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El Legado De Las Sombras

El Legado De Las Sombras

Status: Terminada
Genre:Romance / Edad media / Mundo de fantasía / Completas
Popularitas:6.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Yamila22

La paz en el Imperio costó sangre, pero una nueva generación de lobos ha despertado. A sus treinta años, Theo Valerius es el implacable General de Hierro del Norte; a sus dieciocho, el arrogante príncipe Alexander lidera las Black Shadows. Ambos son letales, posesivos y capaces de quemar el reino por proteger a su familia... especialmente a Lucero, la indomable joya de veinticuatro años que adora desafiar su control y volver locos de celos a su hermano y a su primo.
Entre bailes de gala plagados de pretendientes en la mira, secretos oscuros y pasiones prohibidas que amenazan con romper la corte, los herederos del trono deberán enfrentar su propio destino. El juego de poder ha cambiado, y el verdadero caos apenas comienza.

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Capítulo 24: El repliegue y el precio de la victoria

Los restos de la facción usurpadora se replegaban en una desbandada caótica hacia los páramos del sur. Con su líder místico ejecutado en el corazón del valle y sus líneas de mando rotas, los invasores huían despavoridos, arrojando sus armas y estandartes malditos sobre la nieve para aligerar la huida. La gran amenaza mística había sido repelida, pero el silencio que se instaló en el desfiladero no era de júbilo, sino del agotamiento más absoluto. El ejército imperial, victorioso pero diezmado y exhausto, emprendió el regreso hacia el castillo del Norte. La imponente fortaleza de los Valerius mudó de inmediato su fisonomía bélica para transformarse en un hospital de campaña masivo: los salones de banquetes se llenaron de jergones de paja, el olor a pólvora y azufre fue reemplazado por el de los ungüentos medicinales y el lino limpio, y los lamentos de los heridos resonaban bajo las bóvedas de piedra.

El patio de armas era un hervidero de camillas y soldados cubiertos de escarcha cuando Theo Valerius irrumpió con su semental negro, cargando el cuerpo pálido del soberano extranjero.

Lucero, que había estado coordinando los suministros médicos en el porche, dejó caer las vendas que sostenía al divisar la montura de su hermano. Cruzó el patio corriendo, abriéndose paso entre los soldados heridos sin importarle el barro ni la nieve que ensuciaban su capa de pieles. Al ver al Rey moribundo, con las insignias de plata cubiertas de un carmín espeso por la herida rúnica de su costado, Lucero rompió en un llanto desesperado, una muestra de vulnerabilidad que jamás se había visto en la astuta joven de la casa Valerius. Con la ayuda de dos sargentos de la guarnición, bajó al monarca del caballo, sosteniéndole la cabeza con manos temblorosas mientras lo ayudaba a entrar a la enfermería principal.

En mitad de su letargo, con los ojos oscuros fijos en el rostro bañado en lágrimas de la mujer que amaba, el Rey extranjero apretó los dedos de Lucero con una debilidad desgarradora.

—Te lo prometí... mi joya —susurró el monarca, su voz apenas un hilo semiinconsciente en mitad del bullicio de los médicos—. Te prometí que volvería vivo... y que te haría mi reina. No iba a dejar que la muerte me apartara de ti.

Mientras los sanadores se apresuraban a estabilizar al soberano, Theo Valerius caminaba por los pasillos interiores de la fortaleza. El General de Hierro presentaba un aspecto aterrador: su armadura pesada estaba abollada por los impactos del combate, y su rostro y cabellos se encontraban completamente cubiertos de una mezcla densa de sangre enemiga y hollín. No se detuvo a desarmarse ni a recibir atenciones para sus propios rasguños; su mente funcionaba bajo un único impulso territorial. Buscó desesperadamente a la estratega por los salones de mando, hasta que sus zancadas pesadas lo llevaron de vuelta a la biblioteca privada.

Al empujar la puerta y encontrarla allí, de pie junto a los mapas de la retaguardia, completamente ilesa y con la mirada gris fija en la entrada, la coraza emocional de Theo se pulverizó por completo.

