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LA OBSESIÓN DEL ZORRO

LA OBSESIÓN DEL ZORRO

Status: En proceso
Genre:Mundo de fantasía / Romance
Popularitas:1.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Rishel23

Espero que les guste esta novela tanto como a mi...

NovelToon tiene autorización de Rishel23 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

10

Capítulo 10: La presa que no era una presa

Parte 1

Desde que Richel había tomado la mano de Ren delante de los empleados, algo había cambiado.

Ya no existía aquella distancia incómoda entre ellos.

Ren dejó de esconderse.

Y, para desgracia de Richel...

También dejó de separarse de ella.

—Ren...

—¿Sí?

—Estás demasiado cerca.

—Lo sé.

—Llevas caminando detrás de mí desde que salimos del ascensor.

—Lo sé.

Richel se giró para mirarlo.

El zorro estaba a menos de un metro de ella.

Sus ojos dorados seguían cada uno de sus movimientos.

—Pareces un chicle pegado a mí.

Ren sonrió.

—¿Te molesta?

—Un poco.

—Entonces me separaré.

Richel sonrió satisfecha.

Ren dio exactamente tres pasos hacia atrás.

Ella volvió a caminar.

Y él volvió a acercarse.

Richel se detuvo.

—¡Ren!

El zorro soltó una carcajada.

—No puedo evitarlo.

—¿Qué no puedes evitar?

—Querer estar cerca de ti.

Ella intentó mantenerse seria.

No pudo.

—Eres imposible.

Ren se inclinó ligeramente.

—Pero te gusto.

Richel sintió que sus mejillas se calentaban.

—No te emociones demasiado.

—Demasiado tarde.

---

En el otro extremo del pasillo, varios empleados observaban discretamente.

—¿La viste?

—Sí.

—Es ella.

—La novia del presidente.

—¿Ya son oficialmente pareja?

—No sé.

—Entonces, ¿por qué él la sigue a todas partes?

—Porque está enamorado.

Otro empleado intervino:

—El presidente nunca sonríe así con nadie.

Todos miraron hacia Ren.

Richel estaba hablando con él mientras organizaba unos documentos.

Ren sonreía.

Uno de los empleados suspiró.

—Definitivamente es su novia.

Richel alcanzó a escuchar la última frase.

Se giró.

—¿Qué dijeron?

Los empleados se quedaron congelados.

—Nada, señorita.

—Escuché "novia".

Silencio.

Ren apareció detrás de ella.

—No están equivocados.

Richel abrió los ojos.

—¡Ren!

Él sonrió tranquilamente.

—¿Qué?

—¡No puedes decirlo así!

—¿Por qué no?

—Porque todavía no hemos hablado de eso.

Ren bajó la mirada hacia ella.

—Entonces hablemos.

Richel quedó en silencio.

Aquella conversación tendría que ocurrir tarde o temprano.

Pero antes de que pudiera responder...

Una voz femenina interrumpió.

—Señorita Richel.

Richel se giró.

Era la directora que había estado hablando con Ren días atrás.

La mujer sonrió.

—¿Podría acompañarme un momento?

Richel miró a Ren.

—¿Por qué?

—Necesito hablar contigo sobre unos documentos.

Ren dio un paso hacia ellas.

—Puedo acompañarlas.

La directora negó.

—No será necesario.

Ren frunció el ceño.

Richel le tocó suavemente el brazo.

—Estaré bien.

Él no parecía convencido.

—No tardes.

—Lo prometo.

---

La directora condujo a Richel hasta una sala privada.

Cerró la puerta.

Richel cruzó los brazos.

—¿Qué ocurre?

La mujer dejó unos documentos sobre la mesa.

—Quería hablar contigo acerca de Ren.

Richel frunció el ceño.

—¿Sobre Ren?

—Sí.

La mujer se acercó.

—Debes entender que él siempre ha sido un hombre difícil.

Richel no respondió.

—Hay muchas personas que dependen de él.

Y tú apareciste de repente.

—¿Está intentando decirme que me aleje?

La mujer sonrió.

—Estoy diciendo que tengas cuidado.

Richel la observó fijamente.

—¿Por qué?

—Porque Ren no es un hombre sencillo.

Richel tomó los documentos.

—Eso ya lo sé.

La mujer la miró con una expresión difícil de interpretar.

—Entonces espero que sepas dónde te estás metiendo.

Richel salió de la habitación.

Pero una sensación desagradable permaneció en su pecho.

---

Esa tarde decidió ir a la cafetería donde solía trabajar.

Necesitaba despejarse.

Entró y pidió una mesa cerca de la ventana.

