Hace veinte años, ella le salvó la vida. Hoy, él por fin la encontró... pero ella no recuerda quién es. Mientras el pasado vuelve para destruirlos, Adrián deberá luchar contra quienes hicieron todo para separarlos. Porque esta vez, pase lo que pase... no piensa perderla otra vez.
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Capítulo 20: El rostro de la fotografía
La fotografía permanecía en la pantalla del teléfono.
Emma no podía apartar los ojos de ella.
Su padre estaba allí.
Alexander Volkov.
Vivo.
Pero no estaba solo.
A su lado aparecía una segunda persona.
Alguien cuyo rostro Emma conocía demasiado bien.
—No... —susurró.
Adrián tomó el teléfono.
Su expresión cambió al instante.
—Esto no puede ser.
Victoria se acercó.
Al ver la imagen, quedó completamente paralizada.
—Dios mío...
Petrov se aproximó lentamente.
—¿Quién es?
Nadie respondió.
Daniel miró la fotografía por encima del hombro de Adrián.
—¿Quién?
Emma levantó finalmente la mirada.
—Mi padre está con...
Se quedó sin voz.
Damián tomó el teléfono.
Y entonces también lo reconoció.
—Gabriel.
El nombre cayó sobre la habitación como una sentencia.
Petrov retrocedió.
—No.
Gabriel desapareció hace veinte años.
—Eso es lo que todos creíamos —respondió Adrián.
Samuel tomó la fotografía y comenzó a observarla con atención.
—Es reciente.
—¿Cómo lo sabés? —preguntó Emma.
—Por la fecha del archivo.
Fue tomada hace menos de cuarenta y ocho horas.
Emma sintió que el corazón le golpeaba con fuerza.
—Entonces mi papá está con Gabriel.
Victoria negó rápidamente.
—No necesariamente.
—¡Está al lado de él!
—Eso no significa que estén juntos por voluntad propia.
Adrián levantó la vista.
—Victoria tiene razón.
Miren el fondo.
Todos observaron nuevamente la imagen.
Detrás de Alexander y Gabriel había una pared de piedra.
Sobre ella aparecía un símbolo.
Una estrella rodeada por tres círculos.
Samuel palideció.
—Conozco ese lugar.
Emma se acercó.
—¿Dónde es?
Samuel respiró profundamente.
—La cámara de origen.
Petrov lo miró.
—Creí que había sido destruida.
—Todos lo creyeron.
Pero aparentemente no.
Adrián guardó el teléfono.
—Entonces ahí vamos.
El regreso a la mansión Volkov fue inmediato.
El convoy avanzó por la carretera mientras una tormenta comenzaba a formarse sobre la ciudad.
Emma viajaba junto a Victoria.
Durante varios minutos ninguna habló.
Finalmente, Emma rompió el silencio.
—¿Vos sabías que Gabriel estaba vivo?
Victoria negó.
—No.
—¿Estás segura?
Victoria la miró.
—Sí.
—Porque ya no sé en quién confiar.
La expresión de Victoria se quebró.
—Lo entiendo.
Pero hay algo que sí quiero que sepas.
Aunque haya cometido errores...
Nunca dejé de amarte.
Emma bajó la mirada.
—Yo también te quiero.
Pero necesito tiempo para entender todo esto.
Victoria asintió.
—Te lo daré.
Cuando llegaron a la mansión, Viktor ya había revisado el perímetro.
—No hay movimiento.
Adrián miró a Petrov.
—¿Dónde está la entrada?
Petrov señaló el ala oeste.
—Debajo de la antigua biblioteca.
Emma recordó el lugar.
Era una habitación que había visto en varios de sus recuerdos.
—Yo conozco esa biblioteca.
Petrov la observó.
—Entonces quizá también recuerdes dónde está la entrada.
Emma cerró los ojos.
Una imagen apareció.
Ella tenía cinco años.
Su padre la llevaba de la mano.
Habían llegado frente a una enorme estantería.
Alexander colocaba un libro rojo en el tercer estante.
La pared se abría.
Emma abrió los ojos.
—El libro rojo.
Adrián sonrió.
—Vamos.
Entraron en la biblioteca.
Todo permanecía cubierto de polvo.
Adrián recorrió las estanterías.
—¿Cuál?
Emma caminó lentamente.
Miró los libros.
Uno.
Dos.
Tres.
Entonces encontró un libro rojo.
Lo sacó.
Nada ocurrió.
—No funciona.
Petrov se acercó.
—Tenés que girarlo.
Emma lo hizo.
Se escuchó un mecanismo.
La estantería comenzó a desplazarse.
Detrás apareció una escalera que descendía hacia la oscuridad.
Victoria respiró profundamente.
—Hace veinte años que no bajo ahí.
Adrián encendió una linterna.
—Entonces hoy volvés.
La escalera parecía interminable.
Cuanto más descendían, más frío se volvía el aire.
Finalmente llegaron a un corredor de piedra.
Al fondo había una puerta.