Ignorando la presencia de los sargentos de guardia y los mensajeros que aún retiraban los informes de la mesa, el Comandante Supremo cruzó la estancia y la envolvió en un abrazo posesivo y brutal. La presionó contra su pecho acorazado con una fuerza salvaje, hundiéndose en su cuello y dejando claro, ante los ojos atónitos de toda la corte del Norte, que esa mujer ya le pertenecía por derecho absoluto y que nadie volvería a poner en duda su lugar a su lado. La estratega, lejos de quejarse por el hollín que manchaba sus ropas, rodeó la espalda del general con firmeza, respondiendo a la entrega del hombre que había mantenido su corazón en un puño durante toda la batalla.

En otra de las estancias privadas del ala residencial, Alexander Valerius permanecía sentado al borde de una cama, con los ojos claros inyectados en sangre por la vigilia y la preocupación. En el lecho descansaba su princesa, Mia, cuyo verdadero nombre y título real finalmente refulgían sin el camuflaje de los muelles. La joven del sur guardaba reposo con el hombro y el costado vendados con lino limpio.

Al ver la rigidez en las facciones del príncipe heredero, Mia esbozó una pequeña y cansada sonrisa, estirando su mano sana para tocar los dedos del joven.

—Estoy bien, Alexander... de verdad —le dijo Mia, su voz perdiendo la aspereza de sus días de ladrona—. Los sanadores del Imperio son hábiles. Pudieron curar la herida antes de que el veneno rúnico se extendiera. No tienes que mirarme como si fuera a desvanecerme.

—Tienes que quedarte quieta, Mia —le replicó Alexander, su tono bajando a un registro grave y autoritario, cargado de una posesividad que no admitía discusiones mientras le acomodaba las mantas de lana—. El estilete de ese maldito era traicionero. No puedes hacer ninguna clase de fuerza ni intentar levantarte de esta cama. De la seguridad de esta habitación me encargo yo.

Desde el umbral de la puerta, los hermanos de Mia —el Rey convaleciente que insistía en mantenerse en pie apoyado en Lucero, y la estratega que acababa de llegar junto a Theo— miraban la escena con una profunda ternura. Los dos hermanos mayores habían sentido un pánico atroz cuando se enteraron en mitad del combate de que la menor del linaje había sido alcanzada en el bosque de pinos, pero el alivio ahora calmaba sus ánimos. Al final, no había pasado a mayores; el arma del usurpador solo había dejado un corte algo profundo que la agilidad de la joven ayudó a mitigar. Ahora, la princesa del sur solo necesitaba hacer reposo absoluto para sanar por completo, protegida bajo el ala territorial del heredero del Imperio que no pensaba apartarse de su lado ni un solo segundo.

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Judy
Hermosa segunda parte!!!!
Judy
Me encantó la historia!!! Felicitaciones!! Pero me quedé con ganas de un poquito más, saber más del matrimonio y desendencia de las tres parejas. Espero con ansias la historia de los gemelos y que hables un poco más del resto de la familia. Un consulta Christopher el emperador solo un solo hijo, Alexander???
Sabri Nahir Zapata Zini
Excelente continuación!!
HILDA BENÍTEZ ALFONSO
Sin desperdicio simplemente sensacional
HILDA BENÍTEZ ALFONSO
Sensacional como siempre
Aura Prieto MPH
😈
Aura Prieto MPH
LOS GEMELOS SON TERRIBLES JAJAJAJAJAJA
Limaesfra🍾🥂🌟
fue una historia sensacional. Gracias y felicitaciones🌺💐
Limaesfra🍾🥂🌟
bien ahi, recuperando el reino
Limaesfra🍾🥂🌟
guauu emoción al tope
HILDA BENÍTEZ ALFONSO
Capítulos emocionantes
HILDA BENÍTEZ ALFONSO
Alexander tan posesivo como su padre
HILDA BENÍTEZ ALFONSO
Siii me encantaría leer la historia de los gemelos apostadores
Limaesfra🍾🥂🌟
se que es su hno pero creo que el ya exagera. Es un tonto re tonto
Limaesfra🍾🥂🌟
al fin no??😬🤣🤣
Limaesfra🍾🥂🌟
les falta un poco de humildad
Limaesfra🍾🥂🌟
es una fascinante historia
Limaesfra🍾🥂🌟
🤣🤣🤣🤣
Limaesfra🍾🥂🌟
uuuu Lucero sera emperatriz🤪🤪
Limaesfra🍾🥂🌟
🤣🤣🤣
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