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¿Alguna Vez Me Enamore?

¿Alguna Vez Me Enamore?

Status: Terminada
Genre:Amor-odio / Romance / Escuela / Completas
Popularitas:547
Nilai: 5
nombre de autor: JESSE_SDV

Mey nunca imaginó que dejar la ciudad significaría dejar también la vida que conocía. Acostumbrada al ruido de las avenidas, las luces interminables y la rutina acelerada, se vio obligada a empezar de nuevo en un pequeño pueblo rodeado de campos y silencio. Todo allí parecía ajeno… hasta que conoció a Elian.
Arrogante, orgulloso y con una actitud imposible de ignorar, Elian era el tipo de chico que siempre conseguía lo que quería. Desde el primer encuentro, las discusiones entre ambos fueron inevitables. Pero detrás de su mirada desafiante y sus palabras frías, Mey comenzó a descubrir secretos que nadie más veía.
Lo que empezó como un cambio que ella nunca deseó, terminó convirtiéndose en una historia capaz de transformar sus heridas, sus miedos y hasta su forma de amar. Porque a veces, el lugar al que menos quieres ir… termina siendo donde realmente encuentras tu destino.

NovelToon tiene autorización de JESSE_SDV para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 12

El aire estaba impregnado del aroma a flores silvestres y tierra húmeda. Era una mañana fresca y soleada, de esas en que el cielo parecía más azul que nunca. Mey despertó con el corazón acelerado, mezcla de emoción y nerviosismo. Ese día sería la primera presentación oficial de la banda escolar del colegio frente a todo el pueblo. Y ella, quien apenas unos meses atrás no sabía cómo sostener un saxofón, hoy formaría parte de ese pequeño espectáculo que tantos habían preparado con entusiasmo.

Se levantó temprano, se bañó con agua fría —como casi siempre pasaba en casa de sus abuelos— y se alistó con el uniforme de presentación: una camisa blanca, pantalón azul oscuro y una pañoleta celeste que representaba la identidad del colegio. Su madre la observaba desde la cocina, con una sonrisa orgullosa en los labios mientras le servía un poco de café con pan tostado.

—Vas a hacerlo bien, hijita —le dijo, acariciándole el cabello con ternura.

Mey asintió. Aunque por dentro sentía que su estómago daba vueltas.

El colegio estaba decorado con guirnaldas de colores, flores y banderas. Se había organizado un pequeño festival por el aniversario del colegio, y la presentación de la banda era uno de los actos principales. Padres, alumnos y vecinos del pueblo comenzaban a llegar poco a poco al patio principal, donde se había montado un escenario improvisado con tablones de madera y cortinas celestes.

Los integrantes de la banda se reunieron en uno de los salones antes de salir. Mey afinaba su saxofón, sus dedos temblaban ligeramente. A su lado, Elian afinaba su bajo con total concentración, aunque lanzaba de vez en cuando miradas en dirección a Dana, que conversaba animadamente con otras chicas.

—¿Lista? —le preguntó Guillermo, que también estaba en la banda tocando la batería.

—Sí... más o menos —respondió ella con una sonrisa nerviosa.

Guillermo le guiñó un ojo.—Lo harás genial, Mey. Confía en ti.

Esa pequeña muestra de apoyo le dio ánimos. Cuando finalmente los llamaron para salir al escenario, el corazón de Mey latía tan fuerte que pensó que todos podrían escucharlo. Respiró hondo, recordó cada nota que había practicado y subió al escenario con paso firme.

El público aplaudía con entusiasmo. Muchos padres, abuelos y estudiantes se agolpaban frente al escenario. Algunos sostenían celulares o cámaras para grabar el momento. Mey pudo distinguir a su madre entre la multitud, sonriendo con los ojos brillantes.

La banda comenzó con una melodía suave, casi nostálgica. Mey sopló su saxofón con delicadeza, dejando fluir las notas que había practicado durante semanas. El sonido se elevó, envolviendo el aire con una armonía que parecía hablar por ella.

Entonces, la música se tornó más animada. El bajo de Elian marcó un ritmo enérgico, y Mey se sintió arrastrada por la vibración que llenaba el ambiente. Sin darse cuenta, sus nervios desaparecieron. Tocaba con pasión, con alma. Y el público lo notó. Algunos comenzaron a moverse al compás, otros aplaudían con cada cambio de melodía.

En un momento, los ojos de Mey se cruzaron con los de Elian. Solo fue un instante. Él apartó la mirada rápidamente, pero en sus ojos había una chispa que ella no supo interpretar. Sin embargo, su atención pronto se desvió: era el solo que le tocaba interpretar. Tomó aire, concentró su mente y dejó que la música hablara por ella. Su saxofón cantó una melodía que pareció envolver todo el patio escolar. Fue un instante mágico.

Cuando terminó, la ovación fue inmediata.

—¡Bravo, Mey! —escuchó a alguien gritar desde el público. Era su madre.

El resto de la banda continuó con el repertorio. Tocaron canciones festivas, tradicionales del pueblo y hasta una versión instrumental de una canción moderna. Dana cantó una estrofa en una de las piezas y recibió también aplausos entusiastas. Mey la observó y no pudo evitar sentir un leve nudo en el estómago. Sabía que a Elian le gustaba Dana, aunque él no lo dijera abiertamente. Lo notaba en sus gestos, en sus ojos.

Sin embargo, esa tristeza no eclipsó del todo la alegría de la presentación. Al bajar del escenario, todos los miembros de la banda se abrazaron, rieron y celebraron el éxito del acto.

—¡Lo logramos! —gritó uno de los chicos.

—¡Fue increíble! —respondió otra.

Mey se apartó un poco del grupo, necesitando un respiro. Fue entonces cuando Guillermo se acercó.

—¿Te gustó cómo tocaste? —le preguntó.

—No lo sé... creo que sí. Nunca había sentido algo así. Fue... hermoso —respondió ella, mirando el escenario con nostalgia.

—Tienes talento, Mey. Y cuando tocas, transmites algo muy especial.

Ella se sonrojó.

—Gracias, Guillermo. Eso significa mucho para mí.

Elian pasó cerca en ese momento. No dijo nada, solo miró a ambos con una expresión que ella no pudo descifrar del todo. ¿Estaba celoso? ¿Molesto? ¿O simplemente cansado?

La celebración continuó durante el resto del día. Se ofrecieron platos típicos del pueblo, hubo juegos, concursos y más presentaciones. Pero para Mey, nada igualó ese momento en que su saxofón habló por ella, en que por fin se sintió parte de algo. Aunque todavía no entendía todo lo que pasaba en su corazón, sabía que la música había encontrado un espacio especial en su vida.

Esa noche, mientras se recostaba en su cama, volvió a repasar cada instante. La mirada de su madre, los aplausos, el solo, la emoción en su pecho. Cerró los ojos con una sonrisa. Por primera vez desde que llegó al pueblo, sentía que algo en su interior había comenzado a florecer.

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