Mientras esperaba, sintió una mirada sobre ella.

Levantó los ojos.

Un hombre estaba sentado al otro lado del establecimiento.

Era muy atractivo.

Cabello oscuro.

Rostro elegante.

Y unos ojos extrañamente claros.

Cuando sus miradas se encontraron, él sonrió.

Se levantó y se acercó.

—¿Está sola?

Richel dudó.

—Sí.

—¿Puedo invitarle un café?

Ella estuvo a punto de negarse.

Pero el hombre ya había pedido la bebida.

—No suelo aceptar bebidas de desconocidos.

—Entonces podemos conocernos.

Extendió la mano.

—Adrián.

Richel estrechó su mano brevemente.

—Richel.

El hombre sonrió.

—Un placer.

El café llegó.

Adrián empujó la taza hacia ella.

—Para ti.

Richel observó la bebida.

Algo no estaba bien.

No sabía exactamente qué.

Pero su instinto le decía que no bebiera.

Sonrió.

—Gracias.

Tomó la taza.

La acercó a sus labios.

Pero no bebió.

Adrián la observó atentamente.

—¿No te gusta?

—Está muy caliente.

Respondió ella.

Dejó la taza sobre la mesa.

—Esperaré un poco.

El hombre sonrió.

—Claro.

Richel fingió tranquilidad.

Pero su mente ya estaba trabajando.

Algo había cambiado en el aroma del café.

Era sutil.

Demasiado sutil.

Y el hombre no había bebido de su propia taza.

—Voy al baño.

Dijo ella levantándose.

—Te espero.

Richel sonrió.

—Claro.

Entró al baño.

Esperó unos segundos.

Luego miró alrededor.

No quería arriesgarse.

Encontró una salida de mantenimiento y consiguió escapar por una pequeña rejilla que conectaba con el callejón posterior.

No sabía quién era aquel hombre.

Pero sabía una cosa.

No pensaba esperar a descubrirlo.

---

El callejón estaba vacío.

Richel caminó rápidamente.

Entonces escuchó pasos.

Se detuvo.

—Sabía que intentarías escapar.

Un hombre salió de entre las sombras.

Era diferente al que estaba en la cafetería.

Llevaba el rostro parcialmente cubierto.

Richel retrocedió.

—Apártate.

El hombre avanzó.

—Será más fácil si vienes conmigo.

—No.

Él intentó sujetarla.

Richel reaccionó inmediatamente.

No era una joven indefensa.

Había recibido entrenamiento de defensa personal desde hacía años.

Su movimiento fue rápido.

El atacante perdió el equilibrio.

Su arma cayó al suelo.

Richel la apartó de él y lo dejó fuera de combate con un movimiento preciso.

Respiró agitada.

Miró al hombre inconsciente.

—¿Quiénes son ustedes?

No obtuvo respuesta.

Richel no esperó.

Salió corriendo del callejón.

---

Dos calles más adelante...

Un automóvil negro frenó frente a ella.

Richel se detuvo.

La puerta se abrió.

Ren bajó.

Su expresión cambió inmediatamente al verla.

—Richel.

Ella se quedó inmóvil.

—Ren...

Él corrió hacia ella.

—¿Qué ocurrió?

Richel intentó responder.

Pero Ren ya había visto su rostro pálido.

Había visto su respiración agitada.

Y había olido el miedo.

La tomó suavemente de los hombros.

—¿Quién te hizo esto?

—Estoy bien.

—No.

Su voz fue baja.

Pero estaba cargada de furia.

—No estás bien.

Richel lo miró.

Por primera vez vio algo diferente en sus ojos.

No eran simplemente celos.

No era posesividad.

Era miedo.

Miedo de perderla.

—Intentaron atraparme.

Ren cerró los ojos durante un instante.

Su mandíbula se tensó.

—¿Quién?

—No lo sé.

Había un hombre en la cafetería...

Me ofreció un café.

Creo que tenía algo.

Y luego otro hombre intentó detenerme.

Ren la abrazó.

Sin importarle quién pudiera estar observando.

—No vuelvas a hacer esto sola.

Richel quedó sorprendida.

—¿Hacer qué?

—Enfrentarte a ellos.

—No podía quedarme esperando.

—Podrían haberte hecho daño.

—Pero no lo hicieron.

Ren se apartó para mirarla.

—Porque tuviste suerte.

Richel negó.

—No fue suerte.

Ren guardó silencio.

Ella sonrió ligeramente.

—Sé defenderme.

El zorro la observó con una mezcla de orgullo y preocupación.

—Eso me preocupa todavía más.

—¿Por qué?

