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El Heredero Del Alfa

El Heredero Del Alfa

Status: En proceso
Genre:Embarazo no planeado / Hombre lobo / Salvar al hijo enfermo
Popularitas:4.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Violeta. E

En la noche de su compromiso, Aeryn descubre la peor de las traiciones: su prometido y su propia hermana esperan un hijo juntos. Destrozada por el dolor, huye de la corte hacia los jardines olvidados del palacio, donde se entrega a una noche de pasión prohibida con un imponente Alfa desconocido para calmar su tormento. Al amanecer, abrumada por la realidad, recoge sus pocas pertenencias y escapa sin dejar rastro, ignorando por completo que el misterioso hombre al que abandonó en la penumbra es el temido y supremo Emperador Lycan

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Capitulo 16

La noche era cerrada en la capital. En la suite del ala privada, todo estaba en completo silencio. Ian dormía profundamente en su cama, abrazado a su manta, y Mara descansaba en la habitación contigua.

Aeryn, sin embargo, no podía pegar ojo. Llevaba horas dando vueltas en la cama. Se levantó en silencio, se puso una túnica sencilla sobre el vestido de noche y se acercó a la mesa donde había dejado sus notas sobre los libros contables de los Ash.

Había algo en una de las páginas que no la dejaba tranquila. Un detalle pequeño, una anotación al margen con un código de fechas que al principio parecía un error sin importancia. Pero Aeryn conocía demasiado bien las trampas de los nobles. Volvió a revisar los números con la luz de una vela.

De pronto, los ojos se le abrieron de par en par.

—No era solo dinero... —murmuró para sí misma.

Los Ash no solo habían robado oro del imperio. Habían usado ese dinero para alquilar un almacén secreto cerca de la entrada de la capital, donde guardaban armas y suministros militares sin registrar. Era la prueba definitiva que terminaba de hundir a Lucian Ash y a cualquier noble que hubiera querido ayudarlo.

Aeryn no esperó al día siguiente. No lo hizo porque alguien se lo pidiera o por cumplir una orden imperial. Lo hizo por voluntad propia, porque quería asegurarse de que esa amenaza desapareciera para siempre y su hijo estuviera a salvo.

Tomó la hoja de papel con los apuntes y salió de la suite. Los guardias del pasillo, que tenían órdenes claras de Magnus de dejarla moverse con total libertad, se hicieron a un lado y la dejaron pasar sin hacer preguntas.

Aeryn caminó por los pasillos oscuros del palacio. El mármol estaba frío, pero su corazón latía con fuerza. A medida que se acercaba al despacho del Emperador, una extraña mezcla de nervios y adrenalina le recorría el cuerpo.

Llegó a las grandes puertas de madera del despacho. Vio una hilera de luz dorada saliendo por debajo de la puerta. Golpeó suavemente con los nudillos.

—Entra —dijo la voz profunda de Magnus desde adentro.

Aeryn empujó la puerta y entró. El despacho estaba en penumbra, iluminado solo por el fuego de la chimenea y un par de velas sobre la mesa. Magnus estaba sentado frente a su escritorio, sin la chaqueta de la túnica y con los primeros botones de la camisa blanca desabrochados. Se notaba que llevaba trabajando toda la noche.

Al levantar la vista y ver a Aeryn a esas horas, Magnus pareció sorprendido.

—¿Aeryn? —dijo él, levantándose de la silla de inmediato—. ¿Pasó algo con Ian? ¿Ocurrió algo en la suite?

—Ian está bien, duerme como un tronco —respondió Aeryn caminando hacia el escritorio con paso firme—. Encontré algo en las notas de los Ash. Algo que se les pasó a todos.

Magnus la miró fijamente mientras ella se acercaba.

—¿Te quedaste despierta revisando eso? —preguntó el Alfa con una voz suave, dejando ver la preocupación y la admiración en su mirada.

—No podía dormir y quería estar segura —dijo ella, apoyando las hojas sobre la mesa—. Mira esto. Lucian no solo escondió dinero. Usó una cuenta falsa para alquilar un almacén en el sector sur de la ciudad. Hay armas ahí. Si mandas a tus guardias ahora mismo, vas a encontrar las pruebas que necesitas para encerrar a todos sus aliados antes de que amanezca.

Magnus se acercó a la mesa y miró el papel que ella señalaba. Pero en lugar de concentrarse en los números, la miró a ella. La luz cálida del fuego iluminaba la cara de Aeryn, sus ojos brillantes por el entusiasmo del descubrimiento y la soltura de su pelo sobre los hombros.