Sobre ella aparecía el mismo símbolo de la fotografía.
La estrella.
Los tres círculos.
Damián sacó la pequeña llave.
—Supongo que es esta.
La introdujo en la cerradura.
La puerta se abrió.
Dentro había una habitación enorme.
En las paredes había cientos de fotografías.
Documentos.
Grabaciones.
Mapas.
Y en el centro...
Una mesa.
Sobre ella había una sola caja.
Emma se acercó.
En la tapa estaba escrito:
PARA EMILIA.
Otra vez.
—¿Por qué todo está dirigido a mí?
Samuel respondió:
—Porque Alexander sabía que algún día regresarías.
Emma abrió la caja.
Dentro encontró una grabadora.
La encendió.
La voz de su padre llenó la habitación.
—Si estás escuchando esto, significa que encontraste la cámara de origen.
Emma contuvo la respiración.
—Pero hay algo que necesito que entiendas.
Gabriel no es mi enemigo.
La grabación se detuvo.
Todos quedaron paralizados.
—¿Qué? —susurró Adrián.
La voz volvió a escucharse.
—Gabriel fue quien protegió a los niños aquella noche.
Fue él quien recibió mis órdenes.
Fue él quien se llevó a Emilia.
Y fue él quien mantuvo a Daniel con vida.
Emma sintió que las lágrimas llenaban sus ojos.
—Entonces...
¿Por qué todos lo consideraban un traidor?
Alexander continuó:
—Porque necesitaba que todos creyeran que me había traicionado.
Era la única forma de proteger la verdad.
Victoria dio un paso atrás.
—No...
Alexander siguió hablando.
—Si alguna vez ves una fotografía mía junto a Gabriel, no pienses que somos enemigos.
Significa que finalmente llegó el momento de terminar lo que comenzamos.
La grabación se detuvo.
Adrián miró a Emma.
—Entonces Gabriel no es el villano.
Samuel negó.
—No.
—¿Entonces quién?
La grabadora volvió a activarse sola.
La voz de Alexander sonó una última vez.
—El verdadero enemigo está sentado junto a ustedes.
Todos se quedaron inmóviles.
Emma giró lentamente.
A su alrededor estaban Victoria, Adrián, Daniel, Damián, Petrov, Samuel y Viktor.
Entonces las luces se apagaron.
Y una puerta se cerró detrás de ellos.
La oscuridad los envolvió por completo.
Durante unos segundos nadie dijo una palabra.
Solo se escuchaba la respiración de todos y el zumbido lejano de algún mecanismo oculto.
Emma sintió que alguien tomaba su mano.
—Soy yo —susurró Adrián.
—¿Dónde están los demás?
—Acá.
La voz de Victoria llegó desde algún lugar cercano.
—Estoy con Daniel.
Viktor encendió una pequeña linterna.
El haz de luz iluminó lentamente la habitación.
Todos seguían allí.
Pero había algo diferente.
La puerta por la que habían entrado estaba completamente cerrada.
Petrov se acercó y examinó el mecanismo.
—No tiene cerradura.
—Entonces estamos atrapados —dijo Damián.
Samuel negó.
—No.
Esta habitación fue construida para que nadie pudiera entrar...
Pero también para que alguien pudiera salir.
Adrián lo miró.
—¿Cómo?
Samuel señaló el suelo.
Había tres círculos grabados en la piedra.
Exactamente iguales al símbolo de la fotografía.
—El sistema necesita tres personas.
Emma, Daniel y Adrián.
Los tres se colocaron sobre los círculos.
Una luz tenue apareció debajo de sus pies.
Entonces una voz electrónica comenzó a escucharse.
—Identidades reconocidas.
—Emilia Volkov.
—Daniel Volkov.
—Adrián Volkov.
Emma frunció el ceño.
—¿Por qué te reconoce como Volkov si dijiste que no eras heredero?
Samuel respondió:
—Porque ser protector también requiere sangre Volkov.
La voz continuó.
—Acceso al archivo final.
Concedido.
Una sección de la pared comenzó a abrirse.
Detrás apareció un pasillo secreto.
Adrián miró a los demás.
—Vamos.
Caminaron por el pasillo durante varios minutos.
Las paredes estaban cubiertas de fotografías.
Emma reconoció algunas.
Su nacimiento.
Su primer cumpleaños.
El día que aprendió a caminar.
Sus padres estaban presentes en todas.
También aparecía Adrián.
Y Daniel.
Pero había algo extraño.
En varias fotografías aparecía una cuarta persona.
Una mujer.
Siempre estaba al fondo.
Nunca miraba directamente a la cámara.
Emma se detuvo.
—Ella...
Victoria se acercó.
Al verla, su rostro cambió.
—No.
—¿La conocés?
Victoria tardó en responder.
—Sí.
—¿Quién es?
—Clara.
Emma frunció el ceño.
—¿Quién era Clara?
Victoria respiró profundamente.
—La hermana de tu padre.
Todos quedaron en silencio.
