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La Princesa de la Mafia

La Princesa de la Mafia

Status: Terminada
Genre:Escuela / Mafia / Autosuperación / Venganza de la protagonista / Viaje a un juego / Completas
Popularitas:0
Nilai: 5
nombre de autor: Queenvyy27

Aurelia era una chica común y corriente, obsesionada con las novelas. Una noche, tras llorar por el trágico destino de su personaje favorito, despierta dentro de la historia y descubre que ahora habita el cuerpo de Aurelia Cassano: la antagonista consentida, hija del jefe de la mafia más temida del país.

El problema es que conoce el final: en la novela original, Aurelia Cassano muere asesinada a los veinticuatro años. Y el causante indirecto de su muerte es nada menos que Arsa Wirayuda, el protagonista masculino: frío, despiadado, irresistible... y el hombre del que la Aurelia original estaba perdidamente enamorada.

Para sobrevivir, Aurelia traza un plan: alejarse de Arsa, evitar los conflictos con la protagonista original y reescribir su destino. Pero la vida dentro de una novela de mafia no es tan sencilla. Entre conspiraciones familiares, enemigos que la quieren muerta, pandillas rivales y secretos oscuros que ni la novela revelaba, Aurelia descubre que cambiar la trama es mucho más difícil de lo que imaginaba.

Y lo peor de todo: Arsa, el hombre al que debería evitar a toda costa, no deja de acercarse. Con sus ojos negros como la noche, su actitud posesiva y esos momentos inesperados de ternura que derrumban todas sus defensas, Aurelia se enfrenta a la pregunta más peligrosa de todas: ¿puede reescribir una historia de amor sin caer en ella?

Entre peleas callejeras, intrigas corporativas, venganzas implacables y un romance que arde lento pero con la fuerza de un incendio, Aurelia demuestra que ser la villana nunca fue su destino. Tal vez siempre fue la heroína que esta historia necesitaba.

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Capítulo 16

Capítulo 16 — Aurelia hace pucheros

Varias motos deportivas cruzaron un portón alto y negro. Las aparcaron bajo un mango cargado de fruta. Junto al árbol había un cenador donde estaban sentados algunos miembros de Orchi.

Los muchachos inclinaron la cabeza en señal de respeto al ver llegar al círculo interno de la banda.

Aquí estaban ellos, el núcleo de Orchi. Tenían pensado tratar un asunto importante.

Dante fue el primero en bajar y entró directo a la sala reservada para sus reuniones serias. Detrás lo siguieron los otros cuatro del círculo: Bruno, Samuel, Iván y Mateo.

—¿Ya vieron algún movimiento de ellos? —preguntó Dante una vez dentro de la sala privada del cuartel.

—Por ahora, nada que llame la atención —respondió Iván, encargado de la vigilancia.

—¿Cuál es tu siguiente paso, Dante? Si ellos no se mueven, ¿los provocamos? —terció Bruno, retomando lo que decía Iván.

—De momento, solo observamos —contestó Dante, escueto.

—Pero no podemos perder el tiempo, Dante. Nos cambiamos a este colegio para terminar antes la operación —insistió Iván.

—Iván tiene parte de razón, Dante... Acuérdate del plazo que fijó tu padre. No podemos andar relajados —le recordó Bruno.

Lo cierto es que el traslado del círculo interno de Orchi a la Preparatoria Altamira respondía a una misión propia, ordenada por el padre de Dante. Una pequeña operación para foguear a Dante de cara al día en que tomara las riendas del negocio familiar.

—Lo tengo claro —respondió Dante—. Esta noche instalamos cámaras a escondidas en el colegio. Preparen todo el equipo —ordenó a Mateo y a Samuel, los dos expertos en tecnología: Mateo, hacker; Samuel, especialista en electrónica.

Dante se puso de pie.

—Me voy —se despidió, frío.

Al ver levantarse a su jefe, los otros cuatro del círculo se incorporaron también para ocuparse de sus tareas.

*

Aurelia contemplaba el edificio que se alzaba imponente frente a ella. Era la primera vez que ponía un pie en aquel lugar, tanto la Aurelia de la novela como la de ahora.

Con paso firme entró en el edificio que lucía el rótulo de Cassano Corp.

Ya en el vestíbulo, paseó la vista alrededor y se detuvo en una mujer hermosa tras el mostrador de recepción.

—Buenas tardes, señorita... ¿Dónde está la oficina de Alejandro Cassano? —preguntó Aurelia a la recepcionista, cuya placa decía "Tica".

—Disculpa... ¿Tienes cita con el señor Alejandro? —preguntó Tica con una sonrisa amable, examinando con disimulo a Aurelia, que aún llevaba el uniforme de preparatoria.

—No —respondió Aurelia, negando con la cabeza.

—En ese caso, no podrá recibirte... Además, en este momento está en una reunión —explicó Tica—. ¿Me dices tu nombre, así se lo transmito a su asistente? —continuó con cortesía. No sabía quién era Aurelia, pero igual la trataba bien: en Cassano Corp se valoraba a todo visitante.

—Ah, ya veo... Me llamo Aurelia. Dile, por favor, que lo espero en el vestíbulo —respondió Aurelia, señalando uno de los sofás.

—De acuerdo. Permíteme un momento, llamo a su secretaria —asintió Tica, cortés.