—Eres increíble, Aeryn —dijo Magnus con la voz baja y gruesa.

—Solo estoy haciendo lo necesario para que estemos seguros —respondió Aeryn, tratando de mantener la voz firme.

Pero la distancia entre ellos ya era casi nula. En la quietud de la noche y en el silencio del despacho, el ambiente cambió por completo. La adrenalina de haber descubierto el secreto de los Ash dio paso a un calor intenso que venía acumulándose desde hacía días.

El aroma de Magnus llenó el aire de la habitación, volviéndose denso, cálido y envolvente. A pesar de los remedios que Aeryn había tomado durante años, su cuerpo reaccionó de inmediato. Un aroma dulce y clar comenzó a salir de su piel, respondiendo sin filtros al Alfa.

Magnus dio un paso más, quedando a solo unos centímetros de ella.

—Llevo seis años pensando en ti cada noche —murmuró Magnus, mirándola directamente a los ojos con sus pupilas rojas brillando en la oscuridad—. Intenté convencerme de que era mejor dejarte ir, pero tenerte aquí, viendo lo fuerte y brillante que eres... me vuelve loco.

Aeryn sintió que le faltaba el aire. Intentó buscar una excusa para dar un paso atrás, pero sus pies no se movieron. La verdad era que ella tampoco podía seguir fingiendo que no sentía nada. La forma en que él había cuidado a Ian, el respeto con el que la trataba y la fuerza de ese lazo que los unía la superaban por completo.

—Magnus... —alcanzó a decir ella en un suspiro.

El Alfa no esperó más. Levantó las manos y tomó el rostro de Aeryn con delicadeza, atrayéndola hacia él.

Cuando sus labios se tocaron, fue como si una chispa encendiera todo a su alrededor. Fue un beso cargado de necesidad, de años de distancia y de un deseo que ninguno de los dos pudo aguantar más. Aeryn soltó un pequeño gemido y pasó los brazos alrededor del cuello de Magnus, pegándose a su cuerpo ancho y cálido.

Magnus la apretó contra él con fuerza, sintiendo el cuerpo suave de la Omega entre sus brazos. El beso se volvió más profundo, más caliente y lleno de pasión. Magnus bajó sus manos hacia la cintura de ella, alzándola un poco para sentarla sobre el borde del escritorio de madera, entre los papeles y las notas.

Aeryn enredó los dedos en el pelo oscuro de Magnus, respondiendo a cada uno de sus besos con el mismo fuego. El aroma a volcán y a flores silvestres se mezcló en la habitación, creando una atmósfera de pura intimidad que los rodeó por completo.

—Eres mía, Aeryn... —susurró Magnus entre besos, rozando con los labios el cuello cálido de ella, donde la piel olía más dulce.

—No soy de nadie, Magnus —respondió Aeryn con la voz agitada, mirándolo a los ojos mientras lo acariciaba con fuerza—... pero esta noche quiero estar contigo.

Magnus sonrió contra su piel y volvió a besarla con rabia y cariño a la vez. Sus manos acariciaron la espalda de Aeryn por debajo de la túnica, sintiendo la firmeza de su piel y los latidos rápidos de su corazón. Aeryn se entregó por completo al momento, dejando que las manos del Alfa la recorrieran y sintiendo por primera vez en seis años una libertad absoluta, sin miedos ni secretos entre los dos.

Pasaron un largo rato juntos en el sillón frente al fuego, abrazados en medio del silencio del despacho. El fuego de la chimenea chispeaba despacio mientras sus respiraciones se iban calmando.

Aeryn descansaba la cabeza sobre el pecho desnudo de Magnus, escuchando los latidos firmes de su corazón. Él la rodeaba con un brazo fuerte, acariciándole el pelo con una dulzura que nadie en todo el imperio creería que venía del gran Emperador.

—Mañana a primera hora mandaré a la guardia a ese almacén —dijo Magnus suavemente, besándole la frente—. Los Ash no volverán a ser una amenaza jamás. Te lo prometo.

Aeryn levantó la vista y le dedicó una sonrisa cansada pero tranquila.

—Lo sé —dijo ella—. Ahora lo sé.

Cuando el sol empezó a asomarse muy a lo lejos por el horizonte, Aeryn se arregló la túnica y se preparó para regresar a su suite antes de que el palacio despertara. Magnus la acompañó hasta la puerta, dándole un último beso suave en los labios.

Caminando de regreso por los pasillos, Aeryn sentía el cuerpo cálido y el corazón tranquilo. Sabía que las cosas en el palacio seguirían siendo difíciles, pero después de esta noche, ya no tendría que enfrentarlas sola.

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