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Esposos Por Contrato, Padres Por Accidente.

Esposos Por Contrato, Padres Por Accidente.

Status: En proceso
Genre:Embarazo no planeado / Matrimonio arreglado / Amor eterno
Popularitas:7.6k
Nilai: 5
nombre de autor: Yamila22

Valeria Grien y Maximiliano Starling no tienen absolutamente nada en común. Ella es una mujer de curvas generosas, caótica, expresiva y con una seguridad en sí misma que resulta magnética. Él es un hombre de negocios metódico, frío y un obsesivo del control que parece haber nacido con el traje puesto. Sin embargo, el destino —y el testamento de una abuela muy metiche— los obliga a tomar una decisión drástica: casarse y convivir bajo el mismo techo durante un año para no perder su herencia.
Dispuestos a sobrevivir al encierro sin matarse en el intento, firman un pacto inquebrantable con una regla de oro estricta: camas separadas y cero contacto físico. Todo marcha según el plan, entre discusiones domésticas y una tensión que echa chispas... hasta que una mañana Valeria se despierta con náuseas y una prueba con dos rayitas rosas en la mano.
¿El gran problema? Ella no sabe cómo pasó, y él, con su legendario autocontrol, muchísimo menos.

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CAPÍTULO 6: El cuarto de castigo (Y la venganza del Wi-Fi)

El abrazo forzado en la cocina había dejado el ambiente cargado de una tensión tan espesa que casi se podía cortar con el mismo cuchillo con el que Valeria había picado las cebollas. Maximiliano todavía sentía el calor de la cadera de Valeria bajo su mano, y Valeria no lograba normalizar los latidos de su corazón tras haber estado tan pegada al pecho de su "esposo de mentira".

Sin embargo, la tregua no duró mucho. El abogado Peña, complacido por la "unificación" de la pareja, guardó su libreta, pero Leonor Starling no era una mujer fácil de convencer. Con el paso elegante y altivo de quien es dueño de medio patrimonio inmobiliario de la ciudad, la suegra avanzó hacia el pasillo que conectaba con los dormitorios.

—Una casa hermosa, Maximiliano —comentó Leonor, deteniéndose justo en el umbral del pasillo—. Aunque me sorprende que mantengas las puertas cerradas. El flujo de energía debe ser constante en un hogar.

Maximiliano palideció. Miró a Valeria con un pánico renovado. Se habían concentrado tanto en limpiar la cocina que se habían olvidado por completo de la zona residencial.

Antes de que pudiera detenerla, Leonor empujó suavemente la puerta de la habitación de la izquierda: la suite principal. Dentro, la cama estaba perfectamente hecha, pero solo había ropa de mujer sobre la banqueta y un arsenal de perfumes dulces en el tocador. Acto seguido, Leonor dio tres pasos y abrió la puerta de la derecha: el cuarto de huéspedes. Allí, la cama estaba deshecha, los trajes de diseñador de Maximiliano colgaban de un perchero improvisado y una maleta ejecutiva yacía abierta en el suelo.

Leonor se cruzó de brazos, dándose la vuelta para encarar a la pareja con una ceja alzada que infundía terror.

—A ver, Maximiliano... ¿Me vas a explicar por qué tus trajes están en la habitación de huéspedes y la suite principal parece el camerino de una actriz de teatro? ¿Me van a decir que durmieron separados en su primera de matrimonio?

Al abogado Peña se le borró la sonrisa y sacó la estilográfica a la velocidad de la luz. A Maximiliano se le congeló la sangre en las venas. Abrió la boca, pero de su garganta solo salió un sonido ahogado, similar al de un motor viejo intentando arrancar en pleno invierno. Si el abogado descubría el engaño, la constructora se les iría de las manos.

Valeria, rápida como un látigo y con una capacidad innata para el drama, dio un paso al frente. Soltó una risita cómplice, ensanchó su sonrisa y le dio un manotazo cariñoso (pero firme) en el brazo a Maximiliano.

—¡Oh, por favor, suegra, no se asuste! —dijo Valeria, fingiendo una total naturalidad—. Ese de la derecha es el "cuarto de castigo". Ahí es donde duerme Maxi cuando se porta mal, cuando no quiere ceder con el control remoto o cuando se pone insoportable con sus manías.

