Una abogada brillante, a punto de casarse, descubre la traición de su prometido y su mejor amiga… y decide convertir su propia boda en el escenario perfecto para revelar la verdad.
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Capitulo 15
La noche en el apartamento de Camila avanzaba con una calma cuidadosamente construida,
la mesa iluminada por una luz tenue,
los platos apenas tocados,
y una conversación que intentaba sostenerse sobre lo que ya no era tan sólido,
Camila lo observaba con atención,
buscando señales en su rostro,
—Gracias por venir… —dijo suavemente,
Santiago asintió,
—No tenías que disculparte,
pero algo en él no estaba del todo presente,
Su teléfono vibró,
una vez,
luego otra,
Isabella,
Santiago dudó apenas un segundo antes de mirar,
y ese instante bastó para alterar su concentración,
los mensajes eran breves, cargados de intención,
palabras que insinuaban cercanía,
y que parecían quedarse en su mente más de lo que debía,
Camila lo notó,
—¿Todo bien?
—Sí… es trabajo,
respondió él, bloqueando la pantalla,
aunque su tono ya no era completamente firme,
Intentaron retomar el momento,
Camila se inclinó ligeramente hacia él,
su voz más suave,
—Quiero que las cosas vuelvan a ser como antes…
Santiago la miró,
y por un instante,
pareció volver a estar presente,
—Podemos intentarlo…
murmuró,
acercándose apenas,
pero la tensión interna no desaparecía,
El teléfono vibró otra vez,
Santiago lo tomó con discreción,
y volvió a ver el nombre de Isabella,
no respondió de inmediato,
pero esa atención ya no era neutra,
Camila lo percibía,
aunque no pudiera explicarlo del todo,
—No puedes seguir distrayéndote así…
dijo ella en voz baja,
él guardó el teléfono,
—No es lo que parece,
Camila se acercó un poco más,
tomando su mano,
—No quiero perderte…
su voz fue baja, sincera,
—Quiero que volvamos a ser lo que éramos,
Santiago la miró,
y en su expresión hubo conflicto,
—Camila…
pero en ese instante,
su mente volvió a traicionarlo,
y su concentración se fragmentó nuevamente,
Camila lo sostuvo con la mirada,
esperando una respuesta,
pero él no terminó de entregarse a ese momento,
—No puedo prometerte lo mismo…
dijo finalmente,
con una honestidad que dolía más que cualquier mentira,
El silencio se volvió pesado,
y poco después,
Santiago se levantó,
—Debo irme,
Camila no lo detuvo,
pero tampoco lo despidió con facilidad,
—Entiendo…
aunque su voz reflejaba algo más profundo,
El trayecto hasta el coche fue silencioso,
la noche envolvía todo con una calma densa,
Santiago se quedó en el asiento,
cerrando la puerta con un sonido seco,
y finalmente tomó el teléfono,
Isabella había escrito otra vez,
y esta vez,
los mensajes llegaron acompañados de imágenes que buscaban captar su atención,
no eran solo mensajes,
eran recordatorios,
de su presencia,
de su intención,
de algo que estaba creciendo entre ellos sin control,
“Sé que no puedes dejar de pensar en esto…”
“Nos vemos más de lo que dices…”
Santiago leyó en silencio,
su expresión endureciéndose levemente,
pero sin poder ignorarlo,
Narrador omnisciente,
no era solo curiosidad,
era una distracción constante,
una presencia que comenzaba a ocupar espacio donde antes había control,
Santiago apoyó la cabeza contra el asiento,
cerrando los ojos un instante,
mientras las palabras de Isabella seguían resonando en su mente,
y aunque intentó enfocarse en otra cosa,
la imagen de ella regresaba,
una y otra vez,
difícil de apartar,
Y en ese silencio,
con el motor apagado y la noche cerrándose sobre él,
Santiago comprendió algo que no dijo en voz alta:
su vida ya no estaba bajo el mismo control de antes,
y alguien,
sin pedir permiso,
estaba empezando a ocupar un lugar que él aún no sabía cómo manejar.