Adrián miró las fotografías.
—Pensé que había muerto antes de que ustedes se casaran.
—Eso fue lo que todos creyeron.
Petrov observó una de las imágenes.
—Clara desapareció el mismo año en que comenzó Helios.
Samuel asintió.
—Y fue una de las primeras personas que tuvo acceso al Proyecto Legado.
Emma sintió un escalofrío.
—Entonces podría ser ella.
Victoria negó.
—No.
Clara amaba a tu padre.
Jamás habría hecho algo así.
Adrián señaló otra fotografía.
—Entonces ¿por qué aparece en todas?
Samuel se acercó.
—Porque ella también era parte del proyecto.
Al final del corredor encontraron otra puerta.
Esta vez no había cerradura.
Solo una pantalla.
Emma apoyó la mano.
La pantalla se encendió.
Apareció el rostro de Alexander.
—Emilia.
Si llegaste hasta aquí, significa que encontraste las fotografías.
Y probablemente también descubriste quién era Clara.
Emma contuvo la respiración.
—Tu tía Clara fue la primera persona en descubrir la verdadera naturaleza de Helios.
Ella intentó detenerlos.
Pero alguien la traicionó.
Victoria cerró los ojos.
—No...
Alexander continuó:
—Si Clara sigue viva, no confíes en lo que te diga.
Porque después de tantos años...
Ni siquiera sé de qué lado está.
La grabación terminó.
Emma miró a su madre.
—¿Vos sabías que podía estar viva?
Victoria negó.
—No.
Entonces se escuchó un ruido detrás de ellos.
Todos giraron.
La puerta del corredor se había abierto.
Una figura apareció en la oscuridad.
Era una mujer mayor.
Cabello oscuro con algunas canas.
Abrigo negro.
Y unos ojos idénticos a los de Alexander.
Victoria se quedó sin respiración.
—Clara...
La mujer sonrió.
—Hola, Victoria.
Después miró a Emma.
Sus ojos se llenaron de lágrimas.
—Así que finalmente creciste.
Emma dio un paso atrás.
—¿Usted es mi tía?
Clara asintió.
—Sí.
—¿Dónde estuvo todos estos años?
—Escondida.
—¿De quién?
Clara miró a su alrededor.
—De la persona que está intentando matarlos.
Adrián levantó el arma.
—¿Y cómo sabemos que no sos vos?
Clara sonrió con tristeza.
—No lo saben.
Por eso vine a contarles la verdad.
Clara caminó lentamente hacia Emma.
—Tu padre no desapareció por culpa de Alekséi.
Emma la miró fijamente.
—Entonces ¿por qué?
—Porque descubrió quién dirigía realmente Helios.
—¿Quién?
Clara negó.
—Todavía no puedo decirte el nombre.
—¡Todos dicen lo mismo!
Emma comenzó a perder la paciencia.
—¡Estoy cansada de secretos!
Clara la miró con tristeza.
—Lo sé.
Y justamente por eso te traje hasta aquí.
Sacó una fotografía de su bolsillo.
La colocó frente a Emma.
Era una imagen tomada hacía muchos años.
Alexander aparecía junto a Clara.
Pero entre ellos había otra persona.
Una mujer.
Emma la observó detenidamente.
—¿Quién es?
Clara respondió:
—La fundadora de Helios.
Victoria palideció.
—Eso es imposible.
—No.
Clara negó.
—Es la verdad.
Emma miró nuevamente la fotografía.
Entonces reconoció el rostro.
No podía ser.
La mujer de la imagen era alguien que había visto recientemente.
Alguien que había hablado con ellos.
Alguien que todos creían que estaba ayudándolos.
Emma levantó la mirada.
—Elena...
Clara asintió.
—Sí.
Elena fue quien fundó Helios.
Y también fue quien ordenó separar a los tres niños aquella noche.
Damián dio un paso atrás.
—Entonces nos mintió.
Clara respondió:
—Durante veinte años.
En ese instante, un teléfono comenzó a sonar dentro de la habitación.
Clara miró a Emma.
—No contestes.
Emma se quedó quieta.
Pero el teléfono seguía sonando.
Una vez.
Dos.
Tres.
Finalmente, Emma levantó el auricular.
—¿Hola?
Una voz masculina respondió.
Era Alexander.
—Emilia...
No escuches a Clara.
Ella fue quien me traicionó.
Emma quedó paralizada.
Miró a Clara.
Después al teléfono.
—¿Quién está diciendo la verdad?
Hubo un largo silencio.
Entonces Alexander respondió:
—Ninguno de los dos.
Y la llamada se cortó.
Emma bajó lentamente el auricular.
Por primera vez comprendió algo.
La verdad que buscaba no estaba en una sola persona.
Estaba escondida entre las mentiras de todos.
Y para encontrarla...
Tendría que descubrir quién había creado Helios realmente.
Clara miró hacia la puerta.
—Y tenemos muy poco tiempo.
Porque Elena ya sabe que descubriste la verdad.
Continuará...