Desperté años en el pasado con una misión: eliminar al futuro Rey Demonio.
Sin embargo, cuando lo encontré, era solo un bebé.
Un bebé demasiado inteligente.
Un bebé que conocía mi nombre.
Un bebé que me miró con tristeza y susurró:
—Te encontré otra vez, mamá
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El libro que no debía existir
Lyra tenía un problema.
Un problema grande.
Un problema enorme.
Y ese problema se llamaba Lucien.
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—No puedes seguir mirando así a las personas.
—¿Cómo?
—Como si estuvieras planeando enterrarlas en un bosque.
Lucien parpadeó.
—Nunca haría eso.
—Eso no me tranquiliza.
—Porque no me gustan los bosques.
—¡LuciEN!
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Habían pasado dos días desde el encuentro con Lord Valerius.
Dos días en los que Lucien se había comportado de forma sospechosamente ejemplar.
Y eso preocupaba muchísimo a Lyra.
Porque normalmente los problemas llegaban cuando él estaba demasiado tranquilo.
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Aquella mañana la Academia Celestia organizó una visita a su biblioteca principal.
Un edificio gigantesco.
Más grande que algunos pueblos.
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Lucien levantó la vista.
—Es enorme.
—Sí.
—¿Cuántos libros habrá?
—Miles.
—Qué horror.
Lyra se detuvo.
—¿Qué?
—Imagínate leer todo eso.
—A algunas personas les gusta leer.
—Eso dicen los libros para reclutar nuevos lectores.
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La profesora de cabello plateado soltó una carcajada.
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—Bienvenidos a la Gran Biblioteca.
Anunció.
—Aquí se conservan conocimientos de más de mil años.
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Lucien observó las estanterías.
Luego observó la puerta.
Calculando claramente una ruta de escape.
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—No se puede huir.
Dijo Lyra.
—Ni siquiera lo intenté.
—Tus ojos sí.
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Mientras los demás estudiantes recorrían la biblioteca...
Algo llamó la atención de Lucien.
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Un pasillo.
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Escondido.
Lejos de los demás.
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Y al final de aquel pasillo...
Una puerta.
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El pequeño se quedó inmóvil.
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Porque la recordaba.
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No de esta vida.
De otra.
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—No puede ser...
Murmuró.
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Un escalofrío recorrió toda su espalda.
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Aquella puerta no debería estar allí.
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Porque en otras vidas...
Siempre había estado cerrada.
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Y detrás de ella...
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Había encontrado algo.
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Algo importante.
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Algo que había cambiado el destino.
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—Lucien.
La voz de Lyra lo sacó de sus pensamientos.
—¿Qué haces?
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El niño señaló la puerta.
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—Quiero entrar ahí.
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—No.
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—¿Por qué?
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—Porque esa frase siempre termina mal.
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—Es una puerta.
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—Exactamente.
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—Eso no tiene sentido.
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—Con nosotros sí.
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Lamentablemente para Lyra...
Lucien heredó una habilidad muy peligrosa.
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La curiosidad.
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Y veinte minutos después...
Estaban frente a la puerta.
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—Esto es una mala idea.
Dijo Lyra.
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—Correcto.
Respondió Lucien.
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—Entonces vámonos.
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—No.
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—¿Por qué?
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—Porque ahora también tengo curiosidad.
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—Maldita sea.
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La puerta estaba cerrada con magia.
Antigua.
Poderosa.
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Pero cuando Lucien apoyó la mano sobre ella...
Las runas desaparecieron.
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Simplemente desaparecieron.
—Eso tampoco es normal.
Dijo Lyra.
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—Ya perdí la cuenta.
Respondió Lucien.
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La puerta se abrió lentamente.
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Y detrás encontraron una pequeña sala olvidada.
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Polvo.
Libros viejos.
Estanterías derrumbadas.
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Y en el centro...
Un único libro.
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Cubierto por una gruesa capa de polvo.
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Lucien sintió cómo el corazón comenzaba a latirle con fuerza.
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Porque lo reconoció inmediatamente.
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—No.
Susurró.
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Lyra lo observó.
—¿Qué sucede?
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—Lo recuerdo.
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El aire pareció enfriarse.
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—¿De otra vida?
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Lucien asintió.
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—Sí.
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—¿Qué es?
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El pequeño se acercó lentamente.
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—Un libro que nunca debería haber encontrado.
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Aquella respuesta no ayudó en absoluto.
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—Lucien.
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—Sí.
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—Estás siendo dramático.
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—Estoy intentando.
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—¿Intentando qué?
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—No entrar en pánico.
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Lyra dejó de sonreír.
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Porque Lucien no bromeaba.
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Y eso era raro.
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Muy raro.
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Con cuidado levantó el libro.
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La tapa era negra.
Sin título.
Sin nombre.
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Nada.
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Pero cuando lo abrió...
Las páginas comenzaron a brillar.
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Y una frase apareció escrita sola.
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Una frase que ninguno de los dos había visto antes.
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"La última línea temporal ha comenzado."
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Silencio.
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Muchísimo silencio.
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—No me gusta eso.
Dijo Lyra.
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—A mí tampoco.
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Las palabras continuaron apareciendo.
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"Si estás leyendo esto..."
"Entonces los reinicios han fracasado."
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El corazón de Lucien se detuvo.
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Porque aquella escritura...
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Era suya.
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—¿Qué?
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Lyra observó al niño.
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—Lucien...
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Las manos del pequeño comenzaron a temblar.
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—Yo escribí esto.
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—¿Qué?
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—Lo escribí yo.
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—Eso es imposible.
—Lo sé.
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—Lucien.
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—Lo sé.
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La habitación quedó en silencio.
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Porque si aquello era verdad...
Significaba algo imposible.
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En alguna línea temporal futura...
Lucien había descubierto la verdad.
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Y había dejado un mensaje para sí mismo.
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Y para Lyra.
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Un mensaje atravesando incontables vidas.
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Un mensaje que jamás debió existir.
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Muy lejos de allí...
En una torre privada de la academia...
Lord Valerius observaba por una ventana.
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Su sonrisa había desaparecido.
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—Encontró el libro.
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La figura encapuchada a su lado asintió.
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—Sí.
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—Más rápido de lo esperado.
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Valerius cerró lentamente los ojos.
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—Entonces ya no queda mucho tiempo.
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Por primera vez desde su aparición...
Parecía preocupado.
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Porque el juego estaba cambiando.
Y las piezas comenzaban a moverse.
FIN DEL CAPÍTULO 16