Soy Adalyn en este mundo, cuando llegue me dijeron que estaba embarazada y resulta que va a ser el futuro héroe que acabará con el emperador y su tiranía. El padre es el duque y mano derecha del emperador pero yo protegere a mi hijo.
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La llegada (part1)
El palacio imperial era exactamente lo que Ren esperaba y completamente diferente a lo que había imaginado.
Lo esperaba grande. Era descomunal. Las torres que había visto en el horizonte desde la ventana de su habitación no habían mentido sobre el tamaño, pero el tamaño desde lejos y el tamaño desde adentro eran dos experiencias completamente distintas. El palacio no solo era grande — estaba construido para que sintieras su tamaño. Para que entraras y sintieras que eras pequeña. Para que antes de ver al Emperador, antes de pronunciar una sola palabra, ya el edificio hubiera hecho su trabajo.
Inteligente, pensó Ren, mirando las columnas de mármol blanco que formaban la entrada principal mientras el carruaje del Ducado Prevail se detenía en el patio exterior.
Muy inteligente.
Kael bajó primero. Le extendió la mano.
Era protocolo. Ren lo sabía. Kael lo sabía. Todo el personal del palacio que observaba las llegadas lo sabía. Pero cuando Ren puso su mano en la de Kael y bajó del carruaje, el contacto fue real independientemente del protocolo que lo enmarcaba, y Ren notó — porque notaba todo — que Kael no retiró la mano de inmediato sino un segundo después de lo estrictamente necesario.
Lo archivó.
Se giró hacia el palacio.
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Habían llegado deliberadamente tarde.
No tan tarde como para ser una descortesía que el Emperador pudiera usar. Pero lo suficientemente tarde para que cuando entraran al salón principal, la mayoría de los invitados ya estuviera presente.
Era estrategia.
Entrar tarde significaba que todos giraban cuando llegabas. Significaba que la primera impresión era pública y masiva en lugar de fragmentada y privada. Significaba que podías leer la sala en el momento en que la sala te leía a ti.
Sophia caminaba medio paso detrás de Ren y a su izquierda — la posición que habían practicado, la que permitía a Sophia tener visión completa del lateral derecho mientras Ren cubría el izquierdo. Llevaba un vestido de su posición, discreto, con el broche que usaban como señal bien visible desde el ángulo correcto.
Kael caminaba a la derecha de Ren.
No demasiado cerca. No demasiado lejos. La distancia protocolar exacta entre un Duque y su Duquesa en un evento imperial.
Pero era la distancia que Kael había elegido, y Ren lo sabía.
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Las puertas del salón principal se abrieron.
Ren entró.
Y el salón, en la fracción de segundo que las salas llenas de gente necesitan para procesar una llegada, se quedó ligeramente quieto.
No fue dramático. No fue el silencio absoluto de los relatos exagerados. Fue ese tipo de quietud que ocurre cuando algo interrumpe el flujo normal de una habitación y las personas lo registran sin poder evitarlo.
Ren lo había calculado.
El vestido rojo hacía exactamente lo que debía hacer. No gritaba. No pretendía. Simplemente existía con la certeza de quien sabe que tiene derecho a existir, y en ese salón lleno de colores cuidadosamente elegidos para no ofender a nadie, el rojo de la Duquesa Prevail era la única declaración completamente honesta de la noche.
Aquí estoy, decía. Mírenme bien. Porque yo también los estoy mirando a ustedes.
Ren escuchó — no con los oídos sino con esa atención que había desarrollado para los espacios llenos de personas — el susurro que recorrió el salón como una ola.
La Duquesa Prevail.
Cabello rojo. Ojos rojos.
La de la mala suerte.
¿Esa es? No parece...
Dicen que cambió completamente desde la boda...
El Duque la mira...
Ren no miró a Kael.
Pero archivó ese último susurro.
buenisima historia
me encanta la protagonista..
más capítulos xfavor