Para asegurar su presidencia de la prestigiosa compañía de chocolates familiar, el arrogante Gerson accedió a unir su vida legalmente a la de Hellen. Ella era una heredera millonaria a quien él y su madre despreciaban profundamente por considerarla ingenua, pero cuyo capital era indispensable para sus ambiciones. Sin embargo, el destino cambió de rumbo aquella mañana, cuando Hellen se desplomó inexplicablemente tras beber un té que su propia suegra le había preparado...
NovelToon tiene autorización de La Griss para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
capítulo 12
El reflejo que me devolvía el espejo de mi habitación a altas horas de la madrugada no parecía el mío. Me sostuve el rostro con las manos, mirando fijamente mis propios ojos.
—No soy yo...
Susurré, y un escalofrío me recorrió la espina dorsal
—No me reconozco.
¿Dónde estaba la Hellen que se asustaba por los gritos? ¿Dónde estaba la mujer que lloraba en silencio por el desprecio de su esposo? Un vacío aterrador me llenó el pecho por un segundo, la sensación de estar perdiendo el control de mi propia mente.
Pero entonces, justo cuando el miedo iba a quebrarme, una calidez helada
—una contradicción perfecta
— se apoderó de mi cuerpo. Sentí una presión en la base de la nuca, como si una mano invisible me obligara a levantar la barbilla. Mis hombros se tensaron, mi columna se enderezó y la duda en mis ojos se extinguió, reemplazada por un brillo de acero.
¡No eres débil!, dictó una voz autoritaria en lo más profundo de mi mente, una fuerza implacable que barrió toda mi fragilidad.
¡Eres una mujer hermosa! Alguien que sabe exactamente lo que quiere y que va a luchar por su lugar en la fábrica. Eres una reina, Hellen. Y mereces ser tratada como tal.
Un suspiro firme escapó de mis labios. La confusión de la noche anterior se disipó. No me importaba qué estaba pasando conmigo, ni de dónde venía esta fuerza; si esta nueva identidad era lo que necesitaba para sobrevivir a la junta directiva y al desprecio de Gerson, la abrazaría con gusto. Iba a reclamar mi trono entre el imperio del cacao.
A la mañana siguiente, el ambiente en las oficinas administrativas de la fábrica de chocolates Evans cambió en cuanto puse un pie en el vestíbulo. A lo lejos se escuchaba el eco amortiguado de las maquinarias de templado y el aire ya estaba impregnado con ese aroma denso y costoso a chocolate amargo.
No caminaba; desfilaba. Vestía un traje sastre de corte impecable color rojo sangre, tacones altos que resonaban como golpes de tambor contra el suelo pulido y el cabello perfectamente recogido. Mi postura desbordaba un empoderamiento tan absoluto que los supervisores de planta y los secretarios se hacían a un lado, saludándome con un respeto que rayaba en la reverencia. Ya no era la esposa trofeo del dueño. Era la directora del proyecto premium.
Justo cuando me sentaba tras mi escritorio de cristal, la puerta de mi oficina se abrió. Dos asistentes entraron cargando un arreglo floral gigantesco, tan imponente que casi bloqueaba la vista. Eran rosas rojas y orquídeas exóticas, un despliegue de lujo desmedido que compitió de inmediato con el olor a chocolate de la fábrica.
—Señora Hellen, acaban de dejar esto para usted
dijo la secretaria, con los ojos abiertos de par en par.
Encontré una pequeña tarjeta dorada entre los pétalos. La abrí con movimientos pausados y elegantes.
"Me quedé esperándote anoche. La cena no fue lo mismo sin tu presencia" ¿Nos vemos hoy? — Christian Dumont
Una sonrisa ladina y perfectamente calculada se dibujó en mis labios. Sabía perfectamente que, del otro lado de la puerta interconectada, en su despacho principal, Gerson me estaba observando a través del cristal esmerilado.
Me puse de pie, acerqué mi rostro a las flores y cerré los ojos, fingiendo una expresión de absoluta felicidad y deleite. Acaricié los pétalos con delicadeza, dejando escapar una risa suave, lo suficientemente alta para que el eco cruzara la habitación. Por dentro, mi mente analítica vibraba de satisfacción: estaba disimulando, exagerando mi alegría solo para que él sintiera el veneno de los celos recorriéndole las venas. Quería pagarle cada humillación con la misma moneda.
Detrás del cristal, la silueta de Gerson se tensó al extremo.
Desde su oficina, él contemplaba la escena devorado por una furia ciega. Ver las flores, ver mi sonrisa dirigida a los detalles de otro hombre de su mismo estatus dentro de su propia fábrica, lo estaba volviendo loco. El gran presidente de la compañía, el hombre inquebrantable, estaba hirviendo en un pozo de celos posesivos.
Gerson caminó a zancadas hacia la puerta interconectada, con los puños cerrados y la mandíbula tan apretada que parecía a punto de romperse. Iba dispuesto a armar un escándalo, a destrozar el arreglo y a recordarme quién mandaba en esa fábrica. Pero justo cuando su mano tocó la perilla para irrumpir en mi oficina, una mano firme y enjoyada lo detuvo del brazo.
Su madre.
La matriarca de la familia Evans había entrado a su despacho sin que él lo notara. Con una mirada fría y calculadora, jaló a su hijo hacia atrás, obligándolo a apartarse de la puerta.
—Tranquilízate, Gerson
Pronuncio la mujer en un susurro venenoso, mirándolo con severidad
—Si entras allá con esa actitud de animal acorralado, vas a echar todo a perder. Le estás entregando el control de la situación en bandeja de plata.
—¡Mamá, no voy a permitir que ese imbécil me la quite dentro de mi propia empresa!.
Gruñó Gerson con la voz ronca de rabia, tratando de soltarse
- ¡Es mi esposa!
La mujer soltó una risa seca, mirando de reojo hacia mi oficina a través del cristal, con los ojos inyectados de malicia.
—Deja que juegue a la reina por ahora. Esta repentina soberbia se le va a acabar muy pronto.
Sentenció la matriarca, esbozando una sonrisa cruel
—Tengo un plan perfecto para poner a esa insignificante niñita en su lugar y asegurar sus acciones de la fábrica de una vez por todas. Solo confía en mí, hijo.
Gerson dudo si creer en su madre o no, pero no es como que hubiese más opciones, pero él sabía que su madre no me quería, que iba a hacer lo que fuera por salir de mí, pero ellos no contaban con que ya no era la misma.
Había algo dentro de mi que cambió, no se coml explicar lo.