Leonor parpadeó, desconcertada. ¿El cuarto de castigo?

—¿Cómo dices? —preguntó la madre, mirando de Valeria a su hijo.

—Como lo oye —continuó Valeria, cruzándose de brazos y mirando a Maximiliano con una picardía insoportable—. Anoche, después de la boda, se puso insoportable con el orden de las tazas y el café. Me dio un discurso de media hora sobre la eficiencia del espacio. Así que, como soy una mujer de armas tomar, agarré su almohada, sus trajes y lo mandé al exilio al cuarto de huéspedes. Hay que mantener a los hombres cortitos desde el primer día, suegra, usted me entiende. Si le aguanto las neurosis ahora, en seis meses me tendrá etiquetando las medias por colores.

Maximiliano casi se atraganta con su propia saliva. La miró con ojos asesinos, prometiéndole una muerte lenta y dolorosa en cuanto se quedaran solos. Sus puños se apretaron dentro de los bolsillos de su pantalón corto.

Para sorpresa de todos los presentes, el rostro severo de Leonor Starling se relajó. Primero apareció una mueca de asombro y, de repente, la mujer soltó una carcajada genuina, alta y sonora, algo que Maximiliano no había visto en su madre desde hacía por lo menos una década.

—¡Por fin! —exclamó Leonor, mirando a Valeria con un brillo de incipiente y profundo respeto—. ¡Por fin alguien que pone en su lugar a este chico! Su padre era exactamente igual de testarudo y cuadriculado, querida. Me tomó años ablandarlo. Haces muy bien. Si se porta mal, al colchón frío y sin derecho a réplica.

El abogado Peña, contagiado por la risa de la matriarca, guardó la pluma y anotó en su libreta con una sonrisa: *"Dinámica conyugal saludable, correctiva y de alta complicidad"*.

—Bueno, veo que la armonía está garantizada bajo las reglas de la señora Starling —concluyó el abogado, divertido—. Nos retiramos. Sigan disfrutando de su... luna de miel.

Maximiliano acompañó a las visitas hasta la puerta, manteniendo la sonrisa de maniquí. En cuanto el cerrojo de la puerta principal hizo *clic*, la farsa se terminó. El empresario se dio la vuelta lentamente, transformándose de nuevo en el lobo de Wall Street, con los ojos grises echando chispas de pura indignación.

Valeria ya se había retirado a la cocina y estaba dándole el último mordisco a su dona, completamente victoriosa.

—¿El cuarto de castigo, Grien? ¿En serio? —le espetó Maximiliano, avanzando hacia ella a paso firme—. Me hiciste quedar como un subordinado incompetente delante de mi propia madre y del abogado de la junta directiva. Mi reputación como hombre de negocios implacable acaba de ser destruida por un chiste sobre el control remoto.

—De nada, Starling —respondió ella, limpiándose una chispa de chocolate de la comisura de los labios con total desparpajo—. De no haber sido por mi rápida inventiva, en este momento el abogado estaría redactando el papeleo para donar tus amadas acciones a una fundación de rescate de hámsters. Salvé tu patrimonio. Deberías besar el suelo por donde paso, o al menos darme las gracias.

—No pienso darte las gracias por humillarme —dijo él, deteniéndose a pocos centímetros de ella. La distancia volvía a ser peligrosa, pero la furia dominaba el ambiente—. Has ganado esta batalla con tu palabrería, pero te recuerdo que el contrato privado sigue vigente. Y esto no se va a quedar así. La venganza es un plato que se sirve con mucha frialdad, esposa mía.

—Uy, qué miedo —se burló Valeria, dándole la espalda para lavar su taza—. Tiemblo de terror ante el rey del brócoli.

La venganza de Maximiliano llegó exactamente a las dos de la tarde.

Valeria estaba tirada en el sillón de la sala, con la computadora portátil sobre las piernas, lista para enviar los últimos diseños de interiores a un cliente importante. De repente, la pantalla mostró el temido triángulo amarillo: *"Sin conexión a Internet"*.