—Porque ahora sé que eres capaz de meterte en problemas sin mí.

Richel soltó una pequeña risa.

—¿Ves?

Eres un chicle.

Ren finalmente sonrió.

Pero la sonrisa desapareció cuando miró hacia la calle.

Dos de sus hombres llegaron corriendo.

—Señor.

Ren se giró.

—¿Encontraron a los responsables?

Uno de ellos negó.

—Uno escapó.

Pero encontramos al hombre que estaba en la cafetería.

Ren apretó los puños.

—Llévenlo.

Quiero respuestas.

Richel tomó la mano de Ren.

Él bajó la mirada.

Ella entrelazó sus dedos con los suyos.

—Estoy aquí.

Ren la miró.

Y por primera vez desde que la encontró...

Comprendió que sus sentimientos ya no podían considerarse simples celos o atracción.

La amaba.

Y si alguien intentaba llevársela...

Tendría que enfrentarse a él.

Ren no soltó la mano de Richel.

Ni siquiera cuando sus hombres se acercaron.

—Señor —dijo uno de ellos—, el hombre de la cafetería está bajo custodia.

Ren asintió.

—Llévenlo a un lugar seguro. Nadie fuera de nuestro equipo debe saber que lo tenemos.

Richel lo miró.

—¿Seguro?

—Sí.

—¿Y qué van a hacer con él?

Ren sostuvo su mirada.

—Averiguar quién lo envió.

Ella comprendió que no obtendría más respuestas por el momento.

Pero algo dentro de ella seguía inquietándola.

—Ren...

—¿Sí?

—La mujer de la empresa también me dijo que tuviera cuidado contigo.

El rostro de Ren cambió.

—¿Qué mujer?

—La directora que estaba contigo aquel día.

—¿Qué te dijo exactamente?

Richel le explicó la conversación.

Ren permaneció en silencio.

—¿Y te detuvo para decirte eso?

—Sí.

—¿Te amenazó?

—No exactamente.

Ren entrecerró los ojos.

Aquello no le gustaba.

Nada.

—Voy a hablar con ella.

—Ren, espera.

Richel apretó su mano.

—No quiero que hagas una escena.

—No haré ninguna escena.

—Tu cara dice lo contrario.

Él suspiró.

—Está bien.

Richel sonrió.

—Gracias.

Ren la miró durante unos segundos.

—Pero vendrás conmigo.

—¿A dónde?

—A mi casa.

Ella abrió los ojos.

—¿Qué?

—No voy a dejarte sola esta noche.

—Ren...

—Richel.

Su tono cambió.

Ya no era el empresario.

Era el hombre que estaba aterrorizado de perderla.

—Por favor.

Ella se quedó callada.

Nunca lo había visto pedir algo de aquella manera.

Finalmente asintió.

—Está bien.

Ren soltó el aire lentamente.

---

Una hora después...

El automóvil llegó a la residencia Ashikaga.

Richel había estado allí una vez, pero nunca había visto la enorme mansión iluminada durante la noche.

Al entrar, encontró a Akemi esperándolos.

La mujer se acercó inmediatamente.

—Richel.

La abrazó con cariño.

—Me alegra que estés aquí.

Richel sonrió.

—Gracias.

Akemi miró a su hijo.

—¿Qué ocurrió?

Ren permaneció serio.

—Intentaron secuestrarla.

Akemi palideció.

—¿Qué?

Richel intentó tranquilizarla.

—Estoy bien.

—Eso no importa.

Akemi tomó su rostro entre las manos.

—¿Te hicieron daño?

—No.

—¿Estás segura?

—Sí.

Akemi respiró aliviada.

Luego miró a su hijo.

—Ren.

—Lo sé.

—No.

Su madre negó con la cabeza.

—No lo sabes.

Richel observó a ambos.

Akemi se acercó a Ren.

—Si esa organización está involucrada, debes entender que ahora ella también está en peligro por estar contigo.

Ren apretó la mandíbula.

—Precisamente por eso permanecerá conmigo.

Richel intervino.

—No quiero que decidas eso sin preguntarme.

Ren la miró.

—¿Y qué quieres tú?

Ella sostuvo sus ojos.

—Quiero quedarme.

El silencio llenó la habitación.

Ren pareció sorprendido.

—¿Estás segura?

Richel asintió.

—Sí.

—¿Por qué?

Ella sonrió.

—Porque cuando pensé que alguien podía atraparme...

Lo primero que hice fue buscarte.

Ren quedó completamente inmóvil.

Aquellas palabras atravesaron todas sus defensas.

Se acercó lentamente.

—Richel...

Ella levantó la mirada.

—No quiero alejarme de ti.