Marcó el número de la secretaria de Alejandro para avisar que una chica de preparatoria preguntaba por él y aguardaba en el vestíbulo.

—Hola, Raquel —dijo Tica cuando le contestaron.

—Sí, hola —respondió Raquel, la secretaria de Alejandro.

—Raquel, dile por favor al señor Alejandro que en el vestíbulo hay una visita, una chica de preparatoria que lo está esperando —Tica le pasó la información, y a Raquel le sonó un tanto extraño.

—¿Una chica de preparatoria? —preguntó, para asegurarse.

—Sí, va de uniforme —confirmó Tica.

—Está bien, ya le aviso. Ahora mismo está en reunión... Tal vez en una hora termine —resumió Raquel.

—Perfecto —Tica colgó y le hizo saber a Aurelia que Alejandro tardaría cerca de una hora.

Aurelia se limitó a asentir y se dirigió al sofá a esperar.

Pasó una hora. Alejandro salió de la sala de juntas con Ben pisándole los talones.

Ben era su asistente personal.

Cuando ambos iban a entrar en el despacho, Raquel los detuvo.

—Señor, en el vestíbulo lo espera una chica con uniforme de preparatoria —le informó.

Alejandro frunció el ceño. ¿Qué chica de preparatoria podría estar esperándolo?

—¿Quién es? —preguntó con frialdad.

—Se llama Aurelia, señor. Lleva una hora aguardando —respondió Raquel.

—¿Aurelia? ¿Por qué la dejaste esperar? —Alejandro alzó la voz al saber de quién se trataba.

—Lo siento, no lo sabía, señor... Usted estaba en reunión —se disculpó Raquel, asustada. Jamás imaginó que se enfadaría tanto por una chica de preparatoria que llevaba una hora esperando.

De ordinario, cuando alguien se presentaba sin cita, Alejandro no se dejaba interrumpir: lo hacían esperar y asunto resuelto.

—Da igual, manda a alguien a acompañar a esa chica a mi despacho, rápido —ordenó Alejandro, glacial.

Antes de entrar, el apuesto joven se giró.

—Si esa chica vuelve algún día, no la hagas esperar, por muy ocupado que esté —y dicho esto, entró en su despacho.

Raquel se quedó perpleja al oír a su jefe. ¿Quién era esa muchacha para que Alejandro la tratara con tantas atenciones?

Ben, todavía fuera, notó el desconcierto de Raquel.

—No le des vueltas. Haz tu trabajo, rápido —su voz grave la sacó de su ensimismamiento.

—Ah, perdón, señor —Raquel cumplió de inmediato la orden de su jefe y llamó a recepción para que llevaran a Aurelia directo al despacho del director.

Toc, toc, toc.

—Adelante —dijo, distante, el apuesto hombre, todavía ocupado con la tableta entre las manos.

Entraron dos chicas hermosas: una con falda de tubo y camisa azul marino; la otra, con uniforme de preparatoria.

—Señor... La señorita Aurelia ya está aquí —anunció Raquel. Él seguía concentrado en su tableta.

Cuando dio por terminado su trabajo, levantó la vista hacia las dos mujeres que acababan de entrar.

—Gracias, Raquel. Puedes retirarte —indicó a su secretaria.

Raquel hizo una respetuosa reverencia y salió, dejando a solas a Alejandro y a Aurelia.

—Qué raro verte por aquí —preguntó Alejandro con frialdad. En realidad no sabía bien qué cara poner: era la primera vez que su hermana pisaba su oficina.

Aurelia infló los carrillos.

—¿Qué pasa? ¿No puedo venir? —dijo, haciendo pucheros.

—No es eso... Es que no sueles aparecer por la oficina de tu hermano —Alejandro suavizó un poco la voz al verla molesta.

—Pues nada, si no puedo venir, mejor me voy —Aurelia fingió enfurruñarse y amagó con dar media vuelta.

Alejandro se alarmó al verla girar de pronto y le agarró la mano para retenerla.

—No es así, Aurelia... Ven, siéntate —dijo, conduciéndola hacia el sofá—. No te enojes, me alegra que vengas, de verdad.

—¿Qué quieres tomar? —preguntó Alejandro, ya sentada ella frente a él.

—Nada, gracias. Te traje el almuerzo para los dos —Aurelia le mostró la bolsa que cargaba. Antes de ir a Cassano Corp se había tomado la molestia de comprar comida para ella y para su hermano, segura de que él no habría almorzado.

—¿Me trajiste el almuerzo? —Alejandro sonrió al verlo. El corazón se le ablandó ante aquel cambio en su hermana adorada.

—Gracias —le acarició con suavidad la cabeza—. Vamos, comamos —tomó la comida que ella había dispuesto sobre la mesa.

En quince minutos los dos hermanos habían terminado de almorzar.

Por un momento se hizo el silencio.

—Eh, hermano... —Aurelia intentó romper el hielo.

—¿Qué pasa? ¿Necesitas algo? —preguntó Alejandro al verla titubear.

—¿Te puedo pedir un favor? —dijo Aurelia, dudosa.

—Lo que quieras —respondió él, acariciándole la coronilla.

—Quiero un maestro que me enseñe defensa personal y otro que me enseñe del negocio... ¿Se puede? —Aurelia habló con mucho cuidado, temiendo que le dijera que no.

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