Frunció el ceño, se levantó y fue a revisar el módem en la entrada. Las luces parpadeaban con normalidad, pero el aparato no respondía. En ese momento, Maximiliano salió de su habitación, luciendo una playera de lino impecable y sosteniendo en su mano el pequeño cable de alimentación principal del Wi-Fi.

—¿Qué hiciste, Starling? —preguntó Valeria, entrecerrando los ojos—. Necesito mandar un correo urgente. Conéctalo.

Maximiliano esbozó una sonrisa corporativa, fría y calculada, mientras guardaba el cable en el bolsillo de su pantalón.

—Lo lamento, Valeria, pero según el mapa de delimitación que arrancamos esta mañana, el módem principal se encuentra físicamente en el ala derecha del pasillo, es decir, bajo mi jurisdicción absoluta. Y he decidido aplicar un arancel de uso al Internet de alta velocidad.

—¿Un arancel? ¿Estás loco? ¡Es Wi-Fi!

—Es mi Wi-Fi —corrigió él, cruzándose de brazos con suficiencia—. Si quieres la clave de la nueva red y el cable de alimentación, tendrás que ganártelo. Los términos son sencillos: vas a lavar, secar y ordenar mis tazones de avena y mis termos de agua durante toda una semana. Sin quejas, sin retrasos y sin dejar marcas de dedos en el granito. ¿Tenemos un acuerdo o prefieres usar tus datos móviles?

Valeria abrió la boca, indignada por la audacia del hombre. Lo miró fijamente, dándose cuenta de que el témpano de hielo sabía jugar sucio cuando se lo proponía.

—Eres un maldito infeliz, Starling —le espetó, señalándolo con el dedo—. Pero no creas que ganaste.

—Ya gané, Grien. Disfruta de tu tarde sin conexión.

Maximiliano se dio la vuelta con aires de triunfo y se encerró en su estudio, dando un portazo ligero pero firme. Valeria se quedó en el pasillo, respirando hondo, con una sonrisa de guerra apareciendo lentamente en sus labios.

*¿Quieres jugar sucio, "cara de iceberg"?*, pensó ella, mirando hacia la cocina. *Perfecto. Vamos a ver cómo manejas tu semana de orden sin las llaves de tu preciado auto deportivo*.

La guerra de perros y gatos apenas estaba comenzando, y ninguno de los dos estaba dispuesto a dar cuartel.

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Maria Mongelos
Está muy, muy divertida toda la situación
Maria Mongelos
🤣🤣🤣🤣🤣Se pasó ella, me encanta
Nancy Monterrosa
que capitulo más tierno me enamore de este par de locos y si ojalá fueran gemelos niño y niña ,que el otro bebé. este escondido detrás de su hermano porfa escritora danos ese gusto
Nancy Monterrosa
se está derritiendo el hielo de maxi
Nancy Monterrosa
los amo ya van cediendo
Elena Maza
😍😍😍😍🤣🤣🤣🤣 Terminaron los pleitos
Maria Solorzano
Ya decía yo, están demorando en repetir su noche apasionada y está vez sobrios ❤️😁🔥🔥🔥
Maria Solorzano
Me encanta ❤️ ojalá sean 2, un niño y una niña y así dejan de pelear 🤷😁
Maria Solorzano
🤣🤣🤣🤣🤣 seguro amanecen enredados 🤷🤣🤣🤣🤣abrazaditos
Maria Solorzano
🤣🤣🤣🤣🤣
Dulce Flor González
jajajaja jajajaja
Nancy Monterrosa
ya van cediendo poco a poco
Nancy Monterrosa
ay Yamila y tus cosas , de tus novelas está es la que me ha hecho llorar pero de la risa y con ese almidónado
Nancy Monterrosa
ay no este capitulo me hizo llorar de la risa y mi esposo está se está enloqueciendo
Nancy Monterrosa
ay no. esa Valeria es una caso y Maximiliano jajaja
Dulce Flor González
😂😂 muy divertida,ya quiero ver cuándo choquen sus carritos.
Elena Maza
🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣
Elena Maza
🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣Ups fueron descubiertos 🤣🤣🤣
Elena Maza
🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣 Qué locos son y más las posturas 🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣
Elena Maza
🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣 Son un caso los dos 🤣🤣🤣🤣
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