Ren tomó su mano.

—Entonces no lo hagas.

---

Más tarde...

Richel se encontraba en una de las habitaciones de invitados.

Había recibido ropa limpia y todo lo necesario para pasar la noche.

Estaba sentada junto a la ventana cuando escuchó un golpe suave en la puerta.

—Adelante.

Ren entró.

Llevaba una camisa oscura y tenía el cabello ligeramente desordenado.

Richel sonrió.

—¿No duermes?

—No.

—¿Por qué?

—Estoy pensando.

—Eso puede ser peligroso.

Ren soltó una pequeña risa.

Se sentó frente a ella.

Durante unos segundos permanecieron en silencio.

—Hoy tuve miedo —admitió él.

Richel dejó de sonreír.

—¿Tú?

—Sí.

—No pareces alguien que tenga miedo.

Ren bajó la mirada.

—Cuando te vi corriendo hacia mí...

Pensé que podía haberte perdido.

Richel sintió una presión en el pecho.

Se acercó y tomó su mano.

—Pero no me perdiste.

Ren entrelazó sus dedos con los de ella.

—No quiero hacerlo nunca.

Richel lo miró.

—Ren...

—¿Sí?

—Creo que deberíamos hablar sobre nosotros.

Él asintió.

—Quiero hacerlo.

Richel respiró profundamente.

—¿Somos una pareja?

Ren la miró directamente.

—Yo quiero que lo seamos.

—Eso no responde mi pregunta.

Una sonrisa apareció en sus labios.

—Entonces sí.

Richel soltó una pequeña risa.

—Eres terrible.

—¿Eso significa que eres mi novia?

Ella fingió pensarlo.

—No sé...

Ren arqueó una ceja.

—Richel.

Ella sonrió.

—Sí.

La expresión de Ren cambió inmediatamente.

Una felicidad auténtica apareció en sus ojos.

—¿Sí?

—Sí.

Él llevó su mano hasta sus labios y depositó un beso suave sobre sus dedos.

—Entonces eres oficialmente mi novia.

Richel negó con la cabeza.

—Mírate.

—¿Qué?

—Pareces un niño al que acaban de regalar algo.

—Me acabas de dar algo mucho más importante.

Ella sonrió.

—¿Qué?

Ren la miró.

—A ti.

---

Al día siguiente...

La noticia se extendió rápidamente dentro del Grupo Ashikaga.

No oficialmente.

Pero nadie necesitaba confirmación.

Cuando Richel entró al edificio junto a Ren...

El presidente llevaba una mano sobre su espalda.

Ella caminaba a su lado.

Y ambos sonreían.

Los empleados intercambiaron miradas.

—Ahora sí es oficial.

—¿La señorita Richel es la novia del presidente?

—Sí.

—Lo sabía.

—Mira su cara.

—Nunca había visto al presidente tan feliz.

Richel escuchó los murmullos.

Miró a Ren.

—Ya no hay forma de ocultarlo.

Él sonrió.

—Nunca quise ocultarlo.

—¿No?

—No.

Richel se acercó.

—Entonces tendrás que acostumbrarte a que todos sepan que tienes novia.

Ren sonrió.

—Con mucho gusto.

---

Pero mientras la pareja caminaba hacia el despacho...

Kaito apareció rápidamente.

—Ren.

El tono era serio.

Ren se detuvo.

—¿Qué ocurre?

Kaito miró primero a Richel.

Luego a su jefe.

—Encontramos información sobre el hombre de la cafetería.

Ren se tensó.

—Habla.

—No actuaba solo.

—¿Quién lo contrató?

Kaito bajó la voz.

—Todavía no tenemos el nombre.

Pero encontramos una conexión.

Ren esperó.

—La mujer que habló con Richel ayer...

Kaito hizo una pausa.

—También está relacionada con ellos.

Richel abrió los ojos.

Ren quedó completamente inmóvil.

Ahora todo tenía sentido.

La conversación.

El aislamiento.

La cafetería.

El café.

La persecución.

No eran acontecimientos separados.

Todo formaba parte del mismo plan.

Ren tomó la mano de Richel.

Esta vez no por posesividad.

Sino para asegurarse de que sintiera que no estaba sola.

—No volverás a estar lejos de mí.

Richel entrelazó sus dedos con los suyos.

—No pensaba hacerlo.

Ren la miró.

Y por primera vez, ambos comprendieron que su relación acababa de entrar en una etapa completamente diferente.

Ya no se trataba únicamente de amor.

Ahora tenían un enemigo.

Y ese enemigo acababa de acercarse demasiado.

1
Lariel Flowers
Exelente
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