Sinopsis
Lyra creció creyendo que era una loba común dentro de la Manada de la Luna Plateada.
Toda su vida soportó humillaciones, desprecios y el rechazo de quienes consideraba su familia. Cuando finalmente encontró el amor y la confianza, fue traicionada de la forma más cruel.
La noche de la Luna Sangrienta, Lyra murió.
Pero la muerte no fue el final.
Al abrir los ojos, despertó cinco años en el pasado, antes de que comenzaran las conspiraciones que destruyeron su vida. Ahora recuerda cada mentira, cada traición y cada rostro que sonrió mientras planeaba su caída.
Esta vez no será una víctima.
Sin embargo, cuanto más intenta cambiar el destino, más descubre una verdad imposible: ella no es una loba cualquiera.
Es la heredera perdida de la primera estirpe de lobos.
La legítima reina.
Y el temido Rey Licántropo, un hombre que debería ser su enemigo, parece haberla estado esperando durante siglos.
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CAPITULO 4
El resto del entrenamiento pasó lento.
Demasiado lento.
No podía dejar de pensar en la reacción del instructor.
Algo había visto cuando me observó.
Algo que lo había asustado.
Y eso me preocupaba más de lo que quería admitir.
—Sigues pensando en él.
—Porque fue raro.
—Lo sé.
Suspiré.
Era extraño hablar con Nyra.
Todavía no me acostumbraba.
A veces olvidaba que estaba allí.
Y otras veces casi me daba un infarto cuando aparecía de repente.
—¿Crees que sabe algo?
—No lo sé.
—Esa respuesta empieza a cansarme.
—Pues acostúmbrate porque tampoco tengo todas las respuestas.
Por primera vez desde que despertó, escuché algo parecido a una risa.
Y me hizo sonreír.
Solo un poco.
Cuando terminó el entrenamiento, todos comenzaron a salir del campo.
Algunos hablaban.
Otros corrían.
Y otros simplemente estaban felices de que las clases hubieran terminado.
Entonces un murmullo comenzó a extenderse.
—¿Qué pasa?
—No lo sé.
Los estudiantes empezaron a acercarse a las ventanas y a las escaleras.
Las conversaciones aumentaron.
La emoción también.
—Es él.
—No puede ser.
—¿Aquí?
—Hace años que no viene.
Fruncí el ceño.
—¿Quién?
Una chica pasó corriendo a mi lado.
—¡El Rey Licántropo llegó!
Todo mi cuerpo se congeló.
No.
No podía ser.
Mi corazón empezó a latir con fuerza.
Recordé inmediatamente aquella noche.
El fuego.
Los gritos.
La sangre.
Y una voz gritando mi nombre.
Kael Draven.
—Lyra.
La voz de Nyra sonó extraña.
—¿Qué pasa?
—No lo sé.
—¿Otra vez?
—Sí.
Eso no me gustó.
Nada.
Seguí a la multitud hasta el patio principal.
Había estudiantes por todas partes.
Todos intentaban conseguir un lugar para mirar.
Y entonces lo vi.
Rodeado de guerreros.
Montado sobre un enorme caballo negro.
Kael Draven.
El Rey Licántropo.
Incluso desde la distancia imponía respeto.
Era alto.
Imponente.
Y tenía esa presencia que obligaba a todos a guardar silencio.
Los profesores inclinaron la cabeza.
Los guardias también.
Algunos estudiantes parecían incapaces de apartar la vista.
Pero yo no sentí admiración.
Sentí miedo.
Porque la última vez que vi a ese hombre...
Yo estaba muriendo.
—¿Por qué está aquí?
—No lo sé —respondió Nyra.
Kael desmontó del caballo.
Los líderes de la academia se acercaron para recibirlo.
Parecía una visita normal.
Y aun así...
Algo no encajaba.
No para mí.
Porque seguía recordando aquella noche.
Seguía recordando la desesperación en sus ojos.
¿Por qué había reaccionado así?
¿Por qué gritó mi nombre?
No éramos amigos.
Ni siquiera nos conocíamos.
Entonces...
¿Por qué?
—¿Crees que estuvo involucrado?
La pregunta salió antes de que pudiera detenerla.
Nyra guardó silencio.
—No lo sé.
—Llegó demasiado tarde.
—Sí.
—Pero llegó.
Mordí el interior de mi mejilla.
Eso no significaba nada.
Podía haber estado allí por cualquier motivo.
Podía haber sabido lo que iba a ocurrir.
Podía haber formado parte del plan.
No tenía pruebas.
Pero tampoco tenía motivos para confiar en él.
Ninguno.
Mientras pensaba en eso, Kael levantó la mirada.
Por un instante.
Solo un instante.
Sus ojos recorrieron el patio.
Y sentí que se detenían cerca de mí.
Mi corazón dio un salto.
No.
Era imposible.
Había demasiadas personas.
Demasiadas.
Seguramente estaba imaginándolo.
Aparté la mirada de inmediato.
No pensaba llamar su atención.
No quería acercarme al hombre más poderoso de los clanes.
Y mucho menos a alguien que podría estar relacionado con mi muerte.
—Lyra.
—¿Qué?
—Hay algo raro.
Suspiré.
—¿Algo nuevo?
—No estoy bromeando.
Su tono me puso seria de inmediato.
—¿Qué ocurre?
Hubo unos segundos de silencio.
—Cuando él llegó...
Sentí algo.
—¿Qué cosa?
—No lo sé.
Pero no venía de él.
Fruncí el ceño.
—¿Entonces?
—Venía de ti.
Mi respiración se detuvo.
—¿De mí?
—Sí.
Y eso me asusta más.
Un escalofrío recorrió mi espalda.
Antes de que pudiera preguntar algo más, Kael y sus hombres desaparecieron dentro del edificio principal.
La multitud empezó a dispersarse.
Pero yo seguía inmóvil.
Porque tenía la sensación de que acababa de comenzar algo.
Algo que llevaba años esperando.
Algo relacionado conmigo.
Y si había aprendido una cosa en mi primera vida...
Era que los secretos siempre terminaban saliendo a la luz.
Por mucho que alguien intentara enterrarlos.