo se sumergen en este romance oscuro está siendo un viaje increíble. Gracias por leer, por apoyar mis letras y por ser cómplices de este imperio. ¿Qué les pareció este encuentro? 🖤
Rocío Duque
​👑 ¡Buen día a todos los cómplices de esta historia!
​Detrás de cada imperio hay secretos oscuros, y detrás de cada capítulo de La reina de la mafia, hay horas de entrega, pasión y un trozo de mi alma. Ya hemos dejado atrás 9 capítulos; hemos visto la frialdad, el poder, los conflictos internos y la tensión que rodea a nuestra reina y su entorno.
​Solo quiero decirles: GRACIAS. Gracias por no dejarla sola en este camino tan peligroso, por morderse las uñas conmigo y por apasionarse con este universo tanto como yo. Su apoyo es el motor que me empuja a seguir escribiendo el destino de los Lombardi.
​Prepárense, porque lo que viene va a sacudir los cimientos de todo lo que creen saber... Que tengan un día increíble. ☕🌹
Rocío Duque: "¡Eso es! 👏 Ya me dirás qué opinas de este cierre, ¡prepárate para los giros! 😉"
total 2 replies
NovelToon
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